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       El granito de trigo
      -  El pequeño Alexander
     -  El ramo de flores
      -  La pregunta más importante
     -  El regalo de una niña africana
     -   La música compuesta por Dios
     -   El mejor regalo para nuestros hijos (?)
     -   El campesino y el burro
     -   Las galletas
     -   El plato de arroz

            

                        

 El granito de trigo 
Autor: Rabindranath Tagore

Iba pidiendo de puerta cuando tu carroza de oro apareció en la lejanía, como un sueño magnífico. Y yo me preguntaba maravillado quién debía ser aquel Rey de Reyes. Mis esperanzas volaron hasta el cielo y pensé que mis días malos se habían acabado. Me quedé esperando limosnas espontáneas, tesoros derramados frente a mí..

La carroza se paró a mi lado mismo. Me miraste y bajaste sonriendo. Sentí que la felicidad de mi vida había llegado. Pero, de golpe, alargasteis la mano diciendo: "¿Puedes darme algo?" ¡Ah! ¡Que salida la de vuestra realeza! ¡Pedir vos al mendigo! Estaba confundido y no sabía qué hacer... saqué despacio, de mi zurrón, un grano de trigo y os lo di...

Que susto tuve al anochecer cuando, vaciando el saco en el suelo, encuentré un granito de oro en medio de la miseria del pobre.

¡Que amargamente lloré de no haber tenido corazón para dártelo todo!"


  El pequeño Alexander

Su nombre era Fleming, un pobre agricultor inglés. Un día, mientras trataba de ganarse la vida para su familia, escuchó a alguien pidiendo ayuda desde un pantano cercano, inmediatamente soltó sus herramientas y corrió hacia el pantano. Allí, enterrado hasta la cintura en el lodo negro, estaba un niño aterrorizado, gritando y  tratando de liberarse del lodo. El agricultor Fleming salvo al niño de lo que pudo ser una muerte lenta y terrible.

Al día siguiente, un carruaje muy pomposo llegó hasta los prados del agricultor inglés. Un noble inglés, elegantemente vestido, se bajó del vehículo y se presentó a si mismo como el padre del niño que Fleming había salvado.

-Yo quiero recompensarlo dijo el noble inglés, Usted salvó la vida de mi hijo. Le voy a proponer un trato, déjeme llevarme a su hijo y ofrecerle una buena educación... si él es parecido a su padre, crecerá hasta convertirse en un hombre del cual usted estará muy orgulloso.

El agricultor aceptó. Con el paso del tiempo, el hijo de Fleming el agricultor se graduó en la Escuela de Medicina de St. Mary's Hospital en Londres, y se convirtió en un personaje famoso: Sir Alexander Fleming, el descubridor de la Penicilina.

Algunos años después, el hijo del noble inglés, cayó enfermo de pulmonía. Le salvó la penicilina. El nombre del noble inglés era Randolph Churchill,  su hijo:  Winston Churchill.
Alguien dijo una vez: Siempre recibimos a cambio lo mismo que ofrecemos.


 El ramo de flores

Una vez un camión  iba traqueteando por un camino de tierra en un pueblo del sur de Estados Unidos. En un asiento iba un anciano que sostenía un ramo de flores recién cortadas. Al otro lado del pasillo estaba una jovencita cuyos ojos se fijaban una y otra vez en el ramo de flores. Al anciano le llegó el momento de bajar. Impulsivamente puso las flores en el regazo de la joven.

- Me he dado cuenta que te han gustado mucho las flores -dijo - y creo que a mi esposa le gustaría que tú las tuvieras. Le voy a decir que te las he dado.

La joven aceptó las flores, y luego observó al anciano mientras bajaba del camión y atravesaba la puerta de un pequeño cementerio.


 La pregunta más importante

Durante mi segundo semestre en la escuela de enfermería, nuestro profesor nos hizo un examen sorpresa. Yo era un estudiante consciente y leí rápidamente todas las preguntas, hasta que llegué a la última: ¿Cuál es el nombre de la mujer que limpia la escuela?

Seguramente esto era algún tipo de broma. Yo había visto muchas veces a la mujer que limpiaba la escuela.. Ella era alta, cabello oscuro, como de cincuenta años, pero, ¿cómo iba yo a saber su nombre? Entregué mi examen, dejando la última pregunta en blanco.

Antes de que terminara la clase, alguien le preguntó al profesor si la última pregunta contaría para la nota del examen. Absolutamente, dijo el profesor. En sus carreras ustedes conocerán muchas personas. Todas son importantes. Ellas merecen su atención y cuidado, aunque sólo les sonrían y digan: !Hola!

Nunca olvidé esa lección. También aprendí que su nombre era Dorothy.


 El regalo de una niña africana

Dicen que una vez una niña en África le dio a su maestra un regalo de cumpleaños. Era un hermoso caracol. "¿Dónde lo encontraste?", le preguntó la maestra. La niña le dijo que esos caracoles se hallan solamente en cierta playa lejana.

La maestra se conmovió profundamente porque sabía que la niña había caminado muchos kilómetros para buscarlo. "No debiste haber ido tan lejos sólo para buscarme un regalo", comentó.

La niña sonrió y contestó: "Maestra, la larga caminata es parte del regalo".


  La música compuesta por Dios   

Un organista  estaba practicando una pieza de Felix Mendelssohn en la iglesia y no estaba tocando muy bien.

Frustrado, recogió su partitura y se dispuso a irse.

No había notado a un extraño que se había sentado en un banco de atrás.

Cuando el organista se dio la vuelta para irse, el extraño se le acercó y le preguntó si  podía tocar él la pieza. El organista respondió bruscamente: «Nunca dejo que nadie toque este órgano.» Finalmente, tras dos peticiones amables, el músico gruñón le dio su consentimiento.

El extraño se sentó y llenó el santuario de una hermosa e impecable música.

Cuando terminó, el organista preguntó: «¿Quién es usted?»
El hombre contestó: «Yo soy Felix Mendelssohn.»

El organista por poco impide al creador de la pieza que tocara su propia música.

Hay veces en que nosotros también tratamos de tocar los acordes de nuestra vida e impedimos a nuestro Creador que haga una música hermosa.

Igual que el obstinado organista, quitamos las manos de las teclas con resistencia. Como pueblo suyo, somos «creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano» (Efesios 2:10). Pero nuestras vidas no producirán esa música hermosa a menos que le dejemos obrar a través de nosotros.

Dios tiene una sinfonía escrita para nuestras vidas. Dejémosle que haga su voluntad en nosotros.  Dave Egner


 

  El Mejor Regalo para nuestros hijos  

Relataba aquel hombre todavía joven:

Quise darle a mis hijos lo que yo nunca tuve. Entonces comencé a trabajar catorce horas diarias. No había para mí sábados ni domingo; consideraba que tomar vacaciones era locura o sacrilegio. Trabajaba día y noche. Mi único fin era el dinero, y no me paraba en nada para conseguirlo.

Quería darle a mis hijos lo que yo nunca tuve.

Lo interrumpió alguien:

- ¿ Y lograste lo que te propusiste?
- Claro que sí- contestó el hombre.

Yo nunca tuve un padre agobiado, hosco, siempre de mal humor, preocupado, lleno de angustias y ansiedades, sin tiempo para jugar conmigo y entenderme. Ese es el padre que yo les di a mis hijos. Ahora ellos tienen lo que yo nunca tuve.

  

 

El campesino y el burro
ANE SANTANDER
 

Un día, el burro de un campesino se cayó en un pozo. El animal lloró fuertemente durante horas, mientras el campesino trataba de buscar una solución.
Finalmente el campesino pensó que el burro ya estaba viejo, el pozo ya estaba seco y necesitaba ser tapado de todas formas; que realmente no valía la pena sacar al burro del pozo.

Invitó a todos sus vecinos para que vinieran a ayudarle. Cada uno agarró una pala y empezaron a tirar tierra al pozo.

El burro se dio cuenta de lo que estaba pasando y lloró desesperadamente. Luego, para sorpresa de todos, se calmó después de unas cuantas paladas de tierra.

El campesino miró al fondo del pozo y se sorprendió de lo que vio.

Con cada palada de tierra, el burro estaba haciendo algo increíble: se sacudía la tierra y daba un paso encima de la tierra.

Muy pronto todo el mundo vio, cómo el burro llegó hasta la boca del pozo, pasó por encima del borde y salió trotando.

La vida va a tirarte tierra, todo tipo de tierra. El truco para salir del pozo es sacudírsela y usarla para dar un paso hacia arriba. Cada uno de nuestros problemas es un escalón hacia arriba. Podemos salir de los más profundos huecos si no nos damos por vencidos.
 

 

Las galletas
ANESANTANDER
 

Una chica estaba esperando su vuelo en una sala de espera de un gran aeropuerto. Como debía esperar un largo rato, decidió comprar un libro y también un paquete con galletas.
Se sentó en una sala del aeropuerto para poder descansar y leer en paz. Con un asiento de por medio, se sentó un hombre que abrió una revista y empezó a leer. Entre ellos quedaron las galletas. Cuando ella cogió la primera, el hombre también tomó una.

Ella se sintió indignada, pero no dijo nada. Solo pensó: "¡Qué descarado; si yo fuera más valiente, hasta le daría una bofetada para que nunca lo olvide!".

Cada vez que ella cogía una galleta, el hombre también tomaba una. Aquello le indignaba tanto que no conseguía concentrarse ni reaccionar.

Cuando quedaba solo una galleta, pensó: "¿qué hará ahora este aprovechado?".

Entonces, el hombre partió la última galleta y dejó media para ella.

¡Ah! ¡No!. Aquello le pareció demasiado!. ¡Se puso a resoplar de rabia!.

Cerró su libro y sus cosas y se dirigió al sector del embarque. Cuando se sentó en el interior del avión, miró dentro del bolso y para su sorpresa, allí estaba su paquete de galletas. Intacto, cerrado. ¡Sintió tanta vergüenza!.

Sólo entonces se dio cuenta de lo equivocada que estaba. ¡Había olvidado que sus galletas estaban guardadas dentro de su bolso!.

El hombre había compartido las suyas sin sentirse indignado,nervioso, consternado o alterado. Y ya no estaba a tiempo ni tenia posibilidades para dar explicar o pedir disculpas.

Pero sí para razonar:

¿Cuántas veces en nuestra vida sacamos conclusiones cuando debiéramos observar mejor?

¿Cuántas cosas no son exactamente como pensamos acerca de las personas?

Y recordó que existen cuatro cosas en la vida que no se recuperan:

1) Una piedra, después de haber sido lanzada;

2) Una palabra, después de haberla dicho;

3) Una oportunidad, después de haberla perdido;

4) El tiempo, después de haber pasado
 

 

El plato de arroz

Un hombre estaba poniendo flores en la tumba de un pariente, cuando vio a un chino poniendo un plato de arroz en la tumba vecina.
El hombre se dirigió al chino y le preguntó: - "Disculpe, señor, pero ¿cree usted que de verdad el difunto vendrá a comer el arroz?"
- "Si", responde el chino, "cuando el suyo venga a oler sus flores..."
Respetar las opiniones del otro, es una de las mayores virtudes que un ser humano puede tener. Las personas son diferentes, actúan diferente y piensan diferente. No juzgues, solamente comprende.