X
V


 

   A página principal  

  

 Hace 100 años la Virgen visitó Chauchina
 Francisco y el leproso
 La sonrisa de Yeshi
 Pierre Lemieux
 El gigante de melenas
 El viaje de Rosaura
 El perdón de Ana María
 El Testimonio de Ángela
 El oro de Víctor
 Marguerite Barankitse

 

   La Virgen del Espino visitó Chauchina

 

3La Virgen del Espino

Hace cien años, la Virgen tuvo el detalle de darse un paseo por nuestra patria, lo cual prueba su buen gusto. Lo hizo apareciéndose a una señora, Rosario Granados, que vivía en un pueblo cercano a Granada, Chauchina. Rosario era una enferma en situación desesperada, que había invocado la protección de Nuestra Señora. La Virgen la escuchó.

La curación fue milagrosa y notoria, por lo que, desde entonces, se venera a Nuestra Señora del Espino en el monasterio de las capuchinas que se erigió sobre el lugar donde ocurrió la aparición. La cosa, en sí, tiene suficiente importancia y, sobre todo, la tuvo para Rosario y para los católicos de la zona, pues en aquellos lares estaba medrando una Iglesia de raíces anglicanas, los «pastoreros», y actuaba intensamente la masonería (Fernando de los Ríos era del pueblo vecino).

No cabe duda de que la aparición mariana sirvió para impedir que la difusión de esos grupos fuera a más. Pero es que, ahora, gracias a la distancia que da el paso de cien años, podemos ver lo ocurrido con mayor perspectiva y, al hacerlo, nos damos cuenta de que aquella aparición tuvo una trascendencia mayor que la que entonces le dieron. Cuando a Rosario la Virgen le preguntó qué le pasaba, ella se refirió a las llagas que tenía en la pierna y María, antes de curarla, le contestó que «más llagada tenía el alma» y también le pidió que orara por «los desgraciados que no temen la justicia divina». Son dos frases, pero que encierran una enseñanza extraordinariamente actual. Primero, porque el laicismo está creando una sociedad con el alma suicidamente enferma. Segundo, porque la raíz del laicismo está en creer que Dios «ni está ni se le espera» y, por lo tanto, que se puede «gobernar como si él no existiera», porque nunca hace nada para defender a los suyos. Les invito a meditar sobre esto en Navidad e ir a Chauchina. Es año jubilar y merece la pena. 

- La Razón, Santiago Martín. 20.12.06

 

Francisco y el leproso

La Razón / J. Mª. Alimbau 20.12.06


Al final de una conferencia sobre el SIDA, el Dr. Kirschner ofreció una anécdota maravillosa sobre lo que hay que buscar en el Mesías. Le preguntaron:
-¿Donde buscaremos al Mesías? ¿Vendrá como los grandes mandatarios y señores del mundo, con gran pompa y boato exterior?
El doctor Kirschner citó el libro del Talmud babilónico (Sanhedrin 98a) que cuenta que un día, el rabino Joshua hizo esta pregunta, nada menos, que al profeta Elías en persona:
- ¿Dónde encontraré al Mesías? El profeta Elías respondió:
- En la puerta de la ciudad.
-Y ¿cómo lo reconoceré?- inquirió Joshua. Elías dijo:
- Se sienta entre los leprosos…Joshua, admirado, exclamó:
- Entre los leprosos? ¿Qué hace allí?- Elías, el profeta, contó:
-Les cura, les cambia las vendas uno a uno, les atiende, les consuela, les ayuda, está a su lado… es uno de ellos.
San Francisco de Asís iba montado en su caballo por la llanura que hay bajo la ciudad de Asís. Encontró a un leproso. Sintió gran repugnancia. Bajó del caballo. Sacó de la bolsa dinero y comida y se lo dio al leproso con una gran sonrisa. Más: lo abrazó, besó sus manos y el rostro… Francisco subió al caballo. Su corazón rebosaba contento. Volvió la cabeza para mirar al leproso… y el leproso no estaba, había desaparecido... Entonces, Francisco se dio cuenta que: el leproso… era el mismo Cristo.
-El evangelista San Mateo (25,40) nos dice: «Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos… a mí me lo hicisteis». 

 

La sonrisa de Yeshi

 

A veces, en Navidad, cuando caminas por la calle, las luces no te dejan ver las estrellas. La ciudad parece inundada de un resplandor anaranjado que no deja resquicios a la noche. La Navidad, en Europa, es luz de bombillas que se encienden alternativamente. Aquí, en Etiopía, la Navidad también es luz, pero luz de solidaridad. Hasta aquí no llegan las bombillas, no llegan los Reyes, pero llega la esperanza. Esperanza porque hay gente que piensa en los pobres, en los que huelen a tristeza, en los que se rascan las costras de la ignorancia. Esperanza, también, porque Dios elige esta noche un niño para hacerse presente entre nosotros. Una sonrisa de niño, y unas manos de niño que vienen a cambiar el mundo. La Navidad se concentra en ese niño que duerme sobre pajas, como duermen tantos de los niños de Mekanissa.

 

Nuestra Navidad, este año, también es una niña, Yeshi, que vuelve al centro después de pasar dos meses en un orfanato-hospital de las Hermanas de la Madre Teresa. Yeshi lleva con nosotros casi un año. Cuando llegó, había perdido la risa. Tal vez se le olvidó al lado de su madre muerta, o tal vez se le agotó cuando se dio cuenta de que nadie la quería, de que tenía siete años y estaba sola, de que su vida no le importaba a nadie.

 

Yeshi vive con su tía, que se gana la vida mendigando y tiene tres hijos más que atender y que en lo último que piensa es en esa sobrina caída de no se sabe dónde. Cuando la llevé al centro de las Hermanas de la Madre Teresa, me dijeron que tenía un pulmón totalmente inutilizado por la tuberculosis. La malnutrición y una insuficiencia cardiaca completaban el cuadro.

 

Yeshi ha pasado dos meses durmiendo en una cama para ella sola y comiendo cinco veces al día. Y, sin embargo, siempre dice que quiere volver. Cuando vuelva tendrá el colchón de paja que le hemos comprado porque en su casa no cabe otra cama. Volverá a vivir en una pequeña chabola de barro y lámina en el techo. Volverá a tener que lavarse la ropa a mano todos los sábados. Dice que no le importa. Que ella no necesita un orfanato, porque ya tiene familia. Que somos nosotros.

 

Hoy le han puesto la última inyección. Una doctora que trabaja allí me ha contado que inmediatamente después ha metido su poca ropa en una bolsa de plástico para estar preparada para mañana, cuando la vaya a buscar. Además de la bolsa de plástico, se traerá un buen cargamento de medicinas que deberemos darle durante los próximos seis meses. Dicen que sus pulmones nunca se recuperarán del todo. Tal vez su sonrisa tampoco. Pero lo intentaremos.

 

Si a Belén la luz llegó de la mano de un niño hace dos mil años, a nosotros la luz este año nos la trae Yeshi, que después de mucho toser, ha vuelto a sonreír. Que quiere luchar, ahora sí con todas sus fuerzas, para que la desesperación no la alcance de nuevo. Que quiere vivir en un mundo con más luz, pero no de bombillas, sino de esperanza. En un mundo con Luz de Navidad. Feliz Navidad.

 

Teresa López Aznárez - Mekanissa, ETIOPIA - Navidad 2006 


 

Pierre Lemieux
Diputado católico recuerda en el Parlamento canadiense que el cargo dura poco y la Eternidad mucho

Terminó su alocución rezando por la protección del sacramento del matrimonio, “en el nombre de Jesús”.

En Estados Unidos es más o menos común que se mencione a Dios en las cámaras gubernamentales, ya que se trata de uno de los países democráticos más religiosos del mundo (en competencia con Brasil, la India y otros...)

 

Pero no es común hablar de Dios en Canadá: el vecino del norte es una nación tremendamente secularizada, relativista e indiferente ante la religión.

 

Por eso ha impactado el discurso del diputado conservador por Ontario, Pierre Lemieux, que en la Cámara de los Comunes no sólo defendió el matrimonio de hombre y mujer como voluntad de Dios sino que recordó a sus señorías que “el cargo de diputado dura poco pero la Eternidad ante Dios no”.

 

En concreto Lemieux se dirigió a los diputados que se autodefinen como católicos para que considerasen el asunto como católicos con una mirada a sus almas inmortales. “Cuando dejemos de ser diputados, tristemente, nos olvidarán nuestros compañeros los hombres; pero no Dios, que nos conoce a cada uno íntimamente. Si Dios Mismo es realmente el autor del matrimonio, que seamos capaces de dar un buen informe sobre nosotros cuando nos presentemos ante Él, porque todos estaremos ante Él”.


Lemieux concluyó su intervención con una oración en pleno Parlamento: “Dios Todopoderoso, protector de todas las familias, guíanos en nuestros esfuerzos para  defender el Santo Sacramento del Matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer. Te lo pido en el nombre de Nuestro Señor, Jesucristo.”

 

En Canadá un gobierno progresista instaló el matrimonio homosexual poco después que el gobierno Zapatero lo implantase en España. Posteriormente, los Conservadores y Liberales ganaron las elecciones. El Primer Ministro, Stephan Harper, se había comprometido a revocar la ley sobre el matrimonio homosexual, pero no acudió a este debate en el cual se planteaba reabrir el debate, aceptando, eso sí, aquellas uniones que ya se hubiesen producido.

 

Sin embargo, sólo 20 de los 308 parlamentarios estaban presentes y los diputados liberales de los que se esperaba un voto pro-familia no votaron a favor. Como resultado, no se aprobó la reapertura del debate sobre la naturaleza del matrimonio.

 

Pese al desinterés de los diputados, el tema sí interesa a los ciudadanos. Lemieux, que dijo que había trabajado duro para estar en la lista de oradores del día, explicó en el parlamento que nunca había recibido tanta correspondencia como acerca del tema del matrimonio y que los ciudadanos de su distrito “en abrumadora mayoría me piden votar en defensa de la definición tradicional del matrimonio”.

 

El diputado de Ontario explicó que el matrimonio es una institución que existe desde el origen de la humanidad, presente entre todas las culturas y luego pasó a citar el Catecismo de la Iglesia, algo insólito en un país muy descristianizado:

 

“La comunidad de vida y amor que constituye el estado matrimonial ha sido establecido por el Creador y dotado por Él de sus propias leyes; es una alianza en la que esposo y esposa expresan si amor mutuo y s eunen a Dios en la creación de una nueva persona humana, destinada a la vida eterna”.

 

 

El gigante de melenas

El mundo está lleno de santos. Hombres, mujeres, niños, ancianos... Gente de buena voluntad, gente que cree, ama y espera. Los santos de aquí abajo: los que suben y bajan las escaleras, los que leen el periódico, los que van a la discoteca. Y cuántas veces ni nos percatamos de ellos. Y si no me creen, pregúntenselo a mi amigo Juan Fábregas.

Aunque normalmente vive en Madrid, Juan estudia ahora en Italia. De temperamento nervioso y algo alocado, ha tenido que jugársela en algunas ocasiones para salir ileso de ciertas "equivocaciones" que ha tenido en la universidad, aunque, según me refirió la última vez que nos vimos, «ya está más enderezado».

Un sábado por la noche, salió, como siempre, a la discoteca. Estuvo buen rato con otros dos amigos suyos y disfrutaron de lo lindo. Con el paso del tiempo, y ya pasadas ciertas horas, decidió regresar y, tras despedirse, se marchó.

Nada más salir de la discoteca, un joven enorme, «de más de dos metros» me contaría Juan, con mirada amenazadora y con una melena que le llegaba hasta la mitad de la espalda, le señaló con la mano y le empezó a gritar cosas para él ininteligibles.

«Al ver a aquel animal detrás de mí – me refería cada vez más excitado– no me lo pensé dos veces: salí corriendo como nunca lo había hecho en mi vida».

El otro le siguió un par de metros, pero al ver que Juan era más rápido, desistió en su intento. «Suspiré aliviado y, algo más tranquilo, me dirigí al departamento. Me tumbé en la cama y caí rendido».

Le despertó su teléfono. ¿Quién le llamaría un domingo por la mañana? «¿Dígame? ¿Cómo dice? Ah… ¡¡Pero, no me digas!! Y, ¿dónde puedo encontrarte? Perfecto, ahí nos vemos».

Juan no podía creérselo: el que le llamó por teléfono no era otro que el tipo aquel que le "persiguió" la noche anterior. ¿Qué había pasado?

«Al salir de la discoteca, se me cayó mi cartera, con todo mi dinero y alguna tarjeta de crédito. Este joven lo vio e intentó decirme en italiano que se me había caído. Al no comprenderle y ver su aspecto, salí corriendo. Y este chico buscó por todos los medios localizarme y pudo hacerlo por la tarjeta de teléfono que yo había comprado el día anterior. Vio mi teléfono y me llamó».

Al principio, Juan pensaba que algo se le iba a "perder". «Sería muy sencillo que este melenudo tomara algo y ya». Pero su sorpresa fue mayúscula al encontrar absolutamente todo su dinero. Se le quedaron los ojos cuadrados. La honestidad del chico era tan grande como su melena…

Cuando los hombres se lo proponen, no hay en este mundo cosa más hermosa que el corazón humano. Hay personas buenas, y hasta santas, entre la "gente de por ahí". Están aquí, entre nosotros; y hacen que los demás nos percatemos que tenemos madera de santos.

No sería mal propósito para este año nuevo: buscar mejorar cada día un poco más. Imagínense: La vida de san usted mismo… sea o no sea un melenudo.


 

El viaje de Rosaura

Madrid. Siglo XXI. Rosaura mira a su alrededor intentando encontrar algo que le resulte familiar. El tráfico es denso, a pesar de que ya son las 12 de la noche. Víctor, Edison y Natalia, de 3, 6 y 12 años, la siguen de cerca, con paso lento y pesado. Todos llevan a sus espaldas una pequeña mochila, el único equipaje que se tiene cuando se viaja hacia una vida mejor. Su tez morena y curtida por el viento y el aire les delata. Rosaura tiene 30 años, pero parecería de cincuenta; sobre sus párpados pesan el dolor y la soledad, que transforman sus ojos en una fina línea almendrada; pudo ser bonita, algún día. Ahora sólo era una anciana prematura. También los niños parecen mayores. Natalia nunca sonríe, está tensa y sujeta su mochila roída con fuerza, porque teme que se la roben. Edison no entiende qué sucede, pero tiene frío y sueño; y Víctor, Víctor necesita urgentemente que le cambien la ropa, le bañen y le den de comer. Pero eso él no lo sabe y sólo se adivina un gesto de tristeza en su cara; los niños tan pequeños no son capaces de discernir cuándo las cosas van mal, pero cuando el dolor y las circunstancias les superan, entonces se les desdibuja la sonrisa y la inocencia, y aparece una mueca que nadie en su sano juicio es capaz de soportar sin que se le rompa el corazón.

Acaban de llegar desde Bolivia. El marido de Rosaura y padre de los niños lleva dos años trabajando en Madrid, y ahora les hace llamar. Rosaura ha hipotecado su pequeña casita para poder hacer el viaje. Pero hay algo que no funciona bien. Al llegar a Barajas, el padre no está esperándolos.


En Madrid, a Rosaura sólo se le ocurre aventurarse por su cuenta y, con el poco dinero que tienen, hacer que un taxi les lleve a la dirección que su marido le dio por teléfono. En el telefonillo, les responde una voz de mujer. «Será una compañera del piso», piensa Rosaura. Una vez arriba, los niños corren a abrazar a su padre, que les abre la puerta. Cuando Rosaura se acerca a darle un beso, él le quita la cara. Los ojos negros de ella se posan en los de él. «Ésta es mi mujer ahora, Rosaura», dice su marido, cogiendo por la cintura a una señora pequeña, delgada y rubia. «¿Para esto nos has hecho venir hasta aquí?», acierta a decir ella, entre temblores. «Para que firmes el divorcio», responde él.

Hoy, Rosaura, Natalia, Víctor y Edison viven apiñados en una habitación de algún lugar de Madrid, por la que les cobran 300 euros. Rosaura cuida a una anciana por 400 euros, y gracias a unas monjas pueden seguir comiendo todos los días. Los niños no quieren hablar con nadie, y los ojos de Rosaura son más pequeños cada día. No tienen dinero para volver a Bolivia, y están encerrados en un país que no les gusta y donde sienten que nadie les quiere.
La historia de Rosaura es verdadera, está sucediendo en Madrid. A. Llamas Palacios. Alfa y Omega - 526 - 28.12.06 


 

El perdón de Ana María

Se trata de una profesora, Ana María Suárez, originaria de Esquel, Argentina. Su hijo, Mariano Drew, joven de 27 años, murió asesinado. El motivo: una riña, un malentendido, una rivalidad, qué más da, el caso es que Mariano murió a golpes.

El asesino es arrestado y llevado a juicio. Héctor Fabián González, 25 años, se crió sin su madre, estuvo internado en varios institutos correccionales de menores y es adicto al alcohol. Héctor reconoce su culpabilidad en el juicio.

Hasta aquí, no pasa de ser una noticia más que llena nuestros periódicos cotidianos. Lo amarillo "siempre" es noticia. Pero llegó el juicio y… el color de la historia cambió.

Ana María se pone de pie y se dirige al acusado. A unos pasos de él, minutos antes de que se dictara la sentencia, le dice estas palabras: «Ayer cuando fui a la Iglesia de San Cayetano, le oraba a la Virgen y pensaba que mi hijo está con Dios. Pero también pensaba en vos, que sos tan joven. No te voy a hacer daño. Sólo quiero darte esto…» Y le coloca un rosario en la mano.

La mujer se gira ante los presentes en el juicio y agrega: «Solamente la oración calma cada día mi dolor».

Vuelve su mirada al joven, asesino de su hijo, y le dice: «Sólo Dios cura las heridas. Yo te perdono, y si mi hijo te ofendió, te pido perdón. Yo lo amaba y ahora quiero que vos no sufrás. El destino que te toca me duele, porque trabajo con jóvenes. En esta tierra hay mucha violencia y vos has sido víctima de ella desde que naciste. Es el amor el que también ayuda a curar las heridas».

Y la mujer lo abrazó, mientras el acusado estalló en llanto.

El joven no escapó de la sentencia de ocho años de cárcel, pero ha escapado de la pena más dura: la de su conciencia, la de haber herido profundamente el corazón de una madre.

De igual modo, Ana María también ha cerrado una herida dentro de su corazón. En vez de llenarlo de odio y rencor, prefirió llenarlo de amor y perdón. Quizá vio en lo ojos de Héctor, no al asesino de su hijo, sino a una víctima del mundo en que vivimos. Y a pesar del dolor de haber perdido a su hijo, Ana María se encuentra en paz.


 

Festival de Jóvenes Medjugorje 2006

El Testimonio de Ángela
de la Comunidad "Nuovi Orizzonti"

 Origen y primeras experiencias                    

3Chiara Amirante, fundadora de "Nuovi Orizzonti"

Llevo 10 años en la comunidad de Chiara Amirante, tengo 38 años y cuando entré a la comunidad no creía absolutamente en Dios. Creía que los sacerdotes y las religiosas se hacían sacerdotes y religiosas por la falta de trabajo… Con el sufrimiento tuve contacto apenas nací. Porque mi padre y mi madre me abandonaron al nacer. Viví mis primeros 6 años de vida en un orfanato.

        A los 18 años se es mayor de edad en Italia, así que me fui de casa. Pude hacerlo porque tenía un trabajo, una ocupación. Soy una ex chef internacional de cocina. Comencé a trabajar... El dinero empezó a ser el dios de mi vida. Cuanto más tenia, más quería tener. Pero a fin de mes no quedaba nada. Lo que pertenecía al mundo de la afectividad era un desastre. Tenía novios según la estación del año, uno para la estación invernal y otro para el verano. Pero cada vez era una herida más que dejaba mi corazón muy lastimado.

Un duro golpe                 

Finalmente me enamoré de una persona que todas las madres de familia soñarían para su propia hija, inteligente, bueno, educado. Pero tenía un pequeño defecto: era  católico, un católico convencido. Y empezó a hablarme de Dios. Y le dije: "Escucha Luca las relaciones de 3 no funcionan, somos tú y yo y punto. Dios debe estar fuera". El fingió seguirme la corriente. Al cabo de 2 años, me dice: escucha, Ángela, hablé con mi director espiritual porque tengo intención de casarme contigo. Yo lo observé un poco perpleja pero por un solo motivo, porque no sabia qué era un director espiritual. Y le respondí: "Vamos al registro de la ciudad, dos firmas y estamos casados". Y me dijo: "No, para mí es importante el sacramento del matrimonio. Nos dan la posibilidad de efectuar un matrimonio mixto donde tú declares ser no creyente pero yo puedo casarme contigo dentro de la Iglesia"…

        El comenzó a organizar la boda, pero de repente se enfermó, se enfermó gravemente... Después de una serie de análisis, nos dicen que debido a una transfusión de sangre había contraído el HIV, tenía SIDA, sentencia: ni un año de vida. Y ahí entro en contacto con la primera verdad de mi vida. Porque yo con el dinero hasta ese día había comprado todo y a todos. Pero una sola cosa no podía comprar: la vida. Y para mí fue una derrota. Luca partió para el paraíso 4 días antes del matrimonio. Y ahí se me derrumbó el mundo… Recuerdo la tarde del funeral. Estaba en una playa y dije: "Dios, si existes, te destruiré, pero si no existes pasaré mi vida diciéndole al mundo que no existes". Y ahí comenzó mi guerra con Dios.

Adónde llevan las sectas

Primero me acerqué a varias filosofías. Todo lo que era la New Age y Reiki. Pero no encontraba nada de la presencia de Dios. Hasta que un día una colega de trabajo me dijo que tal vez necesitaba ir a psicoterapia. Y comencé a ir un día a la semana, dos días, tres días, cuatro veces por semana. La psicoterapia se convirtió en mi droga.  Poco después la doctora me dice: sabes, Ángela, tal vez necesites hipnosis porque tenemos que entrar a lo más profundo de tus heridas. Le dije que si.

        Desafortunadamente esta doctora era una sacerdotisa de una de las sectas satánicas más importantes de Italia. Ahí pasé dos años de mi vida. Dos años que me llevaron a perder mi dignidad de mujer, mi dignidad de ser humano. Sólo el poder y el tener. La noche de Navidad de hace 10 años, durante un rito, me dijeron que tenía que demostrar mi pertenencia: "En Roma hay una joven, de nombre Chiara, que ha fundado hace poco una comunidad. Esta muy protegida por la Iglesia y para nosotros es un obstáculo. Si verdaderamente quieres pertenecernos, debes hacer una cosa: destruye Nuovi Orizzonti y mata a Chiara". Y acepté.

        Partí para Roma la noche del 5 de Enero. Eran las 8 de la noche y Chiara estaba cenando. Llamé a la puerta de la comunidad. Estaba segura de lo que haría. Chiara cuenta siempre que en ese momento en su corazón escuchó la voz de María que le decía: "Abre tú la puerta que es una hija mía que tiene una gran necesidad". Chiara se levantó y abrió la puerta, y cuando la abrió, hizo una sola cosa. Me abrazó y me dijo: "Finalmente estás en casa". Es el abrazo que cambió mi vida. Un abrazo indeleble que llegó a mi corazón. Chiara me llevó a su habitación y hablamos un poco. Le entregué el arma y le dije: "Chiara para mí ya no hay esperanza". Y me respondió: "Si. Si la hay  porque el amor ha vencido a la muerte porque Jesús te ama". Le dije: "Chiara yo los conozco. Tengo pocos minutos. Ellos me matarán a mí y te matarán a ti". "No, Ángela, no lo harán. Porque María te quiso en esta casa".

En la Iglesia Católica

Llamaron a un sacerdote pues, obviamente, lo primero era hacer una buena confesión. Debido a las actividades en que estaba involucrada, no me pudieron dar la absolución inmediatamente. Escribieron a la Santa Sede, a la Doctrina de la fe. Y un cierto cardenal Ratzinger respondió a los pocos días: "Hoy la Iglesia está de fiesta porque una Hija ha regresado a casa". Con un permiso muy especial la noche del 27 de Enero, en la capilla de las hermanas de la Madre Teresa en Roma, pude recibir la comunión, pude consagrar mi corazón al Corazón Inmaculado de Maria, hacer votos de pobreza, obediencia, castidad y experimentar la alegría de Cristo Resucitado. Y ahí comenzó mi camino. Mi camino de sanación. Ninguno había conseguido sanar ciertas heridas, solamente el amor de Jesús.

Pero había todavía una herida que no había podido sanar, y era la falta de una madre… porque me faltaba… Cuando en Navidad todas la madres telefonaban, yo no recibía ninguna llamada…

La Cruz de Cristo

Por la noche cuando llegaba frente a Jesús, empecé a escuchar en mi corazón: "Ángela, si hoy tú existes es porque tu madre dijo sí a la vida". Cuando se experimenta la misericordia de Dios, la primera cosa que se aprende es a no juzgar. Y yo no tenía ningún derecho de juzgar a mi madre. Porque si una madre llega a abandonar a un hijo es porque hay un gran dolor.

        La ley italiana permite obtener información del propio origen. Encontré a mi madre. Comenzó a telefonearme y un día me sugirió conocernos personalmente. El 2 de Junio de 2004 partí para la ciudad donde ella vivía para encontrarla… Pocos minutos después de encontrarnos, con una mirada que yo no le deseo ni a mi peor enemigo, me dijo: "Tú para mí no has existido hasta ahora, no existes hoy, sal de mi vida". Yo no sé qué siente una madre cuando un hijo dice no al amor, pero les puedo decir lo que siente un hijo cuando una madre le dice no al amor…

        Fue un gran dolor, regrese a Roma con Chiara y le dije: "¿Pero qué le hecho de malo a Jesús, trabajo para Él, por qué no me puede ayudar?" y Chira me respondió con una frase de Santa Teresa de por qué Jesús me trataba así, me contestó: "Sabes, Ángela, a sus amigos los trata así". Y Santa Teresa había respondido: "ahora entiendo por qué tienes tan pocos amigos"…

Una franca resistencia

Chiara me dijo: "escucha Ángela tienes 20 días de vacaciones, hay un lugar al que puedes ir, Medjugorje, toma tus vacaciones y ve allá". Y pensé: yo a Medjugorje no voy. Mejor, me pagas las vacaciones a Croacia que tiene un mar estupendo y un día voy a Medjugorje. Y ella me dijo: "te recuerdo que tienes un voto de pobreza y un voto de obediencia. Y por obediencia vas a Medjugorje". Así que vine a Medjugorje.

Los primeros 10 días no quise saber nada. El décimo primero, pasa la vidente Marija, me saluda y me invita a una aparición. Y de golpe, riéndome, le contesto: "escucha, Marija, la Virgen tiene que venir a mí porque yo no me muevo". Me observó un poco sorprendida y me dijo: "de todas formas ven".

Estaba lleno de gente. Llegué a las 6:20 p.m. Había gente que llevaba 2 o 3 horas esperando. Pasó Marija, me tomó del brazo y me llevó con ella dentro de la capilla. Y empezó la aparición. Me hizo arrodillarme, ella estaba a mi lado. Yo veía a todos los peregrinos, y decía: "¡qué buenos, cómo rezan!", pero mi corazón estaba cerrado.

Contacto con lo divino

Pero en cierto momento sucedió algo, y se lo dice la persona más racional que existe. Empecé a sentir un calor en el cuerpo, era un calor que me envolvía, era como si algo me abrazara, pero lo más increíble es que era como un transplante de corazón y subrayo la palabra transplante porque no era un corazón reparado, era un corazón nuevo…

        Terminó la aparición, y yo continuaba repitiéndome: Ángela no ha pasado nada. Y cuanto más lo decía mejor me sentía. Marija se levantó e hizo lo de siempre, explicó lo que había sucedido. Delante de todos, dijo: "He presentado a la Virgen todas las intenciones, la Virgen ha orado por vosotros, os ha bendecido" y después, delante de todos, me observa y me dice: "La Virgen hace suyo el dolor que llevas, pero a partir de hoy sólo Ella será tu Madre".

        Marija no sabía absolutamente nada de mi historia. Salí de la capilla, Marija me tomó del brazo y nos fuimos a casa. Y aún sin convencerme le hice una pregunta: ¿Marija, estabas ahí, me viste en la capilla? y ella, sonriendo, me respondió: "yo no, pero la Virgen sí". Y desde aquel día he sentido a María en mi vida.

        He descubierto que cada vez que tengo el rosario en las manos, es María quien me toma de la mano. Aquella tarde aprendí otra cosa, que era cierto que hasta ese día había trabajado para Dios. Pero que María quería que trabajara con Dios.

Un profundo e inexplicable cambio

Fue una experiencia bellísima. Porque descubrí que el dolor, puede ser transformado en amor por la humanidad.

        Porque si aquella tarde dije que Dios no existía, después de 12 años puedo deciros que Dios existe. Durante 8 años, viví en el silencio. Viví escondida. Pero hace 2 años, durante un capitulo general de la familia salesiana, Chiara y otras personas importantes me pidieron que contara mi historia. Al principio tuve miedo. Pero cuando aprendes que la vida no te pertenece, que la vida es un regalo..., hice este pacto con Jesús: "Jesús te ruego, si mi vida, mi historia, sirve a un solo joven a encontrar tu misericordia, daré mi vida por esto".

Seguridad en medio de la indigencia

Queridos Jóvenes: no tengáis miedo al sufrimiento. El sufrimiento existe. El mundo os enseña que no existe. El mundo os enseña a ocultar el sufrimiento. Pero Jesús nos ha enseñado a vivirlo con Él. Lo que tiene clavado a Jesús a la cruz no son los clavos sino el amor que tiene por cada uno de nosotros… Os ruego, como decía San Francisco, no permitáis que el amor de los amores no sea amado. Llevemos el amor de Dios a todo el mundo. La Madre Teresa decía: somos gotas en el mar, pero tantas gotas hacen un océano.

        Queridos Jóvenes: os puedo decir una cosa: hay un Dios que nos ama. Que debemos experimentar la alegría. La alegría de Cristo resucitado. Ese pedazo de pan que nosotros adoramos, ese pedazo de pan con el que nos nutrimos. Ahí está realmente el cuerpo de Jesús. Y lo digo con un gran dolor, porque los satanistas creen más que nosotros que ahí está el cuerpo de Jesús. Nosotros tenemos que empezar a creer. Tenemos que empezar a vivir a Jesús. San Pablo decía, no soy yo quien vivo, es Jesús quien vive en mí.

        Entonces jóvenes, ya sabéis donde está la verdadera libertad. Está en una sola palabra, en la obediencia. Y lo repito, no escapéis al sufrimiento. Llevadlo con Jesús, y entonces ese sufrimiento se transformará en amor. Me despido con una frase de Edith Stein. Cuando Edith se convirtió le preguntaron: ¿por qué te convertiste a la religión católica? Y ella respondió: "Porque busqué el amor y encontré a Jesús".


 

El oro de Víctor
 

A sus escasos 9 años, Víctor –un niño de Caracas, Venezuela– acababa de perder a su madre después de una larga y dolorosa enfermedad. Lloró mucho y también rezó por ella: «Le pedí mucho a María –mi madre del cielo– que cuidara mucho de mi mamá ahora que se iba con ella. Pero lloré mucho».

 

En noviembre pasado, Víctor se encontraba ante uno de los mayores retos de su vida: el internacional “Torneo de la Amistad” en Querétaro, México. Allí la natación es uno de los deportes más exigentes desde el puno de vista de la resistencia. Víctor lo sabía y entrenó a conciencia. Quería dedicarle al menos una de las medallas a su madre recién fallecida. Habían sido meses duros de intensos entrenamientos y preparación física.

 

Después de dos días de competencias reñidas y agotadoras, Víctor no había podido conseguir todavía ninguna medalla. Cuándo llegó en 4° lugar en la última competencia individual supo que no habría ya posibilidad de dedicarle premio alguno a mamá, pues sólo quedaba la prueba de relevos en equipo y, por su edad, era imposible que lo escogieran para competir. Así se esfumaba su última oportunidad.

 

Sin embargo, en el deporte hay veces en que sale a relucir lo más granado de la humanidad que hay en los atletas, y allí se ensancha el espíritu. Como cuando después de una buena pulida al metal antiguo aparece, bajo el óxido y la pátina del tiempo, el esplendente oro.

 

El equipo venezolano –al que pertenece Víctor– había literalmente "arrasado" con los primeros puestos en todas las competencias. Sólo faltaba Víctor por ganar una medalla... Así que, considerando la ventaja de puntos y la eficacia de sus nadadores, el entrenador, de acuerdo con los relevistas, decidieron ceder un puesto para que «pudiera ganar al menos una medalla». Así lo aseguraron más tarde: «teníamos ventaja y con seguridad la plata sería nuestra».

 

La gente se sorprendió al ver salir a la plataforma a Víctor, que era de categoría inferior y no había registrado buenos tiempos para poder estar en los relevos. Algunos papás protestaron, otros tildaron de ingenuo al entrenador «por arriesgar de manera tan tonta el oro», pues con facilidad «el equipo rompería los récordes de medallas en natación». Sin embargo, ante el pleno acuerdo de los miembros del equipo, los jueces aceptaron.

 

Como era de esperar el equipo caribeño quedó en 2° lugar y se hubieron de conformar con la medalla de plata. Pero justo en el momento de la ceremonia de premiación, un integrante del equipo mexicano –que había obtenido el oro– preguntó intrigado por qué se habían arriesgado a no ganar.

 

Cuando supo que Víctor había perdido a su mamá, que a ella quería dedicarle una medalla y que el equipo entero había cedido un puesto para que pudiese tener al menos la de plata, él mismo se quitó la medalla de oro y emocionado se la colgó a Víctor diciéndole:«toma mi medalla, pues te la mereces más que yo». El público, ante este gesto de nobleza, estalló en un emotivo aplauso. Los dos atletas se fundieron en un abrazo y nos demostraron que a veces la “gloria” no depende del “oro” ganado.

 


 

 La loca de Burundi

"Estar alegre es un regalo para los otros"

 La loca de Burundi, Marguerite Barankitse

Es un ser excepcional que irradia seguridad y reparte alegría. Pertenecía a la familia real de Burundi, la mayoría asesinados en el conflicto entre humus y tutsis. Pudo estudiar dos carreras en Europa. Ahora quiero devolver lo que he tenido la suerte de recibir a los que no tienen esa suerte. Los horrores que ha vivido los ha ejercitado reflexionando frente a los cientos de tumbas que dejó esa guerra fratricida. Sé que los horrores que le infligieron son más que los que me cuenta pero ella está para crear futuro y lo hace a su manera. Sus casas de acogida no son fríos orfanatos sino hogares. 35 de sus hijos están hoy en la Universidad. Cuando se licencien volverán a casa y trabajarán para sus hermanos.. Marguerite llenó de esperanza el auditórium de la Caixa.
 


 

Tengo 50 años. Nací tutsi en una aldea de Burundi. No estoy casada, alimento, cuido, educo y hago de mamá de 10.000 niños. Tengo - 16 nietos. Vivimos en unas casitas que construí en el terreno que heredé. Mi proyecto se llama Casa Shalom . Mis colegas, médicos, abogados, son hijos míos que han vuelto de estudiar en Europa.

 

 ¿Cómo empezó todo?

-Antes de que estañara el conflicto entre hutus y tutsis yo ya había adoptado siete niños, cuatro hutus y tres tutsis.

-Uff.
-Cuando estalló la guerra civil en Burundi nadie quería saber nada de mí, ni siquiera mi familia. Me refugie en el obispado.

-¿Y a cuánta gente recogió por el camino?
-A 72 personas, entre ellos 20 intelectua
les hutus que no querían participar en las matanzas. Los hutus asesinaron a 60 personas de mi familia, obviamente tutsis.

-Empezaron los hutus y se vengaron los tutsis.
-A los pocos días, estaba preparando la comida para toda aquella gente cuando vi acercarse un grupo de tutsis, entre ellos algún familiar, así que pensé que no nos harían daño. Pero entraron, me llamaron traidora, me pegaron, me ataron y los mataron uno a uno delante de mí. Cada vez que mataban a uno me agredían, estoy llena de cicatrices.

-¿Y los niños?
-Yo tenía 11.000 dólares y le dije a uno de los asaltantes que se los daba si salvaba a 25 niños. Pero entre ellos no estaban mis hijos, y tampoco entre los cadáveres. Estaba perdida, mis propios familiares habían matado a mi gente más querida, les rogué que también me mataran a mí, pero nadie quiso hacerlo. Entonces me fui a la capilla y me puse a gritarle a Dios y a reclamarle a mis hijos.
 

-Qué horror, lo siento.
-Pero de repente oí una vocecita: "Mami,
mami". Fue como un milagro. Se habían escondido debajo de la sacristía. Enterré los cadáveres, recogí a los 25 niños y huimos.

-¿Lejos del país?
-No. Yo tenía el remedio para el futuro:
niños hutus y tutsis que se querían y protegían unos a otros. Nos instalamos en casa de unos cooperantes alemanes que habían huido. Si en la zona de los grandes lagos nos ayudamos todos, no tendremos que ir detrás del dinero de los belgas. Hay que darse cuenta de que el amor es muy creativo. 

-¿Y cómo pasó de 32 niños a 10.000?
-Empezaron a llegar huérfanos, niños sol
dado y niños mutilados que nadie quería. En las 40 hectáreas que heredé de mi familia construí casitas para ellos. Yo no tengo orfanatos, tengo hogares y ellos son mis hijos. Los envío a estudiar al extranjero y luego vuelven y me ayudan. Son médicos, psicólogos, abogados, economistas...

 -¿Cómo los alimentaba?
-Periodistas alemanes y belgas comenza
ron a hacer reportajes sobre la loca de Burundi, que a como me llaman en mi país, y los europeos que había conocido de la universidad me enviaron dinero. Luego vino el dinero de los premios y la cooperación.

-¿No volvió a sentirse amenazada?
-Me amenazan todos los días porque hago declaraciones que molestan mucho. Hasta la Iglesia me considera non grata porque les pregunto: "¿Cómo pueden dejar morir a la gente? Ustedes deberían dar su vida por ellos, su silencio es cómplice". Es un milagro que aún esté viva. Le contaré una bonita historia.

 -Bien.
-Uno de los hombres que vino a matarme
hoy es mi chófer. Mientras él me apuntaba con la pistola le dije: "Eres demasiado guapo para ser un criminal. Ven y yo te enseñaré otro oficio que no sea el de matar, porque los que te han enviado tienen a sus hijos estudiando en Nueva York". Fue mi primer alumno del taller mecánico que creé para que los niños soldados aprendieran un oficio.

-No entiendo porqué no la mataron.
-Es un milagro. En otra ocasión detuvie
ron el autobús en el que viajaba. Nos tumbaron en el suelo y comenzaron a matarnos uno a uno. Cuando llegaron a mí, les dije: "He olvidado hacer testamento, acompáñenme y así le daré el dinero a alguien".

-La acompañaron, claro.

-Sí, y aproveché para preguntar a aquellos 4 jóvenes por qué se habían convertido en asesinos. En casa les di de comer y les pedí que me permitieran despedirme de mis hijos. Cuando vieron aquel enjambre de niños felices decidieron quedarse con nosotros. Nada resiste al amor, creo que ése es el secreto.

 

-Parece un cuento de hadas.

-Cuando me encuentro con alguien no puedo evitar verlo como mi hermano, no puedo evitar querer a los demás. Cuando enterré a aquellas 72 personas no me quedé amarga. Yo amo la vida. Me levanto por la mañana y canto porque pienso que estos pocos días que tengo para vivir los tengo que vivir de pie. Estar alegre es un regalo para los otros.

 

-La alegría es contagiosa.
-Tengo la vocación de hacer feliz a losotros y eso es lo que me mantiene. ¿Por qué sigo viva? Porque cuando uno ama la vida, la vida también le ama.

 

-Dicen que robó las cortinas del obispado.

-Los niños llegan desnudos, y cuando he pedido que me envíen  ropa nadie me ha hecho caso, así que descolgué las cortinas y les hice bonitos vestidos, si.

 

-...Y que con las banderas de UNICEF hizo calzoncillos.

-Yo les pedí ropa y ellos se atrevieron mandarme banderitas porque la foto de. 10.000 niños agitándolas era publicidad. Pero la mejor publicidad es que los niños no pasen hambre ni frío. En el mundo necesitamos locos que se atrevan a decir la verdad.

 

-Usted lleva a los niños a ver a los asesinos de sus padres

-Si no se reconcilian con su propia historia y miran de frente la causa de sus desgracias, la ira crecerá con ellos. El perdón es el gran legado del cristianismo en un mundo que no sabe perdonar. IMMA SANCHÍS. La Vanguardia, 23.01.07

 

  Subir al principioo

  A página principal