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| La Indecisión |
| El pozo del desierto |
| Cómo cazar monos |
| El cuenco de leche |
| El traje |
| Los dos halcones |
| Las dos muñecas |
| La bondad de Dios |
| El amor es para siempre |
| La carreta vacía… |
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La Indecisión Apenas había conciliado el sueño cuando el camello lo llamó con voz suave, pero insistente. “Déjame meter la nariz en tu tienda, hace mucho frío y la tengo completamente helada…” Abdalá, que era un hombre bueno, accedió a la petición. Pero ocurrió que en cuanto se durmió profundamente, el camello empujó un poco y metió la cabeza completa. Como la tienda era tan pequeña, al hacer esto topó con la cabeza del hombre y lo corrió hasta que éste sacó los pies por el otro extremo. Abdalá protestó, pero “Indecisión” le hizo ver que eso no era en realidad gran cosa. Pasó poco tiempo para el camello metiera los hombros y empujara a su patrón afuera, hasta las rodillas. Para hacer el cuento corto, “Indecisión” siguió introduciéndose en la tienda, llenándola por completo y sacando a Abdalá por el otro extremo, hasta que finalmente quedó completamente fuera. ¿Le suena esto conocido? ¿No le ha ocurrido alguna vez que al dejar entrar un poco de indecisión ésta lo llenó todo, sacándolo de las cosas buenas de la vida? Por ejemplo, le ocurre a los estudiantes cuando se están preparando para un examen, pero frente al televisor dejan que indecisión les pida ver “un poquito más”. Y le ocurre también a los vendedores, cuando les pide “posponer para la semana que entra” la visita a ese cliente importante. Y por supuesto le sucede a aquel que quiere bajar de peso, pero deja que el perverso camello le solicite “empezar después de…”. Sí, cuando dejamos a la indecisión meter la nariz en nuestra vida, no importa si somos amas de casa o ejecutivos de empresa, acabará por llenarla toda, y prácticamente sacarnos de ella.
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El pozo del desierto - Leyenda
No obstante, un día, un investigador de los archivos monásticos encontró, entre muchas cosas, un mapa antiguo que hablaba de ese pozo y lo localizaba. Sin contárselo a nadie, el investigador escondió el mapa para que nadie más supiera de su existencia y se puso a caminar, desierto adentro, a la búsqueda del pozo. Pero pasaron los días… y el hombre nunca más volvió. ¿Qué habría acontecido? Algunos años más tarde, otro sabio encontró por azar el mapa escondido, y también él lo escondió de nuevo, y se aventuró solo a la búsqueda del deseado pozo. Pero tampoco él volvió jamás. Y una vez más la historia del pozo que apagaba la sed de todo el mundo cayó en el olvido. Dice la leyenda que la historia se repitió varias veces, hasta que el mapa fue a caer en las manos de un pobre trabajador. Sorprendido con la novedad, en vez de esconder el mapa, habló de él a toda la gente y del pozo escondido que apagaba la sed. La novedad era tan grande que las personas no se lo creían. ¿Un pozo que apaga la sed? ¿Quién se lo va a creer? No obstante, un pequeño grupo estudió cuidadosamente el mapa y llegó a la conclusión de que el mapa parecía autentico. Y si el mapa era verdadero, ¿por qué no podía ser verdadero el pozo? Se juntaron en un grupo y decidieron ir a la búsqueda del pozo. Se prepararon para el viaje y, un buen día, se pusieron en camino desierto adentro. El viaje fue duro y difícil, pues el sol del desierto no perdonaba. Pero como iban en grupo, se ayudaban los unos a los otros compartiendo la poca agua que llevaban. Después de largos días de viaje, cuando el desierto parecía no tener fin, avistaron el pozo. Era verdad: el pozo no era un espejismo. Pero, ante el asombro de todos, vieron junto al pozo centenares de esqueletos humanos. Se acercaron, miraron dentro del pozo y vieron que no se habían equivocado: abajo el agua brillaba. El problema era que no tenían con que sacar el agua. Por eso, todos los que antes habían buscado el pozo todos habían muerto de sed. Entonces el grupo se sentó a reflexionar sobre cómo sacar el agua del pozo. No tenían ni cuerda ni cubo y el pozo era profundo. Entonces, con las ropas que tenían hicieron una cuerda larga, ataron en la punta un botijo y lo llevaron al fondo del pozo. Y todos pudieron beber del agua del pozo. La verdad era que, después de beber, nunca más tuvieron sed. Cuando nosotros damos las manos, unimos las fuerzas y creamos comunidad, no hay fuente que no podamos alcanzar ni sed que no se pueda matar. |
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La Razón / J. M. Alimbau
Por esfuerzos que
hiciera no podía sacar la mano de la bolsa. Entonces el cazador salía del
escondrijo. Cogía al mono. Le da un golpe seco en el codo. El mono abría la
mano y soltaba los cacahuetes. |
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El cuenco de
leche
Si de veras quieres ser santo, debes aprender a cumplir con tus obligaciones diarias, sin dejarte absorber por ellas, dándote tiempo para acordarte de mí y prestar atención a los que te rodean y necesitan de ti." |
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- Podrías teñirme este vestido?
-
¿De qué color lo quieres? - ¡Claro que si, hombre! pasa a recogerlo cuando quieras, pero que no sea ni lunes, ni martes, tampoco miércoles, ni jueves y menos viernes. ¡Ah! Y el sábado y domingo esta cerrado. Fuera de esto, ya lo sabes, siempre y cuando quieras. Con la leña prometida no se calienta la casa. Proverbio ruso Exigimos que los otros se comprometan, precisen... pero nosotros preferimos quedarnos en vaguedades. |
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Los dos halcones Fuente: interrogantes.net - Autor: Alfonso Aguiló Un
rey recibió como obsequio dos pequeños halcones y los entregó a uno de sus
hombres para que los cuidara. Pasado un tiempo, el instructor comunicó al
rey que uno de los halcones estaba ya perfectamente entrenado, pero al otro
no sabía qué le pasaba, pues desde el primer día estaba posado en una rama y
no había forma de que echara a volar, hasta el punto de que tenían que
llevarle su alimento a ese lugar. El rey mandó llamar a varios curanderos y sanadores, pero nadie lograba hacer volar a aquel pequeño animal. Pidió consejo a otros sabios de la corte, pero no hubo forma de moverlo de allí. Por la ventana de una de sus habitaciones, el monarca podía ver que el halcón permanecía inmóvil. A la mañana siguiente, vio al halcón volando ágilmente por los jardines. «¿Cómo lo han conseguido? Traedme al autor de ese milagro», dijo el rey. Enseguida le presentaron a un sencillo campesino. «¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo lograste? ¿Eres mago, acaso?». Aquel hombre contestó: «Alteza, lo único que hice fue cortar la rama sobre la que reposaba. El pájaro no tuvo más remedio que empezar a emplear sus alas y echar a volar.» Este sencillo relato trae a nuestra consideración el daño que muchas veces sufren, al comienzo de su vida, quienes tienen todo demasiado resuelto y nada les fuerza a emplear sus propios recursos. En cambio, en cuanto las necesidades reales se ponen frente a ellos, demuestran enseguida con satisfacción todo el despliegue de sus destrezas y cualidades. Cuando se facilitan demasiado las cosas a los niños o a los jóvenes, cuando los adultos se adelantan siempre a resolverles sus problemas, o a protegerles de cualquier peligro, o a satisfacer en seguida sus demandas, o a darles la razón en cualquier conflicto con sus amigos o en la escuela, se dificulta seriamente su desarrollo y se fomenta su indiferencia y su pasividad. Por eso ha llegado a decir Susanna Tamaro que «para ser padre hoy en día hay que ser un héroe y atreverse a decir que no constantemente. La clase dirigente del mañana serán los niños a los que se les haya dicho que no. Serán los únicos que habrán conservado la capacidad autónoma de pensar.» El futuro de mucha gente depende de que en la familia y en la escuela seamos capaces de resistir frente a esas oleadas de apetencias y de falsas necesidades que despierta y explota el marketing consumista. El éxito de muchos afanes educativos depende en gran medida de que logremos imponer un estilo de vida fundamentado en la alegría y la satisfacción que provienen del esfuerzo, de la austeridad y del servicio a los demás. |
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Aquella pareja había estado casada durante más de 60 años.
Durante todos estos años, él nunca pensó en la caja, pero un día la viejecita se puso muy enferma y el doctor les dijo que ya no se recuperaría. El esposo tratando de arreglar todas las cosas de su esposa antes de que muriera, se topó con la caja de zapatos y se la llevó a la viejecita a su cama. Ella le dijo que ya era tiempo de que supiera lo que había en ella. Cuando la abrió encontró dos muñecas de ganchillo y un fajo de billetes, eran 95,000 euros. El esposo, sorprendido, le preguntó sobre el contenido de la caja y ella le dijo: 'Cuando nos casamos, mi abuela me dijo que el secreto de un buen matrimonio era no discutir nunca y que cada vez que me enfadara contigo, debería guardar silencio y fabricar una muñequita de ganchillo. El viejecito tuvo que contenerse para no derramar unas lágrimas, ya que sólo había dos muñecas en la caja. Así que ella sólo se había enojado con él dos veces en todos estos años llenos de amor y entendimiento. Estaba que no se lo creía y, sumamente conmovido, le dijo: - Oye amor, ya entiendo lo de las muñequitas... pero ¿y el dinero?, ¿de dónde salió? - Ah, le dijo la viejecita, ese dinero es lo que gané de las muñecas que vendí durante todos estos años. |
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La bondad de Dios |
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hijos y la educación que les dieron, los felices momentos en la familia, la muerte de su hijo mayor… La mujer, pensando en todas las gracias que habían recibido de Dios, pregunto a su esposo: "Cariño, si ahora te concedieran un deseo, ¿cuál elegirías?" Su marido sin pensárselo mucho dijo: "Tener 20 años". ¿Por qué?.- replicó la mujer. Para volver a estar 60 años contigo. El amor o es para siempre, o no es amor. |
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Me convertí en adulto y hasta hoy cuando veo a una persona hablando
demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuna o
violenta, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose prepotente y haciendo de
menos a la gente, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo: |