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 -  El Cristo mutilado
 -  El creador del coche
 -  Usa tu cruz
 - La transfusión

 -  ¿Vendes tu casa?
 - Anillo de compromiso
 - El jugador de fútbol
 
- La maceta vacía

 - La belleza de Katherine
 - El abrazo de Jesús

El Cristo mutilado

La Razón / José Mª Alimbau

Concha Millán cuenta que en un pueblo alemán, acabada la guerra, los feligreses reconstruyeron el templo que había sido bombardeado. Debajo de los escombros encontraron la impresionante imagen tallada en madera, del Santo Cristo, totalmente mutilada: sin brazos y sin piernas. Fueron ellos quienes escribieron: «Nosotros seremos tus brazos... y tus pies». Existen tallas de Cristos mutilados en todas las partes del mundo; en monasterios, en catedrales y en parroquias, como la de Vielha (Valle de Arán) con su Cristo de Mijaran, que sólo tiene cabeza y tórax. Existe un texto del siglo XVI que, en líneas generales, reza:
- «Cristo, no tienes brazos ni manos... Tienes sólo nuestros brazos y nuestras manos»... para levantar al caído, aguantar al débil, dar la mano al necesitado, hacer el bien como tú...
- «Cristo, no tienes piernas ni pies... Tan sólo tienes nuestras piernas y nuestros pies»... para seguir tus pasos y cargar -como el buen samaritano- a quienes viven el atropello y la injusticia, el despojo, la ingratitud, el desamor...
- «Cristo, tienes los labios inertes por la muerte... y estás sin voz... Nosotros seremos tu voz»... La voz de los sin voz... para proclamar bien alto tu Palabra que ayuda, consuela y da vida eterna.
- «Cristo, no tienes medios materiales... Pero tienes los nuestros»... para socorrer y servir a quienes están necesitados de ayuda material o espiritual; están enfermos, hambrientos... excluidos, marginados...
¡Con cuanta fe lo decía Gerardo Diego en su libro «Versos divinos»!:
«Toma mis manos abiertas... Toma mis pies: tuyos son».


 

  El creador del coche

Una vez iba un hombre en su automóvil por una larga y muy solitaria solitaria carretera cuando de pronto, su auto comenzó a detenerse hasta quedar estático. El hombre bajó, lo revisó, trató de averiguar que era lo que tenía. Pensaba que pronto podría encontrar que era lo que tenía el auto pues hacía muchos años que lo conducía, sin embargo después de mucho rato se dio cuenta de que no encontraba el daño del motor. En ese momento apareció otro auto, del cual bajó un hombre a ofrecerle ayuda. El dueño del primer auto dijo:

- Mira, este es mi auto de toda la vida, lo conozco como la palma de mi mano. No creo que tu sin ser el dueño puedas hacer algo.

El otro hombre insistió con una cierta sonrisa, hasta que finalmente el primer hombre dijo:
- Bueno, haz el intento pero no creo que puedas pues este es mi auto.
El segundo hombre echó manos a la obra y en pocos minutos encontró el daño que tenía el auto y lo pudo arrancar.
El primer hombre quedó atónito y preguntó:
- ¿Como pudiste arreglar el auto si es MI auto?
El segundo hombre contestó:
- Verás, mi nombre es Felix Wankel....yo inventé el motor rotatorio que esa tu auto!
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Cuantas veces le decimos a Dios: esta es MI vida, este es MI destino, esta es MI casa. Al enfrentarnos a los problemas y a los días difíciles creemos que nadie nos podrá ayudar pues "es MI vida". Te voy a hacer una pregunta: ¿Quién hizo la vida? ¿Quién hizo el tiempo? ¿Quién creó la familia?. Solo aquel que es el autor de la vida y el amor, puede ayudarte cuando te quedes tirado en la carretera de la vida. Te doy sus datos por si alguna vez necesitas un buen "mecánico".

Mecánico del Alma: Cristo
Dirección: El cielo
Horario: 24 horas al día, 365 días al año por toda la eternidad.
Garantía: Por todos los siglos
Respaldo: Eterno
Teléfono: No tiene. Pero basta con que pienses en El, y esta línea no está nunca ocupada..
 


 

Usa tu Cruz

Cuentan que cierta vez una hormiga caminaba llevando un largo palillo unas 10 veces mas grande que su propio cuerpo. Con un gran esfuerzo, superado solamente por su constancia aquella hormiga atravesaba todos los obstáculos hasta llegar una hendidura entre dos rocas que no podía pasar y donde, luego de varios intentos, hizo algo muy simple como increíble. La hormiga usó aquella rama como puente entre las dos rocas.

Todos tenemos una cruz que cargar, nuestros problemas, dificultades o necesidades. Y esta cultura de placer nos enseña a vivir fácil, con fast food, sin hacer filas, sin caminar, todo se hace desde la computadora y donde aquel que se atreva a requerir un esfuerzo es buen candidato para una demanda.

Olvidamos las palabras de Jesús : "Aquel que quiera venir conmigo tome su cruz y sígame."
Esto no es una simple resignación a nuestras cargas, sino que la cruz es  algo que nos sirve para purificarnos, y al final todo ese amor al llevar nuestra cruz junto con Cristo será reconocido.

Aceptemos, amemos, abracemos y carguemos nuestra cruz cada día, ofreciendo a Dios todo lo que sentimos.
 

 

La transfusión

Hace muchos años, cuando trabajaba como voluntario en un Hospital de Stanford, conocí a una niñita llamada Liz quien sufría de una extraña enfermedad. Su única oportunidad de salvarse era una transfusión de sangre de su hermano de 5 años, quien había sobrevivido milagrosamente a la misma enfermedad y había desarrollado anticuerpos nece- sarios para combatir la enfermedad.
 
El doctor explicó la situación al hermano de la niña, y le preguntó si estaría dispuesto a dar su sangre a su hermana. Yo lo vi dudar por solo un momento antes de tomar un gran suspiro y decir: Si,  lo haré, si eso salva a Liz.

Mientras la transfusión continuaba, él estaba acostado en una cama al lado de la de su hermana, y sonriente mientras nosotros lo asistíamos a él y a su hermana, viendo retornar el color a las mejillas de la niña.

Entonces la cara del niño se puso pálida y su sonrisa desapareció, él miró al doctor y le preguntó con voz temblorosa:  ¿Empezaré a morirme enseguida?

Siendo el solo un niño, este no había comprendido bien al doctor; él pensaba que le daría toda su sangre a su hermana. Y aun así se la daba.
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¿Cuantas veces somos tan egoístas que no damos ni una sonrisa a los demás?
Esta historia me recuerda de aquel que dio todo por nosotros, incluyendo toda su sangre a lo largo del calvario y sobre una cruz. Realmente pensemos en ser mas humanos, Cristo dijo "No hay mayor amor que aquel que da la vida por los demás". Sigamos su ejemplo reflejado en el niño de la historia, quién negándose a sí mismo no le importó dar la vida por su hermana, y saben que el lo mas bello? Que no perdió su vida ¡Nosotros tampoco!

 

¿Vendes tu casa?

El dueño de un pequeño negocio, amigo del gran poeta Olavo Bilac, cierto día lo encontró en la calle y le dijo: - Sr. Bilac, necesito vender mi negocio, que Ud. tan bien conoce. ¿Podría redactar el aviso para el diario?

Olavo Bilac tomó lápiz y papel y escribió: "Se vende encantadora propiedad, donde cantan los pájaros al amanecer en las extensas arboledas, rodeado por las cristalinas aguas de un lindo riachuelo. La casa, bañada por el sol naciente, ofrece la sombra tranquila de las tardes en la terraza."

Algunos meses después, el poeta se encontró con el comerciante y le preguntó si ya había vendido el lugar. -No pensé más en eso, dijo el hombre. Después que leí el aviso me dí cuenta de la maravilla que tenía.

A veces, no nos damos cuenta de las cosas buenas que tenemos y vamos tras falsos tesoros. Debemos valorar lo que tenemos y que nos fue dado gratuitamente por Dios: la salud, los amigos, el empleo, el conocimiento que adquirimos, la sonrisa de los niños y el cariño de esa persona especial. Estos sí son verdaderos tesoros.

Me recuerda la historia del que en un sueño Dios le dio la oportunidad de cambiar su cruz, y a ir probando todas las de los demás las sentía ásperas o mas pesadas, hasta que por fin encontró una que le pareció la menos pesada. Para su sorpresa era la misma que había traído. De la misma forma, a veces estamos tan deseosos de quejarnos que dejamos de ver lo bueno que hay. Aprendamos a valorar lo que tenemos, y que sea nuestro deseo el apreciar, cuidar y mejorar lo que Dios nos ha dado.

 

Anillo de compromiso

Un muchacho entró con paso firme en una joyería y pidió que le mostraran el mejor anillo de compromiso que tuvieran.

El joyero le enseñó uno. El muchacho contempló el anillo y con una sonrisa lo aprobó. Preguntó luego el precio y se dispuso a pagarlo.

"¿Se va usted a casar pronto?", preguntó el dueño. "No. Ni siquiera tengo novia", contestó.

La sorpresa del joyero divirtió al muchacho. "Es para mi madre. Cuando yo iba a nacer estuvo sola. Alguien le aconsejó que me matara antes de que naciera, pues así se evitaría problemas. Pero ella se negó y me dio el don de la vida. Y tuvo muchos problemas, muchos. Fue padre y madre para mí, y fue amiga y hermana, y fue maestra. Me hizo ser lo que soy.

Ahora que puedo le compro este anillo de compromiso. Ella nunca tuvo uno. Yo se lo doy como promesa de que si ella hizo todo por mí, ahora yo haré todo por ella.

Quizás después entregue yo otro anillo de compromiso, pero será el segundo".

El joyero no dijo nada. Solamente ordenó a su cajera que le hiciera al muchacho el descuento aquel que se hacia solo a clientes especiales.

 

El jugador de fútbol

Hubo una vez un joven que amaba el fútbol americano, siempre deseó jugar y desde pequeño estaba siempre en los equipos, pero nunca le dejaban jugar y se había convertido en el "titular del banquillo". Su madre, a quien quería, siempre lo instaba a seguir perseverando en su pasión por el juego.

 Ya en la universidad seguía su "carrera en el banquillo", y siempre enviaba entradas a su madre para que asistiera. Cuando un día, en medio de un entreno, le llegó una terrible noticia, su madre había muerto. El entrenador le dijo que se tomara el resto de la semana libre para que pudiera reponerse.

 La semana siguiente se celebraba el último juego de la temporada, el joven suplicó al entrenador que le permitiera jugar, pero era el último juego de la temporada, la gran final, y el entrenador sabía que no tenía experiencia. Sin embargo fue tanta la insistencia del joven que le permitió salir, realizando una estupenda labor, interceptando y anotando, dando el triunfo a su equipo. Al finalizar el juego, el entrenador felicitó al joven y le dijo "¡No lo puedo creer, lo lograste! ¿Cómo lo hiciste?". A lo que el joven respondió: "Usted sabe entrenador que mi madre murió, pero no sabía que ella era ciega, verdad? Pues bien, hoy fue el primer juego en el que mi madre pudo verme jugar!"

 

La maceta vacía

Hubo una vez un emperador que convocó a todos los solteros del reino pues era tiempo de buscar pareja a su hija. Todos los jóvenes asistieron y el rey les dijo: "Os voy a dar una semilla diferente a cada uno de vosotros, al cabo de 6 meses deberán traerme en una maceta la planta que haya crecido, y la planta mas bella ganará la mano de mi hija, y por ende el reino".

 Pasaron los seis meses y todos los jóvenes desfilaban hacia el castillo con hermosísimas y exóticas plantas. El joven estaba demasiado triste pues su semilla nunca germinó, ni siquiera quería ir al palacio, pero su madre insistía en que debía ir pues era un participante y debía estar allí. Con la cabeza  baja y muy avergonzado, desfiló el último con su maceta vacía.

 Todos los jóvenes hablaban de sus plantas, y al ver a nuestro amigo se burlaron de él. En esto entró el rey que se paseó entre las macetas admirando las plantas. Finalizada la inspección, hizo llamar a su hija, y llamó de entre todos al joven que llevó su maceta vacía. Todos quedaron atónitos y esperaron la explicación. El rey dijo entonces: "Este es el nuevo heredero del trono y se casará con mi hija, pues a todos ustedes se les dio una semilla infértil, y todos trataron de engañarme plantando otras plantas, pero este joven tuvo el valor de presentarse y mostrar su maceta vacía, siendo sincero, leal y valiente, cualidades que un futuro rey debe tener".

 

La belleza de Katherine

Cuentan que una vez en la ciudad de Nueva York, un joven llamado Joseph descubrió un libro en una vieja biblioteca y,  en la tapa del mismo, el nombre y dirección de la persona que había sido su dueña anteriormente. La escritura era suave y demostraba una gran paz: "Katherine Mitchell".

Decidió entonces enviarle una carta y ésta fue respondida por Katherine. Poco a poco y por medio de cartas se fueron conociendo y nuestro amigo descubrió el alma misma de aquella mujer que nunca había visto, enamorándose poco a poco de ella y su maravillosa forma de escribir.

Constantemente Joseph pedía una fotografía de Katherine, pero ésta se negaba. Un día Katherine escribió una carta que llenó de alegría el corazón de Joseph, ella iría a Nueva York, y le pedía que la esperara en la Grand Central Station. "Me reconocerás porque llevaré una rosa roja en la solapa de mi traje".

La noche anterior, Joseph no pudo conciliar el sueño pensando en como sería la mujer que había cautivado su corazón.

Al fin llegó el momento, se encontraba en la estación esperando a la mujer de sus sueños, cuando vio una figura esbelta y suave en un traje verde oscuro, rubia y con ojos azules como el cielo en una tarde de verano. Observó como una sonrisa se dibujaba en el rostro de la joven. Al darse cuenta de su nerviosismo, ésta le preguntó: "¿necesita ayuda?", sin embargo ella no llevaba la rosa roja, y, por ello, le respondió amablemente: "gracias, espero a alguien". La joven reanudó su camino.

Detrás de ella se acercaba una mujer de más de 40 años, con cabellos canos, pequeña y llenita, que vestía un vestido con una rosa roja en la solapa. Miles de pensamientos pasaban por su cabeza, pues la otra joven había mostrado simpatía hacia él.

Se acercó Joseph a la mujer que venía con la rosa, pensando en que si no era un amor, al menos tendría la más bella de las amistades.

Dijo entonces a la dama "Hola, soy Joseph, tú debes ser, Katherine", a lo que la mujer contestó...:"Ah, hola...así que tú eres Joseph. Es un placer....pero yo no soy Katherine, aquella joven de traje verde me dijo que si alguien llamado Joseph se me presentaba, le dijera que te espera en aquel café de la esquina.

Dijo que era una prueba o algo así. Buena suerte".

El joven de la historia dejó de lado la belleza física, pasajera con los años, y prefirió una bella amistad salida desde el alma misma.

Al final recibió ambas cosas pues antepuso lo más importante.
 

 

El abrazo de Jesús

Había una pareja atea que tenía una niña. Ellos nunca le hablaron sobre el Señor. Una noche, cuando la niña tenía 5 años, sus padres se pelearon y el padre le disparó a la madre delante de la pequeña. Luego, el padre se disparó el mismo. La pequeña lo vio todo.

La niña fue enviada a un hogar adoptivo, donde la madre era creyente y llevó a la niña a la iglesia. En el primer día de catecismo, la madre adoptiva le dijo a la maestra que la niña nunca había oído hablar de Jesús para que tuviera paciencia con ella.

La maestra levantó un cuadro de Jesús y preguntó, ¿"Sabe alguien quién es el?" La niña dijo entonces, "Yo lo sé!...ese el hombre que me abrazaba la noche que mis padres murieron."

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