XIX
| Francisco Martínez García |
| El gol más hermoso de Kaká |
| Solzhenitsyn: «Nos habíamos olvidado de Dios» |
| La joven madre que hizo llorar al Papa |
| El fusil por el Rosario |
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Los misioneros y la conquista de América: el sermón de Fray Montesinos en 1511 Forumlibertras.com
En su viaje a Brasil el Papa dijo que la fe no se impuso a los indígenas. De inmediato muchos empezaron a contar diversas masacres y abusos de los conquistadores españoles. Sin embargo, los críticos son incapaces de separar entre los conquistadores y los evangelizadores, ni son capaces de matizar en procesos complejos que duraron siglos a lo largo de un continente en muy diversas circunstancias. En ForumLibertas.com nos ha gustado un artículo de Hesiquio Trevizo en El Diario de Chihuahua (www.eldiariodechihuahua.com.mx) recordando el papel de los misioneros y religiosos en defensa de los indios al menos desde el sermón de Fray Antonio de Montesinos en 1511. Republicamos la mayor parte de este artículo. (....) Ciertamente, el recuerdo de un pasado glorioso no puede ignorar las sombras que acompañaron la obra de evangelización: no es posible olvidar los sufrimientos e injusticias que infligieron los colonizadores a la población indígena, pisoteada a menudo en sus derechos fundamentales. Pero el deber de mencionar estos crímenes injustificables, condenados ya entonces por misioneros como Bartolomé de las Casas y teólogos como Francisco de Vitoria de la Universidad de Salamanca, no deben impedir reconocer con gratitud la maravillosa obra que ha llevado a cabo la gracia divina en esas poblaciones a lo largo de los siglos. Benedicto XVI, en Roma
el 22 de mayo de 2007, La Iglesia y la colonización Lo que es México comienza a existir con la "Conquista". Abusos lo hubo, (y los sigue habiendo). Pero defensas heroicas, las hubo igual. A modo de ejemplo trascribo un episodio que muestra la defensa de los indios que hicieron los misioneros denunciando los abusos injustificables de los colonizadores. (No hubo nada igual en la colonización de lo que hoy es Estados Unidos). Fray Antonio de Montesinos "El domingo anterior a la Navidad, en 1511, el dominico Antonio de Montesinos pronunció en la isla de Hispaniola (Haití), en una iglesia con techo de cañas, un sermón "revolucionario". Comentando el texto "Soy una voz que clama en el desierto" (Jn. 1,23), Montesinos emitió la primera protesta pública importante y deliberada contra la clase de trato que sus compatriotas infligían a los indios. Esta primera llamada hecha en el Nuevo Mundo en nombre de la libertad humana fue esencial en la historia de América y, según la expresión de Pedro Henríquez Ureña, uno de los grandes acontecimientos de nuestra historia espiritual". Así empieza la reciente obra de Lewis Hanke, 'Colonisation et conscience chrétienne au XVI siécle', historiador de gran calidad que no compromete la apologética ni idealiza una teología prematura. El sermón, pronunciado ante la minoría dirigente de la primera ciudad española fundada en el Nuevo Mundo, escandalizó e indignó a sus oyentes. Montesinos clamaba con voz de trueno: "Para hacernos conocer vuestras faltas contra los indios he subido a este púlpito, yo, la voz de Cristo que clama en el desierto de esta isla; debéis, por tanto, escucharme, no distraídos, sino con todos vuestros sentidos y con todo vuestro corazón, para oír esta voz, la más extraordinaria que habéis oído jamás, la más áspera, la más severa, la más temible que jamás hayáis pensado oír. Dice que estáis en estado de pecado mortal, que vivís en este estado, que moriréis en él, a causa de vuestra crueldad hacia una raza inocente. Decidme, ¿qué principio, qué justicia os autoriza a mantener a los indios en una tan horrorosa esclavitud? ¿Con qué derecho habéis declarado una guerra tan atroz contra esta gente que vivía pacíficamente en su país? ¿Por qué dejáis en tal estado de agotamiento, sin alimentarlos suficientemente, sin preocuparos de su salud? Porque el trabajo excesivo que le exigís, los abruma, los mata. Mejor dicho, sois vosotros los que los matáis, queriendo que cada día os traigan su oro. ¿Por ventura no son hombres? ¿No tienen una razón, un alma? ¿No tenéis el deber de amarlos como a vosotros mismos? Estad seguros de que, en estas condiciones, no tenéis más posibilidades de salvación que un moro o un turco". Después de esto, Montesinos, con la cabeza erguida, abandonó precipitadamente la iglesia, entre los murmullos de los administradores y de los colonos, estupefactos e irritados. Éstos fueron en masa a la residencia del Gobernador, para protestar contra el sermón, en el cual veían una negación escandalosa de la soberanía real sobre las Indias. Enviaron también una delegación indignada al convento, para exigir excusas y una desautorización. El superior, Pedro de Córdoba, a quien no impresionó la amenaza de hacer expulsar al religioso agresivo, les afirmó que Montesinos había hablado en nombre de la comunidad de los dominicos. Prometió, no obstante, que Montesinos volvería a tratar del tema en su sermón del siguiente domingo. Ante lo cual, los colonos se retiraron, convencidos de que no habían obtenido una satisfacción. (Lo trágico de la situación es que la injusticia que denunciaba fray Montesinos es cruelmente actual y hoy ni existen sermones que lo denuncien ni quienes los oigan). Contaban con una explicación, y la noticia corrió rapidísimamente, así, el domingo siguiente, la mayoría de los notables españoles se apretujaban en la iglesia. Montesinos subió al púlpito, y tomó como tema este texto poco tranquilizador. "Soporta todavía por un instante mis palabras, y yo te diré lo que tengo que añadir en nombre de Dios". En vez de hacer rectificaciones sutiles de su primer sermón, se cebó con nuevo ardor en los colonos, advirtiéndoles que, en adelante, los religiosos les negarían la confesión y la absolución, como si fuesen ladrones de camino real. Y que podían escribir a España lo que quisieran y a quien quisieran. Este discurso pronto tuvo eco en España, incluso en la Corte. El 20 de marzo de 1512, Fernando ordenó al Gobernador que hiciera entrar en razón a Montesinos. Si el dominico y sus hermanos de la comunidad persistían en su error, ya condenado diez años antes por una asamblea de sabios, de teólogos y de canonistas (¡uufff!) reunidos para discutir sobre la cuestión, el Gobernador debía remitirlos a España en el primer barco, a fin de que su superior español pudiera castigarlos, porque "harán mucho daño por cada hora que pasen en las islas con ideas tan nefastas". Tres días más tarde, el 25 de marzo de 1512, el superior español de los dominicos, Alonso de Loayza, amonestaba a Montesinos en un mensaje oficial al provincial de Haití, a quien ordenaba prohibir la predicación de una doctrina tan escabrosa. Entonces comenzó el primer gran combate por la justicia en el Nuevo Mundo. Las injusticias son hoy flagrantes en nuestro Continente, y la pobreza, la desigualdad, el nuevo colonialismo --contra el que nadie dice nada--, son el común denominador; seguimos siendo el Continente explotado y pobre. Por ello mismo la lucha de denuncia, debe de continuar en este caso, desde la originalidad del evangelio, a ejemplo de Montesinos, de Bartolomé de las Casas, de Tata Vasco, y muchos otros. Si usted quiere entender las raigambres políticas que se han movido a lo largo de cinco siglos en el continente, y no le gusta echarse a cuestas pesados tomos de historia, le recomiendo --pero, hágalo--, la película "La Misión", una extraña joya de la cinematografía contemporánea. Ahí va a descubrir usted, por una parte, la acción de los misioneros, en este caso los jesuitas, en las "reducciones del Paraguay", un modelo de organización social que de haber triunfado, escribe J. V., no hubieran surgido los Estados Unidos como poder hegemónico del Continente. La destrucción de "las reducciones" fue el efecto de los conflictos religiosos europeos cuando la franco masonería apoyándose en las casas borbonas logró desterrar de todos los territorios españoles a los jesuitas. O bien, si le gusta leer, y es chihuahuense, puede leer "Las Antiguas Misiones de la Tarahumara", escritas por Peter Masten Dunne, S.J., obra reeditada por el entonces gobernador Patricio Martínez. Entonces, he de cambiar el título de este artículo; en vez de "El Papa debe de tener cuidado", deberíamos titularlo "Debemos tener cuidado con lo que se dice y escribe en los medios". |
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Una, por la
mañana, en la localidad de Perichín, cuando un servidor se
escapó
del grupo
y de los guías, todavía comunistas, y al avistar una iglesia, a ella me
dirigí. A la puerta había unas ramas que tenían flores a medio reventar.
Llegó el momento de la Consagración, y me arrodillé, mientras, por mi cara, mirando al suelo, por el milagro al que asistían, corrían unas lágrimas. Daba gusto escucharles cantar, rezar, darse la mano.
Cristo Jesús había entrado, de nuevo, victorioso, en la URSS, soviética...
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La superación de un estado de coma en Polonia, nueva objeción a la ideología pro-eutanasia
Las páginas del diario italiano «Avvenire» se hicieron eco el jueves de la experiencia de Jan Grzeb-ski invocando para los enfermos «vegetativos» el principio de precaución.
Un trauma craneal terminó precipitando al ciudadano polaco, en 1988, en un estado de inconsciencia. Los especialistas le dieron dos o tres años de vida. Sin embargo su esposa, Gertruda, mantuvo la esperanza y se ocupó de sus cuidados.
La reciente recuperación de Jan --padre de cuatro hijos-- de este estado, después de 19 años, le ha permitido conocer a once nietos.
«Mi esposa me ha salvado; no lo olvidaré jamás», declaro a la televisión polaca.
Subraya el diario católico italiano la renovada objeción que este suceso representa para cuantos invocan la eutanasia para enfermos en estado prolongado de inconsciencia. «La falta de consciencia no quita al hombre su intangible dignidad», escribe.
Denuncia igualmente cómo la noción de «estado vegetativo» que se emplea en algunos de estos casos induce erróneamente a pensar que el sujeto sea más un vegetal que un ser humano.
«Sería mejor evitar tanto la noción de "estado vegetativo" como hablar de privación "permanente" de la consciencia -añade-, porque no existe la certeza absoluta de que un paciente no pueda jamás volver en sí».
Advierte finalmente el diario: «No de eutanasia tienen necesidad estos enfermos, sino de amor, del que no se rinde ni se desanima. El de la esposa de Jan». ZS07060808 |
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«Tú
sabes que creo»
Varios años después de la tristemente famosa matanza
de Columbine, el testimonio de Rachel Joy Scott sigue tocando los
corazones de millones de personas. Su familia fue poco a poco
descubriéndonos el interior de su alma, principalmente con la
publicación de sus poemas, diarios y dibujos. La tercera de cinco hermanos, Rachel era una de esas
criaturas que no merecería morir jamás. Joven alegre, estudiosa, con
deseos de ser actriz y muy religiosa; se tomaba en serio su amistad con
Cristo. Así lo demuestra uno de sus escritos: «¡Ve tras de Dios! Donde
sea que quiera llevarte, ve. Y no pongas la excusa "sólo soy un
adolescente" o "lo haré cuando crezca", porque no es así como funciona.
¡Dios quiere conocerte ahora!». Rachel no quería ser «etiquetada como una simple
estadística», como escribiría, sino que tenía muy claro qué es lo
importante en la vida. Lo sintetizó perfectamente en la portada de uno
de sus diarios: «Ni para provecho de mi gloria, ni para provecho de mi
fama, ni para provecho de mi éxito. ¡Por el provecho de mi alma!». Era muy consciente de que lo que hacía tenía un
sentido de eternidad. Sus poemas son los que, sin duda, transmiten mejor
esta visión: «¿Qué pasaría si murieras hoy? ¿Qué sería de ti? ¿Adónde
irías? No tienes asegurado el mañana, sólo es una posibilidad. Y puede
que no la tengas. Y después de la muerte, ¿qué? ¿Dónde piensas pasar la
eternidad?». Y concluía con esta resolución: «La eternidad está en tus
manos, ¡Elige!». Pero lo que tal vez impresiona más, entre todo el
material, es el dibujo que pintó quince minutos antes de su muerte: sus
ojos, de los que se desprenden trece lágrimas cayendo sobre una rosa.
¿Qué es lo extraordinario? Que trece fueron las víctimas esa mañana y
que muchas confesiones cristianas en los Estados Unidos simbolizan la
Resurrección de Cristo con una rosa (en inglés "rose", que, en un
juego de palabras, se traduciría "Él resucitó"). En los momentos duros, Dios elige siempre almas como
Rachel para lanzarnos un aviso. Ellos son como esas señales de tráfico,
que nos van guiando hacia dónde dirigir nuestro camino. Hoy, nos invita también a nosotros para que seamos
testigos de su amor y, cómo no, será la misma Rachel quien nos dará el
modo de llevarlo a cabo: «Yo te desafío a escuchar y ver lo que Dios
puede hacer. Asume el riesgo, dale una oportunidad, confía en Dios. Y
verás lo que Dios es capaz de hacer con un corazón entregado».
( Con datos de: Alba, del 18 al 24 de mayo de 2007.
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Francisco Martínez García: Forumlibertas.com
Reproducimos un semblante que sobre Francisco Martínez García escribe María Martínez López en el interesante semanario católico "Alfa y Omega" ( www.alfayomega.es )
Lo describe como alguien «bueno, cariñoso, cercano, preocupado por todo lo nuestro, incluidos los detalles más mínimos», y guarda en el recuerdo «las conversaciones con él de cosas pequeñas, pero que enseñaban para toda la vida».
El profesor masón
La cátedra de Historia -lo narra don León Chicote, postulador de la Causa de canonización- la ocupaba un alto cargo de la masonería española. Al negar en una de sus explicaciones la existencia de Dios y del alma, Francisco se levantó y replicó: «Querido profesor, aquí venimos a aprender Historia, no Religión». Después, brevemente, le rebatió. El catedrático sólo supo decirle que «tenía cara de haber estudiado con frailes», a lo que Francisco respondió: «A mucha honra». Después de este ejemplo, otros compañeros se levantaron a apoyarle. Años después -cuenta María Francisca-, su padre no pudo ocupar la cátedra de Filosofía en el Instituto de Murcia, hasta que dejó de estar en el tribunal un miembro que le había prometido: «Mientras no seas de los nuestros, no serás catedrático».
Llevó el alcantarillado a Murcia
En tan sólo dos años como alcalde de Murcia, entre 1926 y 1928, llevó el alcantarillado y el agua corriente a la ciudad, subió los sueldos de los empleados del Ayuntamiento, que consideraba ínfimos, y se preocupó por la construcción de una nueva cárcel, pues conocía las pésimas condiciones en las que vivían los presos. También se mostraba muy orgulloso de que durante su mandato se hubiera entronizado al Sagrado Corazón de Jesús en la diócesis, y coronado a la Virgen de la Fuensanta. (…)
Al ver que la situación de España y de la religión empeoraba, ante las elecciones de 1936 se sintió en la obligación de comprometerse más en política. «Estudió a fondo los programas de los partidos -explica su hija María Francisca- y se decidió por la Comunión Tradicionalista. Pero no le persiguieron por ello, sino porque era, de forma manifiesta y activa, un defensor de la fe». Así se lo dijo después de su muerte un miliciano a una hermana de María Francisca: «No había más remedio que matarlo, porque había pruebas de que era muy católico». (…)
«Servidor de ustedes»
La familia estaba de vacaciones en Tribaldos (Cuenca). El 5 de agosto, Francisco Martínez vio cómo un camión de milicianos empezaba a rodear la casa. Hizo salir a su mujer y sus hijas, y esperó. «Servidor de ustedes», contestó a los milicianos que preguntaban por él. Después de registrar la casa, él y una empleada fueron llevados a la iglesia, usada como cárcel. La empleada contó después cómo, durante las cinco horas que duró su cautiverio, Francisco permaneció en oración en los primeros bancos. Sólo interrumpió su oración para consolar y animar a los demás, que estaban atrás, nerviosos y asustados. «Nunca he estado tan preparada para morir», afirmaba la empleada. A las nueve de la noche, los hombres fueron fusilados a la salida del pueblo. Al exhumar el cadáver de Francisco, encontraron el rosario entre sus dedos.
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“No fue fácil llegar al matrimonio sin haber estado nunca con una mujer”. Y concluye: Si hoy nuestra vida es tan bella, creo que sea porque hemos sabido esperar”.
No cabe duda que con este gesto, lleno de heroísmo por lo que comporta esta vivencia en nuestros días, Kaká ha metido uno de los goles más bello de su carrera: el del auténtico testimonio de vida. |
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Solzhenitsyn, sobre la revolución rusa y sobre el mundo de hoy: «Nos habíamos olvidado de Dios»
En este año 2007 se cumple el nonagésimo aniversario de la revolución de 1917, que dio lugar al primer totalitarismo mundial. Alexander Solzhenitsyn, Premio Nobel de Literatura en 1970, ha editado medio millón de copias de su librito Reflexiones sobre la revolución de febrero, en el que analiza los hechos acaecidos en un momento histórico, brevísimo pero denso en consecuencias capitales, que dieron lugar al golpe de mano bolchevique. Este texto fue publicado en 1983: «En aquel momento -cuenta Solzhenitsyn-, sentí la necesidad de expresar de forma concreta algunas conclusiones sobre aquella sucesión de hechos históricos amargos. Hoy, a un cuarto de siglo de distancia, estas conclusiones pueden ser aplicadas a nuestra situación actual, por la inquietante carencia de principios sólidos».
El autor de Archipiélago Gulag busca, en cada nudo de la Historia, el papel central del hombre y su responsabilidad. Constata que los hechos que provocan los grandes sucesos históricos tiene siempre actores individuales detrás. Y va más allá: «Cuando hablamos de causas, debemos considerar también las circunstancias remotas, de naturaleza profunda, prolongadas en el tiempo, y no sólo las causas inmediatas que han provocado los hechos. Las sacudidas pueden destruir un sistema inestable, pero ¿por qué era inestable el sistema?»
Solzhenitsyn analiza el papel del zar Nicolás II, y dice de él que era «un cristiano en el trono», pero un cristiano que había perdido el conocimiento auténtico de la fe, con una mal entendida concepción de la unción divina, un mal entendido apego a la familia, un mal entendido sentido del sacrificio.
Las interpretaciones históricas más acreditadas describen la revolución rusa como una improvisada explosión popular, en parte espontánea y en parte dirigida por grupos revolucionarios, provocada por la carestía de alimentos por la que pasaba la capital rusa y la mala conducción de las tropas en el frente.
En este punto, Solzhenitsyn no tiene dudas; no nos encontramos frente a una revolución en sentido clásico, sino ante una revolución «de decurso lento», construida durante años por una mentalidad y una cultura radicales: «La revolución es el caos con un fundamento invisible. Pudo vencer aunque no hubiera sido dirigida por nadie». Para él, la fuerza fatal que explica aquellos días fatales, el verdadero motivo sustancial, no es material, sino espiritual: «Desde el punto de vista material, fue el trono el que cayó. Pero mucho antes había caído el espíritu, el del propio zar y el del Gobierno.
La revolución fue producida por algo bastante anterior a la revolución misma». Solzhenitsyn se refiere a la ideología liberal-radical que había ido penetrando el tejido civil durante décadas, contagiando no sólo a los progresistas, sino también a los ambientes aristocráticos: «Se había extendido -afirma- a la Administración estatal, a los ambientes militares, incluso al clero y el episcopado. También el Gobierno, abandonado a una resignada impotencia, en los últimos meses no creía ni en sí mismo ni en nada de lo que hacía».
El último paso con el que Solzhenitsyn concluye su análisis alude a la causa de las causas: «Recuerdo muy bien que, en los años veinte, muchos ancianos afirmaban con seguridad: Nos han sido enviados estos desórdenes porque el pueblo se ha olvidado de Dios. Pienso que esta explicación popular es más profunda que cualquiera de las conclusiones que han aparecido en todo el siglo XX gracias a las más refinadas indagaciones históricas. Diré más: si aceptamos esta explicación, debemos considerar que la revolución rusa y sus consecuencias no son algo exclusivamente local, sino que ha actuado como catalizador de toda la historia mundial del siglo XX». Mará Quadri Alfa y Omega, nº 522 – 28.VI.07 |
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La joven madre que hizo llorar al Papa
De entre los numerosos
testimonios escuchados durante el encuentro de Benedicto XVI con los
jóvenes, (septiembre 07) celebrado en el Santuario mariano de Loreto
(Italia), hubo una voz que conmovió especialmente al Papa y al cerca de
medio millón de católicos congregados. Una voz clara y juvenil, capaz de
provocar con sus palabras desgarradas, pero también con su testimonio de
lucha y superación apoyada en la fe, que tanto el Santo Padre como
muchos de los congregados no pudieran aguantar las lágrimas. Era la voz
de Ilaria Cutini, una joven romana de 26 años que narró el calvario por
el que pasó durante años debido a la anorexia, una enfermedad que la
devastó con una violencia «silenciosa pero profunda». Los problemas de Ilaria, que afloraron en forma de trastornos alimenticios y varios intentos de suicidio, comenzaron de la misma manera que se inician las dificultades de otros muchos jóvenes y adolescentes: con la desestructuración de la familia, una institución que, como recordó Benedicto XVI, se encuentra «hecha añicos».
Los primeros conflictos
surgieron para Ilaria con un padre «ausente pero violento»; después vino
el divorcio de sus padres, que acabó de sumirla en un estado de
desesperación con numerosos ataques de pánico, en el que no tardó en
aparecer la anorexia. Presa de su introversión y sufrimiento, Ilaria no
era capaz de exteriorizar sus problemas y cada vez se encerraba más en
sí misma. Así transcurrió su adolescencia, un período en el que «todo
era negro y sólo respiraba oscuridad». Llegó un momento en que su
depresión era tan grande que «no quería vivir más. Me convertí en la
sombra de mí misma».
Por fortuna, Ilaria fue capaz de
ver la luz al final del túnel y «comenzó a volver a subir la cuesta».
Para ello, se apoyó en los que han constituido los cinco pilares de su
recuperación: la fe, el sacerdote de su parroquia, la terapia con un
médico católico, la participación en las Jornadas Mundiales de la
Juventud y las palabras de ánimo de una amiga.
Así, poco a poco se empezó a
sentir mejor y volvió a comer. «La primera cosa que probé fueron unas
albóndigas, todavía me recuerdo», confesó Ilaria al diario italiano «Il
Messaggero». Tras superar su calvario, la joven encontró el amor, fundó
su propia empresa y ha tenido un hijo. «No es que los problemas se hayan
resuelto de forma mágica, pero afronto el futuro con confianza, con el
afecto de mi hijo Alessandro y de mi marido», dice esperanzada Ilaria. Con absoluta naturalidad, la joven subió al palco el pasado sábado y contó a los más de 400.000 asistentes su peculiar historia. Benedicto XVI, que escuchó con mucha atención el testimonio de todos los jóvenes que participaron en la ceremonia, los cuales también narraron otras experiencias de dificultad y superación, no pudo evitar conmoverse al escuchar a Ilaria, a la que abrazó con cariño cuando terminó su intervención. «Lo he sentido muy cercano. Me ha sonreído y me ha preguntado dónde estaba mi hijo. Le dije que se encontraba entre el público, así que a la mañana siguiente paró el Papa-móvil donde estábamos y lo tomó en brazos», contó Ilaria con una sonrisa en los labios.
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El fusil por el Rosario Fuente: www.buenas-noticias.org Autor: Jorge Enrique Mújica, L.C.
Matilde de Luis entró en el ejército español en 1999. Especializada en la construcción y reparación de puentes, fue destinada a trabajar por la paz en la zona conflictiva de Kosovo en septiembre de 2002. Como buena “pontonera” se encargó de reconstruir los puentes que habían sido destruidos por las bombas. Presenció en primera persona el horror dejado por la guerra: miedo, escasez de alimentos, carencia de servicios de agua, luz o drenaje, enfermedad… Así, en medio de aquel triste espectáculo comprendió que el mundo debía cambiar y que para conseguirlo la primera en cambiar debía ser ella. Después de seis meses en los Balcanes y tras una reflexión firme y meditada manifestó una decisión que hacía girar su vida 180 grados ante la sorpresa y pasmo de todos. “No sabía qué hacer -revela Carlos de Luis, papá de Matilde-; se lo dije a mi mujer y me puse a caminar por la calle pensando en la decisión de mi hija. Hoy no dudo en sentirme feliz, pues no he perdido una hija sino que he ganado quince”. Matilde de Luis decidió ingresar en el ejército de Dios y consagrarse como monja de clausura en el monasterio de la Purísima Concepción de las Clarisas de Salamanca, España. El 1 de octubre de 2006 entregaba su uniforme militar y tomaba el hábito negro de las religiosas clarisas. En su mente tenía grabadas aquellas sentidas palabras que le había dicho su capitán cuando le comunicó su decisión: “No dudo que serás tan buena soldado de Cristo como lo has sido del ejército”. “Cambie el fusil por el Rosario” -dijo sor Matilde de Jesucristo- . “Me siento bien porque sé lo que quiero. Estoy ante la verdad más importante de mi vida. Nunca he estado tan segura de querer hacer algo, aunque también sé de antemano que me va a costar muchísimo. Pero si de algo estoy segura, es que se trata de lo que Dios quiere para mí”. Mientras vivamos tendremos necesidad de decidir. La diferencia en cada decisión radicará en el modo en el que abarca y compromete toda nuestra existencia… para bien o para mal. Por estos días muchos jóvenes en todo el planeta han hecho “la elección” de sus vidas. En un mundo que necesita quien haga algo para cambiarlo no está de menos valorar a quienes consagran su ser enteramente por amor a todos los hombres y a Dios poniendo su granito de arena en la búsqueda de ese cambio.
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