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- "Mamá, Papá. Voy de regreso a
casa, pero les tengo que pedir un favor: - "Claro," le contestaron. "Nos encantaría conocerlo."
- "Hay algo que deben de saber", - siguió el hijo, "mi amigo fue herido en la guerra. Piso una mina y perdió un brazo y una pierna. Él no tiene a donde ir, y quiero que se venga a vivir con nosotros a casa." - "Siento mucho el escuchar eso hijo. A lo mejor podemos encontrar un lugar en dónde él se pueda quedar."
- "No, papá y mamá, yo quiero que él viva con nosotros."
- "Hijo," le dijo el padre, "tú no sabes lo que estás pidiendo. Alguien que esté tan limitado físicamente puede ser un gran peso para nosotros. - Nosotros tenemos nuestras propias vidas que vivir, y no podemos dejar que algo como esto interfiera con nuestras vidas. Yo pienso que tú deberías de regresar a casa y olvidarte de esta persona. Él encontrará una manera en la que pueda vivir él solo."
En ese momento el hijo colgó el auricular del teléfono. Los padres ya no volvieron a escuchar su voz. Unos cuantos días después, los padres recibieron una llamada telefónica de la policía de San Francisco. Su hijo había muerto después de haber caído de un edificio, fue lo que les dijeron. La policía creía que fue un suicidio.
Los padres destrozados por la noticia volaron a San Francisco y fueron llevados a la morgue de la ciudad para identificar a su hijo. Ellos lo reconocieron, para su horror descubrieron algo que no sabían, su hijo tan solo tenía un brazo y una pierna. |
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Un
fin de semana ordinario
Todo parecía normal... hasta que llegó el accidente en la carretera. Así, una familia feliz de casi 5 miembros quedó reducida, en el espacio de unas horas, a sólo dos: Quique papá y Quique hijo, murieron; Marta, la mamá, aunque sufrió fuertes lesiones en la columna vertebral, sobrevivió, pero desgraciadamente perdió al bebé que esperaba. La pequeña Carmen milagrosamente salió ilesa del impacto protegida por su sillita de viaje. Un golpe de la vida. De ésos que te hacen preguntarte si no llegará un momento en que despertarás y todo se esfumará como una pesadilla nocturna. Y sin embargo no era así. La realidad se imponía y era preciso asimilarla, entre los crujidos del alma que ve perdidos sus mayores bienes: el amor de un gran esposo, Kiks, como le decía cariñosamente Marta, un hijo que apenas se abría a la vida y otro que estaba por ingresar a ella. Marta Oriol, la protagonista de esta historia, escribió un hermoso testimonio a tres meses de distancia del accidente. Vale la pena transcribir algunas partes. Comienza iluminándolo todo con una radiante fe: «Hace ya tres meses que Dios se fijó y eligió a mi marido Quique y a dos de mis tres hijos para hacerles el mayor regalo con que una persona puede soñar; pues aquel 8 de noviembre, rumbo a lo que para nosotros era nuestro pequeño pedacito de cielo en la tierra, quiso regalarles el auténtico Cielo, llevándoselos después de un inesperado e inexplicable accidente». Y después sigue un hermoso "himno a la gratitud": «Gracias a todos los que creyendo en el poder inmenso de la oración os habéis acordado tanto de nosotros porque es esa oración conjunta y unida la que nos sostiene y da la fortaleza para emprender y luchar cada día con valentía. Gracias por vuestras muestras de cariño, que nos impulsan a querer seguir viviendo y a sonreír, aun con lágrimas en las mejillas». A sus papás y hermanos: «Gracias por acompañarme en los momentos en que los ánimos se vienen abajo y el peso del dolor parece vencer. […] Gracias por revestir vuestro sufrimiento y debilidad de fortaleza, para transmitírmela a mí». Y por último, la gratitud a Dios: «Y finalmente, gracias a ti, Dios mío, por el regalo de la fe, que nos permite ver el sentido tan doloroso pero, al mismo tiempo, tan maravilloso que encierra en sí mismo el sufrimiento humano y sin el cual acabaríamos consumidos y abatidos por el vacío y la desesperación». «Gracias también porque aunque con ellos te has llevado también mis sueños, ilusiones, proyectos, mi corazón, ¡mi vida entera!, me has dejado a mí en lugar de a Kiks, llevar el peso de esta cruz. Gracias por haberle dado por adelantado "el Gran Premio" que tanto se merecía, la plena felicidad eterna […] Gracias, Dios mío, porque yo nunca hubiera podido hacer que fuesen tan felices, como sé que lo son junto a Ti en el cielo». En este domingo de Resurrección, en que celebramos el triunfo definitivo de Cristo sobre la muerte, el testimonio de Marta cobra una particular fuerza. Efectivamente, Cristo ha resucitado y la muerte no tiene ya la última palabra sobre nuestras vidas. Podemos mirar al futuro con confianza, si bien no sin dolor. También nosotros estamos llamados a una vida futura mucho mejor que la presente. Allí, como dice la Escritura, «Dios enjugará toda lágrima de nuestros ojos» (cf. Ap 8, 17).
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Lejeune, descubridor de la causa del síndrome de Down, camino de los altares- La Razón - 12.04.07
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Serán en total 400 millones de dólares los invertidos en la primera ciudad católica del mundo. Situada al suroeste de Florida (EE.UU.), ofrecerá los servicios de seguridad, atención médica y legal, gracias al apoyo de los condados vecinos (Collier Country, Immokalee, Naples Community) quienes miran con esperanza a Ave María Town. Todos los conceptos buscarán transmitir el genuino espíritu católico: las escuelas, los campos de golf, un centro recreativo, el parque de agua, el centro comercial con sus cinemas, restaurantes, librerías y cafés. Todo hablará de Cristo y su evangelio.
Cuando el tranvía comienza a recorrer las calles de Ave María encuentra a su paso los nombres “Avila”, “Assisi”, “St Paul”… con el fin de homenajear a los santos. Después, se llega a la Ave María University que brindará una sólida formación ética y religiosa, donde será obligatorio el latín, el gregoriano y los chicos y chicas tendrán dormitorios separados.
En la nueva ciudad, se estará siempre abierto a la vida y se testimoniará el verdadero amor. Por ello se rechaza el aborto, el control antinatural de la natalidad y la pornografía.
Llegados este punto, tenemos que respirar un poco y preguntarnos: Pero… ¿esto es real? Claro, tan real como los ladrillos de la catedral, provista para acoger a 1100 fieles en su primera misa (Nochebuena del 2007). Tan palpable como las 200 familias que ya han adquirido su casa. Tan firme como el apoyo de Jeb Bush y las palabras de aliento del Santo Padre.
Por supuesto, no se han hecho esperar las críticas y objeciones: ecologistas, liberales, grupos políticos e incluso creyentes amenazan a Monaghan y su grupo con ir a juicio ante la corte federal.
«El bien levanta polvo. Algunos no resisten y abandonan la obra; otros perseveran, sacudiéndose las sandalias». Ave María será posible dado que le sostiene el mejor de los motivos: «Mi meta es que el mayor número posible de personas llegue al cielo», dice Thomas Monaghan.
Michael Galligan-Stierle, vicepresidente de la Asociación de Colegios y Universidades Católicas decía: «Sería grandioso, tremendo, el tener tan sólo cinco ciudades como ésta; sólo cinco».
Ave María tiene capacidad para 25, 000 residentes de todos los credos y culturas, porque no se trata de un aislamiento católico ni de un bunker elitista. Ave María es una apuesta por los valores, por un renacimiento moral y religioso ¡Aún hay mucho por luchar y no todo está perdido! En estos tiempos como en los de San Agustín, «si dices basta, haz perecido». |
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Que la Iglesia está a favor de los Derechos Humanos ya lo reconoció Einstein, judío y alemán: "Sólo la Iglesia, entre todos", se refería a las universidades, a la prensa, a los escritores..., "se pronunció claramente contra la campaña hitleriana que suprimía la libertad.
Hoy sucede lo mismo: la Iglesia es la única institución que muestra contra la dictadura de lo políticamente correcto, firmeza y audacia en la defensa de la libertad intelectual y de la libertad moral, la única que se atreve a defender con rotundidad y sin titubeos los derechos de los más débiles e indefensos, de los no nacidos, apoyada en la verdad de la razón, del sentido común y de la ciencia. Es la única institución que no titubea en la defensa de la vida sin fisuras, la única que presta su voz a los que no la tienen, y sin interés alguno, sólo por amor a la verdad y a Dios mismo, creador y amante de la vida.
Como Einstein, siento admiración por la Iglesia a causa de su valentía, y por su labor humanitaria en todos los continentes del planeta. El mismo Paco Rubianes acaba de palpar la labor de los misioneros en Etiopía y lo manifiesta así: "Yo había perdido el sentido del altruismo, del trabajo generoso por los otros. Es impresionante lo que hace ese sacerdote, su trabajo con huérfanos". |
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La Razón / Santiago Martín - 02.05.07
En este contexto tiene lugar el anuncio por parte de la Iglesia de
la beatificación, en octubre y en Roma, de 498 mártires españoles de la
persecución religiosa entre 1934 y 1937. Algunos se preguntan si, con
ello, la Iglesia no está haciendo el mismo juego que el Gobierno, al
recuperar su «memoria histórica» en lugar de dejar que el pasado se
fuera olvidando para el bien de todos. Otros, en cambio, opinan que si
unos desentierran a sus muertos los otros tienen el derecho y el deber
de hacer lo mismo. Creo que el objetivo de la Iglesia con esta
beatificación no es ni lo segundo ni, mucho menos, lo primero. Se trata, ante todo, de hacer justicia y de proclamar que aquellas personas fueron asesinadas no por motivos políticos sino por «odio a la fe». Pero se trata, sobre todo, de proponer a esos mártires como modelo de reconciliación, pues todos ellos sin excepción murieron perdonando. Ese objetivo, el de la reconciliación basada en el perdón, es el que diferencia una «memoria» de otra. Ahí está la clave.
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«Ni Dios, ni amo»
SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, sábado, 5 mayo 2007 ( ZENIT.org).- Publicamos el análisis que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título «Ni Dios, ni amo».* * * VER En el centro histórico de San Cristóbal de Las Casas, en la fachada del antiguo templo de San Agustín, ahora convertido en salón de usos múltiples de la Facultad de Derecho, de la Universidad del Estado de Chiapas, desde hace meses está esta frase: NI DIOS, NI AMO… Algunos piensan que quizá le falta la letra R a AMO, para que diga AMOR, pero nada indica que quien lo escribió no haya tenido tiempo para escribir esa R. Así como está, refleja muchas cosas. En mi concepto, indica el tipo de "cultura" que estamos viviendo: no se quiere ni un Dios, ni un amo; sino cada quien ser dios y amo. En nuestra ciudad, se entrecruzan tendencias de todo tipo: desde anarquistas y extremistas radicales, hasta conservadores y costumbristas tradicionales. Es una ciudad pluricultural, no sólo por la diversidad de razas, mestizas e indígenas, nacionales y extranjeras, sino por la gran diferencia de ideologías. Esto también tiene su atractivo, turístico y económico. El letrero refleja casos como el de una joven de otro Estado, quien dijo a sus padres: "Ya estoy cansada de vivir con ustedes. Quiero irme a otra parte y hacer mi vida; quiero ser yo misma". Y así procedió. Vive en otra ciudad, hace lo que quiere, sin dar cuenta a nadie; pero exige que le paguen estudios, departamento, celular, alimentos, ropa y diversiones. El letrero retrata a los legisladores del Distrito Federal que despenalizaron el aborto durante las primeras doce semanas de embarazo: no aceptan tener un Dios, ni un amo, sino ser amos de vida y de muerte, disponer cuándo empieza la vida humana y cuándo se puede eliminar. No aceptan que haya normas morales universalmente aceptadas, sino que el bien y el mal dependen de sus leyes que hacen; en otras palabras, pretenden ser dioses y amos. Se extrañan que llamemos a no obedecer esa ley y dicen defender el estado de derecho; pero no reconocen al actual Presidente de la República, elegido legítimamente según la ley. JUZGAR Hemos caído en lo que el Papa Benedicto XVI calificó como "dictadura del relativismo", que es regirse sólo por el criterio personal y decidir sin referencia a ninguna ley moral. Es lo que algunos tratan de legitimar: que nadie, ni las iglesias, ni Dios, normen la vida personal, la familia, la política, la economía, la cultura, la comunicación. Para ellos, la conciencia es absoluta, sin referencia a ninguna ley sagrada; cada quien rige sus costumbres y decisiones, sin que nadie le pueda objetar o corregir; puede hacer de su cuerpo lo que quiera, aunque sea matar al nuevo ser ya concebido. ¡Nada por encima de su decisión! ¡Ni Dios, ni amo! Cada quien haga lo que quiera. Al iniciar el Cónclave para elegir al nuevo Papa (18 de abril de 2005), el entonces cardenal Joseph Ratzinger describió así este fenómeno de la sociedad actual: "¡Cuántos vientos de doctrina hemos conocido durante estos últimos decenios!, ¡cuántas corrientes ideológicas!, ¡cuántas modas de pensamiento!... La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido zarandeada a menudo por estas olas, llevada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo hasta el individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo, etc. Cada día nacen nuevas sectas y se realiza lo que dice San Pablo sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia que tiende a inducir a error (cf Ef 4,14). A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalista. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina, parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos". Expresión de este relativismo moral, es la obsesión de personas, grupos, organizaciones y medios informativos por desmoronar y socavar los cimientos de las instituciones. Su éxito editorial, político y económico es hacer quedar mal a toda autoridad, empezando por la del hogar. Se ensañan contra cualquier jerarquía, civil y militar, penal y legislativa, eclesiástica y religiosa. Quieren deshacerse de normas absolutas y se rebelan contra todo lo establecido. Son como los adolescentes, que quieren hacerse valer prescindiendo de la autoridad paterna, a la que recurren sólo cuando se les acaba el dinero y no saben qué hacer. Entonces, reclaman a sus padres, como si éstos fueron los culpables de sus males. No se acepta ninguna censura y se exige libertad para todo: para posar desnudos, para decir, cantar, pintar, gritar y ofender, aunque se hieran sentimientos de otros. En la publicidad comercial y en muchos programas, lo que importa es vender y obtener placer, aunque se incite al pecado y al libertinaje. Niños y adolescentes, jóvenes y mayores, al ver tantas escenas eróticas, ¿no se sienten atraídos a experimentar cuanto allí se muestra? Se necesita mucha madurez para rechazar las múltiples incitaciones y mantenerse puros y castos. Se invoca el laicismo, descalificando algunas intervenciones éticas de la jerarquía católica como intromisión indebida de la Iglesia en la política y en la vida ciudadana, ignorando que la fe cristiana no es sólo una práctica religiosa, sino una actitud de vida, una luz que norma decisiones y conductas. Rechazan el influjo de la religión, como si ésta debiera reducirse a la conciencia personal, al hogar y al interior de los templos. Quizá, al rechazar a la jerarquía eclesiástica, están pretendiendo prescindir de Dios, para ser dioses y amos ellos solos. ACTUAR ¿ Qué hacer ante esta corriente que arrastra todo? ¿Enfrentarnos y medir fuerzas? ¿Aislarnos y amargarnos? No. Los cristianos tenemos un camino cierto y seguro, que es Cristo, y que debemos ofrecer, no imponer, a los demás, como decía, en la misma ocasión, el entonces cardenal Ratzinger: "Nosotros tenemos otra medida: el Hijo de Dios, el hombre verdadero. El es la medida del verdadero humanismo. No es adulta una fe que sigue las olas de la moda y la última novedad; adulta y madura es una fe profundamente arraigada en la amistad con Cristo. Esa amistad nos abre a todo lo que es bueno y nos da el criterio para discernir lo verdadero y lo falso, entre el engaño y la verdad. Debemos madurar este fe adulta; debemos guiar la grey de Cristo a esta fe". Desde la familia y la parroquia, hay que cimentar esta fe sobre bases sólidas, para que las corrientes contrarias no la derrumben. Yo estoy convencido de que Cristo es el único camino, la única verdad, la única vida. Quien lo encuentra, tiene certeza y seguridad. + Felipe Arizmendi Esquivel, Obispo de San Cristóbal de Las Casas |
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uida
a nuestros niños
Fuente: www.buenas-noticias.org Autor: Juan Pablo Ledesma, L.C.
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El Papa planta cara a los narcotraficantes parar recordarles su responsabilidad ante Dios al visitar una comunidad de recuperación de toxicómanos en Guaratinguetá
Fue el mensaje central que dejó al visitar la comunidad de la Hacienda de la Esperanza, situada en Guaratinguetá, a 180 kilómetros de Sao Paulo, creada en 1979 para la recuperación de jóvenes toxicómanos y alcohólicos, y para la acogida de madres solteras, de familias necesitadas, de personas sin techo y de enfermos de sida en fase terminal.
Citando datos estadísticos preocupantes sobre la dependencia de sustancias estupefacientes, tanto en Brasil como en América Latina, el Papa alzó la palabra para dirigirse a los narcotraficantes y pedirles «que reflexionen sobre el mal que están haciendo a una multitud de jóvenes y adultos de todos los estratos sociales».
«Dios les pedirá cuentas de lo que han hecho», exclamó el Papa ante unos dos mil jóvenes de diferentes países que le dieron una calurosa bienvenida en la Hacienda de la Esperanza.
El pontífice subrayó que «la dignidad humana no puede ser pisoteada de este modo. El mal provocado recibe la misma reprobación que Jesús expresó a quienes escandalizaban a los “más pequeños”, los preferidos de Dios».
Los jóvenes cantaron y bailaron para el pontífice, y algunos narraron testimonios duros de vidas rescatadas de las cadenas de la drogadicción.
Antonio, de Guaratinguetá, reveló que ha hecho uso de drogas desde los doce años. Un día, en la esquina donde se reunía para tomar droga, se encontró con un joven, Nélson Giovanelli dos Santos, que trataba de entablar amistad con los drogadictos del lugar, pero no para venderles droga, sino para ofrecerles el rescate en la Hacienda de la Esperanza.
Un joven ruso reconoció que su «vida era una pesadilla» y explicó que entró en la Hacienda de la Esperanza porque le parecía su «última esperanza». Después de una primera fase del tratamiento muy difícil, aseguró que había logrado superar la dependencia.
«Lo más importante es haber encontrado a Dios. Todos decían que Dios no existía, pero Él existe», dijo.
Una joven alemana contó que llegó a la Hacienda después de haber tratado de suicidarse. «Sólo el amor del prójimo pudo transformarme», aseguró. Tras haberse detenido en más de una ocasión a causa de las lágrimas, afirmó: «no hay mayor felicidad que dar la vida por los hermanos».
El Papa deseó «paz y bien» --lema franciscano, como franciscano es el misionero alemán que fundó esta Hacienda, Fray Hans Stapel, O.F.M.-- a todos los que se encuentran en fase de recuperación, «así como a quienes se han restablecido, a los voluntarios, a las familias a los antiguos internos y a los bienhechores» de todas las Haciendas de la Esperanza, 32 en varios países del mundo.
El Santo Padre recordó a los jóvenes que «Jesús viene y toca, con toques suaves, en lo profundo de los corazones», añadiendo que el Señor se sirve «de un amigo, de un sacerdote», «o predispone una serie de coincidencias para daros a entender que sois objeto de la predilección divina».
Lo que más impresiona al Papa de esta Hacienda «son las conversiones, el encuentro de Dios y la participación activa en la vida de la Iglesia», pues «no es suficiente con cuidar del cuerpo, es necesario embellecer el alma con los dones divinos más preciosos, alcanzados con el Bautismo».
Al final de su discurso dirigió su pensamiento a «otras muchas instituciones de todo el mundo que trabajan para restituir vida, y una vida nueva, a estos hermanos nuestros presentes en nuestra sociedad, a quienes Dios ama con un amor preferencial».
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Al inicio, varios lo llamaron para asegurarle que estaban con él en su dolor. Le ofrecieron su apoyo incondicional. Le dijeron que no se preocupara, que cualquier cosa que necesitara, podía contar con ellos. Todo marchaba así hasta que recibió la visita de Roberto: «Santi -le dijo sonriendo-, te felicito. ¡Acabas de ganar un alma para el cielo!» Santiago le miraba algo extrañado. «Sí -continuó-, tu hijo llegó con un boleto directo al cielo, sin escalas. ¿Recuerdas eso de dejad que los niños vengan a mí? Pues mira, tu hijo siempre será un niño, se mantendrá inocente, cándido, puro. ¡Se irá directo al cielo!». Muchas veces nos olvidamos de lo que realmente vale. Al final de la vida no contará la inteligencia sagaz ni la hermosura despampanante. Lo que a fin de cuentas valdrá será la belleza de nuestra alma. Por eso Santiago puede decir sin reparos que ya cumplió con la misión más importante de la vida de todo padre: llevar a su hijo al cielo. Ahora quiero contarles lo que Nicolás Brown me ha relatado. Él -mejor conocido como el «Guatón Brown»- no vino al mundo solo. Llegó hace 19 años de la mano de su hermana melliza, Rosario, quien padece síndrome de Down. «Al inicio, mi mamá se entristeció porque no entendía bien lo que Rosario sufría. Lo único que sabía era que tenía una enfermedad. Fue un trauma muy fuerte. Por un lado me veía a mí, gordo, inquieto, lleno de vida. Y por otro, a mi hermana, delgada, débil, con dificultades en el corazón». «Mi mamá se agotaba con todos los cuidados que debía prodigarle. Pero se dedicó a darle amor. Y ahora mi hermana se ha convertido en el centro de la familia. Si todos nos reunimos para algo, suele ser para celebrar cualquier cosa con mi hermana. Sin ella, estoy seguro que todo sería diferente». Y continúa con una carcajada: «Es una niña inocente, un verdadero ángel. Para ella no hay maldad. Manifiesta lo que siente y piensa. Además, le vuelven locos los bebés y los animales. Cuando ve uno, no puede dejar de manifestar su admiración. En cierto sentido, ella valora lo que nosotros damos por descontado: la vida». Rosario ahora estudia en una universidad de Santiago de Chile llamada Complementa. Ahí le ayudan a desarrollar su vida con normalidad. Además, le enseñan un oficio en el que luego podrá trabajar, como la repostería o la jardinería.
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