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 Testimonio desde el Sida,  Joan Ferrer i Sisquella. Palabras pronunciadas durante la homilía en la parroquia de St. Medir de Barcelona, el 28/03/92. Su autor falleció el 18/09/92.

 La Conversión de "Barrabás"   - Testimonio de Pedro Sarubbi que interpretó Barrabás en la película de Mel Gibson.

  Svetlana, La hija de Stalin convertida a la fe católica 

  El Tsunami se detuvo a los pies de la Virgen 

  El mendigo que confesó a Juan Pablo II 

  Karol Woytila me salvó, confiesa Edith Zierer 

  La conversión de Claudia Koll 


 

Testimonio de Pedro Sarubbi, que interpretó a Barrabás

en la película de Mel Gibson

«Me convertí rodando La Pasión de Cristo»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Pasión de Cristo, de Mel Gibson, no sólo ha impactado a los espectadores que vieron la película en todo el mundo –hace pocos días, se dio a conocer la noticia de que el actor y director australiano visitó en Fátima a Sor Lucía, recientemente fallecida, y dispuso para ella y sus hermanas carmelitas una proyección privada de la película –; también ha calado hondo en aquellos que participaron, de una u otra manera, en su rodaje.

Ofrecemos el testimonio, publicado por Avvenire, del actor Pedro Sarubbi, que  interpretó en el film el personaje de Barrabás.

Al actor Pedro Sarubbi todos le recordamos como el feroz y dramático Barrabás de la película «La Pasión de Cristo», de Mel Gibson. A sus cuarenta y tres años, lleva treinta de carrera en el teatro –ha trabajado con los grandes, como Grotowski y Cantor–, en el cine –«La mandolina del capitán Corelli»– y en la televisión.

Desde febre ro dirige el Máster de recitación televisiva y teatral para actores profesionales en la Escuela Paolo Grassi, de Milán. Aunque ha recorrido todo el mundo, a él lo que le gusta es vivir en su granja a las afueras de Milán, con su mujer, sus cuatro hijos y la multitud de animales  que poseen.

¿Cómo fueron esas pocas secuencias que rodó durante la grabación de La Pasión de Cristo?

 

Fue una experiencia no sólo profesional, sino, sobre todo, humana. No me avergüenzo de decir que, durante el rodaje, me convertí.

Todos los actores que participamos en la película cambiamos un poco después de esa experiencia, pero yo he aprendido mucho más del film que en cualquier conferencia.

 

¿Pero usted era creyente antes?

 

Mi búsqueda espiritual comenzó hace muchos años, y me llevó a recorrer todo el mundo. He realizado una larga búsqueda antropológica, como hombre y actor. He sido instruido en las artes marciales del monasterio de Shaolín; permanecí en un monasterio tibetano durante seis meses, con voto de silencio; he practicado la meditación en la India; y he vivido en la Amazonia. La meta final de esta búsqueda la he alcanzado con Jesús.

 

¿Es verdad que Mel Gibson quería dar al set de rodaje una dimensión espiritual?

 

Yo quería hacer de san Pedro, pero Gibson había elegido a los actores basándose en su parecido con los personajes retratados en los cuadros de Caravaggio y otros pintores.

Ya como Barrabás, Gibson me dijo que evitara mirar a Jim Caviezel –que encarnaba a Jesucristo– hasta la misma escena en que debíamos aparecer juntos. «Barrabás es como un perro feroz –me decía–, pero hay una ocasión en que se vuelve un cachorrillo: es al encontrarse con el Hijo de Dios cuando se salva. Quiero que tu mirada sea la de aquel que ve por primera vez a Jesús». Hice como él me había dicho, y cuando nuestros ojos se cruzaron sentí una especie de corriente; era como si mirase de verdad a Jesús. Nunca me había pasado una cosa parecida en todos mis años de carrera.

 

¿Cómo ha cambiado su vida desde entonces?

Hago todo lo posible por que esos ojos sigan siendo importantes para mí. Mi familia es lo primero de todo; y también hago de payaso para niños huérfanos. Por otro lado, está mi trabajo: enseño a manejarse en público a ejecutivos, enseño en varias escuelas para actores… Utilizo lo que llamo el método del guerrero, el sacerdote y el clown: en la vida hay que ser fuerte y honesto, espiritual y bromista. Un hombre armónico y justo es  también un actor justo.

 

Angela Calvini

 
 
   

 

   La hija de Stalin    

Fuente: Buenas Noticias, Autor: David Abad
 

 

 

 

 

 

 

Nunca me ha convencido el viejo adagio de tal palo tal astilla. En el mundo hay miles de historias que demuestran lo contrario. Una de las más impresionantes es la de la hija de Stalin.

Conocemos bien el desdén que Stalin sintió por sus hijos. Cuando el mayor, Jakov, oficial del ejército soviético, cayó en manos de los nazis en la II Guerra Mundial y se le ofreció a su padre la posibilidad de negociar su rescate, respondió con esta frase: «No existen prisioneros, sólo existen traidores». Por los archivos del campo de concentración alemán de Sachsenhauser conocemos su trágico final: un día de 1943 Jakov se negó a entrar en el barracón y se lanzó corriendo a la zona neutral. Un disparo del centinela lo abatió sobre el alambre espinado electrificado.

Vasilij, nacido de Nadežda, segunda mujer de Stalin, fue oficial del ejército del aire. Al presentarse borracho a un desfile militar, su padre lo destituyó. Cuando Stalin murió, fue condenado en un juicio a ocho años de cárcel. Salió en 1961, muy enfermo, y falleció al año siguiente, dejando siete hijos, cuatro propios y tres adoptados.

La benjamina de Stalin fue Svetlana, nacida en 1926. Su madre Nadežda se suicidó cuando la hija tenía sólo seis años. A diferencia de sus hermanos, Stalin la adoraba y le hizo estudiar dos carreras. Al morir su padre en 1953, sufrió una fuerte crisis interior que la condujo en 1962 a pedir el bautismo.
 

  Svetlana con Beria y su padre Stalin

En 1967 emigró a Inglaterra, perdiendo su ciudadanía soviética. Contrajo segundas nupcias con un arquitecto norteamericano, con quien se estableció en Inglaterra. Al enviudar por segunda vez, en 1984 volvió a Moscú con su hija Olga, quien no se adaptó al ambiente, por lo que madre e hija regresaron a Inglaterra poco después.

En 1993, después de haber vivido en un hospicio para pobres, ingresó en el noviciado del convento católico Saint Joseph de Londres. Posteriormente fue trasladada a un lugar de Italia del que su Congregación no da señas para proteger su privacidad.

En nuestras sociedades, un alto porcentaje de niños nacen fuera del matrimonio o tienen clavada en el alma una dolorosa ruptura familiar. A muchos, sus padres les han enseñado que la felicidad está en el tener, en el gozar, en abrirse camino en la vida a cualquier precio, mientras puede que nunca les hayan hablado de Dios.

Pero la historia de Svetlana nos muestra que nadie está determinado por los errores de sus padres, o por su propio pasado. Siempre somos libres de elegir el bien o el mal. Por eso la vida conserva toda la dramaticidad de quien en cada momento puede cambiar de rumbo y malograr o dar pleno sentido a la propia existencia en el amor.

Y esa libertad es la buena noticia que en un mundo como el nuestro nos llena de esperanza.


Con información de Rusia Cristiana


  El mar se detuvo a los pies de la Virgen 

Nuestra Señora de la Salud de Vailankanni

Un rayo de esperanza en medio del caos
 


 
Así llegamos al 26 de diciembre del 2004, cuando un terrorífico tsunami sembró la destrucción a lo largo de extensas zonas costeras del Asia meridional. La pequeña ciudad de Vailankanni no se salvó de la catástrofe. Pero en el momento en que el oleaje se abatía sobre la costa, una Misa tenía lugar en el santuario con la asistencia de unos dos mil peregrinos. Y, aunque el tsunami arrasó la localidad por completo, matando a cientos de personas, las aguas mortales no entraron en la iglesia, y todos los presentes se salvaron.

Según la BBC, el santuario fue el único edificio que escapó a la devastación2. Pero quizás el hecho más significativo y extraordinario es que otras construcciones más alejadas de la orilla y al mismo nivel del mar que el santuario, fueron destruidas, mientras que la basílica fue preservada y los fieles que se encontraban en su interior ni siquiera fueron salpicados por las gigantescas y trastornadas olas.

Los encargados del santuario no dudaron en calificar el acontecimiento como milagroso. Esta opinión es compartida por Sebastián Kannappilly, un comerciante del vecino estado de Kerala que asistía junto con su familia a la Misa, quien subrayó: “Fue un milagro que el agua no entrara en la iglesia”. Su chofer, que lo aguardaba fuera del templo, pereció3.

Una lección que hemos de aprender

En medio de toda la devastación causada por esta calamidad, muchos se han preguntado cómo Dios puede permitir que suceda tal cosa. Desde cierta perspectiva, los acontecimientos de Vailankanni pueden ayudar a responder esta pregunta, sobre todo porque refuerzan dos verdades muy importantes.

Primero, demuestran que Dios lo controla todo. Para Dios, es tan fácil salvar una iglesia repleta de peregrinos como salvar una nación entera, o hasta muchas naciones. Su plan divino otorga a cada cual lo que su Misericordia y su Justicia piden.

En verdad, cada acontecimiento que ocurre se ajusta al plan de Dios, el cual considera toda la historia en la perspectiva de la eternidad. La vida humana no es más que la puerta de entrada a esa eternidad. Los hombres, dotados de una voluntad libre, podrán aceptar o rechazar que la gracia y la bondad divinas influencien este plan, pero Dios siempre mantendrá el control de las cosas. Como no somos capaces de ver las infinitas complejidades de este plan desde  su perspectiva, tropezamos a menudo con lo que nos parece incomprensible.

En segundo lugar, prueba que Dios es misericordioso. Quiere que los hombres  entiendan esa Misericordia y así a veces Él la demuestra de una manera espectacular, como lo hizo en Vailankanni.

Si, en nuestra limitada óptica, somos incapaces de comprender su misericordia en un hecho en el que perecieron tantas personas, debemos primero bajar nuestras cabezas con humildad y después levantarlas con confianza y creer en adoración a su Sabiduría infinita, la cual eclipsa nuestra comprensión.

A quienes sufren la devastación calamitosa  causada por el tsunami, les ofrecemos nuestras esperanzadas oraciones a Nuestra Señora de la Salud. A Dios le ofrecemos nuestra humilde y confidente adoración.

Y cuando hechos como éste los relacionamos con el Mensaje de Fátima, nos preguntamos qué pueden haber sido las ofensas a Dios practicadas en el siglo XVIII si las comparamos con los pecados colectivos de este comienzo del siglo XXI. Pensemos apenas en el llamado “turismo sexual” que se practica precisamente en la región devastada por el tsunami, en la marcha galopante hacia el nudismo, en la inmoralidad desenfrenada que pretende ahogar a la más tierna juventud, los vicios y malas costumbres que corroen a nuestra civilizada sociedad: ¿no deben estos tsunamis morales sacudir mucho más nuestra febril indiferencia con relación a los pecados que a diario y en cantidades abrumadoras ofenden gravemente a Dios?

Volvamos nuestras miradas a Nuestra Señora, a nuestra Madre de la Salud, y pidámosle también a Ella el perdón de nuestros pecados, la salud para nuestras almas, las fuerzas para una conversión verdadera y definitiva, como lo pidiera en Fátima.

Notas.-

1. http://www.db.avvenire.it/avvenire/edizione_2005_01_02/dossier.html
2. http://news.bbc.co.uk/1/hi/world/south_asia/4130129.stm
3.
http://www.catholicnews.com/data/stories/cns/0407107.htm


  El mendigo que confesó a Juan Pablo II 

Hace unos días, en el programa de televisión de la Madre Angélica en Estados Unidos (EWTN), relataron un episodio poco conocido de la vida Juan Pablo II.

Un sacerdote norteamericano de la diócesis de Nueva York se disponía a rezar en una de las parroquias de Roma cuando, al entrar, se encontró con un mendigo. Después de observarlo durante un momento, el sacerdote se dio cuenta de que conocía a aquel hombre. Era un compañero del seminario, ordenado sacerdote el mismo día que él. Ahora mendigaba por las calles.

El cura, tras identificarse y saludarle, escuchó de labios del mendigo cómo había perdido su fe y su vocación. Quedó profundamente estremecido.

Al día siguiente el sacerdote llegado de Nueva York tenía la oportunidad de asistir a la Misa privada del Papa al que podría saludar al final de la celebración, como suele ser la costumbre. Al llegar su turno sintió el impulso de arrodillarse ante el santo Padre y pedir que rezara por su antiguo compañero de seminario, y describió brevemente la situación al Papa.

Un día después recibió la invitación del Vaticano para cenar con el Papa, en la que solicitaba llevara consigo al mendigo de la parroquia. El sacerdote volvió a la parroquia y le comentó a su amigo el deseo del Papa. Una vez convencido el mendigo, le llevó a su lugar de hospedaje, le ofreció ropa y la oportunidad de asearse.

El Pontífice, después de la cena, indicó al sacerdote que los dejara solos, y pidió al mendigo que escuchara su confesión. El hombre, impresionado, les respondió que ya no era sacerdote, a lo que el Papa contestó: “una vez sacerdote, sacerdote siempre”. “Pero estoy fuera de mis facultades de presbítero”, insistió el mendigo. “Yo soy el obispo de Roma, me puedo encargar de eso”, dijo el Papa.

El hombre escuchó la confesión del Santo Padre y le pidió a su vez que escuchara su propia confesión. Después de ella lloró amargamente. Al final Juan Pablo II le preguntó en qué parroquia había estado mendigando, y le designó asistente del párroco de la misma, y encargado de la atención a los mendigos.

Fuente: Solidaridad.net



 
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dith Zirer: Karol Wojtyla me salvó la vida en 1945 

Edith Zirer, casada hoy y con 2 hijos, que vive en Haifa, en una colina del Monte Carmelo, quiso estar con el Papa (59 años después de lo ocurrido) en su histórico viaje a Tierra Santa para darle personalmente las gracias justamente en el Memorial del Holocausto Yad Vashem. Fue un día inolvidable para ella y para toda la población judía, así como una lección universal de humanidad.

   

Edith Zirer narra el episodio como si hubiera sucedido ayer. Era una fría mañana de primeros de febrero de 1945. La pequeña judía, que todavía no era consciente de ser el único miembro de su familia que sobrevivió a la masacre nazi, se dejó llevar en los brazos de un sacerdote de 25 años, alto, fuerte, que sin pedirle nada, simplemente le dio un rayo de esperanza.

    Hoy aquel sacerdote, según ella, es el obispo de Roma. Edith quería agradecer finalmente aquel gesto. «Sólo un pequeño gracias en polaco por aquello que hizo, por la manera en que lo hizo, para decirle que nunca me olvidé de él», dice desde su hermosa casa ubicada en las colinas del Carmelo, en la periferia de Haifa.

    Edith tiene 66 años y dos hijos. Reconstruyó su vida en Israel, donde llegó en 1951, cuando todavía padecía las lacras de la tuberculosis y los fantasmas de la guerra alteraban sus sueños.

    Durante todo este tiempo se ha guardado esta historia. Cuando en 1978, Karol Wojtyla subió a la cátedra de Pedro, comenzó a sentir la necesidad de hablar, de contarlo a alguien, de mostrar su agradecimiento. La pregunta surge inmediatamente: pero, ¿cómo puede estar segura de que aquel sacerdote es el Papa? ¿Por qué ha esperado tanto?. Estos interrogantes se los han planteado también los periodistas de «Kolbo», el semanario de Haifa que hoy publica un artículo sobre este asunto. «El relato es convincente. No trata de hacerse publicidad, todos los detalles que ofrece parecen creíbles», dicen los redactores. Tan convincentes que la embajada israelí ante la Santa Sede ya está moviéndose para tratar de poner en contacto a la señora Zirer con la secretaría del Papa.

    La narración habla por sí misma. «El 28 de enero de 1945 los soldados rusos liberaron el campo de concentración de Hassak, donde había estado encerrada durante casi tres años trabajando en una fábrica de municiones –explica Edith, quien entonces tenía trece años–. Me sentía confundida, estaba postrada por la enfermedad.

 

Dos días después, llegué a una pequeña estación ferroviaria entre Czestochowa y Cracovia». Precisamente en Cracovia, Wojtyla acababa de ser ordenado sacerdote. «Estaba convencida de llegar al final de mi viaje. Me eché por tierra, en el rincón de una gran sala donde se reunían decenas de prófugos que en su mayoría todavía vestían los uniformes con los números de los campos de concentración. Entonces Wojtyla me vio. Vino con una gran taza de té, la primera bebida caliente que había podido probar en las últimas semanas. Después me trajo un bocadillo de queso, hecho con pan negro polaco, divino. Pero yo no quería comer, estaba demasiado cansada. El me obligó.

 

Después me dijo que tenía que caminar para coger el tren. Lo intenté, pero me caí al suelo. Entonces, me tomó en sus brazos, y me llevó durante mucho tiempo. Mientras tanto la nieve seguía cayendo. Recuerdo su chaqueta marrón, la voz tranquila que me reveló la muerte de sus padres, de su hermano, la soledad en que se encontraba, y la necesidad de no dejarse llevar por el dolor y de combatir para vivir. Su nombre se grabó indeleblemente en mi memoria».

    Cuando finalmente llegaron hasta el convoy destinado a llevar a los detenidos hacia Occidente, Edith se encontró con una familia judía que le puso en guardia: «Atenta, los curas tratan de convertir a los niños hebreos». Ella tuvo miedo y se escondió. «Sólo después comprendí que lo único que quería era ayudarme. Y quisiera decírselo personalmente».

Tomado de Zenit, 6.II.04


 


 

  LA CONVERSIÓN  DE CLAUDIA KOLL 

 

Claudia Koll, 40 años y una de las actrices italianas más famosas, acaba de pasar unos días en Medjugorje. La Virgen la invitó para una peregrinación en acción de gracias por su conversión radical a Cristo: conversión espectacular que ha hecho reflexionar tanto a numerosos jóvenes italianos como de otras nacionalidades. ¡Por cierto, su viaje no fue en vano! ¿quería agradecer? ¡Recibió aún más!

A pesar de que pertenece a una familia creyente, cinco años atrás, Claudia era "atea". Su nacimiento fue de alto riesgo, por lo que su madre la consagró de inmediato a la Virgen del Rosario. A muy temprana edad fue confiada al cuidado de su abuelita ciega, quien se encargó de su educación. Claudia aprendió a percibir la cercanía de la Virgen y a rezarle. Pero los espejismos del mundo, el éxito, el dinero abundante y fácil la atraparon rápidamente ,y la indujeron por vías que ella hoy lamenta. ¿De qué forma logró Jesús recuperar a su oveja perdida?
Hace aproximadamente cinco años, Claudia entró "por casualidad" en una iglesia de Roma, ciudad donde habita. Esta pequeña iglesia, Santa Anastasia, es la única que tiene exposición perpetua del Santísimo. Un grupo de la Renovación estaba rezando justo en ese momento. Ella decidió quedarse. Humanamente hablando daba la impresión de haber sido sacada de otro pozo, con su aspecto archimundano, junto a ese grupo tan sencillo. De repente, Claudia comenzó a llorar copiosamente: Jesús estaba realmente allí; ella lo comprendía desde lo profundo de su corazón, describirá luego esta revelación como "fulgurante", Jesús le señalaba todo su pecado y al mismo tiempo le manifestaba el amor que El le profesaba! Cuando Claudia salió de la iglesia era otra, no era por cierto la misma que cuando entró.

A la luz de la infinita misericordia de Cristo, que se convirtió en su gran Amigo, realizó una revisión de su vida punto por punto. Canceló de inmediato sus contratos de filmación de películas que antes no la inquietaban en absoluto, pero que ahora veía eran perversas y dañaban a los hijos de Dios. ¡Basta de pornografía! ¡Basta de ser un instrumento que inyecta esas perversiones sutiles por medio de la imagen y que arrastra a millones a la hecatombe! ¡Basta de ser el juguete de Satanás! ¡Cine, televisión, shows, espectáculos de baja calaña, todo eso fue barrido de un saque! Claudia se impuso como regla filmar sólo obras que edifiquen los corazones y los acerquen a Dios. Su extremada belleza hizo que continuara filmando y su fama le sigue abriendo aún muchas puertas. Esto le permite dar testimonio. Huelga decirles que cautiva a la gente cuando habla de Jesús! Lo que le interesa ahora es comunicar la belleza interior, la belleza del alma. Acaba de lanzar su última película: la vida de san Pedro.


¡Renunció a poseer millones, a una fortuna considerable! Su dinero, lo destina íntegramente a la familia Salesiana instalada en África, a favor de los enfermos de SIDA y de los niños abandonados a quienes apadrina. ¡Desea ahora dar la vida, con Jesús y con María! Afirma que es la Virgen María quien la condujo a Jesús en la Eucaristía. En este año Eucarístico, esto viene de maravillas!
Claudia está totalmente abocada a la Evangelización por medio del espectáculo cinematográfico y televisivo, y tiene gran llegada entre los jóvenes, con quienes se lleva muy bien. ¿Cuál es su mensaje para ellos, luego de su experiencia de haber errado lejos de Dios?

- "Ustedes no pueden vivir sin Dios! ¡No pueden vivir sin el amor de Dios! ¡Búsquenlo! ¡Ámenlo de todo corazón! ¡Les dará mucho más de lo que ustedes pueden darle!" Hay que escuchar a Claudia hablando de Jesús!
- "Jesús, ¡confío en ti!" Jesús es mi hermano, a quien le grito "confío en ti!" Sean cuales fueran los momentos de dificultad o de oscuridad, debemos confiar, abandonarnos en él. Este es el mensaje que deseo llevar a todos cuantos se sienten indignos de presentarse ante Dios por causa de sus pecados! Cada día, recojo los tesoros de su misericordia porque cada día tengo necesidad de su misericordia para avanzar.
– "Comprendí que la caridad no es virtual. ¡No puede ser virtual! Debemos llevar la cruz junto con el prójimo y tener el valor de ensuciarnos las manos".


 

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