Santa Margarita María Alacoque  

(1647‑1690)
 

  APOSTOLADO DE LA ORACIÓN ‑ BARCELONA 
 

Tomado de:  Editions fidélité  Rue de Bruxelles 61   B‑5000 NAMU (Bélgica)


Traducida por  P. Jaime Roig del Campo, S.I.
 


   c o n t e n i d o  

Escogida por Dios
Primeros años, primera comunión
Curada por la Santísima Virgen
Primer año en el Monasterio
La profesión religiosa
El discípulo bienamado del Sagrado Corazón
La Hora Santa y los primeros viernes
El Padre La Colombière
Te constituyo heredera de mi Corazón
La muerte de Claudio La Colombière
El retiro espiritual
Maestra de novicias
Primera veneración de la imagen del Corazón de Jesús
La victoria del Corazón de Jesús
Las promesas del Corazón de Jesús
Las imágenes del Corazón de Jesús
Los últimos años
¡La Santa de Santa María ha muerto!


 

      Escogida por Dios 

Dios escoge lo que hay de débil en el mundo para confundir lo fuerte, escribe S. Pablo. Tenemos gran dificultad en entrar en esta Sabiduría de Dios. No obstante, la historia de la Iglesia nos proporciona numerosas ilustraciones.

La vida de Margarita María Alacoque (1647‑1690) es una de ellas. En esa época, bajo las influencias del calvinismo y del jansenismo, la imagen de un Dios inexorable deseca las almas y enfría los corazones. Es urgente hacer recordar que Dios es esencialmente amor. Hay que proponer una devoción nueva, instituir una nueva fiesta, suscitar una corriente de amor hacia "Aquél que tanto nos ha amado...".

¿Quién será encargado providencial mente de esta misión?.¿Un papa?.¿Un obispo célere?...¿Un sabio teólogo?...¡No!. Una pequeña religiosa de la orden de la Visitación, frecuentemente ignorada y enferma y que hubiera preferido mil veces permanecer en la sombra y el olvido.

A ejemplo de los que Dios llama a una misión excepcional, ella tiene perfecta conciencia de la inadecuación entre la obra que cumplir y la pobreza del instrumento del que el Señor sabe y quiere servirse; en este caso, se trata de ella misma, de aquí este curioso intercambio con el Señor:

Pero, Señor mío, ¿a quién os dirigís?.  ¡A   una criatura tan enclenque y  pobre pecadora, que su indignidad  hasta será  capaz  de  impedir  el  cumplimiento de vuestros designios!

 ‑ ¡Ehl,  pobre inocente como eres, ¡no sabes que me sirvo de los sujetos más débiles para  confundir a los fuertes, que es ordinariamente en los pequeños  y pobres de espíritu en los que hago ver mi poder con más resplandor, a fin de que no se atribuyan nada a ellos mismos!

Es esta elección divina absolutamente gratuita la que ilumina el itinerario de Santa Margarita María.


 Primeros años, primera comunión

 Margarita  Alacoque  nació  el  22 de julio de 1647 en Vérosvres, pueblo cercano a Charolles entre Mácon y Paray‑le‑Monial. Es el quinto hijo de una familia de siete. Su padre es notario real, su familia es profundamente cristiana.

A la edad de cinco años, durante una estan­cia en casa de su madrina, en el castillo de Corcheval, Margarita hace una primera ofrenda de su vida al Señor:

¡Oh Dios mío, yo os consagro mi pureza y os hago voto de perpetua castidad!

Estas palabras, cuyo sentido no comprende, las pronuncia entre las dos elevaciones de la misa. Sin duda había oído conversaciones sobre la vida religiosa en la Visitación de Paray‑le‑Monial. Está claro que esta ofrenda no era un "voto" en sentido estricto... No obstante, este paso queda grabado en la memoria de Margarita. Cuando por obediencia redacta su "Vida por ella misma", es el primer recuerdo de su infancia que aparece. Es el principio de un gran amor por el Señor.

Después de la muerte de su padre el 11 di­ciembre 1655, Margarita es confiada a las Clarisas Urbanas de Charolles. Y se la admite muy pronto a la primera comunión. Toda su vida quedará marcada por un sentido profundo del misterio eucarístico.


 Curada por la Santísima Virgen

Después de una estancia de dos años, Margarita ha de abandonar el pensionado de las Clarisas. Ella explica el por qué:

Caí  en  un estado de  enfermedad tan lamentable que estuve alrededor de  cuatro  años sin poder andar. Los huesos me perforaban la piel por todos los lados.. Nunca se pudo encontrar ningún otro remedio a mis males que el de consagrarme a la Santa Virgen, prometiéndole que, si me curaba, yo sería un día una de sus hijas. Y ni acababa de hacer este voto, cuando recibí la curación, con una nueva protección de la Santísima Virgen, la cual se hizo de tal manera dueña de mi corazón, que mirándome como suya, me gobernaba como dedicada a ella, reprendiéndome mis faltas y enseñándome a cumplir la voluntad de Dios.

Para testimoniar su reconocimiento, Margari­ta añade el nombre de "María" a su primer nom­bre el día de su confirmación en 1669 y en la toma de hábito en 1671.

Siempre es con una gran confianza como se vuelve hacia la Santa Virgen. En un momento en el que se presenta la cuestión del matrimonio, Jesús le recuerda la promesa de sus cinco años. La protección maternal de María suscita una actitud filial pero respetuosa. Margarita María no duda en emplear el nombre de "esclava", como lo hará un poco más tarde San Louis Marie Grignon de Montfort.

Jesús  me dijo: "Te  escogí  por esposa  mía y nos prometimos fidelidad, cuando me hiciste voto de castidad. Era Yo el que te urgía a hacerlo, antes de que el mundo tuviese parte alguna en ello, en tu corazón; porque lo quería todo puro y sin que hubiera sido manchado por afectos terrestres, y para conservármelo así, quitaba toda malicia de tu voluntad para que no pudiera corromperla. Y además te puse en guarda al cuidado de mi Santa Madre, a fin de que ella te modelase según mis designios".

Por eso ella me ha valido siempre  como  una buena Madre, y nunca me rehusó su socorro, y yo tenía  en  ella todo mi socorro, en todas mis penas y necesidades, y  con  tanta  confianza que me parecía que nada tenía que temer bajo su protección maternal...

Y me  dediqué  a ser siempre su esclava, pidiéndole que no me rechazase esta  cualidad;  pero  como  un  niño, y  yo hablaba sin respeto, enteramente como a mi buena madre, por  la  que yo  me  sentía  desde  entonces  con  un  amor verdaderamente tierno.

 Habiendo hecho conocer firmemente su deseo de vida religiosa, Margarita María ha de resistir aún a su familia que quiere hacerla admitir en las Ursulinas de Mácon. Se dirige de nuevo a su "buena dueña" que la consuela inmediatamente:

"No temas nada, tú serás mi hija, y yo seré siempre tu buena Madre".

Estas palabras tan fuertemente la calmaron que no le dejaron ninguna duda de que esto se cumpliría a pesar de todas las oposiciones.

 El 25 mayo 1671, acompañada de su herma­no mayor, se dirige al monasterio de la Visitación de ese "querido Paray" el "lugar de mi dicha". En cuanto entra en el locutorio, oye una voz inter­ior: "Aquí es donde te quiero".

 El 20 de junio, entra en el monasterio donde va a vivir poco más de 19 años. Está llena de ale­gría: "¡Aquí es donde Dios me quiere! ".

 

  Primer año en el Monasterio

Mucho antes de entrar en el monasterio Margarita María era atraída por la oración, pero no sabía cómo arreglárselas. Jesús se hace su consejero: debe prosternarse, pedir perdón por sus ofensas, adorarlo, y después ofrecerle esa oración "sin saber cómo arreglármelas". Entonces Jesús se le presenta en uno de sus misterios, el alma de Margarita María está consumida del deseo insaciable de la santa comunión y de sufrir.

Una nota de paso: el sufrimiento está muy presente en la vida de nuestra santa y esto a veces escandaliza: penitencias voluntarias y pruebas soportadas las hay en abundancia. ¿Cómo justificarlo sino por una necesidad de conformidad con Jesús que nos ha salvado por la Cruz?.

Sin complacencia morbosa ‑ porque reconoce que experimenta siempre una extrema aversión por el sufrimiento y las humillaciones - Margarita María afirma:

No sé cómo una esposa de Jesús crucificado puede no amar la Cruz...Sin el Santo Sacramento y la Cruz no podría vivir.

Volvamos a la oración de Santa Margarita María y a su atracción por la santa Eucaristía:

Ante el santo Sacramento yo no podía recitar oraciones vocales... Allí nunca me aburría. Me hubiera pasado días y noches enteras sin beber ni comer y sin saber lo que hacía, si no es el consumirme en su presencia como un cirio ardiente para darle amor por amor.

Esta atracción por la Santa Eucaristía era una de las razones de su vida religiosa:

Mi mayor alegría al dejar el mundo era la de pensar que comulgaría frecuentemente...y la de pasar noches, sola, ante el Santo Sacramento, porque sentía allí una tal seguridad que, aunque yo era extremadamente miedosa, ya ni pensaba en ello en cuanto estaba en este lugar de mis más queridas delicias.                                                                              

 En vano se esfuerza la maestra de novicias  por inculcar en Margarita María un método de oración. Desde su toma de hábito el 25 agosto 1671, Jesús le hace comprender que es el tiempo del noviazgo y le da pruebas sensibles de su amor que la ponen fuera de sí misma. Esto no concuerda con el espíritu de la Visitación; las superioras temen la ilusión, el engaño. Margarita María se queja al Señor:

  ‑ ¡Ay, Señor mío, seréis, pues, la causa de que se me despida!.

 ‑ Dile a tu superiora que no hay nada que temer para admitirte, que yo respondo por ti.. En adelante yo ajustaré mis gracias al espíritu de tu regla, a la voluntad de tus superiores y a tu debilidad... Estoy contento de que prefieras la voluntad de tus superiores a la mía, cuando te prohíban hacer lo que Yo te haya ordenado... Yo no me reservo sino la conducta de tu corazón.


 La profesión religiosa

Estas seguridades de Jesús, en especial la insistencia sobre  el valor de la obediencia, permiten a Margarita María ser admitida a la Profesión el 6 de noviembre de 1672. Se prepara con un retiro de 10 días aunque sin interrumpir su trabajo: guarda el asna y su pollino del monasterio, lo que frecuentemente la obliga a correr para impedir a estos animales indóciles devastar el jardín.

 Mi divino Maestro me mantenía una fiel compañía entre las corridas que incesantemente estaba obligada a hacer... Nunca fueron capaces de interrumpir la unión que tenía con mi Bienamado. Antes al contrario, Él aumentaba en mí el deseo de amarlo para unirme más estrechamente a Él. Y así yo estaba tan contenta por las tardes como si hubie­ra estado todo el día en oración ante el Santísimo Sacramento.

Un bosquecillo de avellanos, en medio del jardín, es piadosamente cultivado como un lugar de gracias: Jesús da a la novicia luces particulares sobre el misterio de su Pasión. Después de una comunión oye al Salvador decirle:

He aquí la llaga de mi costado para hacer en ella tu morada actual y perpetua: ahí es donde podrás conservar la ropa de inocencia de la que he revestido tu alma, a fin de que en adelante vivas de la vida de un Hombre Dios, viviendo como ya no viviendo, a fin de que yo viva plenamente en ti...

¡Estate atenta a nunca abrir los ojos para mirarte fuera de mí!.

Margarita María tiene conciencia del valor del compromiso de su Profesión. Como el bautismo, es­ta ofrenda hace de ella una criatura nueva, la hace vivir de una vida divinizada por la presencia de Cristo. Jesús quiere habitar el "corazón" humano. Quiere también devenir la morada de los corazones. Misterio incomprensible del amor divino, tan bien expresado en la alegoría de la viña: el que permanece en mí y en quien yo permanezco, llevará mucho fruto. Se trata de no formar sino un solo espíritu, un solo corazón con el Señor. Es verdad que, en este retiro, Jesús no habla aún de su Corazón, sino únicamente de la llaga de su Costado. La revelación de su Corazón ardiendo de amor no va a tardar. El día de la Profesión, se ha sellado una alianza entre el Señor y la que se convierte en su "esposa".

Favorecida desde este momento con una presencia sensible y continua del Salvador, Margarita María pasa todos sus momentos libres ante el Santo Sacramento.

Mi mayor contento es el de estar ante el Santo Sacramento, donde mi corazón está como en su centro. Le digo: "Oh mi Jesús y mi amor, tomad todo lo que tengo y todo lo que soy, y poseedme según la extensión de vuestro buen querer ya que todo lo que tengo os pertenece sin reserva. Transformadme toda en Vos, a fin deque no tenga el poder de separarme un solo momento, y que no obre sino por los movimientos de vuestro puro amor".

 

     El discípulo bienamado del Sagrado Corazón

La primera de las grandes apariciones tuvo lugar en la fiesta de San Juan, el 27 de diciembre de 1673. Margarita María pasa largos ratos ante el Santísimo Sacramento. Es investida de la divina Presencia y entrega su corazón a la acción del Espíritu de amor:

 Jesús me hizo reposar muy largo tiempo en su divino pecho, donde me descubrió las maravillas de su amor y los secretos inexplicables de su sagrado Corazón, que siempre me los había tenido escondidos hasta entonces cuando me los descubrió por primera vez. Me dijo:

"Mi divino Corazón está tan apasionado de amor por los hombres y por ti en particular que no pudiendo contener en sí mismo las llamas de su ardiente caridad, es menester que las expanda por tu medio, y que se les manifieste para enriquecerlos con sus preciosos tesoros que te descubro y que contienen las gracias  santificantes  y  saludables necesarias para retirarlos del abismo de perdición. Y te he escogido como un abismo de indignidad y de ignorancia para el cumplimiento de este gran designio, a fin de que todo sea hecho por mí".

"Si hasta el presente no has tomado sino el nombre de mi esclava, yo te doy el de la discípula bien amada de mi sagrado Corazón".

"Te he escogido para cumplir este designio", es decir derramar sobre los hombres los tesoros de amor y de misericordia. Esta imagen del "tesoro" se repite voluntariamente en los escritos de nuestra santa. Fiel a la invitación del Señor, Margarita María va a utilizar este tesoro para atraer a los pecadores al perdón. Lo que acarrea a veces un regateo que no deja de recordar el de Abrahán. Para conceder la salvación de varias almas, Jesús se hace rogar; ella insiste con una santa audacia.

‑ No, no, mi Señor, no te dejaré hasta que no les hayas perdonado.

‑ Yo de verdad lo quiero, si tu quieres responder por ellos.

‑ Sí, mi Dios, pero os pagaré siempre con vuestros propios bienes, que son los tesoros de vuestro sagrado Corazón.                                                              

Y Margarita María, que añade finamente:

Con lo que se puso muy contento.

Esta misión, más bien inhabitual para una enclaustrada, permanecerá escondida durante una docena de años.

 

  La Hora Santa y los primeros viernes

Una veintena de apariciones y de visiones, esto es lo que da a la vida de Santa Margarita María un carácter excepcional. Jamás ella saca gloria. Antes al contrario, desea vivir olvidada, menospreciada. Está frecuentemente enferma y en los doce primeros años de su vida en el monasterio, no ocupa sino pequeños empleos: ayuda de la enfermera, encargada de las jóvenes pensionistas.

Es menester, no obstante, relatar ciertas apariciones en razón del carácter universal de su mensaje. La mayor parte se desarrollan en presencia del Santo Sacramento expuesto. Es el caso, entre otros, para las visiones de los primeros viernes de mes.

 Jesucristo, mi dulce Maestro, se me presenta todo  resplandeciente de gloria, con  sus cinco llagas  brillantes como cinco  soles...  Su  pecho  parecía una hoguera. Me descubrió su enteramente  amante y enteramente amable Corazón que era la viva fuente de esas llamas.                                                        

Y entonces fue cuando me descubrió las maravillas inexplicables de su puro amor y hasta con qué exceso había consentido amar a los hombres de los que no recibía sino ingratitudes y menosprecios.

El mensaje siguiente expresa la queja del Sal­vador, su espera de un "retorno de amor" y finalmente un llamamiento a "suplir". Más tarde Jesús hablará de "reparación".

Su ingratitud me es mucho más sensible que todo lo que he sufrido en mi Pasión; tanto que si me dieran algún retorno de amor, lo estimaría más que todo lo que he hecho por ellos, y quisiera, si se pudiera, hacer más todavía. Pero no tienen sino frialdades y desaires a todas mis prisas por hacerles bien. Pero al menos, dame ese gusto de suplir por sus ingratitudes tanto cuanto seas capaz".

Margarita María objeta precisamente que se juzga incapaz de hacerlo. Jesús le hace comprender que le va a dar todo lo que le falta para esta suplencia. Pide también la comunión de los primeros viernes de cada mes. Le enseña la práctica de la Hora Santa: todas las noches del jueves al viernes,  debe participar en la  tristeza  mortal de  Jesús en  su agonía en el Huerto de los Olivos. Prosternada durante una hora, acompaña la humilde oración de Jesús a su Pa­dre, pide misericordia por los pecadores, se esfuerza por dulcificar la amargura de Jesús abandonado por sus apóstoles. Cada semana, tanto como ella puede, Margarita María es fiel a esta meditación de la Pasión.

 

 El Padre La Colombière

Únicamente por invitación del Salvador la visitandina confía al jesuita los mensajes y las gracias que ha recibido del Cielo...

Una vez que el Padre vino a decir la misa en nuestra iglesia, nuestro Señor le concedió muy grandes gracias y también a mí. Porque, en el momento de acercarme para recibir la Santa comunión, me mostró su ardiente Corazón como una ardiente hoguera, y otro dos [corazones] que iban a unirse y abismarse allí, diciéndome: "Así es como mi puro amor une estos tres corazones para siempre".

Y después me dio a entender que esta unión se había hecho para la gloria de su sagrado Corazón cuyos tesoros quería que yo le descubriese a fin de que él  lo  diese  a  conocer  y  publicase su precio y utilidad; y que para esto, quería que fuésemos como hermano y hermana, igualmente partícipes de bienes espirituales.

Y como Margarita María hiciese notar la gran  diferencia de virtud y mérito entre el Padre y una pobre pecadora como ella, Jesús dijo:

"Las riquezas infinitas de mi Corazón suplirán e igualarán todo. Díselo solamente sin temor".

Y llega entonces el Gran Mensaje de junio 1675. Así la cuenta el P. La Colombière:

Así pues, habiéndose abierto Dios a la persona que uno tiene motivo para creer que era según su corazón, por las grandes gracias que le ha hecho, ella se me explicó y la obligué a poner por escrito lo que me había dicho...

"Estando, dice esta santa alma, ante el Santo Sacramento, un día de su octava, recibí de mi Dios gracias excesivas de su amor. Tocada por el deseo de obrar algún retorno y de devolver amor por amor, me dijo: 'No me puedes devolver uno mayor que haciendo lo que yo tantas veces te he pedido'.

 Y descubriéndome su Divino Corazón: `He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres que no ha perdonado nada, hasta agotarse y consumirse, para testimoniarles su amor; y por reconocimiento, no recibo de la mayor parte sino ingratitudes, por los desprecios, irreverencias, sacrilegios y frialdades que me tienen en este sacramento de amor... Pero, lo que es aún más repelente es que son corazones que me están consagrados. Por eso te pido que el primer viernes después de la octava del Santo Sacramento se dedique a una fiesta particular para honrar mi Corazón dándole reparación de honor por una retractación, comulgando ese día para reparar las indignidades que ha recibido durante el tiempo en que ha estado expuesto en los altares; y te prometo que mi Corazón se dilatará para extender con abundancia las influencias de su divino amor sobre los que le tributen este honor". Y como la religiosa invocaba su indignidad y su debilidad, Jesús añadió: "Dirígete a mi servidor (el P. Claudio), que no se desanime por las dificultades que se encontrará, que no van a faltar; pero ha de saber que es todopoderoso el que desconfía enteramente de sí mismo para confiarse únicamente a mí".

El P. La Colombière es rápidamente informado, porque Jesús había pedido a Margarita María: "Dile de mi parte...". Sabemos hasta qué punto esta aparición y este mensaje van a marcar su vida de religioso y de apóstol.

Cuando en el otoño de 1676, después de 28 meses pasados en Paray, el Padre se va a Londres, da algunos consejos a Margarita María:

Ha de acordarse de que Dios le pide todo y de que no pide nada. Pide todo porque quiere reinar sobre usted y en usted, como sobre un capital que le pertenece de todas maneras, de suerte que Él dispone de todo, que nada se le resiste, que todo cede, todo sujeto obedece al menor signo de su voluntad.

Y no le pide nada porque quiere hacer todo en usted sin que usted se mezcle para nada, contentándose de ser el sobre quien, en quien El obra, a fin de que todo el espacio sea para Él y que sólo Él sea conocido, alabado y amado enteramente.

A su vez, Margarita María hace remitir a su confesor un "mensaje" en tres puntos. Se trata de la actitud que ha de tener durante su estancia en Inglaterra.


 T
e constituyo heredera de mi Corazón

Dos años después de la partida del P. La Colombière, Margarita María aún no ha tenido ocasión de realizar la misión que le ha sido confiada. Aún estamos ‑ y durará seis años ‑ en el período de la vida escondida. Poseemos algunas notas del retiro que hace en el otoño 1678.

Entonces es cuando Jesús pronuncia la asombrosa frase ‑ ha sido grabada en el relicario de Margarita María ‑ : "Quiero que me sirvas de instrumento para atraer corazones a mi amor". Aquí está la misión: atraer corazones al Corazón de Jesús que tanto ha amado a los hombres. Todas las gestiones propuestas son lo contrario de lo que Je­sús se queja en la gran aparición: desprecios, indiferencias, ingratitudes... Pero la grande "reparación" es la Eucaristía, memorial y renovación del sacrificio de la Cruz: "Tú me ofrecerás a mi Padre eternal".

 

 La muerte de Claudio La Colombière

Al principio de 1679, enfermo, desterrado de Inglaterra, el P. Claudio había pasado algunos días en Paray y encontrado a Margarita María. Había escrito, poco después:

Pasando por Paray, no he podido ver más que una sola vez a Sor Alacoque, pero he tenido mucha consolación con esta visita. La encontré extremamente humilde y sumisa, en un gran amor de la cruz y del desprecio. Aquí están las marcas de la bondad del Espíritu que la conduce y que nunca engañaron a nadie.

En esta época, Margarita María había confiado a la Madre de Saumaise:

Habiendo encomendado al P. La Colombière a la bondad de Jesucristo, él me dijo: "Que el servidor no era más que el maestro, y que no había nada tan ventajoso como la conformidad con su querido Maestro. Y aunque su salud huye a mayor gloria de Dios, el sufrimiento le compensaba infinitamente más; porque hay un tiempo para cada cosa. Hay un tiempo de sufrir y hay un tiempo de obrar; hay uno para sembrar y otro para regar y cultivar".

Y es lo que hace en el presente; porque al Señor le gusta dar un precio inestimable a sus sufrimientos, por la unión que tiene con los suyos...

 

 El retiro espiritual

El P. La Colombière prosigue su apostolado más allá de la muerte. En 1684 fue editado en Lyon el libro del "Retiro Espiritual" que hizo en Londres seis años antes. Se le dio lectura en el refectorio de la Visitación porque las Hermanas estiman en mucho a su antiguo confesor. La sorpresa es mayúscula cuando el auditorio oye el siguiente pasaje:

He reconocido que Dios quería que le sirviese procurando el cumplimiento de sus deseos en lo referente a la devoción que ha sugerido a una persona a quien se comunica confiadamente y para la cual se ha querido servir de mi debilidad...

Sigue el relato de la gran aparición. Las religiosas comprenden que algo sobrenatural ha ocurrido en su capilla y que la persona así favorecida no es otra que Margarita María. A pesar del reglamento, una novicia, la Hermana de Farges, se atreve a mirar a su maestra que baja los ojos y se mantiene en una actitud profundamente humilde. Durante el recreo que sigue, le declara: "Mi querida Hermana, bien que ha tenido hoy su merecido y el R. P. La Colombière no podía designarla mejor". Margarita María no protesta, no reprende a la joven novicia sino que se contenta con responder: "que tiene buenas razones para amar su abyección". Esta revelación es uno de los acontecimientos que han permitido a Margarita María propagar más libremente la devoción al Corazón de Jesús en los últimos años de su vida.

Del retiro que ha hecho en otoño 1684, y en el curso del cual recibe la gracia del matrimonio espiritual, retenemos la síntesis eucarística de su vida consagrada:

Mi Divino Maestro me hizo entender que habiéndome destinado enteramente a dar un continuo homenaje a su estado de hostia y de víctima en el santísimo Sacramento, yo debía en estas mismas actitudes inmolarle continuamente mi ser por amor de adoración, de aniquilamiento y de conformidad a la vida de muerte que tiene en la santa Eucaristía, practicando mis votos según ese sagrado Modelo, el cual está en una tal indigencia de todo, que se le ha puesto en estado de recibir de sus criaturas todo lo que ellas quieran darle y devolverle.

Todas las obligaciones de la vida religiosa, todas las prácticas de la comunidad se ponen en relación con este don total, esta "vida de muerte" de Jesús en su Eucaristía. Es una vida de más profunda intimidad la que comienza.

 

 Maestra de novicias

El 31 diciembre 1684, para remplazar a una Hermana enferma, la Madre Melin escoge a Margarita María como maestra de novicias. Ligada por una promesa hecha un poco antes, ésta no puede negarse. Desempeña este cargo durante dos años, ingeniándose para conducir a sus jóvenes Hermanas en el camino de la perfección, enseñándoles el culto del Corazón de Jesús, que es según ella el "camino más corto" para llegar a ella. De este período se nos han conservado 77 avisos y "retos" redactados a intención de las novicias:

Si deseáis honrar al sagrado Corazón de Jesucristo, hacedle depositario de todo lo que hagáis o sufráis, ofreciéndole todas vuestras acciones a fin de que disponga de ellas y las aplique según su gusto, uniéndoos siempre a sus santas intenciones en todo lo que hagáis y en todo lo que os llegue. Haced vuestra morada en ese Corazón adorable, llevad ahí vuestras pequeñas penas y amarguras: todo será pacificado; encontraréis el remedio a vuestros males, la fuerza en vuestras debilidades y vuestro  refugio  en  todas  vuestras necesidades. Tratad con nuestro Señor con una entera confianza y simpli­cidad,  de ningún modo os entretengáis en re flexionar sobre vuestras faltas: esto no  vale sino para cultivar el amor propio y  para desanimaros...  Olvidad  vuestros  intereses y el cuidado de vosotras mismas entre los brazos  de  vuestro buen  Padre celeste.

 

 Primera veneración de la imagen del Corazón de Jesús

El 20 julio 1685, fiesta de santa Margarita, cae en un viernes, las novicias quieren festejar a su "Madre Maestra". Margarita María les sugiere que todos los "pequeños honores" que quieren hacerle, se los hagan al Sagrado Corazón de Jesús. Las novicias no se hacen rogar. En la noche que precede, acondicionan ‑ no sin algún alboroto ‑ un oratorio en el noviciado. En el sitio de honor, sobre un altarcito adornado con flores una imagen del Corazón de Jesús, rodeado de la corona de espinas, de los nombres de Jesús, María, José, Ana, Joaquín; y en la herida abierta, la palabra "Caridad".

Después del oficio de Prima las novicias llevan a su maestra a este oratorio. Una de ellas, Sor Frangoise‑Rosalie Verchére, tiene a su cargo el invitar a las profesas a juntarse al grupito.

Algunas aceptan, otras rechazan, parapetándose tras el texto de la constitución 18ª: "Que nadie se encargará de oración u oficios bajo ningún pretexto". Sor des Escures tiene aún menos for­mas: "Id a decir a vuestra maestra que la buena devoción es la práctica de nuestras reglas y constituciones y esto es lo que ella os ha de enseñar y vosotras practicar". Sor Verchére vuelve contrariada, pero Margarita María no se deja abatir: "Ellas no quieren. Pero el sagrado Corazón las hará rendirse. Lo quiere todo por amor y no por fuerza. Y así hay que esperar el tiempo que ha destinado".

Margarita María lee una consagración que ella misma ha compuesto. Invita a cada Hermana presente a escribir su propia consagración y añade una palabra de propia mano. Todo el día se pasa honrando al Corazón de Jesús y rogando por las almas del purgatorio.

[La oración por las almas del purgatorio no es un "regateo". Se trata de asociarse por la oración a los que han abandonado los caminos de esta tierra y de acoger con ellos la misericordia divina].

Al atardecer, la Maestra da gracias a sus hijas:

No podíais darme un placer más sensible que el de haber hecho vuestros homenajes a ese divino Corazón, consagrándoos todas a Él. ¡Qué dichosas sois de que se haya querido servir de vosotras para dar comienzo a esta devoción! Hay que continuar rogando a fin de que él reine en todos los corazones. ¡Ah!, ¡que alegría para mí de que el Corazón adorable de mi divino Maestro sea conocido, amado y glorificado!... ¡Amémosle, pues! Pero amémosle sin reserva, sin excepción. Demos todo y sacrifiquemos todo por esta dicha; y lo tendremos todo poseyendo el divino Corazón de Jesús.

 

 La victoria del Corazón de Jesús

La oración de las novicias ante la imagen del Corazón de Jesús ha sido conocida por la comunidad. Los juicios son severos: ¡novedades, singularidades!. La Superiora reprende al noviciado, prohíbe hablar de la devoción fuera de este grupito y retira a Margarita María el permiso de comulgar los primeros viernes.

La Hermana  Verchére  cae gravemente enferma. Margarita María, avisada de que hay una relación entre esta prueba y la persecución de la que es objeto, solicita con mucha humildad el parecer  de  Sor des Escures, la misma que se mostraba hostil a la nueva devoción. La respuesta llega sin tardar: hay que informar a la Superiora. Ésta levanta las prohibiciones y... Sor Verché­re se restablece rápidamente.

Sor Marie Madeleine des Escures queda trastornada por la confianza de Margarita María. Sin duda ha leído el "Retiro espiritual" del P. La Colombière. Y ella es la que desanuda el conflicto pidiendo, el 20 junio 1686, la imagen del Corazón de Jesús. Al día siguiente, contra la verja del coro, las visitandinas encuentran, no sin sorpresa, esta imagen puesta sobre un relicario, adornado con flores, y un billete de Sor des Escures invitando a la comunidad entera a dar homenaje al Corazón de Jesús.

Todo el monasterio se adhiere a la nueva devoción. Desea un cuadro mayor y hasta... una capilla que será construida en el jardín e inaugurada el 7 septiembre 1688. Todas las religiosas y pensionistas rivalizan en ingeniosidad para reunir el dinero necesario. Y, lo que es aún mejor, el fervor invade la casa: silencio, oración, penitencia, caridad, una renovación de los corazones que se revela duradera y que era previsible... 

 

 Las promesas del Corazón de Jesús

Efectivamente, esto corresponde perfectamente a las "Promesas" del Corazón de Jesús que aquí es menester valorar. Cierto lectores conocen sin duda una lista de doce promesas. En realidad esta lista no aparece sino en 1863, el año que precede a la beatificación de Margarita María y... ¡73 años después de su muerte!. Esta lista no ha sido redactada por la confidente del Corazón de Jesús, pero una parte de las promesas que contiene se encuentra en las cartas de nuestra Santa.

En los cinco últimos años de su vida, cuando la devoción comienza a extenderse, Margarita María da constancia, al azar de diversas correspondencias, de varias promesas divinas. Antes de transcribir lo esencial notemos que su (de ellas) espíritu se allega muy bien al de las promesas que Jesús ha hecho en el Evangelio.

Mi divino Salvador me ha hecho entender que los que trabajan por la salud de las almas tendrán el arte de tocar los corazones más endurecidos y trabajarán con un éxito maravilloso, si ellos mismo están penetrados de una tierna devoción al divino Corazón. Me ha prometido que extenderá la suave unción de su ardiente  caridad  sobre  todas las  comunidades que lo honren y se pongan bajo su especial pro­tección. Dondequiera que su imagen sea expuesta para ser singularmente honrada, ella atraerá toda suerte de bendiciones. Me ha confirmado que el placer que tiene de ser amado, conocido y honrado de las criaturas es tan grande que, si no me engaño, me ha prometido que todos los que le sean devotos y consagrados no perecerán nunca.

Finalmente, no hay que omitir la promesa de buena muerte para los que comulguen nueve primeros viernes seguidos. Esta promesa ha hecho correr mucha tinta. La gracia de la perseverancia final nunca puede asegurarse de manera cierta, pero los que comulgan (y generalmente también se confiesan) nueve meses seguidos, se sienten atraídos a conservar esta santa costumbre y así se colocan en condiciones favorables para obtener esa perseverancia final. Aquí tenemos el texto exacto de Santa Margarita María:

Un día viernes, durante la santa comunión, dijo estas palabras a su indigna esclava, si ella no se engaña: "Te prometo, en la excesiva misericordia  de  mi Corazón, que su amor todopoderoso concederá a todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final, no morirán en mi desgracia y sin recibir sus sacramentos, ya que mi divino Corazón se convertirá en su asilo seguro en el último momento".

La fórmula "si no me engaño" que Margarita María emplea varias veces, no es confesión de incertidumbre, sino simplemente obediencia a sus superioras que le habían dado la consigna de emplearla así cada vez que hablase de los mensajes del Corazón de Jesús.

 

     Las imágenes del Corazón de Jesús

Ya en esta época, y para propagar la devoción al sagrado Corazón de Jesús, Margarita María se esfuerza por hacer imprimir imágenes. Después de algunas negociaciones decepcionantes con un religioso, se dirige a una visitandina de Dijon, Sor Jeanne Madeleine Joly, que realiza el dibujo pedido. Las primeras imágenes son impresas en París al principio del año 1688.

El Corazón de Jesús está siempre representado con las llamas del amor divino y los signos de la Pasión: la cruz, la corona de espinas, la herida  abierta. Es  la  trascripción de la  primera visión del Corazón de Jesús que Margarita María no puede olvidar y que relata, un año antes de su muerte, de esta manera:

Este divino Corazón se me representó como en un trono todo de fuego y de llamas, irradiando de todos los lados, más brillante que el sol, transparente como un cristal. La llaga que recibió en la cruz aparecía visiblemente. Había una corona de espinas alrededor de ese sagrado Corazón, y una cruz por encima, y mi divino Salvador me hizo conocer que estos instrumentos de su Pasión significaban que el amor inmenso que ha tenido por los hombres había sido fuente de todos los sufrimientos y de todas las humillaciones que ha querido sufrir por nosotros; que, desde el primer instante de su encarnación, todos esos tormentos y todos esos desprecios le habían estado presentes, y que desde ese momento la cruz estuvo, por así decir, plantada en su sagrado Corazón.

¿Porqué imágenes?. Habría que preguntarse por qué razón nos gusta rodearnos de las fotos de nuestros parientes y amigos: un recuerdo para  nuestro corazón humano que puede ser tentado de olvido por la lejanía o la ausencia. La imagen del Corazón de Jesús con los signos de la Pasión es un constante recuerdo: me ha amado, se ha entregado por mí, espera mi reconocimiento, mi amor en cambio, mi reparación.

Para Margarita María, más allá de este recuer­do, la imagen es también una invitación a la conformidad, a una identificación que incluye la participación en la Cruz del Salvador y a la que se abandona generosamente, no por amor del sufrimiento, sino por apego al divino Maestro que, para salvarnos, ha escogido la Cruz. En una carta al obispo de Autun, con ocasión del 300 aniversario de la muerte de Margarita María, Juan Pablo II cita solamente una frase de la Santa:

Es menester intentar con todo nuestro poder hacernos copias vivientes de nuestro Esposo crucificado expresándolo en nosotros por todas nuestras acciones.

Juan Pablo II hace preceder esta cita del comentario: Santa Margarita María conoció la gracia de amar a través de la Cruz. En esto nos da un mensaje siempre actual.

 

 Los últimos años

El 31 octubre 1686, Margarita María pronuncia un voto de perfección, que no deja de recordar el que Claudio La Colombière pronunció durante su retiro  del  terceronado, y que acaba con la expresión de una humilde inquietud: ¿nuestra Santa podrá mantener los 19 compromisos que contiene? Una vez más Jesús le tranquiliza:

"¿Qué temes, ya que he respondido por ti y me he convertido en tu garantía?. La unidad de mi puro amor te será lugar de atención en la multiplicidad de todas esas cosas; te prometo que reparará las faltas que podrás cometer... ".

El 2 de julio 1688, en la fiesta de la Visitación, Margarita María recibe en una visión un mensaje de la Santa Virgen sobre el papel que han de jugar las Visitandinas y los Jesuitas para extender la devoción al Corazón de Jesús. Mostrando al divino Corazón, la Madre de Dios declara:

He aquí este precioso tesoro que se os ha manifestado particularmente, por el tierno amor que mi Hijo tiene por vuestro instituto... Y es menester no solamente que ellas se enriquezcan de este tesoro, sino que también distribuyan esta preciosa moneda con todo su (de ellas) poder, con abundancia, tratando de enriquecer con él a todo el mundo sin temor a que falte, porque cuanto más tomen de él más encontrarán.

El mensaje se dirige a continuación a los Je­suitas, a través de Claudio La Colombière: les está reservado dar a conocer la unidad y el valor de esta devoción al Corazón de Jesús, "a fin de que cada uno se aproveche recibiéndolo con el respeto y la reverencia debidos a un tan gran beneficio". Esta visión célebre es evocada por el mosaico de la capilla del P. La Colombière en Paray‑le‑Monial.

1690 es el último año de la vida terrestre de Margarita María. Desde el mes de febrero la en­fermedad la impide ir al locutorio y seguir su correspondencia. El 22 de julio, día aniversario de su nacimiento, empieza un largo retiro de cuarenta días para prepararse a la muerte.

En la luz divina Margarita María tiene plena conciencia de todas sus debilidades. Pero a imitación de Claudio La Colombière, conserva humildemente una confianza inquebrantable. Si el principio de su retiro está marcado por un sentimiento de temor, las últimas palabras no son sino abandono y audaz confianza:

¡No me privéis, oh mi Dios, de amaros eternamente por no haberos amado en el tiempo!. Haced por lo demás de mí lo que os guste. Os debo todo lo que tengo, todo lo que soy; y todo el bien que he hecho no  podrá  reparar  la menor de mis faltas, sino por Vos mismo. Soy insolvente, bien lo veis, pero metedme en prisión, consiento en ello, con tal de que sea en el interior de vuestro sagrado Corazón. Y tenedme allí cautiva y encadenadme por las cadenas de vuestro amor, hasta que os haya pagado lo que os debo; y como nunca lo podré hacer, ¡así deseo nunca salir de él!

 

 ¡La Santa de Santa María ha muerto!

Margarita María debía comenzar el 9 de octubre su "soledad" pero la vigilia, una fiebrecilla la obliga a guardar cama. El médico que la ha cuidado siempre opina que esas enfermedades, causadas por el amor, son sin remedio. Le asegura que no será nada, pero ella no se hace ilusiones. Se la oye decir:

¡Ay, me abraso!. Pero si fuera del amor divino, ¡qué consolación! Pero nunca he sabido amar perfectamente a m¡ Dios. Pedid a Dios perdón por mí y amadlo mucho con todo vuestro corazón, para reparar todos los momentos en que yo no lo he hecho. ¡Qué dicha la de amar a Dios! ¡Ah!. ¡Qué dicha. Amad, pues, a este Amor, pero amadlo perfectamente.


El 16 de octubre, obtiene el poder comulgar. Pero como no se la juzga demasiado enferma, se niega que sea en forma de viático. ¡Y, no obstante, es la última comunión de Margarita María y ella lo sabe!

Al día siguiente, 17 octubre, al fin de jornada, tiene varios desfallecimientos. Mientras se le da el Sacramento de los Enfermos, murmura los nombres de Jesús y de María y rinde el último suspiro después de la cuarta unción. Eran casi las 20 horas. Tenía un poco más de 43 años, y 18 de profesión religiosa.

Desde el día siguiente, la noticia de su muerte se extiende en la ciudad: "La Santa de Santa María ha muerto"... La voz popular precedía al juicio de la Iglesia.

Margarita María fue declarada bienaventurada en 1864, santa en 1920.

                P. Gérard DUFOUR, S.J.