XXV


 

 Página anterior

 A Página principal

 Página siguiente

  

El mismo Cristo de los pobres está en la Eucaristía
Jim Caziviel buen actor y buen cristiano
Basta con tener a Nuestro Señor en el corazón
El saco vacío de arroz
Una Misa clandestina
Van Thuân y Cristo, en la cárcel: Te toca a Ti hablar
Mártires de Cristo
Ingrid Betancourt revela cómo Dios le ha tocado el corazón
Franz Stock, centinela de la paz
Más allá del oro olímpico

 

El mismo Cristo de los pobres está en la Eucaristía, explica el padre Nicolas Buttet (II)

La primera parte de esta entrevista fue publicada también en Zenit. La encontrarás en nuestra Web en
Nicolas Buttet, I

En el marco de su participación en el Congreso Eucarístico Internacional en Quebec

ROMA, miércoles, 18 junio 2008 (ZENIT.org).- El mismo Cristo que está presente en los pobres y enfermos es el que está presente en la Eucaristía, explica en la segunda parte de esta entrevista concedida a Zenit el padre Nicolas Buttet, fundador de la Fraternidad " Eucharistein", quien interino este martes en el Congreso Eucarístico Internacional, en Québec, Canadá.

El padre Buttet, antes de fundar la  Fraternidad "Eucharistein", fue ordenado sacerdote tras varios años de vida eremítica. Antes de entrar al seminario, estaba viviendo un brillante carrera política entre los demócratas cristianos en su país, Suiza.

--¿Puede relatarnos cómo ha descubierto la importancia de la Eucaristía ?

--P. Nicolas Buttet : Hace una veintena de años, estaba haciendo unas prácticas como abogado y estaba empeñado en las múltiples actividades políticas como diputado en un parlamento cantonal en Suiza y como secretario de un grupo parlamentario nacional. Estaba pues afrontando más bien las grandes cuestiones de la sociedad que los problemas personales, familiares y sociales. Me ocupaba especialmente, en el marco de mi actividad en el bufete de abogados, de un joven que había violado y quemado a siete niños. Este contacto entre esta realidad tan dolorosa y mi fe suscitaba en mi corazón un grito : "¡Si ya no hay amor, el mundo no podrá continuar! Decidí entonces experimentar este amor más de cerca pasando mis vacaciones de Navidad en el Cottolengo, en Turín, una institución que acoge a personas afectadas por muy graves minusvalías físicas y mentales.

Me acuerdo de mi llegada a la casa: Había salido del parlamento suizo y desembarcaba --ignorante y pobre-- en el mundo --nuevo para mí-- de nuestros hermanos y hermanas minusválidos. Me zambullí directamente en la realidad del lugar porque, poco después de mi llegada, con un hermano religioso, pasamos dos horas lavando a 18 enfermos que se habían ensuciado desde la cabeza a los pies. Tras las primeras reacciones a los olores y... ¡a los colores ! me sentí cogido por esta palabra de Cristo que se hacía carne ¡y qué carne! esa noche : "Todo lo que hiciste al más pequeño de los míos a mí lo hiciste" (Mateo 25). Tras haber terminado de lavar a estos hermanos minusválidos, hacia medianoche, bajé a la capilla donde el Santísimo estaba expuesto día y noche. Para mí, este fue el choque, la certidumbre de su presencia real, corporal. Descubría al mismo tiempo la presencia de Jesús arriba, en las camas, en la persona de mis hermanos enfermos y esta presencia radiante de Jesús sobre el altar, en el Santo Sacramento. Jesús estaba allí tanto bajo la apariencia del hermano y bajo la apariencia del pan. El mismo y único Jesús.

Esta certidumbre no me ha abandonado desde aquella fecha, incluso si es todavía -desgraciadamente- y lo digo con el corazón contrito, balbuciente y sembrado de tantas incoherencias en cuanto al ejercicio del amor. Me consuelo citando a san Claudio de la Colombière que decía : "¡Y decir que he llegado a tan poco, después de más de diez mil comuniones!".

--¿Puede decirnos algunas palabras sobre la Fraternidad "Eucharistein", que usted ha fundado. ¿Cuál es su principal carisma ?

--P. Nicolás Buttet : Nuestra pequeña comunidad es de inspiración franciscana por su estilo de vida pobre y cercano a la naturaleza : construimos o reparamos las casas nosotros mismos, desarrollamos la agricultura y la silvicultura. Estamos desde luego arraigados en la vida eucarística. Es el corazón de nuestra vida y de nuestra vocación. Tenemos sobre todo, en nuestras casas, la adoración diaria de 5 de la mañana a las 22 horas y dos o tres noches por semana. También hemos lanzado, con laicos y la autorización del obispo, la adoración perpetua en Friburgo, Suiza : las 24 horas, los 7 días de la semana.

El inspirador de nuestra vida eucarística es san Pedro Julián Eymard, un gran profeta de la eucaristía del siglo XIX. Decía : "He reflexionado a menudo sobre los remedios a esta indiferencia universal que se apodera de una manera temible de tantos católicos y sólo encuentro uno: la Eucaristía, el amor de Jesús eucarístico. La pérdida de fe viene de la pérdida del amor". En otra ocasión, decía : "Ahora, hay que ponerse a la obra, salvar a las almas por la divina Eucaristía y despertar a Francia y a Europa adormecidas en un sueño de indiferencia porque no conocen ya el don de Dios, Jesús, el Emmanuel eucarístico. Esta es la antorcha de amor que hay que llevar a las almas tibias, y que se creen piadosas y no lo son ya porque no han situado su centro y su vida en Jesús eucarístico".

Acogemos también a jóvenes en dificultad. Nos inspiramos para ello en la beata Teresa de Calcuta, en esta relación entre el sacramento del altar y el sacramento del hermano. Ahí experimentamos casi clínicamente, me atrevo a decir, la fuerza y la potencia de reconstrucción y de gracia de Jesús en su Sacramento de amor.

Por último, tenemos misiones particulares, parroquias, hombres políticos y hombres de negocios, animación espiritual del instituto Philanthropos... Y desde luego nuestro inspirador en esta misión de ser todo para todos es san Francisco de Sales.

Por Gisèle Plantec, traducido del francés por Nieves San Martín
 

 

Jim Caziviel buen actor y buen cristiano

Al ver a Jim Caviezel por la calle la gente lo reconoce por su actuación de “Jesús” en La Pasión de Cristo. Si nos parece un reto duro encarnar el papel del Salvador, más difícil todavía es tratar de vivir como Él. Pero Jim Caviezel no sólo sabe actuar bien y actuar de bueno, también sabe ser bueno: cosa más complicada y, por lo mismo, de mayor valor. Refiero tres casos en los que Jim Caviezel ha demostrado ser algo más que un buen actor.

En octubre de 2003 cuando hacía poco que habían terminado de rodar la película de la Pasión, Jim visitó un seminario en Roma. Durante la cena que tuvo con los seminaristas, la mayor parte del tiempo la pasó de pie: pasando de una mesa a otra para saludarlos y expresarles la admiración que sentía por su vocación.

“Yo actúo como Cristo en una película –les decía– pero ustedes tienen que vivir como Él”. El famoso actor felicitaba a los seminaristas y los animaba a perseverar y a seguir adelante. Se comportaba como un hombre igual que los demás, que se interesa por las personas con las que convive y reconoce y se alegra por las cualidades que puedan tener los otros.

Un par de años más tarde, en agosto de 2005, estuve haciendo misiones con otros compañeros en Chilapa y en otras localidades situadas a las faldas del Pico de Orizaba (Veracruz, México). Basta un par de minutos para ver la pobreza y la escasez con que viven los habitantes de la región.

Una tarde, volviendo al centro misionero nos detuvo un señor que nos dijo: “Misioneros, ¿no vino con ustedes mi compadre Jaime, el americano?”. No sabíamos quién era su “compadre Jaime” hasta que nos explicó que era un actor estadounidense, el que salía de Jesús en la película de la Pasión…

Nos contó que el verano anterior había venido Jim Caviezel con otros compañeros del norte y que él mismo (el compadre Jaime) había trabajado en la reconstrucción de la casa en la que vive con su esposa y sus tres hijas. “Sí, mi compadre Jaime ahí estuvo poniendo el techo y pintando, porque yo tenía la casa que era una vergüenza; pero él me la arregló y no me pidió nada a cambio”.

Por último, como refiere la agencia LifeSiteNews.com, hoy en día sabemos que Jim Caviezel es padre de dos hijos adoptivos chinos con serias discapacidades físicas (niño y niña; el varón, Bo, nació con un tumor cerebral). ¿El motivo? Jim y Kerri (su esposa) descubrieron que podían dar más amor a otros niños y ayudarlos a salir adelante. No sólo tenían la posibilidad y las ganas de hacer el bien, ante todo poseían amor que brindar a esos pequeños.

Al revelar esta acción, el motivo de Jim es éste: “Para mí la fe es acción. No se trata de decir lo que uno es sino de obrar y obrar sin llamar la atención sobre uno mismo. Les cuento esto solo porque quiero alentar a otras personas”.

“No recibimos ningún Oscar por La Pasión –comentó una vez Jim Caviezel–, ¿pero acaso eso es importante para Dios?".

Actuar bien, actuar de bueno y ser bueno son tres cosas distintas. De las tres, la primera es la perfección de una habilidad natural y la segunda es tan sólo un incidente casual; la última expresa el auténtico valor de un corazón… y está al alcance de todos.
 

 

 

ASIA/CHINA - "¡Basta con tener a Nuestro Señor en el corazón y no tendrás nunca miedo de nada!": la experiencia de don Jiang, único guarda de los escombros de su iglesia destruida por el terremoto, que ha sobrevivido con lo que ha encontrado en la naturaleza

 

Pekín (Agencia Fides) - "¡Basta con tener a Nuestro Señor en el corazón y no tendrás nunca miedo de nada!... Sentí mi corazón como traspasado por una flecha, que sangraba viendo los restos de mi parroquia que tiene siglos de historia y en la que he trabajado durante tantos años. No tenía ya ni siquiera lágrimas para llorar.... Intento visitar a todos mis feligreses antes de la Asunción, para que se fortalezcan en la fe". Son las sencillas palabras de un sacerdote, don Jiang Tian Xiang, párroco de la parroquia de Xiu Shui, que se encuentra a 40 kilómetros del epicentro del terremoto del 12 de mayo. El sacerdote ha dormido durante casi un mes en un pequeño coche para vigilar los restos de su querida iglesia y estar cerca de los fieles y de la población.

Cuando se produjo el terremoto, se encontraba en Pekín en un curso de formación permanente. Apenas recibida la noticia, sin titubear un instante, salió para acudir a su parroquia sin saber ni siquiera si la carretera era practicable. Tres días después se encontraba ante su iglesia, ya reducida a escombros. El párroco se encontró con un fiel anciano que vigilaba la iglesia día y noche. Don Jiang le preguntó: "no tienes miedo, si continúa el terremoto, de estar aquí solo? El fiel respondió: "Basta con tener a Nuestro Señor en el corazón, y no tendrás nunca miedo de nada". Don Jiang quedó impresionado de la respuesta y tomo estas palabras como un compromiso propio.
 
Cuando los periodistas, católicos y no católicos, los voluntarios de Jinde Charity, viendo la situación en que se encontraba le preguntaron si no quería irse, él siempre contestaba con esta frase: "No voy a ningún lado. Tengo que asegurar la Misa cotidiana a mi gente que viene de lejos. ¿Siempre llueve? Mis vestidos se secan con el calor de mi cuerpo. ¿Qué como? Todo lo que se encuentra en la naturaleza. No he tenido nunca problemas o males, gracias al Señor. La única cosa es que cuando cocino algo tengo que cubrirlo siempre, pues sino los gatos, perros y también el cerdo se lo llevan. Pero también me hacen compañía" continua don Jiang.
 
"50 días después del terremoto era mi 43 cumpleaños, y di gracias al Señor en la Misa, subrayando el compromiso por la reconstrucción. Precisamente ese día acogí a los voluntarios de Jinde Charity. Me trajeron de comer, tiendas, madera. Después de haber cargado todo, secándome el sudor con el pañuelo, me vino espontáneo decir: 'Gracias Señor. ¡Qué bonito cumpleaños me has regalado! ¿Quién ha dicho que el terremoto sólo ha traído cosas negativas? Vemos personas que nunca se veían que se han juntado, gente que había olvidado su fe y que ha vuelto. Todo se lo debemos al Señor”. Hoy, gracias a los seminaristas y voluntarios de Jinde Charity don Jiang tiene una pequeña tienda donde se puede refugiar de la lluvia y continuar la reconstrucción de la comunidad. (NZ) (Agencia Fides 07/07/2008)


 

El saco vacío de arroz

ASIA/CHINA - “Dadnos el saco vacío sin arroz, porque tiene el escudo del Papa": petición de las victimas del terremoto de Si Chuan conmovidos por la cercanía del Pontífice

Shi Jia Zhuang (Agencia Fides) - ¿Podrías darnos solo el saco? Aunque dentro no haya ya arroz lleva impreso el escudo del Papa": es la insólita petición que las victimas del terremoto realizan los responsables y voluntarios de Jinde Charity que trabajan en la zona fuertemente golpeada del sismo del 12 de mayo, en la provincia de Si Chuan de la China continental. La donación privada del Santo Padre se ha convertido ya en arroz que ha sido distribuido entre las victimas.

Cuando han visto el escudo del Papa impreso en los sacos todos se quedaron asombrados y emocionados. Pasándose la voz muchos acudieron a los voluntarios de Jinde Charity para realizar esta petición: "sabemos que no hay arroz para todos, podemos renunciar al arroz, pero queremos tan sólo el símbolo del Papa, viendo se nos pasará el hambre. Lo pondremos en un marco y lo transmitiremos a nuestros hijos y nietos… para expresar nuestra gratitud de sentirnos cercanos al Papa. ¡Por favor!"

En la página que reconduce la lista de los donadores para las víctimas, preparad por Jinde Charity (www.jinde.org/jinde-donor.asp?page=2) aparece bien claro el nombre del Papa Benedicto XVI. Según el responsable de la pagina, "después de la publicación nuestros teléfonos se han colapsado. Hemos recibido numerosas llamadas telefónicas, correos electrónicos y fax de los católicos chinos y también de no católicos, para expresar su gratitud al Papa y su gran emoción al sentirlo tan cercano". (NZ) (Agencia Fides 04/07/2008)

 


 

Una Misa clandestina

Poco después, el padre Li fue transferido al campo de trabajo de Huieliu. (…) ¿Me oirás en confesión?, le pregunté. Mejor esperar a que se hayan ido todos a dormir, me dijo. No sé cuántas horas nos quedamos tumbados, pero a mí se me hizo una eternidad.

 

Al fin, el padre Li se sentó. No hubo necesidad de llamarme porque estaba ya despierto.

Me senté a su lado, en el catre, y me confesé. Luego sacó de debajo del cojín un pequeño envoltorio, lo abrió y sacó todo lo necesario para la misa: un corporal, un misalito, un pequeño cáliz, una caja de lata con las ostias y dos frascos con vino. Los dispuso con gran cuidado encima de la manta y encendió una linterna. Cuando terminó, se puso el alba y empezó la misa: In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Introibo ad altare Dei. Teníamos que susurrar para no despertar a nuestros vecinos. Yo hacía de acólito. (…)

 

Cuando, en la elevación, el padre Li levantó el Cuerpo y la Sangre de Cristo, estaba tan emocionado que el corazón parecía que se me fuera a salir. Luego, en el momento de la Comunión, recibiendo el Cuerpo del Señor, no pude contener las lágrimas. Me acordé de las palabras de Jesús: Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Levantando los ojos, me di cuenta de que también mi primo estaba llorando. Acabada la misa, el padre Li guardó todo en el pañuelo, ató el envoltorio y lo puso bajo la almohada.

Juan Chang, primo del padre José Li Chang

 

Golpes en la lengua

Sufrí mucho más en la cárcel que en el campo de trabajo. Se me encarceló en una celda estrechísima. En todo el día sólo podía estar sentado con las piernas cruzadas.

 

No podía ni levantarme ni tumbarme. Tenía que pedir permiso al guardia si quería ir al baño, o para carraspear. Tan sólo después de haber recibido permiso podía levantarme. No me estaba permitido hablar con nadie, ni quedarme dormido, porque en tal caso habría sido sometido a un doloroso golpe de fusta en la lengua. Para quien no tiene fe, un día en la cárcel es como un año entero. Pero yo tengo fe, y podía darme cuenta que nuestra casa está donde está nuestro corazón. Estaba en paz con Dios y conmigo mismo.

 

Todos los sufrimientos que soportaba por amor a Jesús eran para mí un motivo de alegría.

Padre Francisco Tan Tiande

 

 Un plan diabólico

 

Desde el principio se intuía el diabólico plan de los comunistas contra la Iglesia católica. El primer paso era controlar la Iglesia, el segundo, restringir sus actividades para luego destruirla completamente.

Algunos no veían claramente lo que iba a suceder. Eran demasiado optimistas y se inclinaban a pensar que el comunismo chino no era el ruso. Pero esto era una fábula.

 

(…) Mientras estaba en prisión, en Haifeng, a la espera del proceso, pensaba en la sentencia que me impondrían.

Deseaba que el proceso fuese lo más rápido posible, porque esperaba que la condena sería de tres o cuatro años. Y sin embargo fue una condena a muerte. Cuando conmutaron esta sentencia por la cadena perpetua, entendí que el Partido Comunista había ideado un plan para exterminar a la Iglesia en China de una vez para siempre, y que yo era una simple víctima de este plan.

 

La verdadera razón de mi condena fue el exterminio de la Iglesia católica y no los delitos de que se me acusaba. Padre Juan Huang Yongmu.

(De Alfa y Omega - nº 602 - 17.07.08)


 

Van Thuân y Cristo, en la cárcel: Te toca a Ti hablar

 

Francis Xavier Nguyên Van Thuân, más tarde cardenal de la Iglesia, cuyo proceso de beatificación ha sido abierto por Benedicto XVI, pasó 13 años en prisiones vietnamitas, la mayor parte del tiempo con la única presencia de Jesús-Eucaristía. Su hermana, Elizabeth Nguyên Thi Thu Hong, dio este desgarrador testimonio en el reciente Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Québec, Canadá

 

Su única fortaleza era la Eucaristía. Eso fue lo que le mantuvo vivo y sano durante sus 13 años de cautiverio, 9 de los cuales los pasó en confinamiento solitario. Cuando le arrestaron, el 15 de agosto de 1975, solemnidad de la Asunción de la Virgen María, tuvo que marcharse con lo puesto, aunque se le permitió escribir una carta a la familia para pedir algunos efectos personales.


Escribió: «Por favor, enviadme un poco de vino como medicina para mi dolor de estómago». Entendieron de inmediato. Unos días más tarde, los guardas le entregaron un pequeño paquete con
medicina para el estómago, y otro que contenía obleas.


En su libro
Cinco panes y dos peces (en español, ed. Ciudad Nueva), Van Thuân cuenta que muchas veces estuvo tentado, atormentado, por el hecho de, tras haber adquirido una larga experiencia pastoral (era sacerdote desde 1953, y obispo, desde 1967), verse aislado, inactivo.


Una noche escuchó una voz en su corazón: «¿Por qué te atormentas tanto? Debes escoger entre Dios y el trabajo de Dios. Debes escoger sólo a Dios, y no sus trabajos ».


Los comunistas le encerraron en un buque de carga con otros 1.500 prisioneros hambrientos y desesperados, y vio su desesperación y deseo de venganza. Se dio cuenta en seguida de que acababa de encomendársele una catedral llena de fieles que necesitaban pastor. Los sostuvo durante los 10 días que duró el viaje. Después, en la prisión de Vinh Quang, Van Thuân contaba: «Por la noche, los prisioneros hacían turnos para la adoración. Con Su presencia silenciosa, Jesús-Eucaristía nos ayudaba en formas inimaginables.

 

Muchos cristianos volvieron a una vida de fe llena de fervor, y su ejemplo silencioso de servicio y amor tuvo un gran impacto en otros prisioneros.

Incluso budistas y otros no cristianos se unieron en la fe. La fortaleza de la presencia amorosa de Jesús era irresistible. La oscuridad de la prisión se convirtió en una luz pascual; y la semilla germinó en la tierra durante la tormenta. La prisión fue transformada en una escuela de catequesis. Los católicos bautizaron a otros prisioneros y se convirtieron en sus padrinos».


Encarcelados con Jesús-Eucaristía, muchos prisioneros recibieron la gracia de comprender que cada momento presente de sus vidas en las condiciones más inhumanas puede unirse al supremo sacrificio de Jesús y elevarnos en un acto de solemne adoración a Dios Padre. Cada día, Van Thuân se recordaría a sí mismo y a los demás la oración: «Señor, haz que podamos ofrecer el sacrificio eucarístico con amor, que aceptemos cargar la cruz y nos clavemos a ella para proclamar Tu gloria, para servir a nuestros hermanos y hermanas».

 

Yo ya he hablado mucho


Durante su cautiverio en solitario, celebraba misa todos los días alrededor de las 3 de la tarde, la hora de la agonía y muerte de Jesús. Llevaba siempre en el bolsillo de su camisa el santo Sacramento, y repetía: «Jesús, Tú y yo, y yo en Ti», adorando al Padre.


El 7 de octubre de 1976, día de Nuestra Señora la Virgen del Rosario, hizo esta reflexión: «Estoy feliz de estar aquí, en esta celda, donde crecen hongos en mi catre, porque Tú estás aquí conmigo, porque Tú quieres que viva aquí contigo. Yo ya he hablado mucho durante mi vida. Ahora ya no hablo. Te toca a Ti hablarme a mí, Jesús. Te estoy escuchando».

 


 

Mártires de Cristo

 

No es fácil ser fieles a la conciencia cuando así podemos perder la vida. Pero algunos lo han logrado. Como estos dos casos que ahora presentamos.

El primer caso tiene nombre y apellidos. Se trata de un soldado mexicano, Antonio Carrillo Torres, que estaba a las órdenes del coronel Jesús Jaime Quiñones.

El 19 de abril de 1927 los soldados que obedecían al coronel Quiñones arrestaron al P. Román Adame Rosales, párroco de Nochistlán, y lo llevaron preso a Yahualica. El P. Adame tenía 67 años. Dos días después, el 21 de abril, se ordenó su fusilamiento, sin que se hubiera realizado ningún proceso de juicio contra el sacerdote.

El pelotón recibió la orden de apuntar. Uno de los soldados, Antonio Carrillo, no movió su arma. El oficial repitió la orden. Antonio permaneció quieto. Le quitaron el uniforme, lo pusieron junto al sacerdote, y a los pocos instantes sus sangres, unidas en una mezcla singular, calentaron por un instante la tierra de la fosa.

Antonio no dijo nada ni hizo ningún gesto religioso. Quizá por eso no lo declaren nunca santo. Pero lo cierto es que tuvo el coraje que pocos han tenido: no quiso obedecer una orden injusta.

Del otro caso no tenemos ni siquiera el nombre del protagonista. Se nos habla simplemente de “un soldado” cualquiera.

Los hechos transcurrieron en Tepatitlán, Jalisco. Allí trabajaba un sacerdote de 29 años, el P. Tranquilino Ubiarco Robles. En la madrugada del 5 de octubre de 1928 fue arrestado por un grupo de soldados. Sin ningún juicio, el coronel mandó que fuese ahorcado.

Algunos soldados lo acompañaron hacia unos eucaliptos que había en la entrada de Tepatitlán. El P. Tranquilino preguntó quién iba a ejecutar la sentencia. Nadie quiso responder. Entonces el P. Tranquilino dijo: «Todo está dispuesto por Dios, y el que es mandado, no es culpable».

El soldado que había recibido la orden de ahorcar al sacerdote no pudo más. Dijo públicamente que a él le tocaba ser verdugo, pero que no iba a obedecer. El grupo llegó al árbol escogido. Pusieron la cuerda al cuello del sacerdote.

Dieron la orden al soldado “encargado” para que tirase de ella. El soldado se negó, y el sacerdote, con la seguridad de quien se encuentra a punto de morir, le dijo simplemente: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». Otros soldados ahorcaron al sacerdote, rompieron la cuerda y dejaron el cadáver tirado en el suelo. Pocas horas después fusilaban al soldado “desobediente”.

Antonio Carrillo y soldado desconocido, ¡mil gracias por su ejemplo! Descansen en paz, y rueguen a Dios por todos los soldados del mundo, y por quienes, en lo grande o en lo pequeño, necesitan mucho valor para ser fieles a su conciencia, para no permitir jamás que otros sean víctimas del odio, de la injusticia, del miedo a perder un aplauso o un puñado de dinero sin conciencia.
 


 

Ingrid Betancourt revela cómo Dios le ha tocado el corazón

Confidencias tras la audiencia con Benedicto XVI

CIUDAD DEL VATICANO, martes, 2 septiembre 2008 .- Tras los 25 minutos de encuentro con Benedicto XVI, este lunes, en el palacio apostólico de Castel Gandolfo, la ex candidata a la presidencia de Colombia, Ingrid Betancourt, reveló en una rueda de prensa cómo Dios le ha tocado el corazón en su cautiverio.

Antes de ser secuestrada, en febrero de 2002, Ingrid era una mujer de poca fe. Ella misma lo reconoce. Sin embargo, durante los casi siete años que permaneció en poder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en el sur de la selva colombiana, los únicos libros que tenía consigo eran la Biblia y el diccionario, así que durante los largos días de cautiverio se dedicaba a leer y meditar la Palabra de Dios.

Consagración al Sagrado Corazón

Ingrid todos los días escuchaba la radio para poder entretenerse e informarse. Un mes antes de su liberación, el pasado 1 de junio, estaba oyendo la Radio Católica Mundial y escuchó las promesas que experimentaría quien se consagre al Sagrado Corazón.

Si bien Ingrid reconoce que no las recuerda todas, las enumeró a los periodistas: la primera es tocar el corazón duro de quienes le hagan sufrir; la segunda bendecir los proyectos del interesado; y la tercera, la ayuda del para cargar la cruz y que le esperará en el tránsito de la muerte.

Cuenta Ingrid que al escuchar estas promesas dijo: "Eso es para mí. Yo necesito que Dios toque el corazón duro de la guerrilla, que toque el corazón duro de todos aquellos que no dejan que se produzca nuestra libertad".

Tras conocer estas promesas, cuenta Ingrid que le dijo al Sagrado Corazón: "Jesús, yo en estos años nunca te he pedido nada. Pero hoy sí te voy a pedir algo: como este es el mes del Sagrado Corazón, tu mes, te voy a pedir que me hagas el milagro, no de mi liberación porque no creo que sea posible, pero hazme el milagro de que yo sepa cuándo voy a ser liberada porque si yo sé cuándo, por más de que sea dentro de muchos años, yo voy a tener la fuerza de aguantar. Si tu me haces ese milagro, Señor mío, seré tuya".

Ingrid cuenta que le dijo al Santo Padre: "Yo no sé lo que quiere decir ser de Cristo". Él le respondió: "Él te va a mostrar la vía"

El 27 de junio un comandante de las FARC fue a hablar con Ingrid: "Hay una comisión internacional que va a visitar a los prisioneros y es muy probable que algunos de ustedes sean liberados", le dijo.

Cuenta Ingrid que el Santo Padre le respondió: "Él te hizo el milagro de tu liberación, porque tú supiste pedirle. Porque tú no le pediste tu liberación, tú le pediste que se hiciera su voluntad y que te ayudara a entender su voluntad"

Creerle a Dios

Betancourt aprovechó la ocasión para invitar a todos aquellos que no creen: "Hay muchas personas que están enojadas con Dios y no quieren creer y tantas personas a quienes les da vergüenza creer en Dios. Yo lo único que les puedo decir es que hay alguien que nos oye y nos habla con palabras y que si nosotros entendemos cómo hablarle a él, él nos va a ayudar".

Igualmente envió un mensaje de aliento a aquellos que fueron sus compañeros de cautiverio y que aún no han sido liberados: "Sé que esta voz va a llegar a la selva colombiana. Sé que pronto los voy a abrazar en la libertad".

También hizo un llamado a los miembros de la guerrilla, que actualmente tienen cerca de 3 mil secuestrados en su poder: "Ustedes me tuvieron siete años cautiva. Los conozco profundamente, conozco su organización su manera de pensar sus objetivos. Hoy quiero decirles que el mundo los está esperando. El mundo quiere que haya espacios en su mente para que ustedes logren la paz en Colombia. (...) La respuesta esta en el corazón de ustedes no en los cálculos militares y políticos", concluyó

Por Carmen Elena Villa Betancourt

 

 

   

Testigos de nuestro tiempo

Franz Stock, centinela de la paz

 

Rasgos biográficos del heroico capellán alemán Franz Stock en la Francia ocupada por el ejército alemán y entre las prisiones de París. Se entregó generosamente en bien de todos llegando al agotamiento y a la ofrenda de su vida.

 

El capellán ciclista

 

Durante la ocupación alemana de Francia, los vecinos de la calle Lhomond, en el distrito V de París, advierten la presencia de una silueta negra que, varias veces a la semana entre 1941 y 1944, pasa en bicicleta, al despuntar el día, por las desiertas avenidas de la capital. En el porta-maletas puede verse, sólidamente atada, una bolsa llena a rebosar. Al cabo de quince kilómetros, el ciclista llega a la prisión de Fresnes, la más grande de la región parisina, con sus 1.500 celdas donde se abarrotan hasta 5.000 prisioneros de los alemanes… Ese ciclista en sotana es el padre Franz Stock, capellán alemán encargado de la visita a las cárceles,  el ángel de la guarda de unos 11.000 prisioneros franceses.

 

Franz Stock nace el 21 de septiembre de 1904 en Neheim, en Westfalia (centro-oeste de Alemania), pri­mogénito de una familia de nueve hijos. Su padre trabaja como obrero en esa región industrial del Ruhr. En su casa, el amor por el país natal y el de la Iglesia católica son todo uno. Desde la edad de doce años, el muchacho expresa sus deseos de ser sacerdote.

 

Ministerio en París

 

En 1928, Franz, seminarista en Paderborn desde hace dos años, es autorizado a seguir sus estudios de teología en el Instituto Católico de París. Siente gran entusiasmo por la calidad de la enseñanza que recibe y se alegra de alojarse en el "Seminario de los Carmelitas", lugar venerable de martirio de tantos sacerdotes en septiembre de 1792. El 12 de marzo de 1932, es ordenado sacerdote en Paderborn y nombrado vicario en Dortmund-Eving, en el Ruhr. Después de la ascensión al poder de Hitler, el padre Stock acepta encantado la propuesta que recibe, de parte del cardenal Verdier, arzobispo de París, su antiguo superior de los carmelitas, de hacerse cargo de la parroquia católica alemana de París…

 

…El 26 de agosto de 1939, Franz se ve obligado a abandonar Francia precipitadamente a causa del estado de guerra. Sin embargo, a partir del otoño de 1940, por una misión canónica del arzobispo de Colonia, se vuelve a instalar en pleno París ocupado, con el título de Rector de la misión alemana.

 

En noviembre de 1940, el padre Stock acepta la capellanía de la prisión de Fresnes. A partir de abril de 1941, visita también las otras dos prisiones requisadas por los alemanes en París : la de Cherche-Midi y la de Santé…. De hecho, se encontrará casi completamente solo para ocuparse de miles de prisioneros. Se niega a llevar el uniforme (que, sin embargo, le habría facilitado la tarea con la tropa), pues entiende que un sacerdote vestido de soldado perdería todo crédito entre los detenidos.

 

La única persona amiga

 

Al ser alemán, el padre Stock es con frecuencia mal recibido, de entrada, por los prisioneros. Se le considera un agente del enemigo, e incluso se piensa si no será un falso sacerdote enviado por la Gestapo para sonsacar con­fesiones, pero esa impresión se borra enseguida en la mayor parte de los casos, gracias a su exquisita caridad. Además, por los favores que hace a los detenidos, Franz aporta la prueba de que no juega a un doble juego. Conculca continuamente -poniendo en riesgo su vida- la ley de la "triple pena" que pesa sobre una gran parte de prisioneros: nada de contacto con las familias, nada de correo ni de lectura, nada de paquetes. Pero él les consigue libros, especialmente libros religiosos. El chocolate, tan escaso durante la guerra, es el artículo más apreciado, y el padre Stock distribuye decenas de kilos.

 

Muchos prisioneros, una vez juzgados, parten hacia los campos de concentración, pero un buen número de ellos sólo abandonan la prisión para ser ejecutados. Junto a ellos, el padre Stock cumple con el más sagrado de los deberes: ayudarlos a morir cristianamente.

 

«Dios me abre los brazos»

 

Capitán de fragata y padre de cinco hijos, Honoré d'Estienne d'Orves es oficial clandestino de la resistencia. Es traicionado por su oficial de radio, siendo arrestado en enero de 1941. En el calabozo, piensa en Dios y en la eternidad. El padre Stock le lleva la comunión cada ocho días, y le da a leer la Historia de un alma de santa Teresa de Lisieux. En mayo de 1941, Estienne d'Orves es condenado a muerte. El padre Stock asiste a su ascensión espiri­tual, anunciándole, el 28 de agosto, que será fusilado al día siguiente junto a otros dos condenados. Estienne d'Orves se lo agradece mediante una carta afectuosa, donde expresa sus últimos deseos : «Pido a Dios que con­ceda a Francia y a Alemania una paz en la justicia, que traiga consigo la grandeza de mi país, y también para que nuestros gobernantes permitan que Dios ocupe el lugar que le corresponde». Los  condenados asisten fervoro­samente por última vez a Misa y perdonan a sus verdugos.

 

Roger L., de 28 años, es bautizado el mismo día de su ejecución. El Diario menciona:     «Había perdido todo el valor. Con mi ayuda, ha recuperado la confianza... Ha tomado su primera comunión con una seriedad conmovedora... Sus últimas palabras antes de morir : "Señor, ten piedad de mí"». En ocasiones, el padre Stock pasa la última noche con los condenados…

 

«¡Dios existe!»

 

Los atentados al azar contra militares alemanes provocan, por decisión de Hitler, ejecuciones de rehenes como represalia. El padre Stock interviene a menudo para salvar a algún prisionero que se encuentra en las listas de los rehenes que van a fusilar. Un día, pelea durante toda una jornada para conseguir una comunicación telefónica con Berlín, salvando finalmente la vida de un detenido, que cae en sus brazos gritando:   «¡Dios existe!». En otra oca­sión, es un prisionero, de camino ya hacia Mont Valérien, el que se salva in extremis gracias a la intervención del sacerdote ; en ese caso, el capellán ha hecho valer que el hermano del condenado había sido ya fusilado….

 

Prisionero a su vez

 

El 11 de agosto de 1944, Franz, que aún podría dejar París ante la proximidad de los aliados, decide quedarse para ocuparse de los seiscientos heridos alemanes que no pueden ser trasladados y que han sido reagrupados en el hospital de la Pitié, así como de otros heridos prisioneros de los alemanes. Con la autoridad de su presencia consigue evitar que esos hombres sean asesinados por los civiles.

 

El 24, tras ocho jornadas agotadoras, es hecho prisionero por los norteamericanos. En adelante, el padre Stock se dedica a ayudar a sus compatriotas encarcelados con él, como antes lo había hecho con los cautivos franceses.

 

El 25 de septiembre, es trasladado a un campo de prisioneros norteamericano, en Normandía.

 

Franz y los demás sacerdotes prisioneros se multiplican: Misas en los diferentes sectores de detención, catecismos, confesiones...

 

Ante el  proceso de beatificación

 

El 22 de febrero de 1948, Franz Stock sufre una crisis de ahogo provocada por un edema pulmonar. Trasladado al hospital, después de haber asistido tantas veces a los demás en sus últimos momentos, muere completamente solo, el día 24, a la edad de 43 años. Ante una asistencia poco concurrida, Monseñor Roncalli preside sus exequias, seguidas de su inhumación, en el cementerio de Thiais, en el sector de los prisioneros de guerra. En 1963, su cuerpo será trasladado solemnemente a la iglesia de Chartres. Son varias las asociaciones que preparan el proceso de beatificación de Franz Stock.

 

 

 

Más allá del oro olímpico

Fuente: www.buenas-noticias.org
Autor: Jorge Ranninger, L.C.

Ganar una medalla de oro en unas olimpiadas no es poca cosa; las lágrimas de muchos deportistas al recibir este galardón en lo más alto del pódium son prueba de ello. Detrás de cada una hay muchas horas de renuncias. Si no, que se lo pregunten al nadador Michael Phelps, ganador de ocho medallas de oro, al corredor jamaiquino Usain Bolt, al tenista español Rafael Nadal o al boxeador italiano Roberto Camarelle: todo por una medalla de oro.

Pero hace 72 años, en las olimpiadas de Berlín, un deportista, además de su medalla de oro, ganó algo mucho más valioso. Algo que cambió su vida.

Verano del año 1936, Olimpiadas de Berlín. Las competencias se desarrollaron en un ambiente tenso por la situación política. La presencia de Adolf Hitler en el estadio olímpico fue muestra de ello.

Un atleta sobresale entre los demás deportistas, causando furor en todos los asistentes: el así llamado “Antílope de Ébano”. Éste fue el apodo que recibió James Cleveland Owens, un deportista de color de los Estados Unidos. “Jesse” Owens, como también se le conocía, ganó la medalla de oro en las carreras de 100 y 200 metros lisos, en relevos de 4x100 metros y en salto de longitud. La lucha contra los atletas alemanes fue “a muerte”.

En la competencia de salto de longitud aconteció un evento extraordinario, que dejó perplejos a propios y a ajenos. La lucha por la victoria se desarrollaba entre los dos favoritos: Jesse Owens, 23 años, de origen humilde y proveniente del estado Alabama y el atleta alemán Lutz Long, 22 años, alto, rubio, de ojos azules, proveniente de Leipzig y prototipo de los deportistas alemanes.

En la fase de clasificación para la final, Lutz Long ya había batido el record olímpico mientras Jesse Owens llevaba ya dos saltos nulos. Uno más y sería descalificado de la competencia. En ese momento, y bajo la mirada de 110.000 espectadores del estadio de Berlín, Long se acercó a Owens que estaba sentado, abatido, en el césped. Le aconsejó que tomara el salto con mucha distancia sin arriesgar tanto como lo había hecho en los dos primeros. Llegó incluso a marcar con una camiseta el punto desde el que sugería saltar.

La situación era realmente insólita. En su tercer salto Jesse siguió los consejos de Long e hizo un magnífico salto que le dio el paso para la fase final que se desarrollaría al día siguiente.

En la final Long hizo una marca personal de 7,87m. Owens superó esta marca con un salto de 8,06 m. Establecía así un nuevo récord olímpico y se llevaba la medalla de oro.

Nada más realizar este salto, delante de todo el estadio y del mismo Hitler, Long fue el primero en felicitar y abrazar efusivamente a Jesse Owens y le acompañó hasta los vestuarios.

Dos atletas, dos colores, dos razas, dos ideologías, dos personas, dos corazones se unían en un fuerte abrazo. Por encima de los propios intereses surgía algo más fuerte.

Long no consiguió la medalla de oro, pero ganó algo que no tenía precio: la amistad profunda de otra persona, que duraría hasta el final de su vida en 1943. Después de la muerte de Long, Owens viajó a Alemania para conocer la familia de Long y siempre se preocupó de su bienestar.

Owens diría posteriormente: "Podrían fundir todas las copas y medallas que he ganado, pero no valdrían tanto como la amistad de 24 quilates que gané con Lutz Long en ese momento".

 

 

  Subir al principioo

  A página principal