Mes de julio de 2004 

 

En este mes de verano en que tantos turistas y peregrinos nos visitan, queremos tenerlos presentes a todos para que el Sagrado Corazón de Jesús les haga llegar a sus vidas una chispa de su amor y de su gracia.

 

Seis jóvenes con aspecto de emigrantes están mirando con respeto los mosaicos. Se les explica que los construyeron en Venecia y tienen 90 años. Al llegar a Jesús, uno dice: “Sí”, “Isha”. Con esta respuesta enseguida comprendemos que son musulmanes. Aceptan muy bien el que estemos rezando sin interrupción día y noche porque ellos “también rezan mucho y saben que la naturaleza, la vida, la salud... todo, lo hemos recibido de Dios.” Luego les invitamos a subir gratis a lo más alto, cosa que agradecen. Mirando al Corazón de Jesús nos acordamos que todas las personas, sean de la religión que sean, tiene su historia de salvación, (lo que no quiere decir que todas las religiones sean iguales).

 

Un matrimonio está sentado en los primeros bancos de la cripta y un poco más atrás una chica de unos 9 años. Al preguntar a la pequeña si sabía rezar, nos contesta, un poco asustada, que es ortodoxa. “Bueno, -le decimos- pero los ortodoxos también rezáis, tenéis muchos iconos bonitos y dais gracias al Señor por todo lo que habéis recibido”. La niña sonríe y los padres la contemplan complacidos.

 

El “Centre Assís” de acogida de pobres, del archiprestazgo de Sarriá, hace una convivencia en el Tibidabo. Suben unos 80 entre acogidos y monitores. Pasan unas horas en la sala de estar, comen en el jardín y plantan un árbol como recuerdo de la jornada. Rezamos para que el “Centre Assís” sirva a los pobres con el mismo espíritu de Jesús para que lleguen a experimentar su presencia en sus vidas.

 

Una joven viene a las 13’00 h. al turno de adoración del sábado para sustituir a un compañero que se lo ha pedido. Ella reconoce que es un regalo grande del Señor. Se la ve contenta y casi emocionada de poder estar delante del mismo Jesús sacramentado.

 

La archicofradía de Mª Auxiliadora de los salesianos de Rocafort, con el encargado del Santuario, pasan el día de la Fiesta del Sagrado Corazón en el Tibidabo, como cada año. Hacen una hora santa, comen en el jardín con mucha animación y alegría salesiana y participan en las celebraciones de la Solemnidad. Agradecemos su presencia y su sincera espiritualidad que nos ha enriquecido a todos.

 

Muchos domingos a última hora de la tarde, un joven reza las Vísperas, la oración litúrgica de la tarde, con su breviario, en la capilla de la adoración. Al preguntarle sobre su vida, nos dice que trabaja de albañil, es de una comunidad neocatecumenal y está esperando con ilusión, que llegue el mes de septiembre para entrar en el Seminario. Nos alegramos al oír la noticia y de poder acoger en el Templo a jóvenes con una intensa vida espiritual.

 

Un joven con gafas negras está de pie al fondo de la iglesia. Por el rostro se diría que se siente afectado interiormente. Nos dice que no puede aceptar que sus padres tengan, los dos, cáncer. Y eso que había pedido a Dios poder cuidarlos de mayores y ahora, la enfermedad los iba a destrozar. Le escuchamos y le insinuamos palabras de fe y de amor de Dios. Al no poder consolarlo, le aseguramos que rezaríamos por él, y así lo hacemos.

 

El domingo día 20 junio se celebró el día de la fiesta de las familias con una misa solemne en la basílica. Pedimos al Sagrado Corazón de Jesús que esta montaña sea un foco de espiritualidad para toda Barcelona y España.

 

Un misionero que lleva 35 años en Uganda (África), pasa buena parte de la mañana en el Templo con su hermana monja, contemplando y rezando. Nos explican que su padre tenía gran devoción al Corazón de Jesús y solía subir muchas veces al Tibidabo. El misionero nos dice que conoce bien las Escuelas de Formación Profesional de los salesianos en Uganda. Como detalle de su misión, nos narra que su gente entiende el amor cristiano a los enemigos, que a nosotros nos parece difícil, como “muy dulce”.

 

Un sacerdote joven de la diócesis de Getafe (Madrid) pasa por Barcelona y quiere celebrar la Eucaristía en el Tibidabo. Su barba corta le da un aspecto externo apacible. Se confiesa y celebra con devoción en la capilla del Santísimo. Al preguntarle por su parroquia nos dice que tiene un “año sabático” (sin ningún cargo). Más tarde, el acompañante le excusa diciendo que está en proceso de discerniendo sobre su vocación de ermitaño y le sabe mal hablar de ello.

 

El día de San Juan nos visita Monseñor Oscar Aníbal, obispo de “La Dorada” (Colombia). Le acompaña el párroco de Sant Genís. Celebran la Eucaristía y rezan con fervor. Como detalle nos acordamos que al salir de la capilla de la adoración el Sr. Obispo quiere hacer una foto y la adoradora de turno se lo impide. El salesiano tiene que interceder diciendo que el Sr. obispo tiene permiso.

 

Un señor de Gerona que trabaja en mosaicos admira la cripta y nos afirma que este trabajo que está viendo, en la actualidad ya no se hace. Él mismo - sigue diciendo- encarga componer trabajos de mosaicos en Marruecos que luego vende aquí, pero con “teselas” más grandes. Esta opinión técnica nos hace recordar el valor de nuestro Templo, al mismo tiempo que recordamos al visitante americano que había subido al Tibidabo para contemplar los mosaicos “porque estaban recomendados en su guía turística”.

 

Un matrimonio con tres niños pequeños, dos de ellos todavía dentro de sus cochecitos, se dirigen hacía la capilla de la adoración. Uno de los pequeños es una niña con cara inexpresiva. Al hacerle una caricia, el papá nos dice que es un “angelito” y que los médicos no saben si nunca andará porque tiene una lesión cerebral. Al cabo de un rato salen de la capilla con la misma serenidad con que habían entrado. La niña más grandecita que caminaba, nos devuelve el saludo. Lo que no pudimos ver fue lo que acontecía dentro de los corazones de los padres.

 

Una familia de color con cuatro hijos jóvenes observan con interés la cripta. Un señor que les acompaña nos dice que son evangelistas con  mucha fe. Se extrañan de la adoración perpetua porque ellos no tienen el sacramento de la Eucaristía. También les impresiona el rostro de la Santa Sábana que ven fotografiado en la antesala del ascensor y preguntan detalles que quieren conocer.

 

Una madre con tres niñas y un niño están rezando delante de la imagen de Mª Auxiliadora cuando todavía no se ha abierto el parque. Al felicitar a los pequeños porque sabían rezar, la mamá nos dice que cada vez que viene al parque de atracciones tiene necesidad de entrar al Templo. Las niñas nos aseguran que ellas han rezado el padrenuestro que su mamá les ha enseñado. Luego, se van contentos con una estampa de Jesús.

 

Como cada año nos visita un grupo de familias de Artesa de Segre. Son los amigos del Sagrado Corazón cuya imagen veneran en una colina del pueblo. Ellos se encargan de la ornamentación del lugar y de proveer a su culto. En la cripta celebran con devoción y agradecimiento la Eucaristía.

 

Nos visitan dos seminaristas de Roma que están de paso hacia Francia, en donde pasarán el verano ayudando en una parroquia. Les acompaña una familia misionera en Haití con sus dos hijas. Se interesan por todo. A los pies del Corazón de Jesús a casi 600 metros de altura, una pequeña quiere rezar por Barcelona, para que los matrimonios no se separen, ni se casen los hombres con los hombres. Luego, contemplando la inmensa ciudad, todos juntos, con las manos alzadas al cielo, invocamos al Dios y Padre para que su Reino venga a nosotros.

 

Un grupo de religiosas salesianas y amigas de infancia pasan el día con nosotros, como cada año. Recuerdan con alegría cuando el Templo todavía se estaba construyendo y las veces que habían subido con su colegio. Visitan el Templo, comen en el jardín y rezan con devoción antes de marchar.

 

Casi cada mes nos devuelven alguna revista del Tibidabo porque la persona que la recibía ha fallecido. No podemos olvidarnos de todas ellas, ni de los años que han vivido el gozo y la alegría del amor  del Sagrado Corazón de Jesús.

 

Una señora que ya no se puede valer por si misma, nos llama a menudo para pedirnos oraciones y misas. Había sido adoradora muchos años y no puede olvidarse del Sagrado corazón ni del Santísimo Sacramento del Tibidabo. Hasta algunas veces nos canta canciones y recita poesías por teléfono.

 

Nos visita un joven sacerdote, nativo de Madrás (India), delegado de su diócesis del apostolado de los gitanos y personas nómadas. Viene acompañado por el delegado diocesano de Barcelona. Tiene un pariente en la India que había sido provincial y por eso conoce bien a los salesianos. Escuchan con interés la historia de D. Bosco y el Tibidabo.

 

Una pareja joven, ante la capilla del Santísimo, se queda como encantada al enterarse de la adoración perpetua. Nos dicen que en su pueblo de Córdoba también tienen adoración perpetua en el santuario de “La Virgen de la montaña” en donde hay un convento de monjas de clausura y peregrinos que sube a pie continuamente. Nos alegramos de la buena noticia y rezamos por ellos y por todos los santuarios de España en donde hay adoración perpetua.

 

Un sacerdote joven, amigo del Tibidabo, viene a concelebrar a menudo cuando pasa unos días de descanso con su familia en Barcelona. Es de la diócesis de Toledo y está de párroco en un pueblecito. Se encuentra a gusto en el Templo y está pensando dedicar unos días de retiro espiritual viviendo en la Residencia.

 

Un matrimonio con sus tres hijos pequeños pasean por la cripta y entran a rezar un rato en la capilla de la adoración. Luego al hablar con ellos, la mamá, que ha estudiado en un colegio de Mª Auxiliadora de Argentina, nos dice que llevan cuatro meses residiendo en Barcelona. No están muy contentos porque ven mucha frialdad religiosa, lo que les hace pensar en la posibilidad de regresar a su país. Les razonamos sobre la importancia de descubrir la voluntad de Dios a través de los acontecimientos de cada día. El domingo iban a bautizar al más pequeño en la parroquia de San Lorenzo en donde están integrados.