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El mismo Cristo de los pobres está en la Eucaristía, explica el padre Nicolas Buttet (II) La primera parte de esta
entrevista fue publicada también en Zenit. La encontrarás en nuestra Web
en En el marco de su participación en el Congreso Eucarístico Internacional en Quebec
El padre Buttet, antes de fundar la Fraternidad "Eucharistein", fue ordenado sacerdote tras varios años de vida eremítica. Antes de entrar al seminario, estaba viviendo un brillante carrera política entre los demócratas cristianos en su país, Suiza. --¿Puede relatarnos cómo ha descubierto la importancia de la Eucaristía ? --P. Nicolas Buttet : Hace una veintena de años, estaba haciendo unas prácticas como abogado y estaba empeñado en las múltiples actividades políticas como diputado en un parlamento cantonal en Suiza y como secretario de un grupo parlamentario nacional. Estaba pues afrontando más bien las grandes cuestiones de la sociedad que los problemas personales, familiares y sociales. Me ocupaba especialmente, en el marco de mi actividad en el bufete de abogados, de un joven que había violado y quemado a siete niños. Este contacto entre esta realidad tan dolorosa y mi fe suscitaba en mi corazón un grito : "¡Si ya no hay amor, el mundo no podrá continuar! Decidí entonces experimentar este amor más de cerca pasando mis vacaciones de Navidad en el Cottolengo, en Turín, una institución que acoge a personas afectadas por muy graves minusvalías físicas y mentales. Me acuerdo de mi llegada a la casa: Había salido del parlamento suizo y desembarcaba --ignorante y pobre-- en el mundo --nuevo para mí-- de nuestros hermanos y hermanas minusválidos. Me zambullí directamente en la realidad del lugar porque, poco después de mi llegada, con un hermano religioso, pasamos dos horas lavando a 18 enfermos que se habían ensuciado desde la cabeza a los pies. Tras las primeras reacciones a los olores y... ¡a los colores ! me sentí cogido por esta palabra de Cristo que se hacía carne ¡y qué carne! esa noche : "Todo lo que hiciste al más pequeño de los míos a mí lo hiciste" (Mateo 25). Tras haber terminado de lavar a estos hermanos minusválidos, hacia medianoche, bajé a la capilla donde el Santísimo estaba expuesto día y noche. Para mí, este fue el choque, la certidumbre de su presencia real, corporal. Descubría al mismo tiempo la presencia de Jesús arriba, en las camas, en la persona de mis hermanos enfermos y esta presencia radiante de Jesús sobre el altar, en el Santo Sacramento. Jesús estaba allí tanto bajo la apariencia del hermano y bajo la apariencia del pan. El mismo y único Jesús. Esta certidumbre no me ha abandonado desde aquella fecha, incluso si es todavía -desgraciadamente- y lo digo con el corazón contrito, balbuciente y sembrado de tantas incoherencias en cuanto al ejercicio del amor. Me consuelo citando a san Claudio de la Colombière que decía : "¡Y decir que he llegado a tan poco, después de más de diez mil comuniones!". --¿Puede decirnos algunas palabras sobre la Fraternidad "Eucharistein", que usted ha fundado. ¿Cuál es su principal carisma ? --P. Nicolás Buttet : Nuestra pequeña comunidad es de inspiración franciscana por su estilo de vida pobre y cercano a la naturaleza : construimos o reparamos las casas nosotros mismos, desarrollamos la agricultura y la silvicultura. Estamos desde luego arraigados en la vida eucarística. Es el corazón de nuestra vida y de nuestra vocación. Tenemos sobre todo, en nuestras casas, la adoración diaria de 5 de la mañana a las 22 horas y dos o tres noches por semana. También hemos lanzado, con laicos y la autorización del obispo, la adoración perpetua en Friburgo, Suiza : las 24 horas, los 7 días de la semana. El inspirador de nuestra vida eucarística es san Pedro Julián Eymard, un gran profeta de la eucaristía del siglo XIX. Decía : "He reflexionado a menudo sobre los remedios a esta indiferencia universal que se apodera de una manera temible de tantos católicos y sólo encuentro uno: la Eucaristía, el amor de Jesús eucarístico. La pérdida de fe viene de la pérdida del amor". En otra ocasión, decía : "Ahora, hay que ponerse a la obra, salvar a las almas por la divina Eucaristía y despertar a Francia y a Europa adormecidas en un sueño de indiferencia porque no conocen ya el don de Dios, Jesús, el Emmanuel eucarístico. Esta es la antorcha de amor que hay que llevar a las almas tibias, y que se creen piadosas y no lo son ya porque no han situado su centro y su vida en Jesús eucarístico". Acogemos también a jóvenes en dificultad. Nos inspiramos para ello en la beata Teresa de Calcuta, en esta relación entre el sacramento del altar y el sacramento del hermano. Ahí experimentamos casi clínicamente, me atrevo a decir, la fuerza y la potencia de reconstrucción y de gracia de Jesús en su Sacramento de amor. Por último, tenemos misiones particulares, parroquias, hombres políticos y hombres de negocios, animación espiritual del instituto Philanthropos... Y desde luego nuestro inspirador en esta misión de ser todo para todos es san Francisco de Sales. Por Gisèle Plantec,
traducido del francés por Nieves San Martín
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Jim Caziviel buen actor y buen cristiano
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El saco vacío de arrozASIA/CHINA - “Dadnos el saco vacío sin arroz, porque tiene el escudo del Papa": petición de las victimas del terremoto de Si Chuan conmovidos por la cercanía del Pontífice
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Al fin, el padre Li se sentó. No hubo necesidad de llamarme porque estaba ya despierto. Me senté a su lado, en el catre, y me confesé. Luego sacó de debajo del cojín un pequeño envoltorio, lo abrió y sacó todo lo necesario para la misa: un corporal, un misalito, un pequeño cáliz, una caja de lata con las ostias y dos frascos con vino. Los dispuso con gran cuidado encima de la manta y encendió una linterna. Cuando terminó, se puso el alba y empezó la misa: In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Introibo ad altare Dei. Teníamos que susurrar para no despertar a nuestros vecinos. Yo hacía de acólito. (…)
Cuando, en la elevación, el padre Li levantó el Cuerpo y la Sangre de Cristo, estaba tan emocionado que el corazón parecía que se me fuera a salir. Luego, en el momento de la Comunión, recibiendo el Cuerpo del Señor, no pude contener las lágrimas. Me acordé de las palabras de Jesús: Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Levantando los ojos, me di cuenta de que también mi primo estaba llorando. Acabada la misa, el padre Li guardó todo en el pañuelo, ató el envoltorio y lo puso bajo la almohada. Juan Chang, primo del padre José Li Chang
Golpes en la lengua Sufrí mucho más en la cárcel que en el campo de trabajo. Se me encarceló en una celda estrechísima. En todo el día sólo podía estar sentado con las piernas cruzadas.
No podía ni levantarme ni tumbarme. Tenía que pedir permiso al guardia si quería ir al baño, o para carraspear. Tan sólo después de haber recibido permiso podía levantarme. No me estaba permitido hablar con nadie, ni quedarme dormido, porque en tal caso habría sido sometido a un doloroso golpe de fusta en la lengua. Para quien no tiene fe, un día en la cárcel es como un año entero. Pero yo tengo fe, y podía darme cuenta que nuestra casa está donde está nuestro corazón. Estaba en paz con Dios y conmigo mismo.
Todos los sufrimientos que soportaba por amor a Jesús eran para mí un motivo de alegría. Padre Francisco Tan Tiande
Un plan diabólico
Desde el principio se intuía el diabólico plan de los comunistas contra la Iglesia católica. El primer paso era controlar la Iglesia, el segundo, restringir sus actividades para luego destruirla completamente. Algunos no veían claramente lo que iba a suceder. Eran demasiado optimistas y se inclinaban a pensar que el comunismo chino no era el ruso. Pero esto era una fábula.
(…) Mientras estaba en prisión, en Haifeng, a la espera del proceso, pensaba en la sentencia que me impondrían. Deseaba que el proceso fuese lo más rápido posible, porque esperaba que la condena sería de tres o cuatro años. Y sin embargo fue una condena a muerte. Cuando conmutaron esta sentencia por la cadena perpetua, entendí que el Partido Comunista había ideado un plan para exterminar a la Iglesia en China de una vez para siempre, y que yo era una simple víctima de este plan.
La verdadera razón de mi condena fue el exterminio de la Iglesia católica y no los delitos de que se me acusaba. Padre Juan Huang Yongmu. (De Alfa y Omega - nº 602 - 17.07.08)
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Van Thuân y Cristo, en la cárcel: Te toca a Ti hablar
Su única fortaleza era la Eucaristía. Eso fue lo que le mantuvo vivo y sano durante sus 13 años de cautiverio, 9 de los cuales los pasó en confinamiento solitario. Cuando le arrestaron, el 15 de agosto de 1975, solemnidad de la Asunción de la Virgen María, tuvo que marcharse con lo puesto, aunque se le permitió escribir una carta a la familia para pedir algunos efectos personales.
Muchos cristianos volvieron a una vida de fe llena de fervor, y su ejemplo silencioso de servicio y amor tuvo un gran impacto en otros prisioneros. Incluso budistas y otros no cristianos se unieron en la fe. La fortaleza de la presencia amorosa de Jesús era irresistible. La oscuridad de la prisión se convirtió en una luz pascual; y la semilla germinó en la tierra durante la tormenta. La prisión fue transformada en una escuela de catequesis. Los católicos bautizaron a otros prisioneros y se convirtieron en sus padrinos».
Yo ya he hablado mucho
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Ingrid Betancourt revela cómo Dios le ha tocado el corazón Confidencias tras la audiencia con Benedicto XVI
Antes de ser secuestrada, en febrero de 2002, Ingrid era una mujer de poca fe. Ella misma lo reconoce. Sin embargo, durante los casi siete años que permaneció en poder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en el sur de la selva colombiana, los únicos libros que tenía consigo eran la Biblia y el diccionario, así que durante los largos días de cautiverio se dedicaba a leer y meditar la Palabra de Dios. Consagración al Sagrado Corazón Ingrid todos los días escuchaba la radio para poder entretenerse e informarse. Un mes antes de su liberación, el pasado 1 de junio, estaba oyendo la Radio Católica Mundial y escuchó las promesas que experimentaría quien se consagre al Sagrado Corazón. Si bien Ingrid reconoce que no las recuerda todas, las enumeró a los periodistas: la primera es tocar el corazón duro de quienes le hagan sufrir; la segunda bendecir los proyectos del interesado; y la tercera, la ayuda del para cargar la cruz y que le esperará en el tránsito de la muerte. Cuenta Ingrid que al escuchar estas promesas dijo: "Eso es para mí. Yo necesito que Dios toque el corazón duro de la guerrilla, que toque el corazón duro de todos aquellos que no dejan que se produzca nuestra libertad". Tras conocer estas promesas, cuenta Ingrid que le dijo al Sagrado Corazón: "Jesús, yo en estos años nunca te he pedido nada. Pero hoy sí te voy a pedir algo: como este es el mes del Sagrado Corazón, tu mes, te voy a pedir que me hagas el milagro, no de mi liberación porque no creo que sea posible, pero hazme el milagro de que yo sepa cuándo voy a ser liberada porque si yo sé cuándo, por más de que sea dentro de muchos años, yo voy a tener la fuerza de aguantar. Si tu me haces ese milagro, Señor mío, seré tuya". Ingrid cuenta que le dijo al Santo Padre: "Yo no sé lo que quiere decir ser de Cristo". Él le respondió: "Él te va a mostrar la vía" El 27 de junio un comandante de las FARC fue a hablar con Ingrid: "Hay una comisión internacional que va a visitar a los prisioneros y es muy probable que algunos de ustedes sean liberados", le dijo. Cuenta Ingrid que el Santo Padre le respondió: "Él te hizo el milagro de tu liberación, porque tú supiste pedirle. Porque tú no le pediste tu liberación, tú le pediste que se hiciera su voluntad y que te ayudara a entender su voluntad" Creerle a Dios Betancourt aprovechó la ocasión para invitar a todos aquellos que no creen: "Hay muchas personas que están enojadas con Dios y no quieren creer y tantas personas a quienes les da vergüenza creer en Dios. Yo lo único que les puedo decir es que hay alguien que nos oye y nos habla con palabras y que si nosotros entendemos cómo hablarle a él, él nos va a ayudar". Igualmente envió un mensaje de aliento a aquellos que fueron sus compañeros de cautiverio y que aún no han sido liberados: "Sé que esta voz va a llegar a la selva colombiana. Sé que pronto los voy a abrazar en la libertad". También hizo un llamado a los miembros de la guerrilla, que actualmente tienen cerca de 3 mil secuestrados en su poder: "Ustedes me tuvieron siete años cautiva. Los conozco profundamente, conozco su organización su manera de pensar sus objetivos. Hoy quiero decirles que el mundo los está esperando. El mundo quiere que haya espacios en su mente para que ustedes logren la paz en Colombia. (...) La respuesta esta en el corazón de ustedes no en los cálculos militares y políticos", concluyó Por Carmen Elena Villa Betancourt
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Testigos de nuestro tiempo Franz Stock, centinela de la paz
El capellán ciclista
Durante la ocupación alemana de Francia, los vecinos de la calle Lhomond, en el distrito V de París, advierten la presencia de una silueta negra que, varias veces a la semana entre 1941 y 1944, pasa en bicicleta, al despuntar el día, por las desiertas avenidas de la capital. En el porta-maletas puede verse, sólidamente atada, una bolsa llena a rebosar. Al cabo de quince kilómetros, el ciclista llega a la prisión de Fresnes, la más grande de la región parisina, con sus 1.500 celdas donde se abarrotan hasta 5.000 prisioneros de los alemanes… Ese ciclista en sotana es el padre Franz Stock, capellán alemán encargado de la visita a las cárceles, el ángel de la guarda de unos 11.000 prisioneros franceses.
Franz Stock nace el 21 de septiembre de 1904 en Neheim, en Westfalia (centro-oeste de Alemania), primogénito de una familia de nueve hijos. Su padre trabaja como obrero en esa región industrial del Ruhr. En su casa, el amor por el país natal y el de la Iglesia católica son todo uno. Desde la edad de doce años, el muchacho expresa sus deseos de ser sacerdote.
Ministerio en París
En 1928, Franz, seminarista en Paderborn desde hace dos años, es autorizado a seguir sus estudios de teología en el Instituto Católico de París. Siente gran entusiasmo por la calidad de la enseñanza que recibe y se alegra de alojarse en el "Seminario de los Carmelitas", lugar venerable de martirio de tantos sacerdotes en septiembre de 1792. El 12 de marzo de 1932, es ordenado sacerdote en Paderborn y nombrado vicario en Dortmund-Eving, en el Ruhr. Después de la ascensión al poder de Hitler, el padre Stock acepta encantado la propuesta que recibe, de parte del cardenal Verdier, arzobispo de París, su antiguo superior de los carmelitas, de hacerse cargo de la parroquia católica alemana de París…
…El 26 de agosto de 1939, Franz se ve obligado a abandonar Francia precipitadamente a causa del estado de guerra. Sin embargo, a partir del otoño de 1940, por una misión canónica del arzobispo de Colonia, se vuelve a instalar en pleno París ocupado, con el título de Rector de la misión alemana.
En noviembre de 1940, el padre Stock acepta la capellanía de la prisión de Fresnes. A partir de abril de 1941, visita también las otras dos prisiones requisadas por los alemanes en París : la de Cherche-Midi y la de Santé…. De hecho, se encontrará casi completamente solo para ocuparse de miles de prisioneros. Se niega a llevar el uniforme (que, sin embargo, le habría facilitado la tarea con la tropa), pues entiende que un sacerdote vestido de soldado perdería todo crédito entre los detenidos.
La única persona amiga
Al ser alemán, el padre Stock es con frecuencia mal recibido, de entrada, por los prisioneros. Se le considera un agente del enemigo, e incluso se piensa si no será un falso sacerdote enviado por la Gestapo para sonsacar confesiones, pero esa impresión se borra enseguida en la mayor parte de los casos, gracias a su exquisita caridad. Además, por los favores que hace a los detenidos, Franz aporta la prueba de que no juega a un doble juego. Conculca continuamente -poniendo en riesgo su vida- la ley de la "triple pena" que pesa sobre una gran parte de prisioneros: nada de contacto con las familias, nada de correo ni de lectura, nada de paquetes. Pero él les consigue libros, especialmente libros religiosos. El chocolate, tan escaso durante la guerra, es el artículo más apreciado, y el padre Stock distribuye decenas de kilos.
Muchos prisioneros, una vez juzgados, parten hacia los campos de concentración, pero un buen número de ellos sólo abandonan la prisión para ser ejecutados. Junto a ellos, el padre Stock cumple con el más sagrado de los deberes: ayudarlos a morir cristianamente.
«Dios me abre los brazos»
Capitán de fragata y padre de cinco hijos, Honoré d'Estienne d'Orves es oficial clandestino de la resistencia. Es traicionado por su oficial de radio, siendo arrestado en enero de 1941. En el calabozo, piensa en Dios y en la eternidad. El padre Stock le lleva la comunión cada ocho días, y le da a leer la Historia de un alma de santa Teresa de Lisieux. En mayo de 1941, Estienne d'Orves es condenado a muerte. El padre Stock asiste a su ascensión espiritual, anunciándole, el 28 de agosto, que será fusilado al día siguiente junto a otros dos condenados. Estienne d'Orves se lo agradece mediante una carta afectuosa, donde expresa sus últimos deseos : «Pido a Dios que conceda a Francia y a Alemania una paz en la justicia, que traiga consigo la grandeza de mi país, y también para que nuestros gobernantes permitan que Dios ocupe el lugar que le corresponde». Los condenados asisten fervorosamente por última vez a Misa y perdonan a sus verdugos.
Roger L., de 28 años, es bautizado el mismo día de su ejecución. El Diario menciona: «Había perdido todo el valor. Con mi ayuda, ha recuperado la confianza... Ha tomado su primera comunión con una seriedad conmovedora... Sus últimas palabras antes de morir : "Señor, ten piedad de mí"». En ocasiones, el padre Stock pasa la última noche con los condenados…
«¡Dios existe!»
Los atentados al azar contra militares alemanes provocan, por decisión de Hitler, ejecuciones de rehenes como represalia. El padre Stock interviene a menudo para salvar a algún prisionero que se encuentra en las listas de los rehenes que van a fusilar. Un día, pelea durante toda una jornada para conseguir una comunicación telefónica con Berlín, salvando finalmente la vida de un detenido, que cae en sus brazos gritando: «¡Dios existe!». En otra ocasión, es un prisionero, de camino ya hacia Mont Valérien, el que se salva in extremis gracias a la intervención del sacerdote ; en ese caso, el capellán ha hecho valer que el hermano del condenado había sido ya fusilado….
Prisionero a su vez
El 11 de agosto de 1944, Franz, que aún podría dejar París ante la proximidad de los aliados, decide quedarse para ocuparse de los seiscientos heridos alemanes que no pueden ser trasladados y que han sido reagrupados en el hospital de la Pitié, así como de otros heridos prisioneros de los alemanes. Con la autoridad de su presencia consigue evitar que esos hombres sean asesinados por los civiles.
El 24, tras ocho jornadas agotadoras, es hecho prisionero por los norteamericanos. En adelante, el padre Stock se dedica a ayudar a sus compatriotas encarcelados con él, como antes lo había hecho con los cautivos franceses.
El 25 de septiembre, es trasladado a un campo de prisioneros norteamericano, en Normandía.
Franz y los demás sacerdotes prisioneros se multiplican: Misas en los diferentes sectores de detención, catecismos, confesiones...
Ante el proceso de beatificación
El 22 de febrero de 1948, Franz Stock sufre una crisis de ahogo provocada por un edema pulmonar. Trasladado al hospital, después de haber asistido tantas veces a los demás en sus últimos momentos, muere completamente solo, el día 24, a la edad de 43 años. Ante una asistencia poco concurrida, Monseñor Roncalli preside sus exequias, seguidas de su inhumación, en el cementerio de Thiais, en el sector de los prisioneros de guerra. En 1963, su cuerpo será trasladado solemnemente a la iglesia de Chartres. Son varias las asociaciones que preparan el proceso de beatificación de Franz Stock.
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Más
allá del oro olímpico
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