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Un buen día, Enzo Rossi, empresario italiano
de 42 años, volvió a casa con una idea “loca” en la mente: siendo el
dueño de la fábrica de pasta Campofilone, en Ascoli Piceno,
decidió por un mes asignarse el mismo salario que pagaba a sus
empleados: 1000 euros. Quería saber si era posible vivir con ese dinero.
Un experimento. |
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Un sacerdote ortodoxo rumano y su parroquia se hacen católicos
Tras curarse su madre de un tumor inoperable por
intercesión de san Pío de Pietrelcina
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García-Gasco, a De la Vega: «No se puede construir una sociedad al margen de Dios» ABC
El arzobispo de Valencia respondió al brindis realizado por la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, en la cena de honor ofrecida el pasado sábado en la Embajada española a los tres nuevos purpurados, que se había caracterizado por su tono respetuoso y conciliador.
Rechazo de Dios
En su respuesta, Agustín García-Gasco citó a Su Majestad el Rey pero no al Gobierno, y realizó una crítica implícita a las políticas de José Luis Rodríguez
Zapatero poniendo en guardia contra el peligro que el rechazo de Dios supone para España y para Europa, como ha enseñado la historia de los grandes totalitarismos.
Según el cardenal de Valencia, «la paz, la concordia, la justicia y la libertad, el progreso y la civilización del amor son fruto de la cercanía a Dios», y se logran en ese marco «frente a los que pretenden construir una sociedad al margen de Dios». En ese contexto reafirmó que «el mensaje salvador de Jesucristo es la mejor garantía de nuestra libertad», y «el gran baluarte para defender la dignidad del ser humano frente a las violencias y las injusticias del mundo».
El tono de la intervención recordó a todos los presentes en la cena -entre los que se contaban el responsable de Asuntos Exteriores del Vaticano, Dominique Mamberti, y un total de ocho cardenales españoles- que el «buen momento» del diálogo directo entre España y la Santa Sede no significa en modo alguno que los purpurados españoles estén satisfechos del Gobierno en algunos temas fundamentales…..
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El dakar de tu felicidad
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«Los Garabatos de Dios», tercer libro de una mujer paralizada Fotógrafa riojana, Olga Bejano, ama la vida
× Olga Bejano con su enfermera Belinda, la que interpreta sus garabatos. MADRID, martes, 1 enero 2008 .- «Los Garabatos de Dios» es el tercer libro que saca a la luz una mujer fuera de lo común, Olga Bejano, desde hace más de veinte años paralizada a causa de un probable error médico. En el volumen esta riojana, de Logroño (España), proclama su amor por la vida, y comunica la riqueza que surge de una fuerza interior cultivada en la fe y la esperanza. Olga Bejano Domínguez, nació en 1963 y cumplió 44 años el pasado 3 de noviembre. Debido a una parálisis progresiva, iniciada a los doce años, al parecer por un componente de la anestesia en una simple operación de apendicitis, no se puede mover. Pero su enfermedad no la define, aunque explica en parte su producción literaria, fruto de lo que ella llama su «oración constante». La capacidad de lucha y deseo de comunicarse llevaron a Olga -que sólo puede ver unos segundos cuando le levantan un párpado y no puede hablar ni escribir-, a inventar un sistema de abecedario y, explica ella misma, «unos garabatos que sólo entiende la enfermera que me cuida habitualmente». A los 23 años, todo se complicó: «Me pronosticaron seis meses de vida, los cuales se han convertido en veinte años de propina divina», dice Olga. Entonces decidió que «no podía esperar a la muerte de brazos cruzados». A finales de 1995, dice ella misma, «mi ‘voz de papel' se quebró y ya no podía escribir con una letra legible; así nacieron mis famosos garabatos: escribo apoyando mi mano paralizada en mi pierna derecha y con impulsos de la pierna muevo la mano». En su primer libro, «Voz de papel», narró su convivencia con la enfermedad, su peregrinación por todos los hospitales, y su respuesta a las preguntas que un diagnóstico como el suyo suscita. El libro fue publicado por «Sal Terrae» en 1997, diez años después de comenzar a escribirlo. A través de sus páginas, dice Olga, «el lector puede sentir los temores, las luchas, el agotamiento, los momentos buenos, los malos y cómo sentí la presencia de Dios». Todo esto, añade, «sin acritud, sin amargura, con sentido del humor en muchos casos, aunque también con buenas dosis de sinceridad, pero ante todo llena de esperanza». Esta mujer ha dado forma literaria, para poder animar a otros en su situación, a lo que experimentó tras la rebeldía ante la enfermedad. «El alma es más fuerte que el cuerpo», se dijo, y concluyó que la madurez espiritual y el crecimiento personal eran fruto de un «alma es fuerte, luchadora, alegre, trabajadora y con una fe y confianza fuertes en Dios, en la Virgen María, en el Espíritu Santo y en mi Ángel de la Guarda». Todo ello la llevó a una oración constante: «Desde que descubrí a Dios me sucede algo similar a cuando una persona se enamora: me levanto pensando en Él, durante el día pienso en Él y al acostarme, cuando más relajada estoy, en la oscuridad y el silencio es cuando Él se siente mejor para hacerse oír. En la oración lo que cuenta no es lo que nosotros hacemos, sino lo que Dios hace en nosotros durante ese tiempo». Lo cual no la exime de un sufrimiento atroz: «Cuando rezo le pido fuerzas a Dios para que me ayude a llevar una cruz que cada día pesa más y que ya ha pasado por las tres fases: al principio era ligera, como si fuera de plástico; luego se transformó en madera y desde hace 14 años, me parece de hierro». El segundo libro, «Alma de color salmón», tardó dos años y medio en escribirlo y otros dos en publicarlo. En él, dice ella misma, «hablo poco de mi cuerpo y en cambio abro mi alma». El título alude a la metáfora del salmón que remonta el río nadando contracorriente. Fue publicado por «Libros Libres» en 2002. Olga Bejano ha expresado, una y mil veces, ante el controvertido tema de la eutanasia, que no desea ser manipulada ni a favor ni en contra. Que comprende la dificultad de cada persona: «Como a cualquier ser humano, no me gusta sufrir. Respeto y entiendo a las personas que solicitan la eutanasia. A mí, en más de una ocasión, me han dado ganas de tirar la toalla, pero ahora sé que si sigo aquí es por algo, porque ocasiones para fallecer las tengo un día sí y otro también. Mi deseo es poder llegar al final con la calidad de vida que vaya precisando y con dignidad y que sea Dios quien decida cuándo ha llegado mi día y mi hora». Ahora entrega al público su tercer libro «Los Garabatos de Dios», que hace alusión al sistema que usa para comunicarse. En la obra, publicada también por «Libros Libres», vuelve a hablar de su vida espiritual y humana, desde una cima que adivina cercana y aupada por la confianza que le dan los dos libros anteriores y el reconocimiento de sus paisanos y lectores. Fue nombrada «Riojana del Año», en 1998, y ha recibido la «Medalla de Oro» de la tierra que la vio nacer. Uno de sus obras, la primera, ha sido traducida al italiano, bajo el título «Voce di carta», editada por «Shalom», en 2006. Aludiendo a una experiencia personal de encuentro con Dios, explicaba su postura ante el encuentro definitivo: «Cuando me vuelva a ver de nuevo en el túnel de luz, le diré a mi guía: ¡Otra vez estoy aquí!. Me dijiste que la próxima vez que nos viéramos no tendría que volver. Aquí de nuevo estoy, pero esta vez traigo hechos los deberes». Más información en http://www.libroslibres.com
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Hemos venido por pura
casualidad
“Ahí debe de
haber un sacerdote... ¡Hace tanto tiempo que no hemos hablando con un
sacerdote! Está para confesar... Nosotros llevamos tantos años sin ir a
un confesionario...” Comentaron y siguieron descansando. “Pues a
mí”, dijo la mujer, -sevillana ella, para más señas-, no me
importaría volver a hablar un rato con un sacerdote”. Callaron de
nuevo. Después de unos instantes, y sin mediar más palabras, la mujer se
acercó al confesionario. Se presentó con toda sencillez. “Mire, no
vengo a confesar. Simplemente me apetecía hablar con un sacerdote sobre
mi vida. Estamos aquí, mi marido y yo, por pura casualidad...” Así
empezó el diálogo. Al final, la mujer terminó confesándose, y lo hizo
con lágrimas en los ojos por tanta emoción en su alma y con un grito que
se le ahogó en el pecho: “hoy empiezo a vivir de nuevo”. Para
colmo de maravillas, a los dos o tres minutos se presentó el marido y la
historia se repitió casi en los mismos términos. También él iba
solamente a hablar un rato con el sacerdote y terminó recibiendo la
gracia de la conversión y el Sacramento. “Tengo mucho en la vida...”,
dijo para terminar, “pero me faltaba lo más importante: la
alegría que hoy llevo en el corazón”. ¡Cuánto gozo y vida acarrea el Sacramento de la Penitencia! En verdad, es el Sacramento de la alegría más profunda y del gozo más limpio. ¡Cuántas “losas” se rompen en el instante mismo de la absolución del ministro: “yo te absuelvo de tus pecados...”!. Lo que nosotros solemos llamar casualidad o azar son, en realidad, circunstancias y medios queridos y puestos por Dios para llevar a los hombres a su encuentro. No hay casualidad: hay providencia.
P. Moreno Magro,
Sembrar “Evangelio” (Paulinas; Madrid 1996), p. 115-117) |
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Sergei, un joven ruso reclutado por la Juventud Comunista, se convierte en jefe de la Liga de Jóvenes y, poco después, en responsable de un grupo de represión religiosa. Emprende más de 150 asaltos contra asambleas cristianas, golpeando brutalmente a los creyentes y confiscando sus Biblias. Y sin embargo, como San Pablo, es alcanzado por Cristo durante uno de los asaltos y se convierte. Huye de Rusia y apoya desde lejos a los cristianos perseguidos en su país. Pero esto disgusta al Partido y es asesinado en circunstancias misteriosas en 1973, a sus 23 años.
Infancia desamparada
Sergei Kourdanov nace en 1951 en Siberia y vive sus primeros cuatro años con sus padres. Iván Kourdakov era su abuelo, y sólo sabe de él que había nacido en Povolgiye, y que por culpa de Stalin, le habían quitado todo, y mandado a Siberia. A Nikolai, padre de Sergio, fiel oficial de Stalin, lo purga Krushev, quien, para consolidar su propio poder, manda eliminar a los partidarios de Stalin. La madre, Anisia, era una mujer a quien Sergei admiraba mucho. Tenia un hermano poco mayor que él, que se fue de casa sin razón alguna, lo que le provoco mucha tristeza. Tras la muerte de su madre, se quedó completamente solo, y se fue a vivir con los Kolmakov. Fue bien recibido por todos, menos por el hijo, que una vez trató de matarlo, por lo que Sergei huye y se esconde en una estación de ferrocarril intentando sobrevivir. La policía lo encuentra y lo envía a un orfanato estatal.
El orfanato funciona como un circuito cerrado con sus propias reglas. Sergei se convierte en el rey de todos los muchachos, algunos son sus lugartenientes, otros sus esclavos. Los celadores estimulan este sistema piramidal para mantenerlos tranquilos.
En el mundo de la delincuencia
A sus 15 años Sergei y su banda entran en el mundo de la droga y se dedican a la compraventa de hashish y a traficar con drogas duras para la mafia local. Al mismo tiempo se consagra a escalar los peldaños del partido. Se adhiere plenamente a los principios del comunismo y a sus objetivos: “La unidad de todos los pueblos y la fraternidad humana… estas verdades encontraban eco en mí…Ahora creía en algo: el comunismo.”
A sus 17 años se convierte en el Jefe de la Liga de los Jóvenes. En el Partido se le pronostica un brillante porvenir. Sergei escoge la Marina, inscribiéndose, en 1967, en la prestigiosa Academia de Leningrado. También allí revela su temple de líder. Como guía de los Cadetes, adquiere pronto sobre ellos un ascendiente superior al de sus profesores. En 1968 elige la especialización de la radio. Siempre responsable de la Liga, imparte conferencias sobre el Comunismo, descubre y castiga a los disidentes.
Colaborando con la policía
En mayo de 1969, la KGB le invita a colaborar con la policía: deberá dirigir acciones contra los enemigos del pueblo. Sergei acepta porque el salario es considerable. Se le encarga la formación de un equipo de veinte hombres. Los escoge entre los más aguerridos de la Academia, los que practican judo, kárate y boxeo. Se les confía misiones de “limpieza” en los bares y lugares públicos. Cuando el grupo está ya organizado, le revelan a Sergei la verdadera misión: perseguir a los “creyentes” presentados como criminales y confiscar todos sus libros religiosos. El desarrollo de las operaciones es siempre el mismo: media hora después del inicio de la reunión cristiana, el grupo penetra violentamente en el lugar de la asamblea: en menos de cinco minutos están todos fuera de combate.
Natacha Sdanova
Una de las incursiones tiene lugar en un local donde se hallan reunidos quince creyentes. Sergei se fija en una muchacha muy hermosa que muestra una gran valentía: Natacha Sdanova. La vuelve a encontrar en otra acción represiva. Exasperado, la golpea brutalmente hasta el punto de que debe ingresar en un hospital. Desconcertado, Sergei espía su vida profesional y privada, se presenta en el periódico en que trabaja Natacha y la denuncia por su fe cristiana destruyendo su vida profesional. Finalmente la convoca al puesto de policía, un cara a cara breve pero impresionante…Una semana después del interrogatorio, Natacha es víctima de un tercer asalto. Sergei le hace señas y permite que escape...
El rostro oculto del Partido
Sergei se va planteando nuevos interrogantes y, poco a poco, descubre el rostro oculto del Partido. Los jefes son, en su mayoría, alcoholizados sedientos de poder que utilizan el sistema para enriquecerse. El 22 de abril de 1970, a los 100 años del nacimiento de Lenin, ha perdido ya toda ilusión. A pesar de la represión, los cristianos se multiplican y son cada vez más jóvenes. El recuerdo de Natacha le persigue sin tregua, ¿qué ha encontrado en la religión para soportar tan brutales palizas? Por primera vez ha comprendido que aquellas personas tal vez no sean imbéciles y enemigos como le han hecho creer. “Natacha había hecho tambalear mis ideas sobre los creyentes.”
Ante una página del evangelio
Poco después, en lugar de quemar un evangelio manuscrito arrancado de las manos de uno de los creyentes, conserva algunas de sus páginas, el capítulo 11 de San Lucas. Descubre entonces en qué creía Natacha. “En un instante las palabras saltaron de aquellas páginas y se imprimieron en mi corazón”. En octubre de 1970, durante uno de los asaltos, Sergei se precipita sobre una anciana que está rezando. Exasperado, oye su plegaria: “Dios mío, perdona a este joven y muéstrale el verdadero camino. Ábrele los ojos y ayúdale”. Encolerizado, toma impulso para golpearla, pero una fuerza misteriosa, lo detiene. Se vuelve creyendo que se trata de uno de sus compañeros, pero no es así. Pierde el control y huye entre sollozos. No había llorado desde los seis años. Como San Pablo, ¡ha sido derribado por la gracia!
Interrumpe sus estudios y finge estar sobrecargado de trabajo para no participar en las acciones de represión. Sus superiores le dan a entender que han invertido mucho sobre él y que no puede dar marcha atrás. Le proponen entrar en la Academia de policía de Tomsk, de donde sale la élite de la KGB. En el mes de enero de 1971 obtiene el título de oficial de radio. Gracias a un amigo, consigue embarcar en un submarino atómico que patrulla a lo largo de las costas americanas, decidido a no volver a pisar la URSS. Es transferido a un pesquero a lo largo de Vancouver y se lanza al agua llegando a nado a la costa canadiense.
El camino de la Misericordia
Tras haber obtenido asilo político en Canadá, acude a la Iglesia e intenta imitar a los cristianos que rezan. Se siente indigno de entrar en la Casa de Dios. Recibe más de una amenaza, por lo que se traslada a Toronto donde frecuenta la iglesia ucraniana. Encuentra a un Pastor que le ayuda y le guía hacia el sí definitivo al Señor tras haber experimentado su Misericordia. “He nacido por segunda vez.” Sergei piensa en los hermanos perseguidos. A pesar del peligro, presenta su testimonio en las iglesias y en la televisión contando su conversión y las persecuciones de Rusia.
Su recuerdo y agradecimiento a Natasha le llevan a confesar: “Natasha, en gran parte ha sido gracias a ti como mi vida ha cambiado y soy un creyente en Jesucristo como tú. Tengo una nueva vida por delante. Dios me ha perdonado, espero que tú también me perdones. Gracias, Natasha, donde quiera que estés. ¡Jamás te olvidaré!” El 1 de enero de 1973, tras haber escrito su historia, es asesinado por un disparo de pistola. Él mismo ya había adelantado que, si algo le sucedía, “tendría toda la apariencia de un accidente”. Y así fue, la encuesta que siguió declaró su muerte “accidental”.
Más expresivo y emotivo es el título de la edición inglesa: “Forgive Me, Natasha”, “Perdóname Natasha”, frase que hemos elegido como título de este relato. Su obra ha sido traducida a más de 14 lenguas, incluido el ruso.
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Afirmaba que: «Ser católico me ha dado paz y seguridad interior.» El Papa le recibió dos veces.
saber “toda la verdad”. Afrontó el dictamen sobre su cáncer con la serenidad de los héroes que interpretó en la pantalla. Ahora drama era real. Dijo: «Voy a morir pronto. Pero quiero morir bien, como creo que he vivido.» Gary diría «Todo lo que me está pasando... lo acepto. Hágase su voluntad.»
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