XXIV
| Diana, Frank y Margarita |
| La Conversión de Vittorio Messori |
| El "Templeton Prize" |
| La rodilla de Chiara |
| María José Rossi |
| Cambia mi vida o mátame |
| Esta es la hora de la Eucaristía |
| ¿Un coma de luz? |
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Doctor, mi hijo
tiene un síntoma gravísimo: Vittorio Messori ‚
"Nací en plena Guerra Mundial en la región quizá más anticlerical de Europa: en la Emilia, zona del antiguo Estado pontificio, la del don Camilo y Peppone (el cura de pueblo y el alcalde comunista) de Guareschi. Mis padres no estaban precisamente de parte de don Camilo y, aunque vivían de verdad unos valores -apertura, acogida, generosidad, etc-, desde pequeño me inculcaron la aversión, no al Evangelio o al cristianismo, sino al clero, a la Iglesia institucional. Me bautizaron como si fuera una especie de rito supersticioso, sociológico, pero después no tuve ningún contacto con la Iglesia. Acabada la Guerra, mis padres se trasladaron a Turín, la mayor ciudad industrial italiana, cuna del marxismo italiano -de Gramsci, Togliatti y otros dirigentes comunistas-, en la que los católicos hace tiempo que son minoría. Asistí allí a un colegio público, donde no se hablaba de religión más que para inculcarnos el desprecio teórico hacia ella. Obligada por el Concordato había, sí, una clase semanal de enseñanza religiosa, pero casi ninguno la tomaba en serio y yo, en concreto, eludía la asistencia con las más variadas excusas. O sea, que si por mi familia estaba imbuido de anticlericalismo pasional, la escuela llovió sobre mojado al enseñarme la cultura del iluminismo, del liberal-marxismo". Acabado el bachillerato, eligió como carrera universitaria la de Ciencias Políticas. Pertenecía a la famosa generación del 68 y convirtió la política en su pasión. "Decía el teólogo protestante Karl Barth que «cuando el cielo se vacía de Dios, la tierra se llena de ídolos». Para mí el cielo estaba vacío, y uno de los ídolos que llenaba la tierra era precisamente la política. Era para mí una auténtica pasión. Estaba muy comprometido con los partidos de izquierda". [...] Pensaba que cualquier dimensión religiosa pertenecía a un mundo pasado, al que un joven moderno como yo no podía tomar en serio. (...) El Evangelio era para mí un objeto desconocido: nunca lo había abierto, pese a tenerlo en mi biblioteca, porque pensaba sin más que formaba parte del folklore oriental, del mito, de la leyenda. Pero un día sucedió... Llegamos a un punto en que me es difícil hablar... por pudor. André Frossard, colega y amigo mío, entró un día en una iglesia católica en Francia y de la misma salió convertido. Mi proceso no es tan clamoroso. Pero un tipo semejante de experiencia mística, no tan inmediata sino diluida en el arco de dos meses, también la he vivido yo. Mi hallazgo de la fe fue muy protestante. Fue un encuentro directo con la misteriosa figura de Jesús, a través de las palabras griegas del Nuevo Testamento. No vi luces, ni oí cantos de ángeles. Pero la lectura de aquel texto, hecha probablemente en un momento psicológico particular, fue algo que todavía hoy me tiene aturdido. Cambió mi vida, obligándome a darme cuenta de que allí había un misterio, al que valía la pena dedicar la vida. La situación que se creó fue todo un drama para mí. De inmediato me vino un gran consuelo, una gran alegría, pero a la vez un miedo terrible, por varios motivos. Por una parte, me di cuenta de que mi vida debía cambiar, sobre todo en la orientación intelectual. (...) Me hacía sufrir especialmente el que, si mi familia se enteraba de lo que me sucedía, me echasen de casa. De hecho, cuando mi madre supo que asistía a Misa a escondidas, telefoneó al médico y le dijo: «Venga, doctor. Mi hijo padece una fuerte depresión nerviosa». «¿Qué síntomas tiene?», preguntó el médico. Y mi madre le contestó: «Un síntoma gravísimo: he descubierto que va a Misa». Esto da idea del clima que se vivía en mi familia y de lo mucho que podía afectarme. [...] Ha sido una aventura solitaria -siempre he sido un individualista-, en la que me guió Pascal: un hombre de hace 300 años, también laico convertido, que razonaba como yo, que no quería renunciar a la razón y que, antes de rendirse a la fe, deseaba agotar todas las posibilidades. Él me ayudó a descubrir esa nueva Atlántida personal. He hablado de aventura solitaria y de mi individualismo, pero también digo siempre que no soy un "católico del disenso". Al contrario, soy un "católico del consenso". Y es que, en la lógica de la Encarnación, no sólo juzgo legítimo al Vaticano, a la Iglesia institucional, sino que la considero necesaria, indispensable. ¿Cuándo decidí aceptar la Iglesia? Cuando, al reflexionar sobre el Evangelio para intentar conocer mejor el mensaje de Jesús, me di cuenta de que el Dios de Jesús es un Dios que quiso necesitar a los hombres, que no quiso hacerlo todo solo, sino que quiso confiar su mensaje y los signos de su gracia -los sacramentos- a una comunidad humana. Es decir, si uno reflexiona bien, acepta la Iglesia no porque la ame, sino porque forma parte del proyecto de Dios. Me ha costado muchos años, pero ahora estoy convencido de que sin la mediación de un grupo humano, en el fondo no tomaríamos en serio la mediación de Jesús. Mi aventura también ha sido solitaria porque era uno de los pocos que andaba contracorriente. Entraba en la Iglesia cuando tantos clericales salían de ella gritando: ¡Qué maravilla, finalmente la tierra prometida! ¡Hemos descubierto la cultura laicista! Yo, asombrado, intentaba pararlos: ¿Qué hacéis? ¡La verdadera cultura está aquí dentro, en la Iglesia! Por eso, algunos me han
acusado de ser un reaccionario, un nostálgico. Es absurdo. Yo no he
conocido la Iglesia preconciliar, no he escuchado jamás una Misa en
latín, porque antes del Concilio nunca había asistido a Misa, y cuando
comencé a ir, era ya en italiano. De ahí que no pueda ser un nostálgico.
¿De qué? No he tenido ni una infancia ni una juventud católica. Lo que
sí he conocido de cerca es la cultura laicista. Y luego, un encuentro
misterioso y fulgurante con el Evangelio, con una Persona, con
Jesucristo; y, después, con la Iglesia".
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LA
RODILLA DE CHIARA
”El 29 de noviembre, se le edematizó la
rodilla izquierda a mi cuñada Chiara y los tres médicos que la
vieron le indicaron lo mismo: “Haga reposo, va a pasar”. Sin
embargo, a medida que pasaba el tiempo, la situación empeoraba.
Estábamos preocupados. Por mi parte, intentaba infundir paz y oraba
incesantemente a la Sma. Virgen”
Aquella noche, el cuadro se agravó
peligrosamente y decidimos hospitalizarla en el Policlínico Gemelli
de Roma. ¡Pero no había ninguna cama disponible! Después de largas
horas de tenaz espera, nos propusieron una pequeña habitación con un
acotado espacio entre dos camas, desprovista de mesita de luz,
velador, y salida para oxígeno. ¡Chiara materialmente no tenía nada…
sin embargo, lo tenía todo! En efecto, ante nuestra gran sorpresa,
alguien había dejado una imagen de la Reina de la Paz de Medjugorje
en la cabecera de su cama. ¡María estaba allí, aguardándonos!
”El 1° de diciembre, el director del
Servicio de Angiología nos dijo que el cuadro había derivado en una
embolia pulmonar y que la esperanza de sobrevida de Chiara era
mínima, podía morirse en cualquier momento. Me asaltaron mil y un
pensamientos. ¡Tenía que encontrar urgentemente una salida! De
repente me quedé contemplando detenidamente la imagen de la Virgen
sobre la cama de mi cuñada, atraída por su mirada tan viva que
parecía real. En ese momento comprendí que ella, nuestra Madre
Celestial, sería nuestra fortaleza y nuestra vía de escape. ¡La
esperanza de sobrevida de Chiara, no reposaba en el hospital ni en
su cuerpo médico, sino en la Virgen!
”Me invadieron grandes deseos de ir a
Medjugorje a orar y a ayunar. Llamé a una religiosa que vive allí
para ver cómo llegar aquel mismo día. Sin titubeos, decidí
trasladarme allí por 10 días. Mi corazón estaba henchido de alegría;
tenía el firme convencimiento interior de que Dios pondría luz en
aquella sombría situación… Tomé de inmediato un vuelo de Roma a
Split”.
Y es así como Anna desembarcó en casa. Las
noticias de Italia eran malas, el estado de salud de su cuñada se
agravó. Al dia siguiente, Anna participó de la aparición del 2 de
diciembre a Mirjana. El mensaje de la Sma. Virgen de aquel día (ver
PS 2) la impulsó a ayunar y a orar por Chiara con renovado fervor.
Se mantenía en contacto con su familia a través de su celular, y les
explicaba la importancia vital del mensaje de la Virgen, exhortando
a cada uno a que se uniera en oración y ayuno. El estado de Chiara
se vuelve estacionario. Muchos amigos y conocidos se solidarizan con
ellos. Cada vez hay más gente que se suma a orar y ayunar por Chiara,
¡para muchos de ellos es su primer ayuno! Antonio, el hermano de
Chiara cierra su garage, a pesar de sus múltiples compromisos, para
permanecer orando junto con su esposa. Le dice a sus empleados:
“¡Vuélvanse a sus casas y oren por Chiara, oren aún cuando no crean
en Dios!”
Chiara está rodeada de amor, del amor que
nace de la presencia de Jesús a través de la oración. Le decimos por
teléfono: “¡No tengas miedo, Chiara, estás en las manos de Dios,
abandónate a Él!” Los días se suceden, intensos. Aún cuando Anna se
estremece ante cada llamada telefónica, permanece en paz, ya que ha
depositado la causa de Chiara en las manos de Dios, confiada en su
misericordia: pase lo que pase, todo estará bien.
El ver a una joven de 27 años tan
determinada a sacrificarse y a perseverar a pan y agua sin cejar un
solo día; escucharla arengando a sus tropas a distancia con
semejante fe, alentando a todos sus amigos a que perseveren a fin de
salvar a esta madre de familia… A nosotros, que precisamente vivimos
en Medjugorje para encarnar los mensajes y difundirlos, ¡el ejemplo
de Anna nos conmueve, nos maravilla!
Hacia el final de su estadía, Anna recibe
la siguiente noticia: “A pesar que está muy débil, Chiara se
encuentra fuera de peligro!” ¡Llorábamos de alegría!
Dejemos que Anna termine de contarnos el
resto de la historia:
”¡Los días siguientes fueron días de luz!
La salud de mi cuñada mejoraba de día en día. Su voz era alegre. Me
contó que no había dejado de orar. Aún cuando todo parecía
desmoronarse, siguió orando por su sanación, y también para tener
fuerza para aceptar la voluntad del Padre con serenidad, en el caso
de que su vida terrenal estuviera llegando a su fin. Hicimos la
promesa de ir a agradecer a nuestra Madre del Cielo a Medjugorje en
peregrinación, a Ella que nos socorrió desde el primer instante. A
través de la enfermedad de Chiara, la gracia de Dios ha alcanzado a
una multitud de personas, tanto creyentes como no-creyentes. Y un
corazón que ha sido tocado por Dios, ya no se apaga más, aún cuando
no emprenda de inmediato los caminos de Dios. El deseo de
encaminarse hacia Él queda grabado a fuego en el corazón”
Anna forma parte de aquellos violentos que
se apoderan del Reino. ¡Vaya ejemplo para todos nosotros! Cuando la
medicina demostró ser impotente, empuñó las armas espirituales.
Personalmente, creo que su sacrificio ofrecido con tanta fe permitió
salvar la vida de Chiara. “Cuando tengan a alguien que está enfermo,
nos ha dicho la Gospa, entréguenmelo. Oren y ayunen, y yo me ocuparé
de él. (A Vicka, sin fecha). Muchos piensan en orar, pero pocos
piensan en ayunar y en sacrificarse por sus enfermos. Si lo
hicieran, ¡las sanaciones serían tanto más abundantes!
dejándonos conducir por ti hacia Jesús,
hacia el Cielo!
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Testimonio de la
modelo brasileña Mariajosé Rossi, tras su
Bautismo
Conoce de cerca el mundo de la diversión superflua, del alcohol, de las fiestas VIP. Su rutina se desenvuelve desde hace años entre top models, fotógrafos, maquilladores y modistos. Un ambiente que la envolvía ya en Brasil, país en el que nació y del que se vino a los 20 años para desarrollar su carrera como modelo de pasarela y publicidad. Precisamente porque las luces de las discotecas y los focos de las cámaras no le son ajenos, Mariajosé Rossi de Queirós puede afirmar, a sus 22 años, que «el mundo de la belleza, de la fiesta constante, de las drogas, del sexo, es una mentira. La alegría y la libertad
verdaderas están en la Iglesia, en Jesucristo. Escucharle es gratis,
mientras que las discotecas, las pastillas o el alcohol no sólo cuestan
muchísimo, sino que se pagan caras. La felicidad de discoteca se acaba
al amanecer; Cristo dura siempre». Algunas chicas de mi edad, como era modelo y brasileña, no me querían como amiga por miedo a que les quitase el novio, o cosas así. Entonces empecé a ir a la iglesia para pedir ayuda a Dios, aunque no estaba bautizada. A partir de ese momento, empecé a acercarme cada vez más a Dios y a conocerle más. Él fue mi único compañero aquí, me libró de no entrar en la droga y me alejó de lo malo». Aquel camino hacia Dios la llevó a recibir el Bautismo, la Confirmación y la Primera Comunión en la pasada Vigilia Pascual, de manos del cardenal arzobispo de Madrid, don Antonio María Rouco, en la catedral de la Almudena. Merece la pena aguantar las críticas Esta conversión «me ha cambiado totalmente, y no me importa decírselo a todo el mundo. Algunos jóvenes se ríen, porque en mi mundo hay pocos que crean en Dios. En este ambiente hay mucha discoteca, mucha fiesta, drogas…» Pero ella no se arredra a la hora de dar testimonio: «Veo como una misión ser católica en mi ambiente, contar cuánto ha cambiado mi vida y lo feliz que soy. Es muy difícil, pero merece la pena para que mis compañeros encuentren la alegría de Dios». Y eso, por no hablar de otras dificultades: «Tengo que rechazar algunos trabajos, aunque paguen bien, porque, como católica, sé lo que debo y lo que no debo hacer. El otro día, por ejemplo, tuve que rechazar un trabajo en el que me pagaban muy bien por salir medio desnuda, y también en Antena 3 dije No a un trabajo en el que tenía que estar en bikini ». Ésta es, según cuenta, su misión. «En realidad –aclara–, todos estamos llamados a hablar de Él y a tener una vida más religiosa para que las personas que nos rodean puedan creer. Si cada uno lo hace en su ambiente, será más fácil hacer presente a Cristo». Y cuando llegan los momentos de debilidad, sabe dónde acudir: «Cuando miro una imagen de Jesucristo, y pienso en todo lo que pasó por mí, veo en Él la salvación, la esperanza que me falta. Me siento confortada sólo con decir su nombre». A quienes no creen, esta joven modelo les muestra el motivo de su alegría con la misma soltura con la que posa ante las cámaras: «Jesucristo sólo pide que escuches su Palabra, no te obliga a nada. Si voy a la iglesia es porque quiero, porque me hace falta. Quienes no creen en Él no saben lo que se pierden. Ser hija de la Iglesia y tener cerca de Dios da más felicidad que cualquier fiesta del mundo». Como para hablar de Dios hace falta primero hablar con Dios, ella lo hizo ante cientos de personas en la festividad del Corpus Christi, en la catedral de Madrid. Aquel día, puso su
testimonio en clave de oración, y los allí presentes pudieron escuchar:
«Yo trabajo como modelo, pero he descubierto que Tú, Jesús, eres el
único Modelo, en todo y para todo. Tú eres la auténtica Belleza, Señor;
el Amor siempre joven. La pasarela de un cristiano es la vida cotidiana,
en la que podemos convertir todos los momentos y circunstancias en
ocasión de amarte. Es curioso, Dios mío: sin dejar de ser una sinpapeles,
he encontrado mi verdadera identidad: soy hija tuya, soy hija de Dios.
¡Gracias por la confesión que nos perdona los pecados! ¡Gracias, Jesús,
por haberte quedado a nuestro lado en la Eucaristía! ¡Gracias por la
Misión Joven! ¡Yo soy uno de sus frutos!» José Antonio Méndez. Alfa y
Omega 596
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Mark Gibson y su limpio noviazgo
Hace unos años, un joven norteamericano llegó a nuestro país, como otros muchos, para pasar las vacaciones de verano. Buscaba el sol y aprender español. Sin embargo, se encontró con una persona que le iba a cambiar la vida para siempre La escena se repite cada verano: un joven estadounidense llega a España en busca del sol, la diversión y alguna que otra clase de castellano. Sin embargo, para Mark Gibson el final de la historia no tiene nada que ver con el de otros muchos turistas que visitan nuestro país. Porque aquí, en España, aquel chico acomodado, volcado en su vida fácil y vacía, encontró a Cristo. Mark lo recordó ante cientos de personas en la celebración del Corpus Christi, en Madrid: «Antes era un hombre sin religión, que llevaba una vida cómoda, muy cómoda y sin sentido…, una vida vacía. En los Estados Unidos tenía de todo, pero no era feliz ». Aquel sinsabor vital le llevó a alzar sus ojos al Cielo, a pesar de no estar ni siquiera bautizado. «Aunque era un hombre sin fe –recordó Mark–, sabes que un día te pedí: ¡Jesucristo, ayúdame! Luego vine a veranear a España. Quería practicar el castellano y me presentaron a una chica que quería practicar el inglés. Y nada más verla, sentí cómo Tú, Señor, me decías en lo más hondo del alma: Ésta es». Aquel encuentro contaba con todos los ingredientes para ser un simple amor de verano entre jóvenes. Sin embargo, el estudiante de Ohio se topó con un elemento imprevisto: «Yo me enamoré, pero ella no me lo puso fácil. Cuando vio que me interesaba, me dijo: Mira, yo soy católica. Por eso, si estás buscando a una chica para divertirte una temporada, no cuentes conmigo». Lejos de reírse o desanimarse, Mark se sintió cautivado por la valentía de aquella fe: «Al escucharle decir eso, me enamoré aún más. Me llamaba la atención su coherencia de vida y, sobre todo, su alegría». Hoy, aquella joven es su esposa, la madre de sus dos hijas y la persona por la que encontró a Dios. Como recordó el día del Corpus, «cuando nos casamos, al comienzo de la Misión Joven, yo no era católico. Ella no me presionó, ni me forzó para que me bautizara, pero el noviazgo limpio que vivimos, el ejemplo de su vida y de su alegría fueron como un imán para mí». Por eso, cuando nació su primera hija volvió a pedir ayuda a Dios, como años atrás lo había hecho en los Estados Unidos, aunque por otro motivo: «Te pedí, Señor –aseguró Mark ante cientos de personas, en Madrid –, que mi hija fuera como su madre. Entonces me hiciste comprender que para que mi hija fuera buena cristiana, debía tener no sólo una madre, sino también un padre cristiano; y que yo debía dar el paso y bautizarme. Es lo que hice, y en la pasada Vigilia Pascual me bautizó el señor cardenal, don Antonio María Rouco». De este modo, el joven que vino a España buscando la diversión del verano se encontró con un regalo inesperado –la fe en Cristo y en su Iglesia–, por el que da gracias a Dios: «Gracias por los milagros que haces en nuestras vidas; por el regalo de la fe. Gracias por mi mujer, mis dos hijas y todos los hijos que quieras seguir enviándome. Porque Tú, Señor, eres la verdadera alegría de nuestra vida». José Antonio Méndez - Alfa y Omega 597.
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"Esta es la hora de la Eucaristía"; el
padre Nicolas Buttet en Quebec (I)
En el marco de su participación en el Congreso
Eucarístico Internacional Ha confiado sus primeras impresiones sobre el congreso a Zenit. En esta entrevista, explica también cómo ha descubierto el sentido profundo de la Eucaristía y lo que está en juego de este sacramento para el mundo de hoy. "Es maravilloso lo que pasa aquí --declara--. Es un tiempo de gracia, ¡un kairós! Más de diez mil participantes, ya ha llegado una docena de cardenales, 130 obispos, centenares de sacerdotes. Y Jesús. Todo para Jesús Hostia". El padre Buttet, antes de fundar la Fraternidad "Eucharistein", fue ordenado sacerdote tras varios años de vida eremítica. Antes de entrar al seminario, estaba viviendo un exitosa carrera política entre los demócratas cristianois en su país, Suiza. --La Iglesia en Canadá espera mucho de este congreso eucarístico. ¿Cree que pueda renovar a la Iglesia? Concretamente, ¿qué puede cambiar? --P. Nicolas Buttet: Llegado al aeropuerto de Montreal, un joven empleado del control de equipajes me interroga sobre mi vestimenta (llevo una casaca marrón y una cruz) diciéndome con su buen acento canadiense : "¿qué es esto ?". Yo le respondo : "es un hábito religioso, soy religioso y sacerdote". Me responde : "ah, ¿existe todavía gente como ésta ?" Comenzamos una amena conversación, tenía curiosidad por algo de lo que parecía ignorarlo todo. Hace seis meses, me encontraba en Montreal para una sesión de tres días con jefes de empresas. El tema era el discernimiento y debíamos intervenir dos personas: un filósofo y "el monje". Llegado a la sesión, un hombre me dijo con entusiasmo: "usted, ¿es el monje?" Respondí: "sí, de alguna manera". "¿Monje budista ?" dije con curiosidad no disimulada. Le respondí: "no, ¡católico!". "Católico... ¿como el Papa ?" rebatió con aire un poco inquieto y sospechoso. "¡Sí !" respondí yo entusiasta. Y oigo que me dice a la cara con gran decepción: "¡Ah no !". La sesión se desarrolló muy bien. A continuación y pudimos discutir francamente sobre este primer contacto... ¡Todo menos frío ! Estos dos ejemplos atestiguan las consecuencias pesadas, de esto que se ha convenido en llamar aquí la "revolución tranquila" de los años sesenta. Se ha producido un tsunami lento, pero un tsunami al mismo tiempo eclesial, religioso, cultural. La Jornada Mundial de la Juventud de
Toronto (2002) vino ya a sacudir este torpor que pesa sobre la sociedad
canadiense y especialmente sobre esta parte francófona que festeja este
año los 400 años de Quebec, llamada inicialmente "¡Ciudad María !". Este
fue el primer acontecimiento eclesial visible desde que la Iglesia había
sido relegada fuera del campo público. El Congreso Eucarístico es una
etapa determinante en este camino de proposición de la fe. Lo es por la
visibilidad del acontecimiento, por la amplitud de la organización y por
la audacia de algunas iniciativas del cardenal Ouellet y su equipo.
Pienso sobre todo en el efecto espiritual, en la movilización de tantas
buenas voluntades, de tantas parroquias. En estas adoraciones perpetuas
situadas en diferentes lugares, en esta oración comprometida desde hace
varios meses por este congreso. Dios escucha a una Iglesia en oración.
Dios multiplica sus obras en los corazones que se abren a la gracia. --P. Nicolas Buttet : El cardenal Ouellet me ha pedido aportar sobre todo un testimonio personal sobre la Eucaristía. Por tanto voy a hablar de mi encuentro con Jesús-Hostia, pero también de la manera conmovedora con la que mis experiencias en el mundo me han conducido a llevar a Jesús a tantas personas. Me acuerdo de una misa en China, celebrada en el fondo de un establo, detrás de las vacas, para que la policía no viniera a buscarnos... Pero también he pedido a varios jóvenes que acogemos en nuestra comunidad, jóvenes que vienen de la calle, del medio de la droga o habiendo vivido una depresión, que me describan en algunas palabras su relación con Jesús presente en el Santo Sacramento y lo que la misa y la adoración les aporta. Por tanto compartiré esto. Mi conclusión será muy clara : ¡es la hora de la Eucaristía ! Es el Kairós, pues es la hora de Cristo y en la Eucaristía tenemos a Jesús y todo el misterio de salvación. Juan Pablo II dijo que no hay ningún riesgo de exageración en el culto dado a este misterio pues es a Jesús mismo a quien se dirige. Pienso que podemos emprender la "revolución profunda", la de los corazones y de la sociedad. Benedicto XVI tomó como un signo y una misión el hecho de haber subido a la sede de Pedro en pleno año eucarístico. Era para él una ocasión de hacer del desarrollo del culto eucarístico el centro de su ministerio petrino. Y se sabe cómo se lo ha tomado. Es él quien ha pedido a los obispos introducir en todas las diócesis al menos un lugar de adoración perpetua del Santo Sacramento. Ha dado ejemplo instituyendo cinco en Roma. La Eucaristía es una escuela de libertad y una escuela de caridad. Pero es sobre todo la fuente de la vida sobrenatural del bautizado, sin la que no queda nada más que lo humano, e incluso "demasiado humano" ¡habría dicho Nietzsche ! --A los católicos, incluso practicantes, a veces les cuesta entrar en el misterio de la Eucaristía. Comunican su convicción, por costumbre. Y sin embargo la Eucaristía es vital en la fe de un católico. ¿Cómo se puede ayudar a los creyentes a comprender el significado profundo de la Eucaristía ? --P. Nicolas Buttet : La beata de Quebec, Dina Bélanger, beatificada en 1993 por Juan Pablo II, escribió un día en su diario : "Si las almas comprendieran el tesoro que poseen en la divina Eucaristía, habría que proteger los tabernáculos con muros inexpugnables ; pues, en el delirio de un hambre santa y devoradora, irían ellas mismas a alimentarse del Pan de los Ángeles. Las iglesias desbordarían de adoradores consumidos de amor por el divino prisionero, tanto de día como de noche". ¡No hemos llegado a esto! Es verdad que el misterio es tan grande, la brecha tan enorme entre lo que nuestros sentidos perciben -el pan- y lo que nuestra fe cree -Jesús- que no es fácil entrar en el misterio. Pienso que hay tres cosas a desarrollar : una catequesis eucarística que pasa por las palabras y los ejemplos. "Entremos en la escuela de los santos, grandes intérpretes de la piedad eucarística auténtica", dijo Juan Pablo II al final de su encíclica sobre la Eucaristía. En segundo lugar, hay que destacar la consagración en la misa, y el tabernáculo en las iglesias. Siempre me impresiona la poca devoción durante la celebración eucarística en la consagración. Es un momento que es como descuidado. Se puede creer con las palabras, pero con los gestos que se hacen en estos momentos, uno nunca se equivoca. Estaba un día en casa de unos amigos. Los padres tenían una hija de tres años ; la habían bautizado y por lo tanto, por tradición y por deber, iban a misa con ella todos los domingos. La tía de esta niña es católica comprometida. Era pues la hora de ir a misa y la mamá preguntó a su hijita de tres años : "¿Con quién quieres ir a misa, con mamá o con la tita ?" Y la niña respondió sin dudar : "¡con la tita !" "Y ¡por qué ?", le preguntó la mamá. "¡Porque ella cree !" replicó todavía con menos vacilación la pequeña. Pienso que hay gestos, actitudes que son una catequesis en sí mismas. Una vez estaba en China. Un viejo catequista, Zacarías, que arriesgó su vida por anunciar a Jesús y que llegaba a sus cien años, había conservado, en un local escondido de su casa, un tabernáculo con el Santo Sacramento. Feliz, me hizo descubrir su tesoro detrás de una puerta secreta... Apenas entrados en este pequeño local, Zacarías se puso de rodillas, se prosternó con la frente en el suelo y empezó algunas oraciones. ¡Yo comprendí que era Jesús quien esta allí ! ¡No había ninguna duda! En tercer lugar, hay que redescubrir la adoración eucarística y la devoción eucarística fuera de la misa. Este misterio es tan grande que sólo la liturgia no nos permitirá jamás profundizar lo suficiente. Sólo una exposición prolongada al misterio de la Presencia real de Jesús en el Santo Sacramento permite entrar progresivamente en el estupor eucarístico. Pienso en este testimonio de Maxime, de 21 años : "Para mí la Eucaristía es el centro de mi vida. Jesús-Eucaristía me ha sacado del infierno de la droga. Gracias a la Eucaristía, mi vida ha sido transformada y estoy ahora feliz de vivir para servir a Cristo. La Eucaristía es mi fuerza para amar, para seguir y servir a Cristo a través de alegrías y penas. Dios nos ama infinitamente y no nos abandonará jamás".
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¿Un coma de
luz?
Cuando era vicario de la parroquia Santa María en Texas, el padre Tim era también capellán nocturno de un gran hospital católico. Su tarea como capellán era muy intensa, y lo llevaba a visitar a una gran cantidad de pacientes a horas en que los médicos habían terminado sus exámenes y controles de la jornada, y que las visitas, familiares y amigos se habían retirado. Los pacientes, muchos de los cuales serían intervenidos quirúrgicamente al día siguiente, estaban solos. Era entonces, más que en cualquier otro momento del día, cuando los pacientes pedían la presencia del sacerdote. El padre Tim visitaba cada noche en forma particular a una persona: a Helen, que estaba en coma desde hacía varias semanas (Frecuentemente las personas en coma todavía pueden escuchar, porque el oído es el último sentido que se pierde). Cada noche, el padre recitaba un Padrenuestro, Avemaría y Gloria junto a su lecho, y después le relataba someramente las novedades del día, deportes, pronóstico del tiempo, etc. Una noche, el padre Tim tenía una gran cantidad de pacientes por visitar, y pensó en dejar de ir a ver a Helen. Ella no respondía de manera normal, por lo que pensó que si omitía de ir una noche, no tendría gran importancia. Sin embargo, cuando terminó de realizar todas las demás visitas, la moción que debía ir de todas maneras a verla le volvía una y otra vez. A las tres de la mañana, entró en su habitación sin encender la luz, porque la luna brillaba suficientemente como para iluminar el cuarto. Sentado en una silla cerca de la cama de Helen, comenzó a recitar rápidamente las oraciones habituales, pensando que sería suficiente. Sin embargo, experimentaba el sentimiento profundo que de tenía que hacer algo más por aquella mujer. Algo (o ¿Alguien?) le soplaba que debía ofrecerle que recibiera el sacramento de la Reconciliación, que quizás no había tenido la oportunidad de confesarse antes de su enfermedad. Entonces, el padre Tim le propuso la absolución sacramental y le dijo que le concedería un momento de silencio durante el cual podría confesar sus pecados a Dios en su corazón. Después recitó el Acto de Contrición y le pidió a Helen que orara en silencio al mismo tiempo que él; le impuso las manos y le dio la absolución de todos sus pecados. (Recordemos que la palabra “absolución” no significa “perdón” sino “liberación”). Mientras el sacerdote pronunciaba las últimas palabras de la absolución, ¡Helen se incorporó repentinamente!, con los ojos bien abiertos, levantó los brazos hacia delante, y sonriendo exclamó: ¡JESÚS! Ante el impacto, el padre Tim experimentó temor. Miró enseguida hacia la pared, que Helen contemplaba con tanta intensidad y vio que había un pequeño crucifijo de madera. Volvió nuevamente su mirada hacia Helen, y ésta había vuelto a caer sobre su almohada, muerta. Fueron necesarios varios minutos para que el padre Tim pudiera comprender lo que había sucedido. Algo en la vida de esta mujer la tenía retenida a esta vida, pero una vez liberada de ese lazo, se había encontrado libre para ir al encuentro de Jesús. El día del sepelio, la hermana de Helen fue a ver al padre Tim. Se había enterado de que él había asistido a su hermana en el momento de su muerte. El padre le contó que le había dado la absolución, a pesar de estar en coma. La mujer, muy agradecida, le dijo: “Cuando Helen y yo éramos pequeñas, nos enseñaron a pedir todas las noches la gracia de la buena muerte (es decir de morir en estado de gracia). Ahora sé que Dios ha escuchado nuestras oraciones, y agradezco que mi hermana haya muerto en paz”. A veces, el padre Tim les pedía a sus pacientes en coma que apretaran su mano en señal de que deseaban recibir la absolución. A menudo, concentrando sus reducidas fuerzas, estos pacientes respondían ejerciendo una ligera presión en la mano, indicándole así que lo habían escuchado todo, comprendido todo y que deseaban recibir el Sacramento. ¡Hoy en día estos hechos deben ser proclamados desde los tejados! - De Children of Medjugorje, 15.06.08
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