XX
| La sonrisa de María José |
| Está solo |
| Gracias abuela |
| Un amor para siempre |
| Desde mi experiencia |
| ¿La Madre Teresa sin Dios? |
| Aviadora y heroína |
| Ryan Hrejlac |
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La verdad
es que uno se sorprende cada vez que se entera de las hazañas que
consiguen los numerosísimos héroes anónimos que, gracias a Dios, pueblan
nuestro planeta. Los periodistas no solemos sacarlos en los periódicos,
ni aparecen en la televisión. Te cruzas con ellos por la calle y no
vuelves la cabeza para mirarles, y nadie va a recibirlos al aeropuerto
como si fueran los nuevos osos panda del Zoo de Madrid. Pero los héroes
anónimos existen; vaya si existen, y son los causantes de que uno no
pierda la fe en el género humano.
En el primer hospital al que acudieron, les sugirieron la posibilidad del aborto. Tal vez, los médicos que lo hicieron no se dieron cuenta de que se encontraban ante dos colosos que no iban a tirar la toalla tan fácilmente. En el segundo, les ofrecieron la posibilidad de la intervención quirúrgica. Jamás se había practicado una operación semejante en Europa.
Nuestros héroes anónimos encontraron a un equipo médico que supo comprender la sencilla grandeza de sus ideales. «Soy católica y, desde el principio, descarté el aborto. Queríamos darle una oportunidad a la niña», afirma ahora Mª José, que posa sonriente y feliz junto a su marido en la habitación del hospital.
Y le han
dado la oportunidad no sólo a su hija, sino a toda la sociedad, de
descubrir que es inmensamente más bella la vida que la muerte; que son
más valiosas la lucha y la tenacidad que la comodidad del no complicarse
la existencia; que llena infinitamente más el amor de una hija con
espina bífida que el angustioso vacío que deja un feto aniquilado por
«inservible». Bienvenida a nuestro mundo, María. Ojalá que te conviertas, como tus padres, en una nueva heroína. |
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María es poderosa. Debemos ser cuidadosos cuando le oramos, porque siempre atiende nuestros ruegos. ¡Y su respuesta supera con creces nuestros ilimitados horizontes. De Children of Medjugoje - Report del 15 de septiembre de 2007. |
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El otro día, al salir de la iglesia, en la placita peatonal me crucé con dos niños preciosos de unos 3 y 5 años. Iban cogidos de la mano y, al pasar, me dijo el más pequeños: «¿Vienes de ver a Jesús?» Le respondí: «Sí, y Él se va a alegrar de veros, porque se ha quedado solo». El niño me contestó: «Por eso vamos nosotros, mamá dice que a Él no le gusta estar solo..., y a mí tampoco...»
Me habría gustado conocer a la madre para darle la enhorabuena por cómo está educando a sus hijos. Pensé que no hay que perder la esperanza por có- mo van las cosas, porque siempre hay gente que lo sigue haciendo muy bien. Margarita Boned Santesteban - Madrid (Alfa y Omega nº 560 del 27.09.07)
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Con el testimonio de A. Pronzato queremos
agradecer a nuestras abuelas, madres y a todas las personas que han
orado y oran por las vocaciones sacerdotales...
- Mi abuela tenía ochenta años y unos
bellísimos ojos azules. Su rostro estaba surcado de arrugas. Tuvo una
existencia dura, hecha de trabajo, sacrificios, lágrimas, privaciones y
entrega a los demás. Cuando yo estaba en el seminario, me decía:
- «Tú estudias. Yo no tuve la oportunidad de
estudiar. Pero sé rezar», y hacía sonar el rosario gastado - «Siempre
por ti... recuérdalo bien».
- «No despilfarres esta oración. Has de estar
a la altura...» Años después, le administré el óleo de los enfermos.
Ungidas las manos -que apretaban el rosario desteñido- me incliné a
besarlas y susurré: «¡Gracias, abuela!».
- «¡Amén!»- respondió absorta la abuela
Josefina. - Péguy escribe: «En el juicio universal no necesitaremos memoriales o certificados. Pero nadie podrá borrar la huella de un padrenuestro o de una avemaría». |
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Un amor
para siempre
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Desde mi experiencia y camino de
Damasco:
He visto mil gestos de caridad. El último,
hace 10 días, inauguración de la parroquia. Un evento esperado, deseado
y pedido a Dios con muchas oraciones. Querían sacerdotes viviendo entre
ellos que les recuerden el amor de Dios y la misericordia con los
hombres. Y se vivió un día de mucha misericordia en una situación de
carencia. Los cristianos contribuyeron con 320.000 fr. para que los
pobres niños y ancianos recibieran un gesto de misericordia.
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¿La madre Teresa sin Dios?
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Con todo el respeto a sus increencias, contaré hoy una historia, aun reciente, de la que me ha hecho partícipe uno de esos amigos que nunca fallan. La protagonizó, dolorosamente, Caroline Aigle, una francesa que tenía nombre de águila, y sin duda lo merecía. Porque, para mayor analogía, desde hace ocho años era la primera mujer piloto de caza del ejército francés del aire, había mandado una escuadrilla y pertenecía a la jefatura de las Fuerzas Aéreas en la ciudad de Metz. Además, se preparaba para ser astronauta.
Estaba felizmente casada con otro piloto que se llama Christophe Deketelaere. Ya no lo está. Y no lo está porque Caroline ha muerto, por voluntad de Dios, que a todos nos llevará algún día de este mundo temporal. Lo que, en su caso, ocurrió a finales de agosto, cuando tenía sólo 32 años. Le sucedía algo más, muy importante: llevaba en su vientre a su segundo hijo; y supo también, cuando esa pequeña criatura sólo contaba cuatro meses, que en su propio cuerpo se había instalado un cáncer que resultó ser de mortal gravedad.
Chistophe y Caroline sufrieron mucho. Eran unos enamorados jóvenes y felices, con hermosos proyectos para una larga vida en común. Cayó sobre ella, y de rebote sobre él, una tremenda, una .humanamente hablando. injusta e inexplicable condena a muerte.
En esa terrible situación, ni perdió la fe ni aceptó abortar, como algunos le aconsejaban como una posible terapia. Cuando la condena se cumplió, su marido ha contado a Radio Luxemburgo las palabras de ella: «Él, su hijo, está en el derecho de tener las mismas posibilidades que yo». Y el marido/padre ha añadido: «Este embarazo fue su último combate; y lo ganó».
Con ayuda de los médicos, el hijo nació prematuramente, cuando sólo llevaba cinco meses y medio en el seno materno. Era, es, un niño muy prematuro y, por tanto, débil. Pero la madre pudo tenerlo en sus brazos antes de que Dios la llamara a Su lado. Christopher, que hace ahora de padre y de madre, apostilla, con palabras muy claras: «Fue heroica hasta el final». Le Figaro escribió entonces .con la firma de Cyrille Louis. que «el ejército del aire llora a Carolina Aigle, su leyenda».
Una gran cantidad de franceses se ha conmovido con esta tragedia. En
España, en un blog, un comentarista sin novia (todavía) se pregunta
dónde quedarán mujeres así; y otro sostiene que, «frente a las madres
asesinas que abortan cada año en Europa, personas como Carolina
mantienen la dignidad de la especie humana». Caroline: un ejemplo a
meditar por unas 85.000 españolas o inmigrantes cada año.
Carlos Robles Piquer (Alfa y Omega, 565) |
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