El mes de junio, tradicionalmente, está dedicado al Corazón de Jesús. Contrariamente a lo que algunos piensan, no se trata de una devoción desfasada sino que tiene plena actualidad. Juan Pablo II se refirió repetidamente a su importancia señalando que el hombre sólo aprende a amar del Corazón del Hijo de Dios. Igualmente indicó que «El Señor en su Providencia quiso que de Paray-le-Monial arrancase la devoción al Corazón de Cristo, en la forma indicada en las revelaciones a Santa Margarita».
Pues bien,
durante este mes visitarán España las
reliquias de
santa Margarita María de
Alacoque, la monja
salesa, a la que el Jesús manifestó los sentimientos más íntimos de su
Corazón. Se trata de una oportunidad para invocar la paz para nuestra
patria. Cuando en 2002 las reliquias
visitaron Zaire, país sumido en una terrible guerra, el Cardenal Etsou
habló muy claro a su pueblo: «La paz es un don de Dios, y no se puede
lograr si antes el amor del Corazón de Cristo no desciende a los
corazones de los hombres que se odian». Las
reliquias también
visitaron Belfast (Irlanda del Norte), como testimonio de que sólo
aceptando el mensaje de perdón y misericordia que nos ofrece el Corazón
de Jesús, se puede producir una verdadera reconciliación.
Las reliquias
que visitan España se nos ofrecen como una gran oportunidad para
impetrar la paz tan deseada. Como creyentes no podemos pensar que bastan
los esfuerzos humanos. Porque la paz verdadera es un don de Dios que no
nos hemos de cansar de pedir. Todas las iniciativas tendentes a alcanzar
la paz, en el respeto a la justicia y al bien común, son laudables.
Pero sabemos que la paz es un don que desciende de lo alto y por eso hay
que pedirlo con insistencia. España vive momentos difíciles que se ven
agravados por las acciones de un Gobierno que legisla contra la familia
y la vida. No es momento para caer en la desesperanza sino para
abandonarse en el amor que Dios nos ofrece a través del Corazón de su
Hijo. La presencia entre nosotros de las
reliquias de
santa Margarita nos
ayudarán a volver nuestra mirada y depositar nuestra confianza en aquel
Amor que, como dijo el cardenal Ratzinger, no pertenece al pasado sino
que es «contemporáneo a mi vida». La España del siglo XXI está muy
necesitada del amor misericordioso de Dios. De ahí nacerá la paz.