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 - El Evangelio del soldado
 - Ternura de madre
- No tengo un minuto
- El violín de Itzhac
- ¿Quién me ha tocado?
- Amor
- Infierno o cielo
 - Comodidad
- El árbol feliz 
 - El segundo traje

El evangelio del soldado

Actualmente existen muchas iniciativas de recuperación entre las personas con problemas de alcoholismo. Procuran emplear todos los medios sugeridos por la ciencia y la psicología. No se puede sino alentarlas y sostenerlas. Pero hay quien cree que no debería descuidarse también los medios espirituales, que son la oración, los sacramentos y la palabra de Dios.

En la obra El peregrino ruso se lee una historia cierta. Un soldado esclavo del alcohol y amenazado con ser licenciado fue a un santo monje a preguntarle qué debía hacer para vencer su vicio. Este le ordenó que leyera cada noche, antes de acostarse, un capítulo del Evangelio.

Él consiguió un Evangelio y comenzó a hacerlo con diligencia. Pero al poco volvió desolado al monje a decirle: «¡Padre, soy demasiado ignorante y no entiendo nada de lo que leo! Deme otra cosa que hacer». Le respondió: «Sigue solamente leyendo. Tu no entiendes, pero los demonios entienden y tiemblan». Así lo hizo aquél y fue liberado de su vicio. ¿Por qué no intentarlo?

   

Ternura de madre

La Razón / J. Mª. Alimbau  29.09.06

Un joven, después de sufrir un grave accidente de circulación, fue llevado a un hos­pital. Poco tiempo después avisaron a su madre de que su hijo estaba muy grave. La mujer se personó en el hospital y pidió ver a su hijo. Los médicos le dijeron que su hijo luchaba entre la vida y la muerte, que la menor excitación podía resultarle letal... además que no la reconocería porque estaba inconsciente.
La madre prometió que no le hablaría ni haría el menor ruido, pero suplicó que le permitieran entrar en la UVI, y estar un tiempo con él. Accedieron a su petición, pero le encarecieron que no pronunciara ni una sola palabra. La madre, con el corazón destrozado, obedeció.
Los ojos de su hijo estaban cerrados. Ella le puso suavemente la mano en su frente y le acarició la mejilla, tal como ella solía hacerlo cuando el joven moribundo era niño.
No transcurrió mucho tiempo cuando el joven, sin abrir los ojos, susurró:
- «Madre, has venido...»
Así despertó. El contacto, la caricia, la ternura, el afecto venidos de la mano de la madre le devolvió a su infancia, recordándole su protección y seguri­dad. Supo que su madre estaba allí, junto a él. Era el poder de la ternura.
- El ojo de la ternura que nunca duerme... es la madre.
- El oído que jamás se cierra... es la madre.
- La mano que ayuda, acuna y acaricia... es la madre.
- Hay un amor, una ternura que nunca falla... es la madre.
- Balzac escribía: «Las flores siempre hacen bien y nunca mal».

- Pablo VI decía: «Toda la historia de la salvación y todo el evangelio es amor, es la ternura de Dios que salva».

 

No tengo un minuto 

Dios me dijo un día: "Dame un poco de tu tiempo". Y yo le respondí: "Pero Señor, si el tiempo que tengo no me basta ni para mí".

 Dios me repitió, más alto: "Dame un poco de tu tiempo". Y yo le respondí:

"Pero Señor, si no es por mala voluntad: es de verdad, no me sobra ni un minuto".

 Dios volvió a hablarme: “Dame un poco de tu tiempo”. Y yo le respondí: "Señor, ya sé que debo reservar un poco de tiempo para lo que me pides, pero sucede que a veces no me sobra nada para poder dar.

 ¡Es muy difícil vivir, y a mí me lleva todo el tiempo! ¡No puedo dar más de lo que te estoy dando!.

 Entonces Dios ya no me dijo nada más.

 Y desde entonces descubrí que cuando Dios pide algo, pide nuestra misma vida. y si uno da sólo un poco, Dios se calla. El paso siguiente ha de ser cosa nuestra, porque a Dios no le gusta el monólogo.

 Qué tremendo debe ser el que Dios se calle.

 

El violín de Itzhac

La Razón / J. M. Alimbau

Itzhak Perlman es un célebre violinista. A los cuatro años enfermó de poliomelitis. Le cuesta andar. Debutó a los 19 años en Nueva York. Fue director de las Orquestas Filarmónicas de Nueva York, Chicago, Filadelfia y de los Ángeles. Colaboró en la película «La lista de Schlinder». Este año de 2006 ha dado un concierto en Barcelona, para apoyar la integración de las personas con minusvalías.

En 1995 dio un concierto para Violín de Beethoven, en Nueva York -según García Vallés en «Vida Nueva»-. Perlman atravesó el escenario con dificultad. Llegó a su silla. Desató las abrazaderas de sus piernas. Recogió una y extendió la otra hacia adelante. Colocó el violín bajo su barbilla. Iba a dar la señal al director de la orquesta, cuando vio que una cuerda de su violín estaba rota. Los presentes adivinaron lo trabajoso y molesto que sería para él, tener que levantarse, retirarse, reparar el instrumento y regresar. Perlman no se movió de la silla.

Cerró los ojos unos instantes. Hizo señal al director de que podía empezar e interpretó todo el concierto ¡con sólo tres cuerdas! Había recompuesto en su interior, la digitación, los cambios de cuerda y las combinaciones. ¡Al final una ovación ensordecedora! Perlman levantó el arco y pidió silencio con una sonrisa:

- «Ya ven ustedes... Algunas veces, la tarea del artista -y de toda persona- es la de averiguar cuánta música podemos hacer con aquello que nos queda». ¡Cuántas personas han sido capaces de ir adelante, de superar lo insuperable con voluntad y esfuerzo, con sufrimiento y lágrimas. Y es que: ¡Cuánto podemos hacer con aquello que nos queda!

  

¿Quién me ha tocado?

 

Fuente: www.buenas-noticias.org

Autor: Alvaro Correa, L.C.

 

El sol iluminaba la plaza de san Pedro y parecía que sus rayos se concentraban en la sotana blanca del Papa. Su resplandor era el que atribuimos a los ángeles. La audiencia general había concluido y el Papa se retiraba saludando a las personas. El jeep avanzaba lentamente. Los fieles alzaban sus brazos para intentar tocarlo.

 

¡Cómo no recordar, en ese momento, aquel pasaje del Evangelio en el que Cristo, apretado por una multitud, se volvía a los apóstoles y les preguntaba: “¿Quién me ha tocado?”!

 

Sentada sobre los hombros de su papá, la pequeña Isabel, veía que el Papa se acercaba. Ella estaba en alto, como atrayendo sobre sí el calor de la fe y de la emoción de todos. Al acortarse la distancia, el Papa la miró. Ambos se regalaron una sonrisa transparente. Isabel se extendió hacia adelante cuanto pudo. El Papa y la niña se estrecharon la mano y sus brazos crearon un arco que venía a sumarse a la magnífica columnata de Bernini.

 

Isabel, después de saludar al Papa se volvió hacia sus padres y familiares. Su sonrisa era amplia, y sus ojillos estaban llenos de lágrimas… lágrimas de felicidad. Su expresión era tan bella que de inmediato sus hermanos y primos acudieron para abrazarla.

 

Ella seguía sonriendo y llorando, sin decir palabra. Quienes no pudieron saludar al Papa sentían la emoción de su cercanía abrazando a la pequeña Isabel.

 

Las lágrimas de felicidad en los ojos de una niña son una ventana abierta al cielo. ¿Por qué Jesús quiso tanto a los niños? Isabel nos respondía con su silencio gozoso que se sobreponía a las ovaciones de los miles de fieles reunidos en la plaza. Hay un rayo de luz que baja directamente del amor de Dios al corazón de las almas sencillas, y su mayor expresión es la dicha, es la felicidad que no puede dar una montaña de oro, ni el cetro del poder mundano.

 

Las personas que no pudimos estrechar la mano del Papa nos sentimos -humanamente hablando- confortados viendo las lágrimas de felicidad de la niña.

 

Era el 8 de noviembre de 2006, en la plaza de san Pedro. Isabel, estrechando la mano del Papa, sin darse cuenta, ha provocado que en el paraíso Jesús vuelva a preguntar: “¿Quién me ha tocado?”... San Pedro, dando un paso adelante, sonrojado por la amable complicidad de su sucesor, le ha respondido que fue una niña feliz, sobre los hombros de su papá, en medio de una multitud creyente. Isabel ha tocado el misterio amoroso de la presencia de Dios entre nosotros.

 

AMAR

 

  Un esposo fue a visitar a un sabio consejero y le dijo que ya no quería a

su esposa y que pensaba separarse.

El sabio lo escuchó, lo miro a los ojos y solamente le dijo una palabra:

"Ámala",luego se calló.

Pero es que ya no siento nada por ella.
- "Ámala", repuso el sabio. Y ante el desconcierto del señor, después de un

oportuno silencio, el viejo sabio agregó lo siguiente:

"Amar" es una decisión, no un sentimiento,
"Amar" es dedicación y entrega,

"Amar" es un verbo y el fruto de esa acción es el amor.

El Amor es un ejercicio de jardinería:

Arranque lo que hace daño, prepare el terreno, siembre, sea paciente,

riegue, procure y cuide.

Esté preparado porque habrá plagas, sequías o excesos de lluvias, mas no por eso abandone su jardín.

Ame a su pareja, es decir, acéptela, valórela, respétela, déle afecto y ternura, admírela y compréndala.

Eso es todo, Ámela".

Por eso la vida sin amor a Dios, ni a ti mismo, ni a tus padres, ni a tu pareja, ni a tus amigos, ni a lo que rodea podría tener estos efectos...

* La inteligencia sin amor, te hace perverso.

* La justicia sin amor, te hace hipócrita.

* El éxito sin amor, te hace arrogante.

* La riqueza sin amor, te hace avaro.

* La docilidad sin amor, te hace servil.

* La pobreza sin amor, te hace orgulloso.

* La verdad sin amor te hace hiriente.

* La autoridad sin amor, te hace tirano.

* El trabajo sin amor te hace esclavo.

* La vida sin amor, no tiene sentido.

 

  

INFIERNO O CIELO

Según cuenta un antiguo relato japonés, un belicoso Samurai desafió en una ocasión a un maestro Zen a que le explicara el concepto de cielo e infierno. Pero el monje respondió con desdén:

- "No eres más que un patán. ¡No puedo perder el tiempo con individuos como tú!".
Herido en lo más profundo de su ser, el Samurai se dejó llevar por la ira, desenvainó su espada y gritó:

- "Podría matarte por tu impertinencia".
- Eso, repuso el monje con calma, "es el infierno".
Desconcertado al percibir la verdad en lo que el maestro le señalaba con respecto a la furia que lo dominaba, el Samurai se serenó, envainó la espada y se inclinó, agradeciendo al monje la lección.
- Y eso, añadió el monje, "es el cielo".
 

 

La Lección del sabio

En cierta ocasión le preguntaron a Ramesh uno de los grandes sabios de la India, lo siguiente: "¿Por qué existen personas que salen fácilmente de los problemas
más complicados, mientras que otro sufren por problemas muy pequeños y se ahogan en un vaso de agua?" 
El simplemente sonrió y contó una historia . . .

Era un sujeto que vivió amorosamente toda su vida. Cuando murió, todo el mundo decía que él iría al cielo, pues un hombre tan bondadoso solamente podría ir al Paraíso.

En aquella época el cielo todavía no había pasado por un programa de calidad total. La recepción no funcionaba muy bien, y quien lo atendió dio una ojeada
rápida a las fichas de entrada, pero como no vió su nombre en la lista, le orientó para que pudiera llegar al infierno. Y como en el infierno nadie pedía identificación, ni invitación (cualquiera que llegara era invitado a entrar), el sujeto entró y se quedó.

Algunos días después Lucifer llegó furioso a las     puertas del Paraíso y le dijo a San Pedro:      "¡Eso que me estás haciendo es puro terrorismo! Mandaste aquel sujeto al infierno y el me está desmoralizando. Llegó escuchando a las personas,
mirándolas a los ojos, conversando con ellas, abrasándose, besándose. El infierno no es lugar para eso, por favor trae a ese sujeto para acá.  
Cuando Ramesh terminó de contar esta historia dijo:
"Vive con tanto amor en el corazón que, si por error vas a parar al infierno, el propio demonio te traiga de vuelta al Paraíso"

  

REFLEXIÓN:  COMODIDAD

Había un hombre que, habiendo entregado su vida al Señor, oraba para conocer cómo hacer para extender el Reino de Dios en su ciudad.  En su oración preguntaba: ¿Señor, cuál es la clave para que el mundo viva en armonía?

Entonces, los cielos se abrieron y después de un enorme estruendo, se escuchó una voz diciendo: COMODIDAD.

El hombre primero se asustó por la voz, pero luego se extrañó por la respuesta que recibió.  Entonces, el hombre tímidamente preguntó de nuevo: ¿Comodidad, Señor?  ¿Qué quieres decir con eso? 

Dios respondió:  La clave es “como di, dad”.  Es decir, así como yo les di, dad vosotros a vuestro prójimo.  Como di, dad vosotros amor.  Como di, dad vosotros esperanza.  Como di, dad vosotros totalmente.  Como di sin límites, sin pensar en nada más que dar, dad vosotros al mundo.

…“y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”  Mateo 20:27

…“se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.”  Hechos 20:35

  

EL ÁRBOL FELIZ 

Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos. 

Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: "No sabía quién era." 

Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano, si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. 
"¿Ves que fácil es?" 
No lo escuches, exigía el rosal. Es más sencillo tener rosas y "¿Ves que
bellas son?" 
Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado. 

Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó: No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución: 

"No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas...Sé lo que Dios quiere que seas, y para lograrlo, escúchalo." 

Y dicho esto, el búho desapareció. 

¿Lo que Dios quiere que sea...? Se preguntaba el árbol desesperado, cuándo de pronto, comprendió... 
Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar: 

"Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros,
belleza al paisaje... Tienes una misión "Cúmplela". 

Y el árbol se sintió fuerte y seguro y se dispuso a ser todo aquello para lo cual había sido creado. 

Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. 

Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz. 


 

El segundo traje

Cierta vez un hombre visitó a su Rebe, Rabí Ierajmiel de Pshisja, y le relató su problema.

- “Rebe, soy un sastre. Con los años gané una excelente reputación por mi experiencia y alta calidad de mi trabajo. Todos los nobles de los alrededores me encargan sus trajes y los vestidos de sus esposas. Hace unos meses, recibí el encargo más importante de mi vida.

El príncipe en persona escuchó de mí y me solicitó que le cosiera un ropaje con la seda más fina que es posible conseguir en el país. Puse los mejores materiales e hice mi mejor esfuerzo. Quería demostrar mi arte, y que este trabajo me abriera las puertas a una vida de éxito y opulencia.

Pero cuando le presenté la prenda terminada, comenzó a gritar e insultarme: ¿Esto es lo mejor que puedes hacer? ¡Es una atrocidad! ¿Quién te enseñó a coser?

Me ordenó que me retirara y arrojó el traje tras de mí. ¡Rebe, estoy
arruinado!. Todo mi capital estaba invertido en esa vestimenta, y peor aún, mi reputación ha sido totalmente destruida. ¡Nadie volverá a encargarme una prenda luego de esto! ¡No entiendo qué sucedió, fue el mejor trabajo que hice en años!”

-“Vuelve a tu negocio”, dijo el Rebe, “descose cada una de las puntadas de la prenda y cóselas exactamente como lo habías hecho antes. Luego llévala al príncipe.”

- "¡Pero obtendré el mismo atuendo que tengo ahora!”, protestó el sastre. “Además mi estado de ánimo no es el de siempre”.
- "Haz lo que te indico, y Dios te ayudará", dijo Rabí Ierajmiel.

Dos semanas después, el sastre retornó. - "¡Rebe, usted ha salvado mi vida! Cuando le presenté nuevamente el ropaje, el rostro del noble se iluminó: ¡Hermoso!, exclamó. ¡Este es el más hermoso y delicado traje que haya visto!

Me pagó generosamente y prometió entregarme más trabajo y recomendarme a sus amigos. Pero Rebe, deseo saber ¿cuál era la diferencia entre la primer prenda y la segunda?"

- "El primer traje", explicó el Rebe, “fue cosido con arrogancia y orgullo”. “El resultado fue una vestimenta espiritualmente repulsiva que, aunque técnicamente perfecta, carecía de gracia y belleza. Sin embargo, la segunda costura fue hecha con humildad y el corazón quebrado, transmitiendo una belleza esencial que provocaba admiración en cada uno que la veía”.
 

   

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