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La carreta vacía
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La mano
- La oración
de Jimmy
- Dios te ama
más que nadie
- Hoy por ti, mañana por mí
- El secreto del
sabio
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El faro en la noche
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El
contratiempo con el auto
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La
vendedora
de flores
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El
cansancio de los porteadores

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Pensó en cuan poco tendrían que estar agradecidos estos niños de barrios pobres, pero sabía que la mayoría de ellos dibujaría pavos o mesas con comida. La maestra quedó desconcertada con el dibujo que Diego le entregó... Una simple mano infantilmente dibujada. Pero ..la mano ¿de quién? La clase quedó cautivada por la imagen abstracta. "Creo que debe ser la mano de Dios que nos da la comida", dijo un niño. "Un granjero, sugirió otro, "porque el cría pavos". Finalmente, cuando los otros niños estaban trabajando, la maestra se acercó al pupitre de Diego y le preguntó de quien era la mano. "Es su mano, maestra", balbuceó el pequeño. Ella recordó que, frecuentemente, en el recreo había llevado de la mano a Diego, un niño bajito y solitario. A menudo hacía eso con los niños, pero para Diego significaba mucho, Quizás en esto consistió la acción de gracias de todos, no por las cosas materiales que se nos dan, sino por la oportunidad, por pequeña que sea, de dar a otros. |
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-No, mejor haga lo mismo que yo, me aconsejó-. Una vez, en Amberes, no tenía con que pagar el taxi para regresar al barco. Un belga me dio el dinero que necesitaba y me dijo: "cuando tenga oportunidad de ayudar a alguien que se encuentre en apuros, hágalo. Así saldará usted su deuda conmigo". |
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El sabio al ver su desesperación le entregó un anillo que tenía un compartimento secreto, pero le dijo que sólo y únicamente cuando tuviera un problema que fuera imposible resolverlo... solo así lo abriera y allí encontraría la respuesta. El sabio murió y pasaron muchos años; al Rey en varias ocasiones se le presentaron múltiples problemas. En varias ocasiones estuvo a punto de romper el sello y abrir el compartimento de la sortija, sin embargo no lo hizo, posponiéndolo para un problema mayor que no pudiera ser resuelto. Siguió pasando el tiempo y un día al Rey se le presentó un problema tan grande que no podía resolver. Pasaron los días tratando de resolverlo, hasta que no pudo más. Se acordó de lo que le dijo el sabio: ¡solo ábrelo cuando tengas un problema que pienses que no tenga solución! El Rey rompió el sello y abrió el compartimento secreto. Dentro había un papelito que decía sólo: "también esto pasará". |
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En medio de todo esto el capitán no hacía mas que gritar y maldecir, acusando a Dios y reprochándole todo lo que pasaba y que habían sido abandonados por El.
En ese momento, un
marinero dejó su puesto y corrió donde el capitán quien le reprendió
fuertemente en medio de la tormenta y la lluvia.
Cuántas veces no
vemos la ayuda de Dios por quejarnos constantemente de todo lo que tenemos.
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Uno de ellos empezó a murmurar a quienes tenía cerca que era una falta de respeto, consideración y educación hacer semejante llegada y no dar explicaciones pues solamente dijo: "Tuve un contratiempo con el auto".
Decía que no era posible que no hubiera planificado la ruta ni los posibles
percances. Hasta fue
a ver el automóvil para ver si tenía rastros del algún desperfecto o si
estaba sucio, pero el auto modelo 98 y color negro estaba intacto, por lo
que murmuró todavía mas.
Al llegar a su casa, esta persona que había criticado llegó a contarle a su
esposa, embarazada, lo sucedido,
pero ella,
interrumpiendo,
le dijo: "¿No
sabes lo que
me
pasó?
Mi
coche
dejó de funcionar en la colina y no había nadie.
Estaba completamente oscuro y afortunadamente un hombre pasó y al ver que no
podía repararlo
tuvo la cortesía de traerme hasta la casa y llamar una grúa. No me dijo ni
su nombre, pero era un auto negro de modelo reciente" |
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Leyendo esta reflexión, debemos recordar que todo lo que nos pase, tanto bueno como malo, puede ser como neblina que en un segundo pasa y desaparece. De lo único que podemos estar seguros es que la presencia de Dios estará siempre con nosotros, pues es promesa de Cristo. |
El cansancio de los porteadores
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Durante varios días, los porteadores apuraron el paso. Una tarde, sin embargo, se sentaron todos en el suelo y posaron la carga, negándose a continuar.
Por más dinero que les ofreciese, los indígenas
no se movían. Finalmente, cuando el explorador pidió una explicación por
aquel comportamiento, obtuvo la siguiente respuesta: |