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Cantad un poco más fuerte
Los milagros internos de Lourdes, los esposos Leseur
Científicos aprueban un milagro por intercesión de Lolo

Jaime Labatou

Sacerdote voluntario en Siberia
El doctor de Neuquén
La Comunidad del Cenáculo quiere abrir en España
El cardenal Zen cuenta cómo la limosna le salvó del hambre
Amor en el Aconcagua
Frédéric y Patricia: encontrar la fe tras años de matrimonio

 

 Cantad un poco más fuerte

La historia relatada en este artículo es verídica,  fue publicada en un folleto titulado “Sing a little louder”, (Cantad un poco más fuerte), de Heritage House ’76, Inc.,

Al terminar su discurso una activista provida de EEUU, llamada Penny Lea, un anciano se le acercó y llorando le dijo: “Yo vivía en Alemania durante el holocausto Nazi y me consideraba cristiano. Asistía a la iglesia desde que era pequeño. Habíamos escuchado relatos sobre lo que les estaba sucediendo a los judíos, pero al igual que muchas personas en EEUU hoy en día, tratamos de distanciarnos de la realidad de lo que estaba sucediendo”.

        El anciano también le contó a Penny, que durante los servicios religiosos a los que asistía, todos oían el ruido del tren y que, un domingo, todos se turbaron mucho, porque escucharon gritos al pasar el tren por detrás de la iglesia donde se encontraban. Se dieron cuenta de que el tren transportaba a judíos a los campos de concentración como si fueran ganado, y que allí, en esos centros de muerte, serían asesinados.

        Semana tras semana aquel tren silbaba, y los que estaban en la iglesia aborrecían ese sonido, porque sabían que después escucharían también los gritos de los judíos que iban en el tren hacia los campos de muerte. Para no escucharlos, cantaban los himnos religiosos mucho más alto. Cuenta el pobre anciano: “Han pasado los años y nadie habla de esto, pero todavía oigo en sueños el silbido de ese tren y escucho los gritos pidiendo auxilio; que Dios nos perdone a todos los que decíamos que éramos ‘cristianos’, y sin embargo no hicimos nada por intervenir.”

Y el anciano concluyó: “Hoy en día, muchos años más tarde, veo que está sucediendo lo mismo aquí en EEUU; que Dios perdone a los norteamericanos que han bloqueado en sus oídos los gritos de millones de sus niños; el holocausto ha sucedido también aquí.”

Aquel anciano se refería a los “gritos silenciosos” de los que están siendo exterminados por el aborto provocado, legalizado por el Tribunal Supremo hace 35 años, el 22 de enero de 1973.

        El 22 de enero de 1973, dos jueces del Tribunal Supremo de Estados Unidos: Roe v. Wade y Doe v. Bolton, abrieron las puertas a la matanza de inocentes criaturas en el seno materno. Desde 1973 hasta el 2008, han muerto más de 40 millones de bebés concebidos, antes de que pudieran nacer. ¡El número de víctimas del aborto en esta nación ha soprepasado el de todas las guerras que se han librado en nuestro planeta! Se trata de un verdadero holocausto, muchísimo mayor que el que tuvo lugar en la Alemania Nazi.

        La legalización del aborto en EEUU ha aumentado el número de abortos,  uno de los más altos índices en el mundo entero:  3.600 bebés asesinados diariamente.

        En el portal en la Internet www.vidahumana.org de Vida Humana Internacional (VHI), se puede encontrar abundantísima información sobre el tema.

        Por último, es justo recordar a todas aquellas personas que han trabajado durante muchos años y que trabajan todavía en el movimiento provida en EEUU y en el mundo entero. En EEUU, por ejemplo, existen cientos de organizaciones provida, y se han establecido más centros de ayuda a la mujer embarazada que clínicas de aborto: más de 3.000. En los demás países de este hemisferio y en el otro hemisferio, se está trabajando también arduamente. Damos gracias a Dios por todos estos valientes defensores de la vida humana y rogamos a Él que bendiga abundantemente todos sus esfuerzos.

Magaly Llaguno - Directora Ejecutiva de VHI - www.vidahumana.org
 

 

Los milagros internos de Lourdes

 

La conversión de los esposos  Isabel  Arrighi  y  Félix Leseur

 

Isabel Arrighi nace en París, de familia italiana, en 1866. La suya es una familia acomodada e Isabel se siente atraída por diversos intereses culturales y sociales, bajo el influjo de un vigoroso sentimiento cristiano.

 

No tiene guía espiritual, como otras almas. Ha aprendido a fondo el catecismo y su madre le guía: “La mamá me  ha dicho que debo conocer mi deber y cumplirlo, cumplirlo bien por amor”, dirá un día. Se muestra siempre equilibrada y segura de sí misma  porque confía en Dios.

 

A los 23 años contrae matrimonio con Félix Leseur. Él pertenece también a una familia religiosa, pero tras la universidad, donde ha cursado la carrera de medicina, ha dejado de practicar y se ha alejado de la fe. ¿Cómo es posible que Isabel, que es todo meditación y oración, haya aceptado casarse con un hombre así? La madre le dice: “Tú lo convertirás”.

 

Con el matrimonio empiezan los sufrimientos. Padece una peritonitis y con el tratamiento descubre que le será negado el don de la maternidad. Durante la convalecencia, muere su padre. Entretanto Félix, de espíritu inestable, abandona la medicina y se dedica al periodismo, a la política y a las relaciones sociales.

 

El clima de su casa es mundano. Isabel se ve envuelta en él y se aleja de la práctica religiosa. Sigue a Félix en sus viajes al extranjero. La fe de la esposa era una denuncia para su marido, pero ahora que la esposa  está en crisis, Félix quiere abrir brecha de agnosticismo en el ánimo de Isabel y le sugiere la lectura de las obras de Ernest Renán, el brillante escritor, enemigo de Cristo.

 

Estamos en 1898, Isabel se siente trastornada por el espíritu demoledor de Renán y rechaza su negación de Cristo. Es demasiado inteligente para no comprender sus errores, arroja lejos de sí aquellas obras y reemprende  la lectura del evangelio. Durante un año medita, reza, se purifica. Félix se vuelve mordaz contra ella, pero Isabel resiste limpia y fuerte en la fe, enamorada de Cristo como nunca lo  ha estado.

 

Isabel se siente cada vez más cercana a Cristo, vive sólo de Él y para Él. No cuenta con otro intermediario humano que un marido brutalmente escéptico y amigos totalmente ajenos a toda dimensión religiosa. Sólo en 1903 conoce al Padre Herbert, dominico, que se convierte en su confesor.

 

En la primavera de 1903, Isabel se dirige a Roma en Semana Santa. Le acompañan el marido y algunos amigos. El miércoles santo, 22 de abril, se encuentra sola en San Pedro, donde comulga en la capilla del Santísimo Sacramento “y se consagra totalmente” al que ha tomado posesión de su alma desde toda la eternidad.

 

Al volver a Francia le esperan nuevas  pruebas: angustia por la salud de su hermana Julia, fatigas y sufrimientos físicos, la conciencia de que Félix está espiritualmente lejos de ella, el ansia de llevar almas a Cristo…

Se traza un programa de silencio, oración, trabajo, sobre todo de amor y sufrimiento, una vida ascética que es un continuo ofrecimiento de amor, alegría y confianza. Se propone amar en lugar de los que odian, sufrir en lugar de los descreídos, entregarse en lugar de los aprovechados.

 

El Señor responde a todas sus ofertas: la muerte, en 1905, de su hermana Julia, las preocupaciones por la salud de su madre, el fracaso de alguna de sus iniciativas, como una misión a favor de las obreras, su misma situación en la vida sin hijos y con un marido ateo.

 

Isabel no desespera. Está Jesús y su Madre Santísima a la que Isabel se entrega con total confianza. Su camino espiritual lo registra en las páginas de su diario.

 

En 1911, en la vigilia de su ingreso en el hospital para la operación de un tumor en el pecho, establece un pacto secreto con el Señor: se ofrece a Dios con la certeza de ser escuchada por intercesión de María Santísima y de San José, con el fin de obtener la conversión del marido.

 

Félix se siente turbado ante aquella paz, aquellos ojos luminosos en medio de los más atroces dolores. En Lourdes, ante la gruta de la Inmaculada, donde ha acompañado a Isabel, se conmueve, pero sigue siendo el escéptico de siempre. Tiene una personalidad fuerte, es ateo pero posee buenas cualidades. En julio de 1912, le dice Isabel: “Cuando haya muerto, te convertirás y te harás religioso, si, ¡serás el Padre Leseur!”

 

Los meses trascurren velozmente. Isabel sufre cada vez más y permanece en estado de ofrecimiento a Dios por la Iglesia  y las almas. Félix y los que la rodean  se sienten fascinados como por un misterio inexplicable.

 

La agonía de Isabel se prolonga. Recibe la unción de los enfermos el 28 de abril de 1914. “Amar es todo”, dice. Sonríe a Félix el cual, aunque traspasado por el dolor, permanece a su lado. Fallece el 3 de mayo de 1914.

 

Tras los funerales, Félix lee los tres cuadernos del diario y descubre cuánto ha amado a Cristo, cuánto  ha sufrido por su conversión y por las almas.

 

La gracia desciende como un torrente a su alma. En octubre de 1917 deja todo para entrar en el convento dominico de “La Quercia”, cerca de Viterbo. Mediante un retiro espiritual toma contacto con la vida de la Orden de Predicadores. Poco después, recibe el  hábito blanco con el nombre nuevo de Fray María Alberto. En 1923 sube al altar como sacerdote de Cristo para siempre.

 

El hombre de mundo, el médico escéptico, el negador, se ha convertido en un humilde hijo de Santo Domingo, dedicado por entero a la contemplación y a irradiar a Jesús en las almas, como le había pronosticado Isabel.

 

Fue él mismo quien se encargó de publicar los escritos de su mujer, de recoger las gracias que desde el cielo obtenía ella para muchos y de hacerla conocer a sus hermanos para hacer conocer y amar más a Cristo.

 

Félix se apaga serenamente tras 27 años de sacerdocio, el 21 de febrero de 1950.

 

Científicos aprueban un milagro atribuido a la intercesión del periodista Lolo

Entrevista con el postulador, monseñor Rafael Higueras

ROMA, jueves, 17 enero 2008 (ZENIT.org).- En la mañana del jueves una comisión de cinco médicos, por encargo de la Congregación para las Causas de los Santos, reconoció como «científicamente inexplicable» lo que se considera que es un milagro atribuido a la intercesión del laico Manuel Lozano Garrido, conocido entre sus amigos como Lolo, periodista e inválido.

El dictamen médico constituye un paso decisivo hacia la beatificación. Ahora este caso será analizado por la comisión de teólogos y luego la de cardenales.

Benedicto XVI aprobó el 17 de diciembre la publicación del decreto que reconoce las virtudes heroicas de este español, que vivió buena parte de su vida (1920-1971) en una silla de ruedas y los últimos años quedó ciego y paralítico.

Visiblemente emocionado, el postulador, que vio morir entre sus brazos a este laico de Linares (Jaén), ha concedido esta entrevista a Zenit en la que explica cómo vivió su enfermedad este periodista que había formado parte de la Acción Católica y que creó grupos de oración en monasterios que rezaban --y rezan todavía-- por los comunicadores.

--Lolo ya era un modelo de virtudes. Hoy médicos han considerado científicamente inexplicable lo que muchos consideran un milagro atribuido a su intercesión.

--Don Rafael: Pues sí, hoy hace un mes justo se declararon las virtudes heroicas de Lolo. En esa ocasión, el Papa nos recibió a los postuladores  y ese mismo día firmó el decreto de virtudes heroicas de Lolo.

Es praxis de la Iglesia que nunca se estudie un milagro si antes no se ha reconocido la vida y virtudes de la persona.  Hoy se ha reunido la consulta médica y ha dado su voto positivo.

Ahora queda por reunir a una comisión los teólogos para que analicen si este científicamente inexplicable ha tenido por invocación a Dios a través de la intercesión de Lolo, y que no hay otras razones además para la inexplicabilidad de la curación. Después los cardenales volverán a estudiarlo. Solo después el Papa puede firmar el «sí» al milagro.

--¿Cuál ha sido el milagro?

--Don Rafael: El milagro, ahora ya se puede decir, es la curación del niño Rogelio de Haro Sagra de fallo multiorgánico por sepsis a Gram negativos (1972). Era un niño de un año y medio en el año 1974 (en el 1971 murió Lolo). Tiene apendicitis, peritonitis, lo operan, se le complica, le tienen que extirpar metro y medio de intestino. Se le complica la situación con vómitos. El abuelo lleva la mortaja para enterrarlo en el pueblo natal. Le ponen el crucifijo de Lolo y a los tres o cuatro días estaba en su casa.

No es un milagro momentáneo, es un milagro «quadmon», es decir, la terapia aplicada no es suficiente para obrar el fruto. Hoy es un gran mocetón y un árbitro de tenis y ha testimoniado.

--«Lolo sacramento del dolor», qué bonito: ¿quién lo dijo?

--Don Rafael : Es una frase preciosa del hermano Roger de Taizé. En una visita que hizo recién concluido el Concilio Vaticano II, Concilio que Lolo siguió día a día. El fundador de la comunidad ecuménica le visitó y cuando vio su figura esquelética, sin ningún movimiento, ciego y que sin embargo, era de esa productividad en escritos y productividad apostólica, no tuvo más remedio que decir que era «un sacramento del dolor».

--¿Qué hubiera dicho Lolo ante la mentalidad pro-eutanasia?

--Padre Rafael: Lolo era un enamorado de la vida, tan enamorado que hablaba de cualquier cosa, de lo que pasaba en la calle y jugando los niños; de lo que pasaba en la ciudad por la situación minera de Linares...

Lolo era un defensor de la vida. Él sabía que en cualquier momento podía morir, pero que siempre tenía que estar haciendo lo que en sus manos estuviera para servir en el dolor, durara lo que le durara.

Por Miriam Díez i Bosch

Más información en http://www.amigosdelolo.com

 


 

 

Jaime Labatou

 

Se  llamaba  Jaime Labatou.  A  los  20 años  fue  alistado  y enviado  a  Libia  para luchar  contra  los alemanes  del  general Rommel.  Sirvió  en Artillería. Antes de  la famosa batalla de El Alamein estaba preparando granadas. Un joven inexperto toma una de  las bombas en  la mano y empieza a quitarle el seguro.

 

Preso del pánico, pasa el artefacto a Jaime, que lo toma maquinalmente  y...  le explota en  las manos. Cae al suelo, destrozadas  las  manos  y  sumido  en 

tinieblas.  Al  volver  en  sí,  Jaime había perdido  los ojos  y  las manos. Pero había  conservado  la vida. Allí mismo  empezó  a  dirigirse  a  Jesús.

 

Y  con  la  oración recuperó  la  fortaleza  y  la paz  interior. No  la  luz del  sol que  se apaga cada noche, sino  la  luz de Dios que nunca nos abandona. Decía: “Aprendí a aceptar. No a  resignarme. Resignarse...es  reconocerse  vencido. Aceptar... es  vencer. Y  lo que parece imposible a  las  fuerzas humanas, con  la gracia de Dios...  todo es  posible.  Jesús  no  ha  venido  a  suprimir  el  sufrimiento: ha querido  enriquecerlo  con  su  presencia... Por  eso,  yo  he  recobrado la alegría y la esperanza”.

 

Como vicepresdente nacional de la Fraternidad de Enfermos de Francia  recorrió  todo su país ofreciendo su  testimonio a  través de  emisoras  de  radio  y  de  televisión.  Su  obispo  le  confirió  el diaconado. En  la homilía de  su ordenación dijo: “Lo propio del diácono es bautizar,  servir en el altar,  leer  la Palabra de Dios.

 

Tu,  Jaime, no podrás  leer ni distribuir  la Eucaristía, porque no tienes ojos ni manos. Pero podrás gritar a  los hombres  la alegría cristiana de la fe y del amor”.

 

La  verdadera  salud  es  la  del  alma.  El  verdadero médico  es  Dios. Cuando se le siente cerca, nunca hay razón para la tristeza.

 


 

Sacerdote voluntario en Siberia

Los héroes son hombres de carne y hueso, tienen sentimientos y a veces sienten frío, como el P. Juan Sarmiento: un sacerdote argentino que vive en la mismísima Siberia, no para jugar a las cartas con los osos, ni para vencer un insano récord de vivir por un mes a la intemperie. Está allí llevado por el amor que tiene a Dios y a todos los hombres.

El P. Juan –que en breve cumplirá sus 50 años– es un héroe porque tuvo que pelearle al gobierno ruso un pedazo de tierra, no en Hawai, sino a 1,400 kilómetros al norte de San Petersburgo, en Murmansk, donde sí conocen lo que es el frío.

Es héroe porque tuvo que soportar una larga y dura prueba como lo es aprender el ruso durante 9 meses y lo consiguió. No sólo eso, gracias a sus esfuerzos pudo abrir la primera iglesia católica del lugar (Parroquia de San Miguel Arcángel, por si alguno quiere visitarla).

¿Enemigos? Más que antagonistas personificados, el P. Juan y los otros dos sacerdotes que le acompañan –uno español y el otro alemán– han tenido que hacer frente a una cierta indiferencia entre sus fieles. La razón: el estalinismo feroz sembró la desconfianza y la inseguridad entre esas personas.

Junto a esto, el alcohol –con su famosa cara nacional: el vodka– es un gran problema que afecta a la población. Sin embargo, nunca ha dejado lugar al desaliento en su vida y, poco a poco, a lo largo de siete años ha podido ir construyendo una pequeña comunidad de católicos, en medio de la gran mayoría de ateos y de ortodoxos…

¿Cómo ha aguantado? Su secreto ha sido no dejar de amar a esas personas. En el corazón de un sacerdote, de un héroe, hay espacio para todos: jóvenes, ancianos, mujeres, hombres, niños, enemigos, indiferentes, católicos… hasta los no creyentes.

Llama la atención que la organista de su parroquia es una mujer atea. Quizá ésta sea una característica principal del héroe: si da la vida al servicio de todos por igual es un héroe; si lo hace sólo por algunos, no podríamos darle ese título.

Necesitamos más hombres y mujeres como éstos: héroes de verdad. Héroes no porque se enfrasquen en un apretado y vistoso traje, sino porque creen en el amor. En efecto, sólo el amor nos convertirá en auténticos héroes.

 


 

El doctor de Neuquén

Fuente: www.buenas-noticias.org
Autor: José María Moriano, L.C.


Son muchos. Trabajan sin horario fijo y ofrecen lo mejor de sus personas y de su ciencia al servicio de los demás. Sí, de nuevo sacamos a la luz otro médico que a todos nos llena de santo orgullo. Sus mejores medicinas contra el dolor y la tristeza son muchas dosis de fe y de bondad. ¡Y vaya si curan! Que se lo pregunten si no a muchos de los habitantes de Neuquén, Argentina, en donde ejerce su profesión el Dr. Luis Aostri.

¿Cuál es su terapia que tanto éxito curativo tiene con sus pacientes? Ante todo las “vitaminas” de la oración: camino a su trabajo reza el Ángelus, y ofrece cada uno de los pacientes al Señor. Cuando hace guardia con una médica que pertenece a una iglesia evangélica, se turnan para bendecir la mesa; uno bendice al medio día y el otro por la noche, a su modo, claro.

Si tiene poco tiempo y ha atendido a algún paciente muy grave, llama por teléfono a su esposa para que rece por el alma de tal o cual persona (trabajo en equipo). Bendice a sus pacientes: Si el paciente está mal y es católico le da la bendición en voz alta; y si es de otra religión se la da igualmente pero en voz baja, y ¡con qué gusto la reciben; es más: la piden!

A todos les habla de Dios con sencillez y naturalidad, sin que suene a sermón; los pacientes le hacen preguntas sobre los sacramentos, de la confesión, de casarse por la Iglesia, si pueden… Reza por la conversión de los pecadores y por sus colegas pro-aborto, pro- pastilla, “pro” de todo lo que es opuesto a la ley de Dios y, por lo tanto, al verdadero bien del hombre.

La oración, cuando es auténtica, prende el corazón de amor por los demás. La bondad y la caridad de “El médico”, como es conocido por todos va incluida en la receta. No pocas veces algún paciente sale del consultorio con una bolsa de ropa y mejor calzado; o con dinero para que pueda sacarse unas placas radiográficas; o con alguna medicina para aliviar y curar sus dolores.

El Dr. Aostri sabe que ciertas “patologías” o tristezas profundas del alma tienen su raíz en la debilidad humana, en el miedo, en la soledad… Llevan su tiempo y su esfuerzo. Con paciencia y bondad, acoge, escucha y propone un buen consejo, providencial muchas veces.

Así sucedió con aquellos novios a los que hablaba del valor de la vida cuando acudían, temerosos, a buscar la “píldora del día después”, para abortar al posible hijo concebido; tras la consulta vuelven a mirarse con un amor puro, sereno, de los que se aceptan y acogen con esperanza el don fecundo de su amor.

Estos médicos son conscientes de su tarea dignísima en favor de la vida y en su labor van más allá de la curación del cuerpo, proponiendo a los enfermos los valores del espíritu y el encuentro con Aquel que no vino a curar a los sanos sino a los enfermos. Sí, son médicos que hacen verdaderamente “carrera”, pero hacia el cielo, hacia la eternidad ¡Muchas gracias DOCTOR!


 


La Comunidad del Cenáculo quiere abrir casa en España

Oración contra la droga. Forumlibertas.com

En las 56 casas fundadas por la Hermana Elvira, exdrogadictos ayudan a chicos enganchados; la oración y el trabajo los “limpian”.

Carlos García, sacerdote de la diócesis de Madrid, de 41 años, nunca pensó que dedicaría buena parte de su ministerio a combatir la droga y ayudar drogadictos. “Me parecía que no era para mí, muy difícil... hasta que conocí la Comunidad del Cenáculo”, nos explica.

-¿Como conoció la Comunidad del Cenáculo?

-Providencialmente. Durante 15 años he ido a Lourdes cada año, a ayudar en diversas tareas. Pasando una temporada de 120 días, conocí un exdrogadicto italiano, de Turín, llamado David. Me contó su testimonio, cómo en el Cenáculo dejó la droga. Hoy está felizmente casado, tiene dos niños. Pinta iconos, los vende, le encargan vía crucis, rosarios... aprendió a pintar iconos en el Cenáculo.

-¿Cómo son las casas de Comunidad del Cenáculo?
-En 17 años, de 56 casas que tiene la comunidad, he estado en 12 o 14, las que Sor Elvira ha fundado en Italia y en Francia. Suelen ser granjas, terrenos amplios donde los chicos puedan trabajar en talleres, en cosas físicas.

Las casas pueden variar por país y lugar, pero el estilo de vida es el mismo. Oración, trabajo y revisión de vida. A las 6 de la mañana se levantan a rezar parte del rosario ante el Santísimo. Sor Elvira no abre una casa sin Santísimo. Después de comer, se reza la segunda parte del rosario. Y la tercera, al caer la tarde. Con el rosario se lee el evangelio y se comenta. Y antes de dormir, se reza la Corona de la Misericordia.

Pero lo más importante es que hay adoración perpetua 24 horas al día. Siempre hay dos chicos (o chicas, si es una casa femenina) ante el Sagrario de cada comunidad. Creo que eso, la adoración, es el gran acierto de Sor Elvira, una mujer muy sencilla, que tuvo que dejar los estudios, la menor de 9 hermanos.

- ¿Que se encuentra un chico drogadicto cuando llega a una casa del Cenáculo?
-Entra y ve chicos como él, pero los mira a los ojos y entonces ve una luz que él no tiene. Así me lo dijo un chico al entrar: "Veo que la mirada de estos chicos de aquí es distinta a las mirada que veía en la calle, me cuesta creer que hayan estado en la droga".

Nada más llegar, le ponen un “ángel de la guarda”, un chico que ha estado en la droga. Será su sombra, no le dejará ir solo ni al lavabo ni a dormir. Estará con él en los momentos de mono y desesperación y no le dejará drogarse. Y no puede engañarlo, porque ya se sabe todos los trucos del drogadicto. Este “ángel” lo tendrá pegado entre 2 y 4 semanas, según como responde el novato.

- ¿Qué impide al novato irse a casa?
-Sólo el cariño y la verdad de la comunidad. Puede irse cuando quiera. Pero no engañar. Cuando yo empecé a combatir la droga los mismos chicos me decían "nunca des dinero a un drogadicto; cómprales comida, pero no les des dinero. Y suena duro decirlo, pero si tu hijo está enganchado, has de echarlo de casa. ¿Es duro, verdad? Si lo echas, quizá morirá en las calles. Pero si no lo echas morirá igual y arruinará a la familia, material y emocionalmente. La droga destruye a todos los que le rodean.

Una madre me decía que si le daban un papel para firmar la muerte de su hijo la firmaba, cansada de luchar.

Cenáculo no cobra ninguna tarifa por acoger ni mantener chicos. Vive de providencia, recoge comida, ropa, pero no dinero. Los padres y amigos de la comunidad ayudan. Algunos, por ejemplo, prestan grúas para la construcción, por ejemplo, o regalan los materiales, cemento...

- ¿Qué significa el trabajo en esta comunidad?
-"Servir es reinar" dice Sor Elvira. Mediante el trabajo me dignifico, sirvo a los demás y me desarrollo yo. Me dignifica cualquier trabajo, desde limpiar lavabos o poner la mesa hasta trabajos mayores que llegan ampliamente a la sociedad.

- ¿Se fuma en las casas del Cenáculo?
-No. El joven que entra sabe que debe rechazar tabaco y alcohol e incluso vino. ¡El vino de misa está bajo llave!

- ¿Y una vez desenganchados de la droga?
-El proceso puede durar de 3 a 6 años, depende de su fortaleza como persona y si comprende el método. Entonces recibe la bendición de Elvira para volver a la vida de trabajo. Los amigos de la comunidad le ayudarán en el mundo exterior. Hay un seguimiento para ayudarles a incorporarse en la sociedad. Se les ayuda a buscar trabajo. Se mantienen, si quieren, encuentros con la comunidad. Algunos, ya felizmente casados, no tienen más trato con la Casa que el agradecimiento.

- ¿Es eficaz este sistema para desengancharse?

-Es un 90% eficaz para los que acaban el proceso, no para todos los que entran. Acaban el proceso un 70-90% de los que empiezan.

- Parece una fórmula probada y eficaz. ¿Qué hace falta para abrir una casa de Comunidad del Cenáculo en España?

-Un matrimonio catalán, tras una peregrinación a Medjugorje (donde hay una casa del Cenáculo) vio que podía ofrecer una casa rural para la comunidad. El párroco de Sant Joan Baptista de Mira-Sol (Sant Cugat) desde agosto tiene un grupo de oración pidiendo a Dios que la Comunidad venga a España. Tiene el apoyo de todo un grupo de amigos.

En este caso, necesitamos presentarle el proyecto al obispo de Terrassa, José Ángel Sáiz Meneses, porque ha de dar permiso para implantar la comunidad y poner un Sagrario. Sin Sagrario, no se hace. Vendría entonces un grupo de chavales italianos, con algún español. En la casa madre de Saluzzo hay un chico español que lleva años rezando para que haya casas en España.

Estos jóvenes tienen necesidad de testimoniar, dan testimonio a otros chicos de que Cristo les ha dado la vida; el lema de la comunidad es "de las tinieblas a la luz". No hay vida sin cruz, sin sacrificio, sin entrega, sin renuncia a uno para dar vida a los demás.

Para contactar en España con los Amigos de la Comunidad del Cenáculo, escribid a amigosdelacomunidad@gmail.com o llamar al 696 923 044. Si una persona tiene un serio problema de droga y está interesado en conocer las Casas del Cenáculo puede llamar al P. Carlos: tel. 607 08 88 19

El Padre Carlos García y los Amigos de la Comunidad presentaron su proyecto el lunes 28 en la parroquia de Mira-sol.
 


 

El cardenal Zen cuenta cómo la limosna le salvó del hambre

El obispo de Hong Kong exhorta a ser generosos con los pobres

HONG KONG, jueves, 7 febrero 2008 (ZENIT.org).- La carta pastoral del cardenal Joseph Zen para la Cuaresma se hace eco del llamamiento de Benedicto XVI a la limosna cuaresmal y relata cómo un donante salvó a su propia familia del hambre.

La carta del obispo de Hong Kong, de 1 de febrero, cuenta los detalles de una experiencia que el joven Joseph Zen vivió de niño.

«Fue cuando Shanghai había sido invadido --recuerda el cardenal--. Mi padre había tenido un derrame cerebral y estaba enfermo. Éramos siete de familia y cinco de nosotros en edad escolar, todos con necesidad de ser alimentados. Un frío día de invierno estaba nevando, así que nos quedamos todos en la cama para estar calientes. Estábamos hambrientos y sólo podíamos pensar: "¿Tendremos arroz para comer hoy?"».

«Mi padre miró al reloj y me dijo que me levantara. [...] Mi madre dijo: "Está nevando. Las suelas de tus zapatos de plástico están rotas. Si te mojas, cogerás un resfriado. Quédate en casa a rezar"».

«Pero mi padre dijo: "Tú vas a Misa cada día. No la pierdas hoy. Quiera Dios darnos nuestro pan de cada día". Por supuesto, mi padre tuvo las de ganar -recuerda el cardenal de 76 años, nacido en Shanghai--. Apreté los dientes y corrí a la iglesia y ayudé en la Misa como acostumbraba. Cuando me disponía a volver corriendo a casa, un hombre anciano vino corriendo detrás de mí. Era Zhou Chi Yao a quien todos conocíamos».

El cardenal Zen explica que su padre y Zhou iban a Misa todos los días: «Aunque se saludaban mutuamente con un breve gesto de cabeza, llegaron a ser buenos hermanos en el Señor».

El hombre anciano dijo al joven Joseph Zen: «Amiguito, ¿no eres el hijo de Zen En Giou?».

«Sí», respondió el muchacho.

«Gracias a Dios que corrí detrás de ti --dijo Zhou--.¿Cómo está tu padre? Hace mucho tiempo que no viene  a la iglesia».

El cardenal recuerda en la carta de Cuaresma: «Le hablé de la situación de mi familia. [...] Me llevó a su casa y cogió un fajo de dinero, lo contó, lo envolvió y me lo dio. Dijo: ‘Ten mucho cuidado y lleva esto a tu padre'».

Con ese dinero, explica el cardenal Zen, su familia tuvo dinero suficiente para comprar alimentos durante varios meses.

«La mano izquierda de Zhou no sabía lo que su derecha estaba haciendo», escribe el cardenal aludiendo a la exhortación de Cristo en el Evangelio. El obispo de Hong Kong urge a los católicos a seguir el ejemplo dado por el anciano Zhou.

«No deberíamos preocuparnos por la falta de medios financieros --exhortó el cardenal--. Podemos quedarnos tranquilos si hacemos lo que podemos. Jesús alabó abiertamente a la viuda por dar dos monedas de poco valor».
 


 

Amor en el Aconcagua

Fuente: www.buenas-noticias.org
Autor: Gabriel Rodríguez, L.C.

Aconcagua, diciembre del 2007. Los dos Toños Longoria, padre e hijo, tras haber conquistado unos meses antes la cima del Kilimanjaro, comienzan el ascenso. Grandes esfuerzos, ratos de frío, momentos de lucha y de cansancio. Todo lo habían superado juntos.

A seis mil metros de altura, Toño Jr. no puede más. Sus jóvenes pulmones ya no oxigenan y su cuerpo no responde. Es el momento de tomar una decisión y faltan trescientos metros para la cima. El padre se pregunta si llevarlo arriba o dejarlo acompañado en el campamento y subir por su cuenta a registrar un triunfo más.

Era otro sueño más en la vida. Además, su hijo comprendería que no lo dejaría más que un poco de tiempo… y volvería a su lado. ¡Son sólo trescientos metros! No queda absolutamente nada.

Parecería un dilema, pero la decisión, aunque no fácil, fue sencilla, porque se trataba “simplemente” de discernir qué era más importante: el Aconcagua o su hijo. Unas horas más tarde estaban los dos en un campamento más abajo y con la mirada hacia arriba, contemplando la cumbre que les hizo descubrir una cumbre aún más alta: la del amor.

¡Qué gran testimonio de un padre que ve, en el amor a sus hijos, el mayor de sus éxitos! Qué duro es sacrificar un triunfo por el bien ajeno, pero ¡cuánta paz y cuánta libertad se experimenta cuando se llega a la cima del amor!.
 

 

Frédéric y Patricia: encontrar la fe tras años de matrimonio

 Forumlibertas.com

 

Este es (traducido al español) el testimonio de un matrimonio francés que encontró la fe en el extranjero, en contacto con laicos creyentes. Él no tenía fe de joven; ella había dejado la práctica al casarse. No es un testimonio espectacular sino muy sencillo, y precisamente por eso nos parece muy interesante: creemos que historias así van a ser cada vez más comunes en el futuro:
 

Este es el testimonio de Frederic y Patricia, publicado en Il est vivant ( http://www.ilestvivant.com/actu/IMG/pdf/IEV235_Satan.pdf  ), la revista francesa de la Comunidad del Emmanuel).
 

Frédéric y Patricia están casados desde hace dieciocho años y son padres de tres hijos. Es en los Estados Unidos donde esta pareja del sur de Francia ha vuelto a encontrar el camino de la fe.
 

Frédéric: Para mí, todo empezó en 1996, cuando acompañaba a mi padre que sufría a causa de un cáncer. Una noche, cuando se encontraba muy angustiado, pidió a mi madre que le diera su medalla de la Virgen. A partir de aquel momento se tranquilizó, y esto me ha interpelado.
 

Patricia: Por mi parte, fui a un movimiento scout cuando tenía 12 años. Después, en el instituto, iba por la capellanía. Pero cuando Frédéric apareció en mi vida, lo dejé correr. Luego nos casamos y tuvimos a nuestros dos primeros hijos, Jérémie y Blandine.

F.: En 1997, conseguí un puesto de profesor en la escuela francesa de Denver (EEUU) y Patricia trabajaba a mi lado como ayuda-guardería.
 

P.: Al poco de llegar a Denver, una profesora nos informó de que había una misa en francés. Fuimos allí, principalmente para encontrarnos con otros francófonos. Pero a lo largo de los domingos, nos sentíamos llenos de alegría y de paz.
 

F.: En 1999, teníamos a una alumna cuyos padres eran miembros de una nueva comunidad católica. Con ocasión de un encuentro padres-profesores, después de hablar sobre su hija, les hicimos muchas preguntas. Nos invitaron a su casa y nos fuimos acostumbrando a ir a su comunidad cada fin de semana. En vista de nuestras preguntas y de nuestra incultura cristiana, un hermano nos acogió para re-catequizarnos.
 

P.: Personalmente me emocionaba esta familia venida desde Francia para implantar esta comunidad en los Estados Unidos. Vivía en un verdadero espíritu de abandono en la Providencia.
 

F.: Yo hasta entonces pensaba que en la Iglesia sólo contaban los sacerdotes y los religiosos. Descubrí pues, gracias a ellos, que yo también como padre tenía que cumplir una función. En aquel momento tenía lugar la peregrinación de Juan Pablo II a Tierra Santa. Ver a un hombre tan brillante entregarse con tanta intensidad a la oración me trastornaba. Frente a tantas interpelaciones, mis certezas anteriores comenzaban a agrietarse.
 

P.: Fue entonces cuando la comunidad nos propuso recibir el sacramento de la reconciliación. ¡Fue como un relámpago en nuestra vida! Tuvimos la impresión de ver el mundo por primera vez. Nuestras prioridades cambiaron por completo.
 

F.: En nuestra vida personal, de pareja y de familia, existe un antes y un después de mayo de 2.000. Esto se ha manifestado de manera palpable cuando me dijo nuestro hijo: «¡Prefiero al papá de ahora!».

P.:
Desde Denver, hemos sido guiados por una mano benevolente. Frente a esta sobreabundancia de amor recibido a través de nuestro encuentro con el Señor, hemos querido volver a dar. ¡Hemos pues decidido llegar a ser padres una tercera vez y nació Élise!

 

   

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