BARCELONA
Luz para el Tibidabo

La iluminación externa del templo del Tibidabo está sufragada por los ciudadanos

DANIEL ARASA - 17/03/2005

 



Barcelona, cuando sólo era la romana Barcino, brillaba ya con luz propia. Muchos no lo habrán detectado, pero en los Evangelios se habla de ella. Cierto que sin citarla por el nombre, pero los buenos exegetas locales podemos descubrirlo con toda claridad.

El diablo, en su intento de tentar a Cristo, le llevó a una montaña y mostrándole las riquezas del mundo que estaban a los pies del monte le dijo que todo aquello se lo daría si le adoraba. Obviamente, Cristo no cayó en la trampa y echó al impostor.

Pero el demonio le dijo: "Tibi dabo" ("te lo daré", en los textos latinos que nos han llegado) y le exponía las maravillas de cuanto estaba a los pies del monte. Qué duda cabe que la montaña era el Tibidabo. Y lo que se divisaba desde la cúspide era ni más ni menos que Barcino y lo que más tarde se llamaría el Pla de Barcelona. Y, proyectada en el tiempo, la Barcelona moderna.

Hoy desde el Tibidabo se contempla la gran capital catalana, una ciudad sugestiva que desciende desde la sierra hasta el Mediterráneo. En la cumbre, por encima del parque de atracciones, emerge una basílica coronada a su vez por una gran imagen de Cristo como vigía permanente de la gran ciudad, del Vallès y del Baix Llobregat. Un templo cuya primera capilla se inició con la visita de Sant Joan Bosco a Barcelona en 1886, que en 1902 se pondría la primera piedra del templo actual y que en 1961 se coronó con la estatua del Sagrado Corazón. El 21 de octubre de 1961, desde Roma, y por radio, el Papa Juan XXIII accionó la iluminación del templo. Por las noches la cumbre del Tibidabo es punto de referencia luminoso en el horizonte desde cualquier punto de Barcelona y buena parte de lo que será la veguería metropolitana en la prevista división territorial.

La iluminación externa del templo del Tibidabo está sufragada directamente por los ciudadanos, no por las instituciones públicas. No es cuestión de adinerados. Se dan casos emotivos como aquel padre o madre cuyo regalo de aniversario de sus hijos consiste en pagar unas horas de luz.

Este año, declarado año eucarístico por el Papa Juan Pablo II, la Comissió d´Amics del Tibidabo quiere dar un paso más, mejorando las instalaciones y ampliando las horas de iluminación hasta las siete de la mañana. El Tibidabo pretende ser no sólo un indicativo para noctámbulos, sino también para aquellos somnolientos que marchan al tajo antes del alba.