XII


 

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 Amigos en el mundo
 La sonrisa de Ana
 Annalena Tonelli, laica muerta en Somalia
 Fíate de Dios y te ayudará
 Benedicto XVI, el oso de Corbiniano
 Para parar un tren
 Murió perdonando a sus enemigos
 El crucifijo del matrimonio croata
 La conversión de Bernard
 Un rapero se convierte

 

Amigos en el mundo

 

Giovanni Mazzoli, o Johnny, como lo llaman sus amigos, es un chico de 22 años que estudia enología (las ciencia de los vinos) en la Universidad de Bolonia, Italia. Durante sus vacaciones viaja a Burkina Faso, un país de África occidental, para impulsar los proyectos humanitarios de una asociación fundada por él mismo: Amigos en el mundo.

 

Su labor no consiste en dar dinero o cosas, sino en darse a sí mismo. Se esfuerza por compartir con los habitantes de aquella región los conocimientos que está adquiriendo en la Universidad. Enseña a los campesinos a cultivar la tierra, de modo que dé mejores cosechas.

 

También, en febrero de 2006, construyó un pozo en Nedialpoun. Hicieron una perforación de 46 metros de profundidad y encontraron un manto acuífero que produce 2.500 litros de agua cada hora. El “oro azul” se saca con una bomba manual porque la electricidad es un lujo en aquellos lugares; no obstante, es un gran progreso.

 

Johnny explica que «dar dinero a los pobres, aun siendo laudable, no es suficiente». Hace falta entender los problemas de la gente para salir al paso con soluciones eficaces. Cuenta: «He visto muchos proyectos insensatos. Una vez, trajeron al pueblo cunas para los niños; pero el problema está en que, según los usos de estos lugares, los niños siempre duermen con sus mamás y las cunas nunca se utilizaron».

 

El problema más grave es la falta de educación. Los niños no van a la escuela y, al tener pocos conocimientos, les es más difícil llevar una vida digna: «En la escuela se enseña que no se debe beber agua de cualquier charco y que hay que lavarse con jabón. Así disminuye el riesgo de enfermedades como el tifo».

 

Además de Johnny, otros cuatro jóvenes llevan adelante la asociación Amigos en el mundo: dos varones, estudiantes de ingeniería electrónica y de enología, respectivamente; y dos mujeres, la primera, empleada de un banco, y la segunda, practicante en un despacho de abogados. Diversas ocupaciones, unificadas por un ideal común: ayudar a nuestros hermanos más necesitados, practicando la segunda obra de misericordia espiritual, es decir, enseñar al que no sabe.

 

Se alaba también el espíritu emprendedor. Johnny nos demuestra que, cuando se quiere de verdad ayudar a los demás, no hacen falta muchas palabras: basta ponerse a trabajar. Los pobres no sólo necesitan comida, sino también y sobre todo, educación. Así podrán procurarse ellos mismos todo lo necesario para llevar una vida digna, defendiendo sus derechos y librándose de perniciosas dependencias.

 Sin duda, en comparación con las necesidades del mundo, es muy poco. Pero, no se debe olvidar que el hombre –un solo hombre– posee un valor infinito, pues ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Por tanto, desde este punto de vista, el esfuerzo de Johnny y de sus compañeros es una gran labor, digna de imitarse.

 

 

La sonrisa de Ana

 

Ana (es un pseudónimo) acaba de recibir el bautismo en una mañana de agosto de 2006. Tiene apenas siete meses, ojos verdes llenos de vida, y un deseo inmenso de observar todo lo que le rodea.

 

Su madre, Mónica (también es un pseudónimo), tiene apenas 16 años. Ha madurado muy rápido desde que supo que una nueva vida estaba escondida en sus entrañas, que había empezado a ser madre.

 

Habrá recibido mil presiones para abortar, como si con un crimen tan terrible se pudiese “arreglar el problema”. Amigos y amigas, conocidos y parientes, no habrán comprendido su decisión a favor de la vida, su deseo de defender a la hija que sólo necesitaba un poco de cariño para llegar a ver en unos meses la luz del sol, el color de las amapolas y la belleza de las sonrisas de su madre.

 

Mónica tuvo una suerte inmensa: el apoyo en sus padres. Porque existen otros padres que prefieren mil veces “salvar el honor” de la familia a costa de un aborto miserable, en vez de apoyar a una hija precisamente cuando más lo necesita: cuando empieza a ser madre.

 

Pero hay, lo decimos con esperanza, padres buenos. Que no condenan, que saben que hay errores graves, que asumen sus responsabilidades, que buscan maneras para que la nietecita y la hija estén bien atendidas, bien apoyadas, bien acompañadas durante los meses de embarazo y los días, meses y años después del parto.

 

¿El padre de Ana? Disfrutó de unos momentos de pasión, quizá incluso prometió ser un enamorado fiel y generoso. Ante las noticias de lo que pasaba, rompió con Mónica y no quiso saber nada ni de responsabilidades ni de la belleza de esta hija (su hija) que necesita lo que necesitamos todos al venir a la existencia: cariño, ayuda, comprensión, y, sobre todo, amor.

 

Mónica ama mucho a Ana. Hay que verlas juntas para descubrir que el aborto es una desgracia, mientras el amor llena al mundo de alegría esperanzada.

 

Ana empieza a vivir con una madre muy joven y muy buena y con unos abuelos maternos amantes de la vida. No tiene, por ahora, la sonrisa de un padre que la tome entre sus manos temblorosas.

 

Quizá algún día el padre se arrepienta. Quizá busque un momento para ver los ojos limpios y bien abiertos de Ana. Quizá aparezca nuevamente para pedir perdón a Mónica. Quizá incluso algún día se casen, no por “cumplir”, sino desde un amor verdadero y maduro, que no se construya sobre pasiones pasajeras ni promesas vanas, sino sobre entregas sinceras, sobre el darse que implica buscar siempre la felicidad del otro, de la otra, de cada hijo.

 

Mónica ha salido de la iglesia con Ana entre sus brazos. Una lluvia de caramelos ha cerrado una ceremonia muy hermosa para la niña: ha empezado a ser hija de Dios, miembro de la Iglesia. Mónica le está dando mucho desde su cariño de madre: le está diciendo que también Dios la ama con locura.

 

Sí, la ama mucho. Tanto que le ha dado una madre muy buena que ahora vive días y noches para cuidar a su hijita. Tanto que tiene unos buenos abuelos. Tanto que, en el agua del bautismo, ha sentido un frescor especial que da a la vida ese sabor alegre que tiene cuando el amor vence miedos y acoge a cada hijo simplemente, sin condiciones, por venir de Dios, por ser motivo de esperanza para el mundo entero.  


 

Annalena Tonelli, laica muerta en Somalia al servicio de los más necesitados

 

ROMA, domingo, 27 agosto 2006 - Tras las huellas de Charles de Foucauld, más de tres décadas llevaba Annalena Tonelli trabajando a favor de los más necesitados en su hospital del remoto Borama, en Somalilandia -región autoproclamada independiente de Somalia en 1991-, cuando inopinadamente unos hombres le dispararon a la cabeza.

 

La muerte de la misionera laica italiana, a la edad de 63 años, tras una hora de agonía, conmocionó al país africano, a su nación de origen y al mundo misionero en general.

 

Hace un año la agencia misionera de la Santa Sede alertó de que Annalena Tonelli fue víctima de un grupo integrista vinculado a la red internacional que ha entrado en la región africana en los últimos años.

 

Este verano, el Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud recuerda en su web a esta figura del voluntariado, y brinda su testimonio, del que publicamos amplios fragmentos. Se puede leer íntegramente en el enlace www.healthpastoral.org/text.php?cid=408&sec=4&docid=123<=sp.

 

* * *

 

Me llamo Annalena Tonelli. Nací en Forlí, Italia, el 2 de abril de 1943. Trabajo en el campo de la salud desde hace treinta años, pero no soy médico. Me he graduado en leyes en Italia. Tengo un título para la enseñanza de la lengua inglesa en las escuelas superiores de Kenia. Poseo certificados y diplomas de control de la tuberculosis en Kenia, de Medicina Tropical y Comunitaria en Inglaterra, de Leprología en España. Dejé Italia en enero de 1969. Desde entonces vivo al servicio de los somalíes. Son treinta años los que comparto con ellos. En efecto, siempre he vivido con ellos, salvo pequeñas interrupciones en otros países por causas de fuerza mayor. Desde que era una niña elegí entregarme a los demás: a los pobres, a los que sufren, a los abandonados, a los no amados; así ha sido hasta ahora y confío en que continuaré siéndolo hasta el final de mi vida. Quería seguir sólo a Jesucristo. Nada me interesaba de manera tan fuerte: ÉL y los pobres en ÉL. Por Él hice una elección de pobreza radical... aunque nunca lograré ser pobre como un verdadero pobre... los pobres de los que está llena cada una de mis jornadas. Vivo ofreciendo mi servicio sin un nombre, sin la seguridad de una orden religiosa, sin pertenecer a ninguna organización, sin un sueldo, sin un depósito de aportaciones voluntarias para cuando sea anciana. No estoy casada porque así lo elegí gozosa cuando era joven. Quería ser toda para Dios. No tener una familia propia, era como una exigencia de mi ser. Así ha sido por gracia de DIOS. Tengo amigos que me ayudan lo mismo que a mi gente desde hace más de treinta años. Todo he podido hacerlo gracias a ellos, sobre todo a los amigos de Forlí, del Comité para la lucha contra el hambre en el mundo. Naturalmente, también cuento con otros amigos en varias partes del mundo. No podría ser de otra manera. Las necesidades son grandes. Agradezco a Dios que me ha donado y sigue donándome estos amigos. Somos una cosa sola en dos surcos, diferentes en la apariencia pero iguales en la sustancia: luchamos para que TODOS los hombres sean una cosa sola.

 

 Dejé Italia después de haber servido durante seis años a los pobres de uno de los suburbios de mi ciudad natal, a los niños del orfanato local, a las niñas con discapacidad mental y a las víctimas de grandes traumas en una casa-familia, a los pobres del Tercer Mundo, gracias a las actividades del Comité por la lucha contra el hambre en el mundo a cuyo nacimiento yo había contribuido. Yo pensaba que no habría podido entregarme completamente permaneciendo en mi país... los límites de mi acción me parecían muy estrechos, apagados... Muy pronto comprendí que se puede servir y amar en todas partes; pero ya estaba en África y sentí que era DIOS quien me había llevado allí y allí he permanecido en el gozo y en la gratitud. Partí decidida a «gritar el Evangelio con la vida» siguiendo las huellas de Charles de Foucauld, que había encendido mi existencia. Treinta y tres años después proclamo el Evangelio únicamente con mi vida y arde en mí el deseo de seguir proclamándolo hasta el final. Esta es mi razón de fondo junto con una pasión incontenible desde... siempre por el hombre herido y disminuido sin haberlo merecido, más allá de la raza, de la cultura y del credo. Trato de vivir con extremo respeto hacia «aquellos» que el Señor me ha dado. He asumido hasta donde es posible su estilo de vida. Vivo una vida muy sobria en la vivienda, en el alimento, en los medios de transporte, en los vestidos. He renunciado espontáneamente a las costumbres occidentales. He buscado el diálogo con todos. He dado amor, fidelidad y pasión. El Señor me perdone si pronuncio palabras demasiado grandes.

 

 Prácticamente he vivido siempre con los somalíes, primero con los del noreste de Kenia, después con los de Somalia. Vivo en un mundo rígidamente musulmán. [...] He vivido los últimos cinco años en Borama en el extremo noroeste del país, en el confín con Etiopía y Djibouti. Allí no hay ningún cristiano con quien poder compartir. Dos veces al año, cerca de Navidad y de Pascua, el obispo de Djibouti viene a decir la Misa para mí y conmigo.

 

 [...] Vivo profundamente entregada en medio de los pobres, de los enfermos, de aquellos a los que nadie ama. Me ocupo principalmente de control y de curación de la tuberculosis. A Kenia fui como maestra porque era el único trabajo que, al comienzo de una experiencia tan nueva y fuerte, podía desempeñar decentemente sin hacer daño a nadie. Ante la carencia de maestros, fueron tiempos de intensa preparación de las clases de casi todas las materias, de estudio de la lengua local, de la cultura y de las tradiciones, de implicación intensa en la enseñanza convencida como estaba de que la cultura es fuerza de liberación y de crecimiento. Los estudiantes, muchos de mi edad o algo más jóvenes que yo, que habían hecho frente al director cuando se había sabido que estaba a punto de llegar una mujer maestra y le aseguraron que me habrían impedido el acceso a la clase, estuvieron luego involucrados y motivados profundamente. [...]

 

Eran los tiempos de una terrible carestía... he visto morir de hambre a mucha gente... Durante mi existencia, he sido testigo de otra carestía, diez meses de hambre, en Merca, en el sur de Somalia... y puedo afirmar que se trata de una experiencia tan traumatizadora que es capaz de poner en peligro la fe. [...]

 

Mi primer amor han sido los tuberculosos, la gente más abandonada, la más rechazada en ese mundo. Desde hace siglos la tuberculosis está presente en los somalíes. Se piensa que prácticamente toda la población está infectada. Providencialmente sólo un porcentaje de las personas infectadas desarrolla la enfermedad en el curso de su existencia. Me encontraba en Wajir, una aldea desolada en el corazón del desierto del noreste de Kenia, [...] los enfermos de tuberculosis se encontraban en un pabellón como desesperados. Lo que más quebraba el corazón era el abandono en que se encontraban, sus sufrimientos sin ningún tipo de consolación. No sabía nada de medicina. Comencé llevando el agua de lluvia que recogía de los techos de la bella casa que el gobierno me había dado como maestra de la escuela media. Iba con los bidones llenos, vaciaba sus recipientes con agua muy salada de los pozos de Wajir, y los llenaba con agua dulce. [...] En aquel entonces todo estaba en mi contra. [...] Después de algunos años, en la T.B. Mayatta (aldea) cada enfermo, consciente de estar al final, quería que sólo yo estuviera a su lado para morir sintiéndose amado.

 

[...] En 1976 me pidieron que fuera responsable de un proyecto de la OMS para curar la tuberculosis entre los nómadas, un proyecto piloto en toda África. [...] La tuberculosis es el flagelo en el mundo somalí. [...] La tuberculosis es parte de la gente, de su historia, de su lucha por la existencia. Sin embargo la tuberculosis es estigma y maldición[...]. En Borama cada día continúa la lucha a favor de la liberación de la ignorancia, del estigma, de la esclavitud a los prejuicios.

 

[...] La vida es esperar siempre, esperar contra toda esperanza, echar a las espaldas nuestras miserias, no mirar las miserias de los demás, creer que DIOS está presente y que ÉL es un DIOS de amor. Nada nos turbe y siempre adelante con DIOS. Quizás no es fácil, antes bien, puede ser una empresa titánica creer de este modo. En muchos sentidos, la fe es una verdadera oscuridad, esta fe que es ante todo don y gracia y bendición... ¿Por qué yo y no tú? ¿Por qué yo y no ella, no él, no ellos? Sin embargo la vida tiene sentido sólo si se ama. Nada tiene sentido fuera del amor. Mi vida ha conocido muchos y muchos peligros, he corrido riesgo de muerte muchas, muchas veces. Durante años he estado en medio de la guerra. He experimentado en la carne de los míos, de los que amaba, y por tanto en mi carne, la maldad del hombre, su perversidad, su crueldad, su iniquidad. Y he salido con una convicción inquebrantable de que lo que cuenta es sólo amar.

 

[...] Nada me importa realmente fuera de DIOS, fuera de Jesucristo... los pequeños sí, los que sufren, me vuelvo loca, pierdo la cabeza por los retazos de humanidad herida; cuanto más son heridos, más son maltratados, despreciados, sin voz, que no cuentan nada para los ojos del mundo, más los amo yo. Y este amor es ternura, comprensión, tolerancia, ausencia de temor, audacia. Esto no es un mérito. Es una exigencia de mi naturaleza. Pero es cierto que en ellos yo le veo a ÉL, al Cordero de Dios que sufre en su carne los pecados del mundo, que los carga sobre sus hombros, que sufre pero con tanto amor... ninguno está fuera del amor de DIOS.

 

[...] Si este «ponerme en público» pudiese servir a alguien que no cree, a alguien que no vive dentro de sí mismo esta extraordinaria realidad de que DIOS ama a cada hombre, del más digno de amor a los ojos de los hombres al más paria y despreciado, al hombre malo, al criminal... entonces me pondría de rodillas y bendeciría porque grandes cosas ha hecho en mí Aquel que es poderoso.

 

[...] Ciertamente Su voz a menudo es pequeña y silenciosa... pero luego ÉL está en la celdita de nuestra alma y no debería ser tan difícil bajar allí y habitar con ÉL. ¿Palabras? NO. Es verdad. Es realidad. Ciertamente, para la mayoría de nosotros será y es necesario hacer silencio, quietud... apagar el teléfono, tirar el televisor por la ventana, decidir de una vez por todas liberarse de la esclavitud de lo que aparenta y de lo que es importante a los ojos del mundo pero que no cuenta absolutamente a los ojos de DIOS, porque se trata de desvalores. A los pies de DIOS nosotros reencontramos toda verdad perdida, todo lo que se había precipitado en la oscuridad se vuelve luz, todo lo que era tempestad se vuelve quietud, todo lo que parecía un valor, pero que no es valor, aparece en su verdadera fachada y nosotros nos despertamos en la belleza de una vida honesta, sincera, buena, hecha de cosas y no de apariencias, entretejida de bien, abierta a los demás, en tensión omnipresente muy fuerte para que los hombres sean una sola cosa.

 

[...] A los somalíes he dado mucho. De los somalíes he recibido mucho. El valor más grande que ellos me han donado, valor que yo todavía no soy capaz de vivir, es el de la familia ampliada, por lo que, al menos dentro del clan, TODO es compartido. La puerta está siempre abierta para acoger incluso al más lejano miembro del clan. La mesa se comparte siempre. Lo que ha sido preparado para diez, será compartido con quien se presente en la puerta con la máxima naturalidad. No hay y no habrán recriminaciones, lamentos, victimismos. Es la cosa más natural del mundo compartir con los hermanos. En mi mundo, en Borama, la llaga es la desocupación. Mucha gente nunca ha trabajado en su vida porque nunca ha encontrado un trabajo. Es así que el único que trabaja se encuentra «obligado» a compartir el fruto de su fatiga con veinte-treinta más que no trabajan. Pero él no lo vive como una «constricción»; lo vive con naturalidad. Allí compartir forma parte de la existencia. Y luego aquel orar cinco veces al día... el interrumpir cualquier cosa que uno esté haciendo, incluso la más importante, para dar tiempo y espacio a DIOS. Desde que estoy con ellos, son treinta años que me atormenta que en nuestro mundo no detengamos los trabajos, nos levantemos si dormimos, interrumpamos cualquier discurso para hacer silencio y nos acordemos de DIOS, mejor aún si lo hacemos junto con otros, para reconocer que de ÉL venimos, en ÉL vivimos, a ÉL retornamos.

 

[...] Luego la vida me ha enseñado que mi fe sin el AMOR es inútil, que después de todo mi religión cristiana no tiene muchos y muchos mandamientos, sino que tiene uno solo.

 

[...] Quisiera añadir que los pequeños, los que no tienen voz, los que no cuentan nada a los ojos del mundo, pero mucho a los ojos de DIOS, sus predilectos, tienen necesidad de nosotros, y nosotros debemos estar con ellos y para ellos y no importa nada si nuestra acción es como una gota de agua en el océano. Jesucristo nunca ha hablado de resultados. ÉL ha hablado sólo de amarnos, de lavarnos los pies unos a otros, de perdonarnos siempre... Los pobres nos esperan. Las formas de servicio son infinitas y dejadas a la imaginación de cada uno de nosotros. No esperemos ser instruidos en el campo del servicio. Inventemos... y viviremos nuevos cielos y nueva tierra cada día de nuestra vida.

 

Annalena Tonelli

Miembro del Comité «Lucha contra el hambre en el mundo»

ZS06082710

 

 

«Fíate de Dios y te ayudará»

La Razón / J. M. Alimbau

En casa, un día encontré un pequeño cuadro enmarcado de los años veinte. Era de mi madre bordado en «punto de cruz» durante la etapa de su juventud. Había un dibujo que representaba a «un ángel consolando a Jesús en el Huerto de Getsemaní». En ambos lados y con letras artísticamente dibujadas y bordadas había dos frases, que seguramente ayudaron y empujaron a mi madre cuando más tarde al enviudar en tiempos difíciles y con dos hijos de cuatro y ocho años, repetiría las dos frases que invitaban a la confianza total en Dios: «Fíate de Dios y Él no te abandonará». «Fíate de Dios y Él te ayudará».
San Juan de la Cruz enseñaba: «Porque no ponen toda su confianza en Dios, nada les sucede bien». «Cuando el alma no tiene otra satisfacción, Dios es rápido en consolar, en socorrer sus necesidades».
Santa Teresa del Niño Jesús, a partir de unos ejercicios, se entregó a la confianza en Dios. Buscó en los Libros Sagrados una conformación a su audacia. Ella repetía feliz las palabras de San Juan de la Cruz: «Esperanza de Dios tanto alcanza cuanto espera». Son los versos sanjuanistas de «Tras un amoroso lance» que rezan: «Porque esperanza del cielo / tanto alcanza / cuanto espera». San Ignacio de Loyola aconsejaba: «Confianza ciega en Dios, en sólo Dios, en Jesús y en la Virgen».
San Agustín nos enseña: «Cristiano, en tu nave duerme Cristo. Confía plenamente en Él. Despiértale, invócale, que Él increpará a la tempestad -el peligro, la congoja, la tribulación, el miedo, el sufrimiento- y se hará la calma».

 

 

 

Benedicto XVI, el oso de Corbiniano

Palabras ante la «Columna de la Virgen» de Munich

 

MUNICH, lunes, 11 septiembre 2006.- Palabras que pronunció Benedicto XVI el sábado en el acto de oración ante la «Mariensäule» (Columna de la Virgen) en la que volvió a poner en manos de la Madre de Dios a Baviera.

 

[….]


En esta ocasión permitidme volver a exponer un pensamiento que, en mis breves memorias, he desarrollado en el contexto de mi nombramiento como arzobispo de Munich y Freising. Tenía que convertirme en sucesor de san Corbiniano y lo fui. Desde mi infancia me ha fascinado su leyenda, según la cual, un oso habría despedazado al caballo del santo durante su viaje por los Alpes. Corbiniano le reprendió duramente y, como castigo, le cargó con todo su equipaje hasta llegar a Roma. De este modo, el oso, cargado con el fardo del santo, tuvo que caminar hasta Roma y sólo entonces Corbiniano le dejó en libertad.


Cuando en 1977 me encontré ante la difícil decisión de aceptar o no el nombramiento a arzobispo de Munich y Freising, que me habría sacado de mi acostumbrada actividad universitaria, llevándome hacia nuevas tareas y nuevas responsabilidades, reflexioné mucho. Entonces me acordé de este oso y de la interpretación de los versículos 22 y 23 del Salmo 72 [73] que desarrolló san Agustín, en una situación muy parecida a la mía en el contexto de su ordenación sacerdotal y episcopal, y que después expresaría en sus sermones sobre los Salmos. En este Salmo, el salmista se pregunta por qué les va bien con frecuencia a los malvados de este mundo y por qué les va tan mal a muchas personas buenas. Entonces, el salmista dice: era un tonto por haber pensado así; estaba ante ti como un animal, pero después entré en el santuario y comprendí que precisamente en las dificultades estaba muy cerca de ti y que tú estabas siempre conmigo. Agustín, con amor, retomó con frecuencia este Salmo y, viendo en la expresión «estaba ante ti como un animal» («iumentum» en latín), en referencia al animal de tiro que entonces se utilizaba en el norte de África para arar la tierra, se identificó a sí mismo en este «iumentum» como animal de tiro de Dios, se identificó en él como alguien que está bajo el peso de su carga, la «sarcina episcopalis». Había escogido la vida del hombre de estudio y, como dice después, Dios le había llamado a ser un «animal de tiro», un buen buey que tira del arado en el campo de Dios, que hace el trabajo duro que le es encomendado. Pero después reconoce: así como el animal de tiro está muy cerca del campesino, trabajando bajo su guía, así también yo estoy muy cerca de Dios, pues de este modo le sirvo directamente para la edificación de su Reino, para la construcción de la Iglesia.

 

Con el telón de fondo de este pensamiento del obispo de Hipona, el oso de san Corbiniano me alienta siempre de nuevo a realizar mi servicio con alegría y confianza --hace treinta años y también hoy, en mi nuevo encargo--, pronunciando día tras día el «sí» a Dios: «me he convertido para ti como en un animal de tiro, pero de este modo "yo estoy siempre contigo" (Sal 72[73], 23)». El oso de san Corbiniano, en Roma, quedó en libertad. En mi caso, el «Dueño» ha dispuesto de otro modo. Me encuentro, por tanto, de nuevo a los pies de la «Mariensäule» para implorar la intercesión y la bendición de la Madre de Dios, no sólo para la ciudad de Munich y para la querida Baviera, sino para la Iglesia universal y para todos los hombres de buena voluntad.

 

Para parar un tren

Hay santos  a quienes el Señor ha concedido un  gran poder intercesor: por ejemplo hasta para parar un tren. Lo para si las circunstancias así lo exigen. Normalmente, sin embargo, si el efecto se puede obtener por un camino menos espectacular, nuestros santos recurre a él, puesto que no les gusta alardear sino pasar relativamente inadvertidos.

El doctor Manuel Irurita, Obispo de Barcelona, que fue mártir de la fe durante la persecución religiosa del verano de 1936, era muy devoto de Santa Teresita de Lisieux.

Había nacido en Navarra y fue canónigo de Valencia. En esta ciudad solía ir a menudo a predicar novenarios y sermones a las ciudades y pueblos de la región. Un día, yendo en el tren a predicar a la fiesta mayor de un pueblo, preguntó al revisor a qué hora tenía anunciada la llegada dicho tren al pueblo en cuestión. El revisor le contestó que el tren en que estaban viajando no tenía parada allí y que, por tanto, debería apearse en la estación siguiente a dicho pueblo, que era la más cercana.

Al ver el Dr. Irurita que llegaría de ese modo tarde a su destino, se encomendó a su santa y se quedó tranquilo. Cuando el tren llegó a la estación del pueblo en cuestión, se paró un instante y el Dr. Irurita, ni corto ni perezoso, saltó del vagón.

Al pasar cerca del jefe de la estación, oyó que éste preguntaba al maquinista por qué se había parado allí, ya que no estaba previsto que lo hiciera. El maquinista exclamó:

-Que ¿por qué he parado? ¿No ha visto usted a esa monja que cruzaba la vía y que por poco la atropello?

Nadie, ni el jefe ni los demás vieron ninguna religiosa cerca de la vía y de la estación.

La popular Santa carmelita había escuchado la humilde súplica de aquel celoso sacerdote. (De la Hoja del Apostolado de la Oración de Barcelona, octubre 2006)

 

Murió perdonando a sus enemigos

  

MOGADISCIO, lunes, 18 septiembre 2006 (ZENIT.org).- «Perdono, perdono, perdono». Estas fueron las últimas palabras de la misionera italiana asesinada este domingo en Mogadiscio, Somalia.

 

Sor Leonella Sgorbati, nacida en Piacenza, Italia, en 1940, pertenecía a las religiosas misioneras de la Consolata y dirigía junto a tres hermanas en religión una escuela y el hospital pediátrico «SOS Kindergarten» en la capital del país africano.

 

Sus asesinos estaban escondidos en coches estacionados en la carretera del hospital y dispararon a bocajarro contra la religiosa y contra una persona de seguridad del hospital, que también falleció, según ha explicado sor Marzia Feurra, misionera de la Consolata, a la agencia MISNA.

 

La religiosa no murió al instante. La llevaron en una camilla al hospital. «Trabajadores del hospital trajeron unas cuatro o cinco bolsas de sangre, pero salía la misma cantidad que la sangre introducida», narra su hermana en religión.

 

«Cuando llegó el cirujano nos dijo que no había nada que hacer. Sor Leonella todavía estaba viva, su sudor era frío. Nos dimos la mano, nos miramos, y antes de apagarse como una vela, en tres ocasiones, me repitió sus palabras de perdón: “Perdono, perdono, perdono”».

 

«Fueron sus últimas palabras», afirma sor Marzia.

 

Los funerales de la religiosa se celebrarán en la Iglesia de la Consolata en Nairobi. La ceremonia será presidida por monseñor Giorgio Bertin, obispo de Gibuti y administrador apostólico de Mogadiscio.  

 

El crucifijo del matrimonio croata
 

Muchos ya conocen la bella tradición de los matrimonios croatas: en el momento del sacramento, cuando el hombre y la mujer se prometen fidelidad mutua, el sacerdote les presenta un crucifijo dispuesto sobre su estola y los esposos colocan sus manos derechas sobre el Cristo. Primero lo hace el esposo, y luego por encima de la suya, la de la esposa.


Más tarde esa cruz será colocada en el sitio de honor en su hogar y será el polo de oración para la familia. Es por ello que los divorcios son rarísimos entre los croatas. Muchas parejas extranjeras que descubren esta tradición, lamentan no haberla conocido con anterioridad, en el momento de sus bodas. Pero con Dios, nunca es demasiado tarde.

 

En ocasión del aniversario de su casamiento, pueden hacer celebrar una misa y renovar en ella sus promesas matrimoniales. Basta con que se lo pidan al sacerdote: tras la liturgia de la Palabra, que el celebrante les presente un crucifijo cubierto con su estola, para que los esposos renueven sus promesas colocando sus manos sobre Jesús crucificado.


Jesús será desde entonces el cimiento de su amor y de su unidad. ¡Las tentaciones, las tormentas y los conflictos de toda especie que pueden surgir en el seno de una pareja son entonces (y lo serán en el futuro) abandonados en Jesús, el protector y salvador de su amor! ¡Cuántas torturas recíprocas y divorcios se evitan de esta manera!

 

La conversión de Bernard

Bernard, un médico de habla francesa, vino a Medjugorje por primera vez esta semana. Aunque había sido bautizado, rechazó a Dios y la fe a los 12 años de edad. En 1998, gracias a unos amigos cristianos, pudo hacer un cierto camino de conversión pero estaba aún confundido en su vida espiritual.

 

El otro día, fue solo a la Colina de las Apariciones. Al ver desechos diseminados por doquier, se decidió a limpiar el lugar. Comenzó a recoger la basura y a ponerla en una bolsa. Experimentó entonces un ardiente deseo, sintió que la Virgen le invitaba a acercarse a orar ante su imagen. Pero hizo oídos sordos y continuó con su limpieza.

 

Un pensamiento se impuso entonces a su espíritu: "que recoja la basura, está bien, pero sería mucho mejor que me ocupara de los desechos de mi propio corazón y que los depositara a los pies de María". La llamada entonces se intensifica, se torna prácticamente irresistible. Finalmente Bernard cae de hinojos frente a la imagen.

 

¡Apenas comienza a rezar le vienen a la memoria ciertas escenas horribles de su vida que habían caído en el olvido desde hacía mucho tiempo! El nombre de una mujer se impone a su espíritu, una enferma. ¡Entre miles de pacientes que trató en su carrera médica, un nombre que había desaparecido de su memoria desde hacía 35 años! Vuelve a revivir aquella noche, joven estudiante de medicina, a cargo de un servicio de enfermos crónicos de un hospital…

 

Sin consultar previamente a la paciente ni a ninguna otra persona – infringiendo las reglas – había decidido inyectar a esta mujer una fuerte dosis de morfina. Conocía sin embargo el enorme riesgo que esto implicaba para la vida de la paciente, pero debido a la dureza de su corazón y a su deseo egoísta de realizar un experimento, no lo dudó ni medio segundo. Por la mañana, la mujer había muerto.

 

Ante la imagen de María, Bernard se vuelve a ver tal como en aquel momento en ese pasado lejano, embotado en su orgullo y cometiendo los más detestables pecados. Cada pecado viene a la luz desde las profundidades de su ser y le es mostrado con asombrosa claridad. Bernard está limpiando sus propias inmundicias, ¡está confundido! ¡Ni siquiera era conciente de haber acumulado semejante cúmulo de desperdicios! Sin embargo, bajo la mirada amante y libre de todo prejuicio de María, en la unción magnífica de este encuentro con su Madre, Bernard no ceja;.

 

Al contrario, movido por un sincero sentimiento de arrepentimiento, decide depositar todos esos horrores en el corazón de Jesús para que Él los consuma en forma definitiva. Parte entonces a confesarse y recibe el don de una gran paz interior, ¡esa paz que esperaba tanto encontrar y que buscaba a tientas desde hace tanto tiempo! ¡Para él, es el regalo de Medjugorje, el regalo que María, Madre y Reina de la Paz tenía en reserva para este hijo muy querido!

 

Y así, vemos a la Madre de Dios en acción: atrae a sí las ovejas heridas por el mal, les infunde luces sobre ellas mismas con firmeza y a la vez con suma delicadeza; con su hermosa mirada de misericordia, les transmite el deseo de purificarse, ¡y luego los conduce hacia sus hijos sacerdotes! ¡Un pecador que se confía a la Virgen no queda apegado a su pecado por largo tiempo! Un sacerdote que trabaja junto con María es un sacerdote feliz, está siempre a la obra en su confesionario: ¡acoge a las ovejas perdidas de las manos de María para llevarlas a Jesús!

 


 

Un rapero se convierte

Fuente: www.buenas-noticias.org

Autor: Antonio Aldrette, L.C.


¿Rap cristiano? Parece imposible y una contradicción en términos, dado que el rap nace como protesta, en las periferias y barriadas estadounidenses, y se desfoga en fuerte violencia verbal. Sin embargo, Gerardo narra por qué en su caso no es así. Que puede existir un rap que nace de la fe: «yo que era una estrella del rap violento, ahora canto a la fe».


Gerardo nació en Ecuador y adquirió fama cuando en 1991 se lanzó al mundo artístico como rapero. Se anticipó incluso a Ricky Martín en el, así llamado, “spanglish” de las letras de sus canciones. El furor de la popularidad le tomó por sorpresa y se dejó llevar por el ambiente: «Pensaba sólo en el dinero y en la fama. Ciertamente era una estrella, pero de improviso me di cuenta de que estaba hablando de la nada». «Yo era el símbolo del chico banda (Gang), pero mi vida estaba vacía».


Después del gran éxito se retiró, para dedicarse por una parte a la producción artística y por otra a la actuación. De hecho él lanzó al estrellato a Enrique Iglesias y con Sean Penn co-protagonizó “Colors”. Ahora ha vuelto al mundo de la música rap, sólo que con una distinta visión de la vida. No por casualidad su nuevo álbum se titula «180º» y en él canta su fe: «Trabajando detrás de las cámaras he escarbado en mí mismo y descubrí la fe. Hoy quiero cantarla a los otros».


Al inicio, ante el cambio radical, «tuve miedo de que los fans no me creyesen. Pero no pasó así: más bien, acogieron con entusiasmo el giro de 180 grados en mi vida». Pero ante el cambio de vida, ¿por qué no un cambio también de estilo musical? Gerardo contesta: «el rap es perfecto para hacer llegar de inmediato a los jóvenes los conceptos. Habla de la realidad cotidiana de la gente. Y mis opiniones son fuertes y los interpelan».


En su nuevo disco, cosa insólita, las letras de las canciones hablan de valores: en la canción Sueña se escucha «nuestra motivación no debe ser más el dinero», en Mujer –hecho realmente extrañísimo para el mundo machista del rap- se habla de la mujer con respeto y dignidad. «Es la manera de “usar” la música para hablar de valores y recolectar fondos para ayudar a quienes sufren necesidad».


A modo de muestra, conociendo la concepción libertina del amor que tienen muchos jóvenes, nuestro rapero les canta la “exigencia” de la Iglesia en este punto. Él mismo nos explica por qué: «Es necesario. No se puede decir que uno cree y después no seguir la doctrina del cristianismo. Yo mismo cometí errores, si bien hoy estoy felizmente casado y con hijos. Porque confesar los errores es dar testimonio de lo que Dios ha hecho por mí»


Como herencia de su pasado tiene partes del cuerpo llenas de tatuajes: «son como la huella de mis faltas»; sin embargo, ahora hay una visible cruz sobre su pecho que se muestra como mudo testigo del cambio radical sucedido en el interior de este rapero.


Con datos de Avvenire, 28 de diciembre de 2005

 

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