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    - Salvados del naufragio
    - El vuelo del halcón
    -
Damón y Fintias
    - El billete de dólar
    - El barómetro
    - La vicisitud de las cosas humanas
    -
Los zapatos
    - La chica de los CD 
     - El ABC del cristiano
 
    -
La oración de la madre


     Salvados del naufragio

Cuéntase una vez que un pastor vivió en un activo puerto de mar. Después de un terrible tormenta, clavó en su iglesia un cartel con los nombres de nueve marineros. Sobre los nombres escribió: "Perdidos en el mar". La noticia cundió por toda la ciudad, y uno tras otro los nueve hombres vinieron a protestar. Después de cada protesta, el pastor tachaba un nombre. En la reunión de esa noche explicó: "Se me pidió que orara por la seguridad de once personas del naufragio del viernes. Sólo dos vinieron a solicitarme que diera gracias por su feliz retorno. Di por sentado que las otras nueve se habían ahogado". 

¡Con cuánta frecuencia nos asemejamos a los nueve! Diariamente el Señor nos derrama miles de bendiciones. Nos da vida, salud, comida, techo, empleo, aire para respirar, luz para ver, el cántico de las aves para alegrarnos el día y muchísimas más. Nos cuida de los peligros, visibles e invisibles. Nos levanta del lecho de enfermedad. Nos ofrece las riquezas de la salvación mediante Cristo. 
 


    El vuelo del halcón

"Un rey recibió como obsequio, dos pequeños halcones, y los entregó al maestro de cetrería para que los entrenara.

Pasando unos meses, el maestro le informo al rey que uno de los halcones estaba perfectamente pero que al otro no sabia qué le sucedía, no se había movido de la rama donde lo dejó desde el día que llegó. Encargó entonces la misión a miembros de la corte, pero nada sucedió.

Al día siguiente por la ventana, el monarca pudo observar, que el ave aún continuaba inmóvil. Entonces decidió comunicar a su pueblo que ofrecería una recompensa, a la persona que hiciera volar al halcón; a la mañana siguiente, vio al halcón volando ágilmente por los jardines.

El rey pidió  a su corte que le presentaran al autor de ese milagro y  le presentaron a un campesino. El rey le preguntó: - ¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres mago?

- Intimidado el campesino le dijo al rey: - Fue fácil mi rey, sólo corté la rama, y el halcón voló, se dio cuenta que tenía alas y se lanzó a volar.
¿Sabes que tienes alas ? ¿Sabes que puedes volar ? ¿A que estás agarrado ?

      Damón y Fintias 

"Los anales de la historia humana registran unos cuantos casos de gente que estuvo dispuesta a entregar la vida por causa de sus amigos. 

La historia de Damón y Fintias era muy famosa en el mundo grecorromano.
Estos dos hombres vivían en Sicilia en el siglo IV antes de Cristo. Dionisio, el Antiguo, tirano de Siracusa, había decretado que Fintias debía morir cierto día.

El condenado rogó que mientras esperaba el día de la ejecución se le permitiera visitar a su familia y poner su casa en orden. Dionisio accedió a la petición con la condición de que alguien estuviera dispuesto a morir en su lugar. 

Su amigo Damón  se ofreció voluntariamente a morir en el caso de que su amigo no regresara en el día señalado. Cuando llegó la fecha, Fintias no apareció. Lo que Damón no sabía era que el barco de Fintias había sido detenido por vientos contrarios. 

Cuando Damón ya estaba en el cadalso, se le permitió dirigir algunas palabras a los espectadores. Reafirmó su inquebrantable amistad por Fintias y declaró  que no se arrepentía de nada. Estaba seguro de que su amigo había hecho todo lo posible para regresar. 

Cuando el verdugo se preparaba para realizar su tarea, se vio a un jinete que galopaba a toda velocidad en dirección al lugar de la ejecución. Al aproximarse todos escucharon a Fintias que decía en alta voz: "¡Detengan la ejecución!". Cuando llegó hasta el lugar, saltó de su caballo y sin más ceremonia trepó al cadalso donde se encontraba Damón. Abrazándolo le dijo: "Me alegro de haber llegado a tiempo. Tú has sido fiel hasta la muerte". A lo que Damón respondió "Fintias, puesto que no puedo morir para salvarte, solicito que se me ejecute contigo". 

Se dice que Dionisio se sintió tan conmovido por esta demostración de amor frente a la muerte, que perdonó a Fintias y solicitó a los dos amigos que le permitieran participar de su noble amistad. 
 

 El billete de dólar

Este era un billete de $20 dólares y otro de $1 dólar que se encontraban en una bolsa de banco en el edificio de la Reserva Federal en el centro de la ciudad. 

Mientras se encontraban lado a lado, el billete de un $1 le preguntó a su compañero:
- "Oye, amigo, ¿dónde has estado? No te he visto en mucho tiempo." 

El de $20 respondió: - "Amigo, ¡¡Vaya trabajo!! He viajado a países distantes, también a los restaurantes más finos, a los casinos más grandes y finos. También he estado en numerosas boutiques, en centros comerciales de lujo en el norte y el  sur, y también el nuevo que ayudé a construir. De hecho, justo esta semana estuve en Europa, en un partido profesional de la NBA (Liga Nacional de Baloncesto en los Estados Unidos), en un rodeo, en un balneario, en un salón estilista de gran clase. ¡¡He hecho todo eso!! 

Después de haber descritos todos esos grandiosos viajes, el billete de $20 dólares le preguntó al de $1, - "¿y a ti cómo te ha ido? ¿Dónde has estado?" 

El billete de $1 dólar respondió: -"Bueno, he estado en la Iglesia Bautista, Metodista, también en la Iglesia Episcopal; en la Iglesia Católica, la Mormona, la de los Santos de los Últimos Días, la Iglesia de los Discípulos de Cristo, la Iglesia Anglicana, en la Iglesia Adventista....etc, etc 

-
"¡¡¡ESPERA, ESPERA, DETENTE UN M IN U T O !!!" gritó el billete de $20, "¿Qué es una iglesia?" 
 

   El barómetro

"Un hombre que vivía en Long Island, Nueva York, compró un barómetro (un instrumento para medir la presión) de alta calidad. Cuando se lo entregaron en su casa, la aguja parecía dañada, señalando a la sección marcada "Huracán".

Según el conocido maestro bíblico E. Schuyler English, que narró esta historia, este hombre agitó el barómetro pero el indicador se mantuvo igual. Entonces el hombre se sentó y escribió una airada carta a la tienda donde la había comprado. Al día siguiente dirigiéndose a su oficina en la ciudad de Nueva York, echó la carta al correo. Durante aquel día, un huracán azotó la costa este. Aquella tarde el hombre volvió a su casa para descubrir que había perdido el barómetro... y su casa.

El escepticismo o la falta de fe en nuestra generación es uno de los mayores peligros de los que la humanidad tiene que vencer. Los hombres tienen que aprender a creer y confiar en lo que Dios le ha dicho. Si no, seremos como el hombre que teniendo la verdad en su mano, no le hizo caso y perdió todo lo que poseía.

    La vicisitud de las cosas humanas

Un día un caballo de la casa de un anciano chino se soltó y huyó a las colinas. "Un caballo se nos ha escapado" dijo el viejo chino "¡Qué mala suerte!", le dijeron vecinos. Pero el viejo les dijo: “podría ser una fortuna”

Efectivamente, la noche siguiente el caballo regresó al establo con doce caballos más. - ¡Qué buena suerte!, dijeron los vecinos. Pero el viejo chino les dijo: "podría ser una desgracia”
A los poco días, el hijo estaba trabajando, cuando
cayó al suelo y se rompió una pierna. Los vecinos vinieron esa misma noche para manifestar su dolor al granjero, y dijeron: "Tu hijo se he rota una pierna, ¡Qué mala suerte!" El viejo granjero respondió una vez más: “podría ser una fortuna”

Efectivamente, a los pocos días se desató una guerra y pasaron unos sargentos por el pueblo pare llevarse a los jóvenes que estaban en buena salud. Los 10 jóvenes que marcharon, nunca regresaron; pero al hijo del granjero se salvó de ir a la guerra y morir debido a la pierna rota.

Dale tiempo a Dios y El te contestará todas tus preguntas y dudas de manera que dirás: "¡Que bien hace Dios todas las cosas!". Dale tiempo para que El pueda mostrar sus bondades, su cuidado y amor contigo todos los días. Dale tiempo a El y El te lo dará a ti.

    Los zapatos

El expresidente Ronald Reagan tenia una tía que lo quería mucho y era muy bondadosa con él. En una ocasión ella llevó al joven Reagan a un zapatero para que le hiciera un par de zapatos a la medida.

El zapatero le preguntó: ¿quieres los zapatos con puntera cuadrada o redonda? Ronald tartamudeó un poco, él no sabia lo que quería.

El zapatero dijo: " Está bien. Ven por acá dentro de un par de días, me dices lo que quieres y te haré los zapatos". Dos días después, el zapatero lo vio en el pueblo y le volvió a preguntar: "¿Quieres los zapatos con puntera cuadrada o redonda? Ronald le contestó: "No se".

El zapatero le dijo: "Ven dentro de dos días y tus zapatos estarán listos".

Ronald Reagan contaba que cuando fue a buscar los zapatos, uno de ellos tenía la puntera cuadrada y el otro redonda. El zapatero lo miró y le dijo: "Esto te enseñará que desde ahora en adelante, no debes permitir que la gente tome decisiones por ti".

Y el expresidente agregaba: " Aprendí allí mismo a tomar mis propias decisiones, si uno no lo hace, otro lo hará por ti

La chica de los CD 

Un muchacho de 17 años de edad tenía un cáncer incurable. Siempre vivía en su casa, bajo el cuidado de su madre. A veces se enfadaba de estar siempre dentro de su casa y un día decidió salir a pasear.

Caminando por el vecindario vio muchas tiendas. Al pasar por una de música y al ver el aparador, notó algo que l
e hizo olvidarse de que el mundo existía, era una muchacha de su edad muy hermosa. Al verla le parecía un ángel bajado del cielo.

Abrió la puerta y entr
ó sin mirar nada que no fuera ella. 
Acercándose poco a poco llego al mostrador donde se encontraba ella. La chica lo miró y le dijo sonriente "¿Te puedo ayudar en algo?"
El
chico pensaba que era la sonrisa mas hermosa que había visto en toda su vida, y sintió el deseo de abrazarla, de declarársele en ese mismo instante.
Tartamudeando le dijo: "Si,
bueno, me gustaría comprar un CD.". Y sin pensar tomó el primero que vio y le dio el dinero. La chica le entregó el disco con una amable sonrisa.

El joven enamorado no dejó de pensar en ella durante toda la tarde. 
Ni siquiera escuchó el disco. Al siguiente día quiso volver a verla y fue a la tienda. 
Al estar frente a esa hermosa sonrisa no supo qu
é decir y volvió a pedir un CD.
- "¿Quieres que te lo envuelva?", - preguntó la chica sonriendo de nuevo.

El respondió que s
í, moviendo la cabeza, pues ante ella se quedaba mudo. La muchacha fue al almacén para volver con el paquete envuelto y entregárselo.
El lo tomó y salió de la tienda. Se fue a su casa sintiendo que caminaba entre las nubes. Ni siquiera desenvolvió el
paquete. Lo guardó y se puso a mirar su jardín y pensar en la hermosa flor que estaba en la tienda.

En adelante visitaba la tienda todos los días para comprar un CD. Ella siempre se los envolvía, y
él se los llevaba a su casa y los guardaba.

El era muy tímido para invitarla a salir y, aunque
lo intentaba no podía. Así que al siguiente día se armó de coraje y se dirigió a la tienda. Y como todos los días compró otra vez un CD. Mientrasras ella no estaba viendo, rápidamente dejo una nota en el mostrador y salió corriendo de la tienda. La nota era una declaración.

Durante varios días
el chico no se atrevió a llegar a la tienda para recibir la respuesta.
Por fin llegó a la tienda pero no vio a su chica. Al preguntar por ella se enteró con tristeza que se había ido a otra ciudad a estudiar y ya no trabajaba allí. Mucho lamentó no haber ido antes por la respuesta y muy triste guardó los discos en un lugar donde no los viera con la esperanza de no pensar más en ella.

Al año siguiente, a la edad de 20 años, el chico falleció de cáncer. Un día su madre, entró en el cuarto de su difunto hijo para arreglarlo y abrió su armario. Para su sorpresa se topó con montones de CDs envueltos. Ninguno estaba abierto. Llena de curiosidad, tomó algunos y se sentó sobre la cama para verlos. Al desenvolver el primero encontró una nota que su hijo nunca leyó, decía: 
"!Hola!, veo que te gusta la música tanto como a mí. Me invitan a una fiesta el viernes y no tengo con quien ir. ¿Te gustaría
venir conmigo? Sofía." 

Emocionada, la madre abrió otro y otro para descubrir que eran saludos de la chica. Uno de los últimos decía: "Hola, me siento triste de que nunca haces caso a mis notas pero me devuelves la alegría al volver diariamente. La semana que viene salgo fuera de la ciudad a estudiar y ya no voy a trabajar aquí, pero vendré casi todos los fines de semana y si mi cliente favorito quiere que lo siga atendiendo podrá visitarme en mi casa. Sofía". Al final venía un número de teléfono, una dirección y un pequeño mapa. 

No esperes demasiado para demostrar tu amor a ese alguien especial, díselo hoy, mañana puede ser muy tarde. No solamente a tu pareja sino de todos tus próximos: tus padres, hermanos, amigos, hijos, etc.
Demuestra tu amor a los demás ahora que puedes hacerlo, que están presentes, que físicamente es posible.

    El ABC del cristiano

A laba a Dios en cada circunstancia de la vida
B usca la bondad, no la perfección.
C uenta tus alegrías en vez de sumar tus penas. 
D evuelve todo lo que tomes prestado.
E logia a tres personas cada día
Fíate de Dios de todo corazón y no confíes en tu propia inteligencia
G ózate con los que  gozan y llora con los que lloran.
H az nuevos amigos pero aprecia a los que ya tienes.
I nvita a Cristo a ser tu Señor y Salvador.
J amás pierdas una oportunidad de expresar amor.
L ee la Biblia y ora cada día.
M antente alerta ante las necesidades de tu prójimo.
N o culpes a los demás por tus infortunios.
O lvida las ofensas y perdona así como Dios te perdona .
P romete todo lo que quieras; pero cumple todo lo que prometes.
Q ue se te conozca como una persona en quien se puede confiar.
R econoce que no eres infalible y discúlpate por tus errores.
S é siempre persona amable.
T rata a todos como quisieras que te traten.
Ú nete al ejército de los agradecidos.
V ístete de misericordia, humildad y paciencia.
Y no te olvides de soportar a los demás como a ti te soportan.
Z áfate de las garras seductoras de Satanás. 

   La oración de la madre

Durante la guerra en Corea, un hombre fue gravemente herido en un campo de batalla en Heartbreak Ridge. Sus amigos estaban ocultos en una cueva a 10 metros del lugar en que este había sido herido. Mientras el fuego continuaba, los otros hombres discutían qué debían hacer. Pero ante el intenso fuego, era difícil  traer a su compañero herido, pues eso significaría la misma muerte. 

Los hombres que estaban en la cueva podían escuchar a su compañero herido
gritar pidiendo ayuda. Entonces uno de los hombres que estaba en la cueva empezó a mirar el reloj.

De repente, el hombre del reloj saltó de la cueva y se arrastró hasta donde estaba su compañero herido. Lo
agarró y de una manera lenta empezó a regresar a la cueva, mientras el ataque era intenso a su alrededor.

Sorprendentemente ambos lograron llegar a la cueva sin ser
alcanzados por bala alguna. Sus compañeros le preguntaron al héroe por qué había esperado tanto tiempo para rescatar a su amigo. A lo cual  respondió: "Mi madre me dijo que a la esa hora todos los días estaría orando por mí. Dejé la cueva exactamente cuando ella empezó a rezar.

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