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El guionista de ‘Instinto básico’ se convierte al catolicismo
Cuatro kilómetros a gatas
Aquí rezamos el Rosario con los alumnos
Relato inédito de la estigmatización del padre Pío
Carlos Dívar, nuevo Presidente del Consejo del Poder Judicial

Una alternativa al aborto

Nuestro sacerdote Viktors

La oración de Ana Stang

Pablo Pérez apóstol en la cárcel
La conversión

 

El guionista de ‘Instinto básico’ y ‘Show Girls’ se convierte al catolicismo

 

El guionista de películas de fuerte contenido erótico como Instinto básico o Show Girls, el húngaro Joe Esteras, ha revelado su conversión al catolicismo en un libro que publicará en días próximos, Crossbearer: A memoir of faith (Portador de Cruz: Un recuerdo de fe).

 

Según informa Aciprensa, Eszterhas es un guionista de filmes muy conocido en Hollywood como el creador del ‘thriller erótico’, un género compuesto por películas oscuras que combinan el sexo y la violencia.

 

Este guionista se hizo millonario tras escribir los guiones de películas taquilleras como las mencionadas Instinto básico, Show Girls, o Jagged Edge, todas conocidas por su explícito contenido sexual. Además fue editor de la revista Rolling Stone.

 

Pasado muy oscuro

 

El escritor, nacido en 1944, creció en campos de refugiados en Hungría después de la Segunda Guerra Mundial hasta que llegó con su familia a Cleveland, Estados Unidos.

 

Trabajó como reportero de noticias policiales, cubriendo incontables tiroteos y peleas urbanas. En ese tiempo, sostiene que su vida era muy oscura, llena de muerte, asesinatos, crímenes y caos, lo que marcó su posterior carrera de guionista.

 

En el verano del año 2001, a Eszterhas se le diagnosticó cáncer de garganta. Debió someterse a una delicada cirugía y recibió la orden médica de dejar el alcohol y el tabaco.

Eszterhas, que tenía entonces 56 años, siempre tuvo un estilo de vida alocado y sabía que cambiar sus hábitos no sería fácil. 

 

“Dios, ayúdame”

 

Un día que Eszterhas describe como “infernalmente caluroso”, estaba caminando por la calle cuando se dio cuenta que su vida había tocado fondo.

“Me estaba volviendo loco. Estaba muy nervioso. Temblaba. No tenía paciencia para nada. Cada terminación nerviosa demandaba un trago y un cigarrillo”, recuerda.

Se sentó en el suelo, empezó a llorar y, de repente, comenzó a rezar: “Por favor, Dios, ayúdame”, dijo.

En ese momento, se dio cuenta de que no rezaba desde niño. “No podía creer lo que había dicho. No supe por qué lo había dicho. Nunca antes lo había dicho”, rememora.

Inmediatamente, Eszterhas se sintió sobrecogido por un sentimiento de paz y se acabaron sus temblores. En ese momento, tal como le ocurrió a Saulo camino a Damasco, vio “una luz brillante, deslumbrante, casi cegadora que me hizo cubrir mis ojos con las manos”.

Para Eszterhas, esta experiencia fue determinante. Pasó de dudar sobre poder vivir sin tabaco ni alcohol, a saber que podía vencerse a sí mismo y triunfar.

 

En ese momento, inició su camino de regreso a la Iglesia, pero el escándalo sexual que afectó duramente a los católicos en Estados Unidos se convirtió en un escollo para terminar su retorno. Debido a eso, optó por asistir a servicios no denominacionales, pero finalmente se convenció de que no podía dejar de ser católico.

“La Eucaristía y la presencia del cuerpo y sangre de Cristo está en mi mente y es una experiencia sobrecogedora. La Comunión es poderosa y es casi un sentimiento celestial”, afirma ahora.

 

“No me interesa la oscuridad”

 

Aún ahora recibe ofertas para escribir guiones sobre temas siniestros. Sin embargo, asegura que ha “gastado mucha vida explorando el lado oscuro de la humanidad y no quiero regresar a eso nunca más”.

“Mi vida cambió desde que Dios entró a mi corazón. No me interesa la oscuridad. Tengo cuatro hijos hermosos, una esposa a la que adoro, adoro estar vivo y gozo de cada momento de mi vida. Mi visión se ha iluminado y no quiero regresar a ese lugar oscuro”.

En el último año, los médicos le dieron de alta y asegura que ha vencido al cáncer gracias a lo que él considera un milagro. Éste es el motivo por el cual escribió su libro Crossbearer: A memoir of faith, para dar gracias a Dios y contarle al mundo lo que Él hizo en su vida.

 

Cuatro kilómetros a gatas

La vieron arrastrarse a lo lejos y, por un momento, pensaron que era un animal. No es de extrañarse, pues Olivia no tiene piernas. Fue al acercarse cuando las religiosas se dieron cuenta que lo que tenían delante era una joven de 25 años.

Las Hermanitas de los Ancianos Desamparados viven en Chissano, Mozambique, y ahí atienden a sus queridos pobres, con todo el amor con que una religiosa enamorada de Cristo y de las almas es capaz. Todos los días atienden a las personas, les transmiten la fe y buscan paliar un poco el dolor en que viven.

Olivia provenía de una localidad a cuatro kilómetros de Chissano. Todos los domingos tenía que gatear esa distancia para poder participar en la Misa. En las épocas de más calor, la arena del camino le quemaba las palmas de las manos, pero ello no impidió que su corazón, que ardía en amor más que el mismo sol, buscase el consuelo de Dios.

Al principio, Olivia recibió la preparación catequética gracias a una persona que se acercaba a su domicilio, pero para la misa no le quedaba otra opción que serpear por el camino los cuatro kilómetros. ¡Bien valía la pena!

Ahora, gracias a un bienhechor, Olivia puede moverse en una silla de ruedas, que le ayuda a recorrer más fácilmente su ya conocido camino.
 

 

 

Aquí rezamos el Rosario con los alumnos

El año pasado, durante mi misión en la India, nos invitaron a ir a una escuela construida al borde del mar al sur del país, en el estado de Kerala. Compartimos allí los mensajes de Medjugorje con el alumnado. Las religiosas que dirigían esta escuela nos confiaron muy felices: “Aquí, oramos el rosario todos los días con los alumnos” ¡Imaginen mi sorpresa! ¿Qué escuela católica de las nuestras haría esto?

Después una hermana nos hizo subir a la terraza del establecimiento y dijo: “¡Miren a su izquierda y a la derecha! Podía verse por doquier la desolación de una playa devastada por el Tsunami que había asolado la región. Después la hermana nos dijo: “Miren, la escuela no fue dañada, ¡permaneció intacta!

Cuando el Tsunami llegó aquí, ¡el agua se detuvo en el primer escalón!” Y la hermana agregó con esa sonrisa tan conmovedora de los corazones puros: “¡Porque aquí, hermana, oramos juntos el rosario todos los días y la Virgen nos ha protegido!” from Children of Medjugorje, 15.09.2008

 


 

Relato inédito de la estigmatización del padre Pío

“Te asocio a mi Pasión”: un don de gracia para la “salud” de los hermanos

ROMA, domingo 21 de septiembre de 2008 (ZENIT.org).- El padre Pío de Pietrelcina recibió los estigmas en 1918 de Jesús Crucificado, quien en una aparición lo invitó a unirse en su Pasión para participar en la salvación de los hermanos, en especial de los consagrados.

Este particular se conoce gracias a la reciente apertura de los archivos del antiguo Santo Oficio de 1939 (actual Congregación para la Doctrina de la Fe), que custodian las revelaciones secretas del fraile sobre hechos y fenómenos nunca contados a nadie.

Ahora, han salido a la luz en el libro "padre Pio sotto inchiesta. L'autobiografia segreta" (padre Pío indagado. La autobiografía secreta, ndt), con prólogo de Vittorio Messori, y llevado a cabo por el sacerdote italiano Francesco Castelli, historiador para la causa de beatificación de Karol Wojtyla y profesor de Historia de la Iglesia moderna y contemporánea en el ISSR "R. Guardini" de Tarento (Italia).

Hasta hoy parecía, de hecho, que Pare Pío, por pudor o quizás por considerarse indigno de los extraordinarios carismas recibidos, no habría revelado nunca a nadie qué sucedió el día de su estigmatización.

Sólo un dato al respecto se encuentra en una carta enviada a su director espiritual, el padre Benedetto da San Marco in Lamis, cuando habla de la aparición de un "misterioso personaje", pero sin dejar traslucir otros detalles.

El libro, que ofrece por primera vez el informe íntegro redactado por monseñor Raffaello Carlo Rossi, obispo de Volterra y Visitador Apostólico enviado por el Santo Oficio para "inquirir" en secreto al padre Pío, aclara finalmente que el santo de Gargano tuvo un coloquio con Jesús crucificado. [.....]

Es el 15 de junio de 1921, hace poco que han pasado las 17 horas, e interrogado por el obispo, el padre Pío respondió así: "El 20 de septiembre de 1918, después de la celebración de la Misa, al entretenerme para hacer la acción de gracias en el Coro, en un momento fui asaltado por un gran temblor, después volví a la calma y ví a NS (Nuestro Señor) con la postura de quien está en cruz".

"No me ha impresionado si tuviera la Cruz, lamentándose de la mala correspondencia de los hombres, especialmente de los consagrados a Él y por ello más favorecidos".

"De aquí -continúa su relato- se manifestaba que él sufría y que deseaba asociar a las almas a su Pasión. Me invitaba a compenetrarme con sus dolores y a meditarlos: al mismo tiempo, a ocuparme en la salud de los hermanos. Seguidamente me sentí lleno de compasión por los dolores del Señor y le preguntaba qué podía hacer".

"Oí esta voz: 'Te asocio a mi Pasión'. Y acto seguido, desaparecida la visión, volví en mí, recobré la razón y ví estos signos aquí, de los que goteaba sangre. Antes no tenía nada".

El padre Pío revela por tanto que la estigmatización no fue el resultado de una petición suya sino una invitación del Señor, que lamentándose de la ingratitud de los hombres, particularmente de los consagrados, le hacía destinatario de una misión, como culmen de un camino de preparación interior y mística.

De hecho, el padre Pío relató que en una aparición, sucedida el 7 de abril de 1913, Jesús, con "una gran expresión de disgusto en el rostro" mirando a una multitud de sacerdotes, le dijo: "Yo estaré por causa de las almas más beneficiadas por mí, en agonía hasta el fin del mundo".

La herida del costado y la sexta llaga del patibulum crucis

El libro refiere además las conclusiones de monseñor Rossi a los reconocimientos realizados sobre los estigmas del padre Pío, efectuados personalmente por él, y de los que se tenía noticia solo en par te, y que aporta grandes novedades, especialmente en lo que respecta a la morfología de la herida del costado y la presunta sexta llaga de la espalda...

En su informe, el Visitador revela que las heridas del padre Pío no supuraban, no se cerraban, no cicatrizaban. Permanecían inexplicablemente abiertas y sangrantes, a pesar de que el fraile había dejado de untarlas con tintura de yodo para intentar contener la sangre...

"Es difícil pensar que el padre Pío hubiese estado en grado de producirse estas heridas de bordes netos durante 60 años y de forma constante", comenta Castelli.

"Además, de las llagas se desprendía un perfume intenso de violeta en lugar del olor fétido causado las más de las veces por procesos degenerativos o por la necrosis de los tejidos, o por la presencia de infecciones".

Otro elemento digno de mención es el hecho de que el padre Pío confesara abiertamente no tener otros signos visibles de la Pasión fuera de los de las manos, los pies y el costado, excluyendo la existencia de una llaga a la altura del hombro donde Jesús llevaba la cruz, de la que habla una oración atribuida a san Bernardo.

Por Mirko Testa

 


 

Carlos Dívar, nuevo presidente del Consejo General del Poder Judicial :

 

"No me averguenzo de Aquél al que amo sobre todas las cosas"
 

Va a ser el nuevo presidente del Consejo General del Poder Judicial. Su nombre, que ha sonado mucho en los telediarios y los informativos (“El presidente de la Audiencia Nacional, Carlos Dívar...”), también lo hace entre sus hermanos de la Adoración Nocturna, realidad eclesial dentro de la cual es “adorador veterano constante”. Tantas horas de oración se le notan en lo pausado de sus modales y en lo meditadísimo de sus respuestas a la entrevista que le realizó la Revista Alba hace un tiempo. El nuevo presidente del gobierno de los jueces españoles no es partidario de dejar sus creencias en casa: "El amor de Dios, que es el que ha dirigido toda mi vida, nunca puede quedarse en casa", afirma.

-Ustedes, los adoradores nocturnos, rezan cuando todos duermen.
-Es que, como dice el apóstol san Pablo, hay que orar sin descanso. Por otra parte, Pío XII definía la oración como “la respiración del alma”, y todos sabemos que ni dormidos podemos dejar de respirar.

-¿Se reza mejor de noche?
-El silencio es más profundo, nadie te interrumpe, te concentras más. Esto hace que Dios te hable más de cerca al corazón. No hay que olvidar que Jesús gustaba de orar por la noche.

-¿Y más? ¿Se reza más?
-Aunque nunca se ora lo suficiente, hay que hacer horas extras: por los que no rezan, por los que no creen, por los que no le conocen...

-¿Qué les diría a éstos?
-Que llorarían de alegría si supieran cómo nos ama Jesús. Muchos de los que no aman a Dios es porque no le conocen.

-Tantos años en la Adoración Nocturna... ¿qué le han enseñado?
-Que lo verdaderamente importante en la vida es Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar. Es decir, Jesús en cuerpo, sangre, alma y divinidad. Lo más importante.

-También es congregante mariano.
-Desde pequeño. Me eduqué en Bilbao y allí aprendí a dirigirme a Nuestra Señora bajo la advocación de la Virgen de Begoña.

-Ser congregante mariano y adorador nocturno...
-Aquí quedan reflejados los dos grandes amores de mi vida: la Santísima Virgen y la Eucaristía.

-¿Qué papel tuvieron ahí sus padres?
-Les debo mucho en cuestión de fe: crecí viéndolos hacer oración, rezar el rosario, ir a misa... El hogar como iglesia doméstica (así la definió el Concilio) es clave en la vida del cristiano.

-¿También lo es la oración?
-“Todo apostolado que no esté basado en la oración está destinado al fracaso”. Eso dijo Juan Pablo II en su primera visita a España.

-Antes citaba a Pío XII para definir la oración. ¿Cómo la definiría usted?
-Como la conversación con Dios, con Jesús. El trato íntimo con Dios.

-Dice Requero que la imagen que tiene de Dios no es la de un presidente del Supremo elegido por consenso entre PP y PSOE, sino la de un padre.
-Toda la revelación de Jesucristo consiste en decirnos que Dios es padre para expresar así todo el amor que nos tiene.

-Entonces, ¿se lo imagina como a un padre?
-No es que me lo imagine, es que dentro de mi corazón lo siento como un padre que me ayuda, me aconseja y, sobre todo, perdona mis muchas faltas. Él es el que tiene la iniciativa de amor, no nosotros.

-¿Y el Juicio Final? ¿Cómo se imagina el Juicio Final?
-El Evangelio ya nos dice cómo tenemos que hacerlo: “Allá vendrá Jesús para juzgar a vivos y muertos y dirá: ‘Venid, benditos de mi Padre. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber...’”. Será un juicio de caridad.


-¿Eso le reconforta?
-Claro, porque no nos preguntarán por artículos o dogmas, sino si hemos pasado por el mundo haciendo el bien. Como dijo san Juan de la Cruz: “Al atardecer de la vida seremos juzgados por el Amor”.

-No le veo nada partidario de dejar sus creencias en casa antes de ir al despacho.
-El amor de Dios, que es el que ha dirigido toda mi vida, nunca puede quedarse en casa.

-¿Y si se viera obligado a elegir?
-Yo tengo que actuar conforme a mi conciencia. No puedo dejar de creer por tener un cargo público. Mi vida es una unidad. Antes de abandonar a Dios, abandonaría mi trabajo, sin hacer ningún ruido.

-Hay hombres públicos a los que les da pudor hablar de Dios. A, usted, en cambio...
-Dios está tanto en mi vida pública como en la privada y yo no puedo renunciar a Él ni en una ni en otra. Jesús dijo: “Quien se avergüence de mí yo me avergonzaré de él delante de mi Padre”.

-Y usted, claro, no quiere que eso le pase.
-No, no quiero. Además, ¿cómo voy a avergonzarme de Aquel al que amo sobre todas las cosas?

(RevistaAlba/ReL) Entrevista realizada por Gonzalo Altozano-miércoles 24 de septiembre de 2008
 


 

Una alternativa al aborto

 

 En Vietnam el aborto es una realidad bastante ordinaria. Y no sólo son muchas las mujeres que abortan, sino que, en general, nadie se cuestiona si está bien o está mal.

Los cristianos, desde los primeros siglos, se caracterizaron porque ellos amaban la vida. Un documento del siglo I dice: «No harás morir al hijo por aborto, ni lo matarás apenas nacido» (Didaché II, 2), porque de hecho en el Imperio Romano también era bastante común la práctica (¿O es que alguien pensaba que el aborto era un genial invento del siglo XX?).

En el Vietnam de hoy, Tong Phuoc Phuc, un católico, también es conocido por luchar de modo positivo para impedir que las mujeres hagan morir a sus hijos por aborto.

En una casa de su propiedad, no excesivamente grande, este vietnamita de poco más de cuarenta años acoge en su casa a mujeres solteras embarazadas que no quieren abortar y que, al mismo tiempo, no tienen medios para sacar adelante a su hijo. Allí reciben alojamiento y comida hasta que dan a luz. Después, el niño se quedará allí hasta que la mujer pueda criarlo por su cuenta. O el niño se va con su madre, o Phuc y su esposa serán su familia. A este señor no se le pasan más opciones por la cabeza.

El inicio de esta obra fue interesante. La mujer de Phuc tuvo problemas al dar a luz, y estaba en peligro su vida. Entonces el joven vietnamita hizo una promesa: «Si todo sale bien, yo me dedicaré a ayudar a otras personas».

Al darse cuenta de que tantas mujeres abortaban en su país, consciente de que los fetos también eran personas humanas, le pareció un deber ir por los hospitales recogiendo cadáveres de niños abortados y enterrarlos en una propiedad suya. El cementerio creció, y varias mujeres que habían abortado iban a rezar allí. Entonces Phuc, al verlo, habló con algunas de ellas para que, si conocían a alguna chica que quisiera abortar, que la llevasen a hablar con él.

Después de 4 años desde que acogió a la primera madre soltera, Phuc ha salvado a más de 60 niños, la mitad de los cuales ya han dejado el curioso primer hogar para irse con sus madres. Gracias al apoyo de algunas organizaciones católicas y budistas, y a la ayuda de algunos particulares, la obra de Phuc sigue adelante. Y se propone continuar este trabajo mientras viva.

Datos del artículo de MARGIE MASON en The Associated Press, 29.03.2008
 


 

Nuestro sacerdote Viktors

 

Monseñor Antons Justs, obispo de Jelgava (Letonia) ( Sínodo de los Obispos)
Recuerdo a nuestro sacerdote Viktors, que fue arrestado porque tenía la Santa Biblia. Los agentes tiraron al suelo las Sagradas Escrituras y ordenaron al sacerdote que las pisara. Él se negó, y se arrodilló a besar el libro. Por este gesto fue condenado a diez años de trabajos forzados en Siberia. Cuando regresó, volvió a su parroquia y celebró la Santa Misa. Al leer el Evangelio, alzó el leccionario y dijo: ¡La Palabra de Dios! La gente lloró y dio gracias a Dios.


 

 La oración de Ana Stang

 

“¡SENOR, DANOS DE NUEVO SACERDOTES!”

 

Durante la persecución comunista, Anna Stang padeció muchos sufrimientos y, como muchas otras mujeres en sus mismas condiciones, ofreció todo por los sacerdotes. En la vejez, se convirtió ella misma en una persona con espíritu sacerdotal.

 

“¡NOSOTROS NOS QUEDAMOS SIN PASTORES!”


Anna nació en 1909 en la parte alemana del río Volga en una numerosa familia católica. Era sólo una alumna de nueve años, cuando experimentó el inicio de la persecución; escribió: 

“... 1918, en segundo grado, al inicio de las lecciones todavía rezábamos el Padre Nuestro. Un año después ya estaba prohibido y el párroco no tenía más el permiso de entrar en la escuela. 


Se comenzaba a reír de nosotros cristianos, no se respetaban más a los sacerdotes y los seminarios fueron destruíos”.

Cuando tenía once años, Anna perdió al padre y a algunos hermanos y hermanas por  una epidemia de cólera. Poco tiempo después, también murió la mamá y ella, que había apenas cumplido diecisiete años, se hizo cargo de los hermanos y las hermanas más pequeños. No sólo no tuvo más a los padres, sino “… también nuestro párroco murió en aquel período y muchos sacerdotes fueron arrestados. ¡De este modo nos quedamos sin pastores! Éste fue un golpe duro. La iglesia en la parroquia vecina todavía estaba abierta, pero también allí no había más un sacerdote. Los fieles nos reuníamos lo mismo para rezar, pero sin el pastor la iglesia estaba abandonada.  Lloraba y no podía calmarme.  Cuántos cantos, cuantas oraciones la habían colmado y ahora parecía todo como muerto”.


En la escuela de este profundo sufrimiento espiritual, desde entonces Anna inició a rezar de modo particular por los sacerdotes y los misioneros.  “¡Señor, dónanos de nuevo un sacerdote, dónanos la Santísima Comunión!  Ofrezco todo con gusto por amor hacia Ti, oh sagradísimo Corazón de Jesús!”.


Anna ofreció por los sacerdotes todos los sufrimientos sucesivos, especialmente cuando en 1938 en una noche su hermano y su esposo – estaba felizmente casada desde hacía siete años – fueron arrestados y nunca más regresaron. 


LE CONFIAN EL SERVICIO SACERDOTAL


En 1942, Anna, joven viuda, fue deportada a Kazakistan, junto a sus tres hijos. “Fue duro afrontar el frío invierno, pero luego llegó la primavera. En aquel período lloré mucho, pero también recé muchísimo. Tuve siempre la impresión que alguien me tenía la mano.  En la ciudad de Syrjanowsk encontré algunas mujeres de fe católica. Nos reuníamos a escondidas los domingos y en los días de fiesta para cantar y rezar el rosario. Yo suplicaba a menudo: María, nuestra querida madre, mira como somos pobres. ¡Dónanos de nuevo sacerdotes, maestros y pastores!”. 


Desde 1965 la violencia de la persecución disminuyó y Anna pudo ir una vez al año a la capital de Kirghizistan, donde se encontraba un sacerdote católico en exilio. “Cuando en Biskek fue construida nada menos que una iglesia, fuimos con Vittoria, una conocida mía, para participar en la Santa Misa. El viaje fue largo, más que 1000  kilómetros, pero para nosotros fue una gran alegría. ¡Por más de 20 años no habíamos visto un sacerdote ni un confesionario! El pastor de aquella ciudad era anciano y por más de diez años había sido encarcelado a causa de su fe. Mientras me encontraba allí, me confiaron las llaves de la iglesia, así pude hacer largas horas de adoración. Nunca habría pensado de poder estar tan cerca del tabernáculo. Plena de alegría, me arrodillé y lo besé”. 


Antes de partir, Anna tuvo el permiso de llevar la Santa Comunión a los católicos más ancianos de su ciudad, que nunca hubieran podido ir personalmente. “A pedido del sacerdote, durante treinta años en mi ciudad bauticé a niños y adultos, preparé las parejas al sacramento del matrimonio y oficié funerales, hasta cuando, por problemas de salud, no pude más desarrollar este servicio”. 
 

¡ORACIONES ESCONDIDAS... PARA QUE LLEGARA UN SACERDOTE!


No se puede imaginar la gratitud de Anna, cuando en 1995 encontró por primera vez un sacerdote misionero.  Lloró de alegría y conmovida exclamó: “Llegó Jesús, el Sumo Sacerdote!”. Rezaba desde hacía décadas para que llegara un sacerdote a su ciudad, pero alcanzando 86 años había casi perdido la esperanza de ver con sus ojos la realización de  este deseo profundo. 


La Santa Misa fue celebrada en su casa y esta mujer maravillosa con ánimo sacerdotal pudo recibir la Santa Comunión: por todo el día Anna no comió más nada, queriendo expresar así su profundo respeto y su alegría. 

 

 

   

 

Pablo Pérez apóstol en la cárcel

 

Por regla general, en situaciones normales y serenas es más fácil hacer el bien que en momento de pruebas y adversidades. Pero la bondad por simple reacción, por ambiente, por “facilidad” no es verdadera virtud. Más aún, una muestra de un corazón bueno es su permanencia en tal actitud aun en medio de las circunstancias más desfavorables.

Un ejemplo de esto lo tenemos en Pablo Pérez Pantaleón, Evangelizador de Tiempo Completo (un ETC es un católico seglar, casado o soltero, que dedica todo su tiempo a trabajar en tareas de evangelización al servicio de su parroquia. Para mayor información sobre el programa ETC puede visitarse este sitio: www.evangelizadores.org), quien pasó una experiencia singular en la que pudo servir a su prójimo como buen samaritano.

La historia comienza el 28 de agosto de 2002. Le pidieron llevar a una señora de su comunidad al hospital de Arcelia, Estado de Guerrero (México). De camino al hospital, salió corriendo de una casa un niño que venía perseguido por una señora con una vara. El niño chocó con la camioneta y se lastimó el pie derecho. La señora no era familiar del chiquillo y dijo que no había nadie que se hiciera cargo de él. Pablo lo subió y se lo llevó a una clínica para que lo atendieran cuanto antes.

Una hora más tarde llegaron los abuelos del niño, de quienes dependía, pues su madre se encontraba en los Estados Unidos. Por más que Pablo explicó cómo se dio el accidente, los abuelos se molestaron con él. El doctor les informó que había que llevar al niño a México con un especialista. Pablo se ofrece para acompañar a los abuelos y al niño a México. También se da la necesidad de donar sangre y Pablo lo hace.

Como el niño corría el riesgo de morir durante el viaje, el médico vio que la única solución factible era amputarle el pie. La abuela aceptó y firmó un documento para que lo operaran. El abuelo, sin embargo, salió y media hora más tarde llegó con la policía judicial… que se llevó preso a Pablo. Tras tres días en prisión, le informaron de la cantidad que debía liquidar para poder salir. La suma era muy alta para los recursos con que contaba: Pablo tendría que quedarse en la cárcel.

Ante todo esto, Pablo no dejaba de preguntarse por qué le enviaba Dios esa prueba tan dura si él buscaba agradarle siempre. Se le vino a la mente el pasaje del Evangelio de San Lucas en el que Jesús presenta el ejemplo del Buen Samaritano. En ese momento Pablo lo aceptó todo.

Un par de días más tarde lo trasladaron al CERESO (Centro de Readaptación Social) de Arcelia. Lo que inicialmente fue una calamidad y una terrible pesadilla, con la gracia de Dios Pablo pudo verlo como un regalo y una oportunidad incomparable. Se convenció de que Dios le había llamado a ese lugar, la prisión, y de esa manera, como un preso entre los presos, para predicar allí su palabra y hacer visible a Cristo con su testimonio.

Pablo comenzó a dar pláticas a sus compañeros dos veces por semana, a dirigir celebraciones de la Palabra, impartió varios cursos sobre la fe, cada tarde tenía un grupo que se reunía para orar… y sobre todo, estaba siempre dispuesto a ayudar a sus compañeros y a escucharlos con un gran respeto y atención.

El tiempo pasado en la cárcel no fue fácil para Pablo, pero contó con el aprecio y la cercanía de las personas que le conocían: «Me decían que no me desanimara, que Dios me había puesto esa prueba para ver si de verdad lo amaba: no descuides ahí dentro tu trabajo evangelizador».

Después de la primera quincena en la cárcel, consiguió que un sacerdote les celebrara la Santa Misa. También platicó con muchos y los animó a acercarse al sacramento de la penitencia y a que participaran en la misa y comulgaran. Con el apoyo del director del CERESO, de quien pronto se ganó su confianza, el evangelizador consiguió preparar las tradicionales posadas antes de la Navidad y los viacrucis durante la Cuaresma.

El testimonio de laboriosidad, de oración y de serenidad de Pablo no pasó desapercibido para sus compañeros. Él los invitaba a hacer lo mismo y les decía que así se vivía mejor y que era más fácil que hacer el mal. De hecho, el día de la salida de su “evangelizador” muchos lo sintieron. «La verdad, es que me sentí mal dejándolos a todos, ya eran mis amigos y ahora los extraño y creo que igualmente ellos me extrañan».

Cuando se le pregunta a Pablo qué piensa sobre la injusticia que se cometió con él, el responde sencillamente: «Yo le doy gracias a Dios por haberme dado esta prueba, ya que si yo hubiera seguido de largo y no hubiera visto a ese niño como mi prójimo, todo mi trabajo de evangelizador habría sido en vano».

Después de un año y ocho meses en prisión Pablo quedó en libertad, volvió a su casa y continuó su trabajo de evangelizador…
 

 

 

LA CONVERSIÓN

Maurice Caillet, cirujano abortista, masón durante 15 años, cuenta el momento crucial de su conversión al catolicismo.

-¿Cómo comenzó su descubrimiento de Cristo?

-Maurice Caillet: Yo era racionalista, masón y ateo. Tampoco estaba bautizado, pero mi mujer Claude estaba enferma y decidimos ir a Lourdes. Mientras ella estaba en las piscinas, el frío me obligaba a refugiarme en la Cripta, donde asistí, con interés, a la primera misa de mi vida. Cuando el cura, al leer el Evangelio, dijo: ‘Pedid y se os dará; bus cad y hallaréis; llamad y se os abrirá', se produjo un choque tremendo en mí porque esta frase la oí el día de mi iniciación en el grado de Aprendiz y la solía repetir cuando, ya Venerable, iniciaba a los profanos. En el silencio posterior -pues no había homilía- oí claramente una voz que me decía: ‘Bien. Pides la curación de Claude. Pero ¿qué ofreces?'. Instantáneamente, y seguro de haber sido interpelado por Dios mismo, sólo me tenía a mí mismo para ofrecer. Al final de la misa, acudí a la sacristía y pedí Inmediatamente el bautismo al cura. Éste, estupefacto cuando le confesé mi pertenencia masónica y mis prácticas ocultistas, me dijo que fuera a ver al arzobispo de Rennes. Ese fue el inició de mi itinerario espiritual.

 

 

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