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El
combate de la oración, según el cardenal Schönborn El combate por excelencia, afirmó, es el “combate de la oración”, pero el combate de la oración “es también la cuestión del lugar de la oración”. El cura de Ars, instruyendo a sus parroquianos, exclamaba mirando al tabernáculo: “¡El está ahí, está ahí!”. Esta es para nosotros, subrayó el predicador, una “invitación constante a aprovecharnos de ello”. Sin embargo, reconoció, “en Austria, mantenemos una lucha constante para conservar nuestras iglesias abiertas, accesibles a los fieles y a los otros que buscan, pues es una grave herida en el Cuerpo de Cristo que las iglesias tengan las puertas cerradas”. “Haced todo lo posible, y lo imposible –recomendó el cardenal Schönborn--, para permitir a los fieles y a las personas que buscan a Dios –y que Dios espera- tener acceso a Jesús en la Eucaristía: ¡no cerréis las puertas de vuestras iglesias, por favor!”. “¡No lo comprendo –insistió el arzobispo de Viena--, esto no es soportable! Mucha gente no va ya a misa, es demasiado complicado para ellos, no saben más, esto se les ha hecho extraño, pero se constata una cosa: vienen a la iglesia si está abierta, para encender una vela, sí, o la abuela viene con sus nietos, no van a misa pero vienen a encender una vela ante la Virgen que les acogerá. ¡Dejemos nuestras iglesias abiertas!”. Y añade: “¡No es malo que el sacerdote sea sorprendido en flagrante delito de oración ante el tabernáculo!”. El cardenal austríaco confió a sus hermanos sacerdotes del mundo entero este recuerdo de infancia: “En Vorarlberg, por la tarde, había una luz en la iglesia: era el señor cura que rezaba allí. Esto quedó grabado en mi memoria”. Y concluyó:
“El combate de la oración es verdaderamente el combate de nuestra vida”.
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mundo del revés: ¡Matar es un derecho!
Por monseñor José Ignacio Munilla, obispo de
Palencia El jueves 24, fiesta de la Virgen de la Merced, tuve la gracia de visitar el Centro Penitenciario de Dueñas (Palencia), donde celebré la Eucaristía con un numeroso grupo de cientos de presos, en honor a su Patrona. Uno de ellos, de nombre Manuel, compartía conmigo la dura experiencia de su vida, en presencia de otros reclusos. No olvidaré su rostro ni sus palabras: "Mire usted, a mí me pasó una cosa muy simple: Empecé por matar a Dios, borrándolo de mi conciencia; para luego continuar agrediendo a mi familia, a mis amigos y a todos los que se cruzaban en mi camino, y ya no me detuve ni ante el respeto debido a la vida misma". ¡Me sentiría yo mucho más seguro en una nación gobernada por Manuel, que por alguien que sostenga que matar a una criatura en el seno materno, es un "derecho"! ¡Me fío mucho más de quien ha tocado fondo en la vida, por muy bajo que haya caído, y que ha hecho la experiencia humilde del retorno a la sensatez; que de aquel otro que se cree que va a reinventar una nueva civilización, y se muestra seguro en la soberbia de su ideología! Oídos sordos a la razón En la sesión extraordinaria del Consejo de Ministros realizada el sábado, día 26, se ha aprobado el Proyecto de reforma de la Ley del Aborto, en el que se propone una mayor liberalización de este crimen, llegando a la aberración de considerarlo como un "derecho". Se trata de pasar de la actual "despenalización" de un mal, a su consideración como un bien. La razón de ser de esta iniciativa es doble: una es la puramente ideológica (tengamos en cuenta que en España ya padecemos, en la práctica, el aborto libre); y, la otra, la tutela de las clínicas abortistas, para que el fraude generalizado que cometen actualmente, pueda tener amparo legal. ¿Qué otras razones podrían esgrimirse para justificar esta decisión política? Es conocido que en España estamos ante un auténtico invierno demográfico, y que el aborto es la principal causa de mortalidad. Más aún, España es el país de la Unión Europea que ha incrementado en los últimos diez años el número de abortos en un mayor porcentaje, con un 126%. A gran distancia le sigue Bélgica con el 36% de aumento y Holanda con un 26%. Mientras que Italia ha disminuido en un 9,71%, Alemania, en un 10,71%, y Polonia ha disminuido un 89,31%. En consecuencia, no parece que puedan argüirse razones de política demográfica. España necesita urgentemente españoles, y la solución propuesta es... ¿¿otorgar el derecho de eliminarlos?? La única explicación para esta sinrazón es la puesta en práctica de un ideario de ingeniería social, donde el aborto es esgrimido como una bandera del feminismo... Y, sin embargo, cada vez constatamos con más frecuencia que la madre no es sino la segunda víctima del aborto. Más aún..., cuando el feto abortado es de sexo femenino, ¿dónde quedan los derechos feministas de esa "nueva mujer"? Con la claridad y la transparencia
que le caracterizaban, decía la Madre Teresa de Calcuta: "El más
grande destructor de la paz es el aborto porque, si una madre puede
matar a su propio hijo, ¿qué nos queda a nosotros, matarte a ti y tú
matarme a mí? ¡No nos queda más que eso!". Sus palabras han
resultado proféticas, habida cuenta de que el incremento del número de
abortos en España, ha ido en paralelo al aumento de los índices de
criminalidad, como es el caso de la violencia doméstica. Pero no pensemos que el aborto mismo es el peor de los males, por mucho que se trate de la cruel eliminación de vidas inocentes. Todavía hay un mal que podría ser mucho más nefasto: me refiero al hecho de que la liberalización del aborto pudiera tener lugar sin resistencia social alguna; sin que tal noticia tuviese la capacidad de sacarnos de nuestras preocupaciones cotidianas; sin que nuestra conciencia se sintiese conmovida. Si tal cosa sucediese, estaríamos ante la certificación de un mal inconmensurable: la muerte de la conciencia moral individual y colectiva, mucho más funesta que la misma muerte física. Afortunadamente, tenemos noticia de que cuarenta asociaciones han reaccionado con presteza, convocando una gran manifestación para el día 17 de octubre en Madrid. El lema de la convocatoria es: "Por la Vida, la Mujer y la Maternidad". La información necesaria podemos encontrarla en http://cadavidaimporta.org/. Confiamos en que esta iniciativa sea un signo del despertar moral de nuestra sociedad. No es hora de cruzarse de brazos, sino que tenemos el deber de actuar, de "dar la cara" en favor de la vida. ¿Si no lo hiciésemos por esta causa, por qué otra lo habríamos de hacer? |
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Su
sueño era matar a su padre
Quienquiera que seas, cualesquiera que sean tus heridas y tu doloroso pasado, nunca olvides, en tu memoria magullada, que te espera una eternidad de amor, junto al Big Boss - Autor: José Alberto Lesso, L.C. | Fuente: www.buenas-noticias.org
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El hermano Eustaquio Kugler, miembro de la orden de San Juan
de Dios
REGENSBURG,
domingo 4 de octubre de 2009 (ZENIT.org).-
Ni el miedo frente a la presión nazi ni el rechazo a las personas
discapacitadas que se vivía en su país con el Nacionalsocialismo de
Hitler pudieron apagar la intensa espiritualidad y el amor a los
limitados físicos que tuvo el hermano Eustaquio Kugler.La diócesis de Regensburg celebra su beatificación este domingo, en una ceremonia presidida por monseñor Angelo Amato, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos y enviado por el papa Benedicto XVI. Hospitalario con los discapacitados Su nombre de pila era José. A los 16 años, mientras trabajaba en una construcción, cayó de un andamio, a la altura de 4 metros y tuvo una distorsión en el pie y una herida que lo hicieron cojear toda su vida. El hermano Kugler, (1867 – 1946) ingresó a los 26 años a la orden de San Juan de Dios, luego de haber entrado en contacto con esta comunidad durante la construcción de un hospital en Reichenbach (Alemania). Durante casi toda su vida religiosa fue prior de diversas comunidades y de su Provincia religiosa. Cargo al que era reelegido por voluntad de los propios miembros de la orden de San Juan de Dios. Tenía un gran sentido de la justicia y un talento para la organización. Bajo su mando estaban 16 hospitales con 2.500 personas asistidas. En 1929 se inauguró un magno hospital (masculino y femenino) con su iglesia en Regensburg, en honor a San Pío V. Se preocupó que se atendieran principalmente a los pobres. Escribió los criterios para acompañar a los enfermos en los hospitales que se rigen en la actualidad. Aún con esta responsabilidad, pasaba las noches caminando por los pasillos del hospital velando por las necesidades de los enfermos, desde las más pequeñas. “Los que trabajamos en el campo de la discapacidad sabemos que las personas se abren sólo con quienes tienen el corazón abierto hacia ellas. El hermano Eustaquio Kugler, fue un gran modelo de este enfoque”, afirma Ubli Doblinger, actual responsable de la pastoral del centro para personas discapacitadas de Reichenbach, en un video editado por Max Kronawitter. Para el postulador de su beatificación, el hermano Félix Lizaso, Kugler vivió su llamado en medio de dos importantes pilares: “Una realidad existencial profunda en la comunidad, con una vida de fe y espiritualidad y una vida de entrega a los enfermos”, dijo en diálogo con Zenit. Peligro nazi Como muchas otras órdenes religiosas y la misma Iglesia, los hermanos de San Juan de Dios eran acechados por los nazis. También lo eran los mismos enfermos que ellos atendían. Muchos fueron deportados ya que los nazis los consideraban un tumor para la sociedad, pero el hermano Kugler puso todo su empeño por salvarlos de la cámara de gas. El 17 de agosto de 1943 hubo un gran bombardeo sobre Ratisbona. Los alrededores del hospital fueron destruidos. En cambio, este centro de salud quedó intacto. “Podemos decir que aquí hay un santo, que nos ha salvado de la guerra y de las bombas”, decía un pastor evangélico. Cuenta el padre Lizaso que un día Hitler pasó frente al hospital. Todos corrieron a asomarse a las ventanas para verlo. El hermano Kugler en cambio, no quiso mirarlo y decía a sus hermanos “nuestro Fuhrer vive ahí”, señalándoles el sagrario. “Nunca iba a ningún sitio si no era con el rosario en la mano. Era un hombre muy recto. Con espíritu de oración, de recogimiento, de humildad”, asegura su postulador. Sufrió mucho por la devastación nazi. Soportó más de 30 interrogatorios de la Gestapo. Fue tal su impresión que durante uno de estos cayó desmayado. “Además de no delatar a ningún hermano, ni a otras personas, mantuvo gran silencio en su comunidad sobre los interrogatorios y trato recibido. Ni se quejó ni insultó a los policías” testimonia Lizaso. Hubo hermanos que abandonaron la orden, deslumbrados por las ideologías nazis. Esto golpeó profundamente a Eustaquio. Pero guardando la calma, se refería a los nazis diciendo: “Esos árboles no crecerán hasta el cielo”. “No era una persona de oficiales estudios teológicos, pero sí de una espiritualidad ascética profunda, una innegable vivencia mística por su vida interior y profundidad de fe, que acompañaba a sus actos en auténtica respuesta de amor a Dios”, asegura su postulador. El hermano Kugler murió en 1946 de un tumor en el estómago. Han pasado más de 60 años después de su tránsito. Hoy sus hermanos, así como miles de fieles en Regensburg admiran de él su sencillez, su sabiduría y su espíritu de servicio. [Por Carmen Elena Villa] |
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La aventura de Gérard Thénezay
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Las confesiones del cardenal hondureño Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga Arzobispo de
Tegucigalpa y presidente de Caritas Internationalis cuenta su
vocación E inmediatamente después menciona el hecho que cambiaría decisivamente su vida: "entré a la Congregación Salesiana cuando tenía 16 años y ahí hice todo mi camino como educador, maestro, luego fui ordenado sacerdote en 1970". Ahí nació y se desarrolló su vocación sacerdotal que ha compartido con ZENIT en la serie de testimonios que la agencia está recogiendo con motivo del año sacerdotal y que fueron inaugurados por el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado de Benedicto XVI. "Posteriormente los superiores me destinaron a estudiar aquí en Roma, estudié Teología Moral, estudié también Psicología Clínica entre Roma e Innsbruck (Austria), luego regresé como prefecto de estudios en el Instituto Teológico Salesiano de Guatemala y posteriormente como rector del Seminario Menor de Filosofía en Guatemala". "En 1978 fui nombrado obispo auxiliar de Tegucigalpa, ordenado el 8 de diciembre de ese año", sigue explicando. "Luego fui secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), viviendo cuatro años en Bogotá. Posteriormente fui nombrado asrzobispo de Tegucigalpa desde hace ya 16 años y fui creado cardenal por el Papa Juan Pablo II, siervo de Dios, en el consistorio del año 2001. Hace dos años fui elegido presidente de Caritas Internationalis". Estos son, en síntesis, los grandes momentos de su autobiografía. Pero por sí solos no serían elocuentes. En esta entrevista va más allá, para mostrar el porqué de su vocación, así como los momentos más bellos y más difíciles que ha vivido. --¿Cómo fue su llamado a seguir al Señor? ¿Cómo decidió ser sacerdote? --Cardenal Rodríguez Maradiaga: El llamado fue del Señor, a través del padre director del colegio. Yo estaba encantado de la vida salesiana: empecé desde los seis años en la primaria. Me gustaba muchísimo el ambiente, fui acólito, y precisamente regresando de una santa misa del colegio María Auxiliadora con el padre director que fue después arzobispo de Tegucigalpa, me dijo: "¿no te gustaría ser sacerdote?". Y yo respondí inmediatamente: "sí". Desde ese momento yo ya me sentía en el seminario, pero cuando terminé la primaria, a los doce años, le dije a mi padre que me iba para el seminario menor salesiano, al aspirantado, y me dijo: "usted no va a ningún lado, porque usted no se manda solo. Usted es muy travieso y me lo van a devolver al día siguiente". Y de hecho, muchas veces pensé después: "tenía razón". Entonces se me olvidó la vocación y me dediqué a la aviación con alma, vida y corazón. Aprendí el inglés de niño precisamente para poder leer libros de aviación, aprendí a volar cuando tenía 14 años. Cuando estaba para terminar el bachillerato, tuvimos unos ejercicios espirituales. Recuerdo que el predicador nos dijo: "si Dios los llama, no sean cobardes". Aquello resonó en mi interior y dije: "Dios me llama y yo no quiero ser cobarde". Por eso me fui al aspirantado, luego al noviciado: ese fue el camino. --Usted nos revela su pasión por la aviación, pero muchos le conocen también por su pasión por la música? --Cardenal Rodríguez Maradiaga: Sí porque, desde niño en mi casa, había música: mi padre amaba la música, mi hermana mayor tocaba el piano y mis otros hermanos. Entonces a mí me pusieron a aprender piano desde pequeño. Al entrar en la Congregación me destinaron también a ser profesor de música, me hicieron estudiar en el Conservatorio y me tocó muchos años enseñar música sagrada, canto gregoriano que me encanta, y además hacer orquestas y bandas en los colegios en los que trabajé y así aprendí a tocar varios instrumentos. --Varios instrumentos musicales... ¿cómo cuáles? --Cardenal Rodríguez Maradiaga: Como el saxofón, el acordeón, como el órgano, el piano, la batería, el contrabajo, el clarinete... Así me ha tocado muy bonita la vida. --¿Hubo alguna persona importante para tomar la decisión de seguir a Dios? --Cardenal Rodríguez Maradiaga: Sí, fue naturalmente el padre director del colegio, así como san Juan Bosco. En el año antes de ordenarme sacerdote mi madre me rebeló algo que desconocía: yo había nacido prematuro y el doctor decía que yo no iba a sobrevivir. Entonces ella ofreció rezar todos los días el Santo Rosario por mi salud, asegurando y que, si Dios me llamaba, ella me ofrecía al Señor. Yo nunca lo supe y ahí tiene usted el resultado. --¿Cuáles han sido algunos de los momentos más felices desde que decidió decirle "sí" al Señor? --Cardenal Rodríguez Maradiaga: Muchísimos. Lógicamente, cuando hice mis primeros votos como salesiano, yo soñé todo el tiempo con ser salesiano y eso fue para mí una de las enormes alegrías. Luego naturalmente para mi el momento más feliz y decisivo ha sido la ordenación sacerdotal, es la gracia más grande que Dios le puede dar a una persona, después del bautismo. Posteriormente, el episcopado me dio más bien miedo y yo no consideraba que era mi vocación, pero acepté porque don Bosco decía que un deseo del Papa para un salesiano era una orden y así acepté en la fe. Y creo que el Señor me ha concedido 31 años de obispo de alegría, de mucho gozo. Cuando el Papa Juan Pablo II me llamó a ser cardenal, fue una sorpresa. Yo ni soñé jamás con eso, porque Honduras nunca tuvo un cardenal. De tal manera que me dio alegría por la alegría que causé a mi pueblo. --¿Y algunos de los momentos más difíciles? --Cardenal Rodríguez Maradiaga: Bueno también dice el Señor "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame". Entre esos momentos estuvo la muerte de mi padre, apenas cuando yo estaba empezando el camino, en segundo año de filosofía. Tuve también en ocasiones alguna dificultad de salud, padecí de asma varios años, me curó milagrosamente la Virgen, cuando estaba en primer año de Teología. Posteriormente también muchas dificultades a causa de la situación de Centroamérica. Como obispo administrador apostólico estaba en una diócesis de frontera con Guatemala y El Salvador: teníamos refugiados. Eran tiempos de guerrilla y, claro, era bien difícil todo. Otro momento muy triste fue la muerte de Juan Pablo II. --¿Por qué? --Cardenal Rodríguez Maradiaga: Porque yo le quería muchísimo, era prácticamente mi padre, y él siempre me mostró una confianza y un cariño muy grande. Claro lo veíamos deteriorarse, pero yo no me imaginé que iba a morir tan pronto. Para mí fue como cuando murió mi padre, igual. |
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× Jan Grzebski
Clemente Ferrer |
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De
México a Tecotutla
Aquella familia me recibió como al
hijo pródigo. Me regalaron lo mejor de sí mismos. Cada día me
sentía más querida, y avergonzada por mi primera reacción.
Aquella familia no tenía nada, pero con nada habían formado el
hogar más acogedor que he conocido. Ahora sabía de dónde sacaba
Javier aquella facilidad para iluminar lo oscuro. |
Ana llegó con la nieve Un
día de enero, mi madre tuvo que ir a dar a luz a una clínica.
Tengo cincuenta y tres años, y no recuerdo otra ocasión con la
ciudad de Valencia cubierta de nieve. Radiante de felicidad,
repetía: «¡Todo junto! Ha nevado y mi mamá ha tenido una
chinita!» Sí, Ana nació con el Síndrome de Down. Yo tenía cuatro años y apareció como una especie de milagro. Fue el día más feliz de mi vida. Es cierto que su inteligencia no le ha permitido estudiar Bachillerato, que conserva su lengua de trapo infantil; también es cierto que conozco muy pocas personas con su inteligencia emocional. ¡Cómo me ha ayudado a entender las cosas! Siempre ha sabido lo que es más importante: que te quieran, y si tú, tonta de ti, te quieres agobiar, estás faba. En nuestros juegos siempre acababa siendo el centro de atención. No lloraba si le hacíamos alguna chanza, porque ella no las escuchaba, sólo oía nuestro cariño. Siempre supo que era la más importante. Somos diez hermanos y nos queremos, pero en nuestros corazones Ana es la primera y así ejerce. Cuando necesitas un abrazo, es ella quien lo adivina y te lo da. Montserrat Palop Jonquères ( De Alfa y Omega nº 666, jv. 4.12.2009) |
Gracias
por nacer Soy
madre de cinco hijos y me encanta celebrar sus cumpleaños. Llegó
el mío, pero nadie se acordó hasta la noche. A la hora de cenar,
de repente, mi hija mayor salta sobre mí y me abraza. Todos
perciben que me siento herida. Llama mi hermana por teléfono y
me anima a vengarme…Con la cara seria, les anuncio que, durante 365 días, se inauguraba el año sin cumples. Se aproximaba el octavo cumpleaños de Santi, mi tercer hijo. Me pedía invitaciones para sus amigos, pero contestaba: «Este año no se celebran los cumples». Sus ojos de asombro e incredulidad rompían el alma. La víspera se acostó entre lágrimas. Tras el rugir de los despertadores, Santi esperó en su cama, pero no me acerqué. Mis hijos estaban conmovidos. Su padre no se atrevía a hablar… Al volver del colegio, Santi entró en casa con la cabeza gacha. Después, ducha y deberes. Cuando salió del baño, se encontró de repente con la mesa puesta en el salón y… ¡los abuelos que habían venido a felicitarle! La tristeza huyó de su cara. Su padre sacó una Fanta, la pizza salió jugosa del horno y preparé ganchitos y hamburguesas, mientras sus hermanos cantaban. Su rostro se transformó en una fuente de luz. «Mamá, decías que no celebraríamos mi cumple, pero no era verdad. Ha sido la mejor fiesta». El orgullo me recorrió entera. Y le contesté: «Gracias, Santi, por nacer». Mi hijo había sido la tercera cesárea. Un embarazo duro, con dolores intensos. La mayoría de mi familia me reprochó aquel embarazo. Mi ginecólogo amenazó con no atenderme. Aquello supuso una prueba de fe. Para orgullo de mi marido, hemos celebrado el nacimiento de dos hijas más, también por cesárea. Con sufrimiento, pero se olvida tan rápido que sin darte cuenta comienzas a cantar… Feliz, feliz en tu día… ¿Cómo podría vivir sin cada uno de los cinco? Rosario Muñoz Soriano ( De Alfa y Omega nº 666, jv. 4.12.2009) |