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Al terminar su discurso una activista provida de EEUU, llamada Penny Lea, un anciano se le acercó y llorando le dijo: “Yo vivía en Alemania durante el holocausto Nazi y me consideraba cristiano. Asistía a la iglesia desde que era pequeño. Habíamos escuchado relatos sobre lo que les estaba sucediendo a los judíos, pero al igual que muchas personas en EEUU hoy en día, tratamos de distanciarnos de la realidad de lo que estaba sucediendo”. El anciano también le contó a Penny, que durante los servicios religiosos a los que asistía, todos oían el ruido del tren y que, un domingo, todos se turbaron mucho, porque escucharon gritos al pasar el tren por detrás de la iglesia donde se encontraban. Se dieron cuenta de que el tren transportaba a judíos a los campos de concentración como si fueran ganado, y que allí, en esos centros de muerte, serían asesinados. Semana tras semana aquel tren silbaba, y los que estaban en la iglesia aborrecían ese sonido, porque sabían que después escucharían también los gritos de los judíos que iban en el tren hacia los campos de muerte. Para no escucharlos, cantaban los himnos religiosos mucho más alto. Cuenta el pobre anciano: “Han pasado los años y nadie habla de esto, pero todavía oigo en sueños el silbido de ese tren y escucho los gritos pidiendo auxilio; que Dios nos perdone a todos los que decíamos que éramos ‘cristianos’, y sin embargo no hicimos nada por intervenir.” Y el anciano concluyó: “Hoy en día, muchos años más tarde, veo que está sucediendo lo mismo aquí en EEUU; que Dios perdone a los norteamericanos que han bloqueado en sus oídos los gritos de millones de sus niños; el holocausto ha sucedido también aquí.” Aquel anciano se refería a los “gritos silenciosos” de los que están siendo exterminados por el aborto provocado, legalizado por el Tribunal Supremo hace 35 años, el 22 de enero de 1973. El 22 de enero de 1973, dos jueces del Tribunal Supremo de Estados Unidos: Roe v. Wade y Doe v. Bolton, abrieron las puertas a la matanza de inocentes criaturas en el seno materno. Desde 1973 hasta el 2008, han muerto más de 40 millones de bebés concebidos, antes de que pudieran nacer. ¡El número de víctimas del aborto en esta nación ha soprepasado el de todas las guerras que se han librado en nuestro planeta! Se trata de un verdadero holocausto, muchísimo mayor que el que tuvo lugar en la Alemania Nazi. La legalización del aborto en EEUU ha aumentado el número de abortos, uno de los más altos índices en el mundo entero: 3.600 bebés asesinados diariamente. En el portal en la Internet www.vidahumana.org de Vida Humana Internacional (VHI), se puede encontrar abundantísima información sobre el tema. Por último, es justo recordar a todas aquellas personas que han trabajado durante muchos años y que trabajan todavía en el movimiento provida en EEUU y en el mundo entero. En EEUU, por ejemplo, existen cientos de organizaciones provida, y se han establecido más centros de ayuda a la mujer embarazada que clínicas de aborto: más de 3.000. En los demás países de este hemisferio y en el otro hemisferio, se está trabajando también arduamente. Damos gracias a Dios por todos estos valientes defensores de la vida humana y rogamos a Él que bendiga abundantemente todos sus esfuerzos. Magaly
Llaguno - Directora
Ejecutiva de VHI -
www.vidahumana.org
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Los milagros internos de Lourdes
La conversión de los esposos Isabel Arrighi y Félix Leseur
No tiene guía espiritual, como otras almas. Ha aprendido a fondo el catecismo y su madre le guía: “La mamá me ha dicho que debo conocer mi deber y cumplirlo, cumplirlo bien por amor”, dirá un día. Se muestra siempre equilibrada y segura de sí misma porque confía en Dios.
A los 23 años contrae matrimonio con Félix Leseur. Él pertenece también a una familia religiosa, pero tras la universidad, donde ha cursado la carrera de medicina, ha dejado de practicar y se ha alejado de la fe. ¿Cómo es posible que Isabel, que es todo meditación y oración, haya aceptado casarse con un hombre así? La madre le dice: “Tú lo convertirás”.
Con el matrimonio empiezan los sufrimientos. Padece una peritonitis y con el tratamiento descubre que le será negado el don de la maternidad. Durante la convalecencia, muere su padre. Entretanto Félix, de espíritu inestable, abandona la medicina y se dedica al periodismo, a la política y a las relaciones sociales.
El clima de su casa es mundano. Isabel se ve envuelta en él y se aleja de la práctica religiosa. Sigue a Félix en sus viajes al extranjero. La fe de la esposa era una denuncia para su marido, pero ahora que la esposa está en crisis, Félix quiere abrir brecha de agnosticismo en el ánimo de Isabel y le sugiere la lectura de las obras de Ernest Renán, el brillante escritor, enemigo de Cristo.
Estamos en 1898, Isabel se siente trastornada por el espíritu demoledor de Renán y rechaza su negación de Cristo. Es demasiado inteligente para no comprender sus errores, arroja lejos de sí aquellas obras y reemprende la lectura del evangelio. Durante un año medita, reza, se purifica. Félix se vuelve mordaz contra ella, pero Isabel resiste limpia y fuerte en la fe, enamorada de Cristo como nunca lo ha estado.
Isabel se siente cada vez más cercana a Cristo, vive sólo de Él y para Él. No cuenta con otro intermediario humano que un marido brutalmente escéptico y amigos totalmente ajenos a toda dimensión religiosa. Sólo en 1903 conoce al Padre Herbert, dominico, que se convierte en su confesor.
En la primavera de 1903, Isabel se dirige a Roma en Semana Santa. Le acompañan el marido y algunos amigos. El miércoles santo, 22 de abril, se encuentra sola en San Pedro, donde comulga en la capilla del Santísimo Sacramento “y se consagra totalmente” al que ha tomado posesión de su alma desde toda la eternidad.
Al volver a Francia le esperan nuevas pruebas: angustia por la salud de su hermana Julia, fatigas y sufrimientos físicos, la conciencia de que Félix está espiritualmente lejos de ella, el ansia de llevar almas a Cristo… Se traza un programa de silencio, oración, trabajo, sobre todo de amor y sufrimiento, una vida ascética que es un continuo ofrecimiento de amor, alegría y confianza. Se propone amar en lugar de los que odian, sufrir en lugar de los descreídos, entregarse en lugar de los aprovechados.
El Señor responde a todas sus ofertas: la muerte, en 1905, de su hermana Julia, las preocupaciones por la salud de su madre, el fracaso de alguna de sus iniciativas, como una misión a favor de las obreras, su misma situación en la vida sin hijos y con un marido ateo.
Isabel no desespera. Está Jesús y su Madre Santísima a la que Isabel se entrega con total confianza. Su camino espiritual lo registra en las páginas de su diario.
En 1911, en la vigilia de su ingreso en el hospital para la operación de un tumor en el pecho, establece un pacto secreto con el Señor: se ofrece a Dios con la certeza de ser escuchada por intercesión de María Santísima y de San José, con el fin de obtener la conversión del marido.
Félix se siente turbado ante aquella paz, aquellos ojos luminosos en medio de los más atroces dolores. En Lourdes, ante la gruta de la Inmaculada, donde ha acompañado a Isabel, se conmueve, pero sigue siendo el escéptico de siempre. Tiene una personalidad fuerte, es ateo pero posee buenas cualidades. En julio de 1912, le dice Isabel: “Cuando haya muerto, te convertirás y te harás religioso, si, ¡serás el Padre Leseur!”
Los meses trascurren velozmente. Isabel sufre cada vez más y permanece en estado de ofrecimiento a Dios por la Iglesia y las almas. Félix y los que la rodean se sienten fascinados como por un misterio inexplicable.
La agonía de Isabel se prolonga. Recibe la unción de los enfermos el 28 de abril de 1914. “Amar es todo”, dice. Sonríe a Félix el cual, aunque traspasado por el dolor, permanece a su lado. Fallece el 3 de mayo de 1914.
Tras los funerales, Félix lee los tres cuadernos del diario y descubre cuánto ha amado a Cristo, cuánto ha sufrido por su conversión y por las almas.
La gracia desciende como un torrente a su alma. En octubre de 1917 deja todo para entrar en el convento dominico de “La Quercia”, cerca de Viterbo. Mediante un retiro espiritual toma contacto con la vida de la Orden de Predicadores. Poco después, recibe el hábito blanco con el nombre nuevo de Fray María Alberto. En 1923 sube al altar como sacerdote de Cristo para siempre.
El hombre de mundo, el médico escéptico, el negador, se ha convertido en un humilde hijo de Santo Domingo, dedicado por entero a la contemplación y a irradiar a Jesús en las almas, como le había pronosticado Isabel.
Fue él mismo quien se encargó de publicar los escritos de su mujer, de recoger las gracias que desde el cielo obtenía ella para muchos y de hacerla conocer a sus hermanos para hacer conocer y amar más a Cristo.
Félix se apaga serenamente tras 27 años de sacerdocio, el 21 de febrero de 1950. |
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Científicos aprueban un milagro atribuido a la intercesión del periodista Lolo Entrevista con el postulador, monseñor Rafael Higueras
El dictamen médico constituye un paso decisivo hacia la beatificación. Ahora este caso será analizado por la comisión de teólogos y luego la de cardenales. Benedicto XVI aprobó el 17 de diciembre la publicación del decreto que reconoce las virtudes heroicas de este español, que vivió buena parte de su vida (1920-1971) en una silla de ruedas y los últimos años quedó ciego y paralítico. Visiblemente emocionado, el postulador, que vio morir entre sus brazos a este laico de Linares (Jaén), ha concedido esta entrevista a Zenit en la que explica cómo vivió su enfermedad este periodista que había formado parte de la Acción Católica y que creó grupos de oración en monasterios que rezaban --y rezan todavía-- por los comunicadores. --Lolo ya era un modelo de virtudes. Hoy médicos han considerado científicamente inexplicable lo que muchos consideran un milagro atribuido a su intercesión. --Don Rafael: Pues sí, hoy hace un mes justo se declararon las virtudes heroicas de Lolo. En esa ocasión, el Papa nos recibió a los postuladores y ese mismo día firmó el decreto de virtudes heroicas de Lolo. Es praxis de la Iglesia que nunca se estudie un milagro si antes no se ha reconocido la vida y virtudes de la persona. Hoy se ha reunido la consulta médica y ha dado su voto positivo. Ahora queda por reunir a una comisión los teólogos para que analicen si este científicamente inexplicable ha tenido por invocación a Dios a través de la intercesión de Lolo, y que no hay otras razones además para la inexplicabilidad de la curación. Después los cardenales volverán a estudiarlo. Solo después el Papa puede firmar el «sí» al milagro. --¿Cuál ha sido el milagro? --Don Rafael: El milagro, ahora ya se puede decir, es la curación del niño Rogelio de Haro Sagra de fallo multiorgánico por sepsis a Gram negativos (1972). Era un niño de un año y medio en el año 1974 (en el 1971 murió Lolo). Tiene apendicitis, peritonitis, lo operan, se le complica, le tienen que extirpar metro y medio de intestino. Se le complica la situación con vómitos. El abuelo lleva la mortaja para enterrarlo en el pueblo natal. Le ponen el crucifijo de Lolo y a los tres o cuatro días estaba en su casa. No es un milagro momentáneo, es un milagro «quadmon», es decir, la terapia aplicada no es suficiente para obrar el fruto. Hoy es un gran mocetón y un árbitro de tenis y ha testimoniado. --«Lolo sacramento del dolor», qué bonito: ¿quién lo dijo? --Don Rafael : Es una frase preciosa del hermano Roger de Taizé. En una visita que hizo recién concluido el Concilio Vaticano II, Concilio que Lolo siguió día a día. El fundador de la comunidad ecuménica le visitó y cuando vio su figura esquelética, sin ningún movimiento, ciego y que sin embargo, era de esa productividad en escritos y productividad apostólica, no tuvo más remedio que decir que era «un sacramento del dolor». --¿Qué hubiera dicho Lolo ante la mentalidad pro-eutanasia? --Padre Rafael: Lolo era un enamorado de la vida, tan enamorado que hablaba de cualquier cosa, de lo que pasaba en la calle y jugando los niños; de lo que pasaba en la ciudad por la situación minera de Linares... Lolo era un defensor de la vida. Él sabía que en cualquier momento podía morir, pero que siempre tenía que estar haciendo lo que en sus manos estuviera para servir en el dolor, durara lo que le durara. Por Miriam Díez i Bosch Más información en http://www.amigosdelolo.com
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Preso del pánico, pasa el artefacto a Jaime, que lo toma maquinalmente y... le explota en las manos. Cae al suelo, destrozadas las manos y sumido en tinieblas. Al volver en sí, Jaime había perdido los ojos y las manos. Pero había conservado la vida. Allí mismo empezó a dirigirse a Jesús.
Y con la oración recuperó la fortaleza y la paz interior. No la luz del sol que se apaga cada noche, sino la luz de Dios que nunca nos abandona. Decía: “Aprendí a aceptar. No a resignarme. Resignarse...es reconocerse vencido. Aceptar... es vencer. Y lo que parece imposible a las fuerzas humanas, con la gracia de Dios... todo es posible. Jesús no ha venido a suprimir el sufrimiento: ha querido enriquecerlo con su presencia... Por eso, yo he recobrado la alegría y la esperanza”.
Como vicepresdente nacional de la Fraternidad de Enfermos de Francia recorrió todo su país ofreciendo su testimonio a través de emisoras de radio y de televisión. Su obispo le confirió el diaconado. En la homilía de su ordenación dijo: “Lo propio del diácono es bautizar, servir en el altar, leer la Palabra de Dios.
Tu, Jaime, no podrás leer ni distribuir la Eucaristía, porque no tienes ojos ni manos. Pero podrás gritar a los hombres la alegría cristiana de la fe y del amor”.
La verdadera salud es la del alma. El verdadero médico es Dios. Cuando se le siente cerca, nunca hay razón para la tristeza. |
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Sacerdote voluntario en
Siberia |
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Fuente: www.buenas-noticias.org
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La Comunidad del Cenáculo quiere abrir casa en España
Oración contra la droga. Forumlibertas.com Una madre me decía que si le daban un
papel para firmar la muerte de su hijo la firmaba, cansada de
luchar. |
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El
cardenal Zen cuenta cómo la limosna le salvó del hambre
El obispo de Hong Kong exhorta a ser generosos
con los pobres La carta del obispo de Hong Kong, de 1 de febrero, cuenta los detalles de una experiencia que el joven Joseph Zen vivió de niño. «Fue cuando Shanghai había sido invadido --recuerda el cardenal--. Mi padre había tenido un derrame cerebral y estaba enfermo. Éramos siete de familia y cinco de nosotros en edad escolar, todos con necesidad de ser alimentados. Un frío día de invierno estaba nevando, así que nos quedamos todos en la cama para estar calientes. Estábamos hambrientos y sólo podíamos pensar: "¿Tendremos arroz para comer hoy?"». «Mi padre miró al reloj y me dijo que me levantara. [...] Mi madre dijo: "Está nevando. Las suelas de tus zapatos de plástico están rotas. Si te mojas, cogerás un resfriado. Quédate en casa a rezar"». «Pero mi padre dijo: "Tú vas a Misa cada día. No la pierdas hoy. Quiera Dios darnos nuestro pan de cada día". Por supuesto, mi padre tuvo las de ganar -recuerda el cardenal de 76 años, nacido en Shanghai--. Apreté los dientes y corrí a la iglesia y ayudé en la Misa como acostumbraba. Cuando me disponía a volver corriendo a casa, un hombre anciano vino corriendo detrás de mí. Era Zhou Chi Yao a quien todos conocíamos». El cardenal Zen explica que su padre y Zhou iban a Misa todos los días: «Aunque se saludaban mutuamente con un breve gesto de cabeza, llegaron a ser buenos hermanos en el Señor». El hombre anciano dijo al joven Joseph Zen: «Amiguito, ¿no eres el hijo de Zen En Giou?». «Sí», respondió el muchacho. «Gracias a Dios que corrí detrás de ti --dijo Zhou--.¿Cómo está tu padre? Hace mucho tiempo que no viene a la iglesia». El cardenal recuerda en la carta de Cuaresma: «Le hablé de la situación de mi familia. [...] Me llevó a su casa y cogió un fajo de dinero, lo contó, lo envolvió y me lo dio. Dijo: ‘Ten mucho cuidado y lleva esto a tu padre'». Con ese dinero, explica el cardenal Zen, su familia tuvo dinero suficiente para comprar alimentos durante varios meses. «La mano izquierda de Zhou no sabía lo que su derecha estaba haciendo», escribe el cardenal aludiendo a la exhortación de Cristo en el Evangelio. El obispo de Hong Kong urge a los católicos a seguir el ejemplo dado por el anciano Zhou. «No deberíamos preocuparnos por la falta de
medios financieros --exhortó el cardenal--. Podemos quedarnos tranquilos
si hacemos lo que podemos. Jesús alabó abiertamente a la viuda por dar
dos monedas de poco valor». |
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Fuente: www.buenas-noticias.org
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Frédéric y Patricia: encontrar la fe tras años de matrimonio Forumlibertas.com
Este es
el testimonio de Frederic y Patricia, publicado en
Il est vivant
(
http://www.ilestvivant.com/actu/IMG/pdf/IEV235_Satan.pdf
), la revista francesa de la Comunidad del Emmanuel). Frédéric
y Patricia están casados desde hace dieciocho años y son padres de tres
hijos. Es en los Estados Unidos donde esta pareja del sur de Francia ha
vuelto a encontrar el camino de la fe.
Frédéric:
Para mí, todo empezó en 1996, cuando acompañaba a mi padre que sufría a
causa de un cáncer. Una noche, cuando se encontraba muy angustiado,
pidió a mi madre que le diera su medalla de la Virgen. A partir de aquel
momento se tranquilizó, y esto me ha interpelado.
Patricia:
Por mi parte, fui a un movimiento scout cuando tenía 12 años. Después,
en el instituto, iba por la capellanía. Pero cuando Frédéric apareció en
mi vida, lo dejé correr. Luego nos casamos y tuvimos a nuestros dos
primeros hijos, Jérémie y Blandine.
P.:
Al poco de llegar a Denver, una profesora nos informó de que había una
misa en francés. Fuimos allí, principalmente para encontrarnos con otros
francófonos. Pero a lo largo de los domingos, nos sentíamos llenos de
alegría y de paz.
F.:
En 1999, teníamos a una alumna cuyos padres eran miembros de una nueva
comunidad católica. Con ocasión de un encuentro padres-profesores,
después de hablar sobre su hija, les hicimos muchas preguntas. Nos
invitaron a su casa y nos fuimos acostumbrando a ir a su comunidad cada
fin de semana. En vista de nuestras preguntas y de nuestra incultura
cristiana, un hermano nos acogió para re-catequizarnos.
P.:
Personalmente me emocionaba esta familia venida desde Francia para
implantar esta comunidad en los Estados Unidos. Vivía en un verdadero
espíritu de abandono en la Providencia.
F.:
Yo hasta entonces pensaba que en la Iglesia sólo contaban los sacerdotes
y los religiosos. Descubrí pues, gracias a ellos, que yo también como
padre tenía que cumplir una función. En aquel momento tenía lugar la
peregrinación de Juan Pablo II a Tierra Santa. Ver a un hombre tan
brillante entregarse con tanta intensidad a la oración me trastornaba.
Frente a tantas interpelaciones, mis certezas anteriores comenzaban a
agrietarse.
P.:
Fue entonces cuando la comunidad nos propuso recibir el sacramento de la
reconciliación. ¡Fue como un relámpago en nuestra vida! Tuvimos la
impresión de ver el mundo por primera vez. Nuestras prioridades
cambiaron por completo.
F.:
En nuestra vida personal, de pareja y de familia, existe un antes y un
después de mayo de 2.000. Esto se ha manifestado de manera palpable
cuando me dijo nuestro hijo: «¡Prefiero al papá de ahora!».
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