Aquel
6 de agosto de 1945
El Santo
Rosario más poderoso que la bomba atómica (P. Schiffer)
La Virgen libera a Austria de la ocupación soviética
San Maximiliano Kolbe
La pregunta de Tommy
Pasó haciendo el bien
El póster
Mi
pensamiento voló instantáneamente a lo alto para unirse en el misterio de Dios
al monje de una de nuestras comunidades de Estados Unidos de Norteamérica, que
murió el día de Navidad de 1983. Le faltaba un mes para cumplir 82 años.
Cuando tenía 43 y medio, la mañana de aquel 6 de agosto del 45, él fotografiaba desde el segundo avión militar el hongo mortal de la explosión atómica sobre Hiroshima. ¡Dios mío!
Cuánto habrá meditado, reflexionado, orado… y llorado, uniéndose a la desgracia de los sobrevivientes, afectados de una u otra manera, y a la de los familiares de vivos y muertos. Cuánto habrá valorado la Vida en tantas vidas cercenadas. Y cuánto habrá mirado hacia lo alto y -ahora desde lo alto- para ver lo que pasa y nos pasa aquí abajo.
Su apellido era: McGunigle. Su nombre desde el 22 de enero de 1901: Robert Rupert (esposo de la estrella de cine Beatrice Lily); desde el 17 de octubre de 1950: Matthew Scott (día en que entró en la vida monástica).
HOY NOS UNIMOS A ÉL PARA QUE NOS AYUDE A NO HACER BARBARIDADES A NINGÚN SER HUMANO y a ser, por el contrario, portadores de la Paz Pascual de quien dio la vida por todos y cuya plenitud alcanzó Matthew Scott un día de Navidad
Santiago Fidel Ordóñez, Roma, 8-8-2005
El Santo
Rosario: Mas poderoso que la
bomba atómica
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Testimonio del Padre Schiffer S. J., sobreviviente de Hiroshima. Milagro del Rosario en Hiroshima:
del 6 de agosto de 1945 En Nagasaki, como resultado de la explosión, todas las casas en un radio de aprox. 2.5 Km del epicentro fueron destruidas. Quienes estaban dentro quedaron enterrados en las ruinas. Los que estaban fuera fueron quemados. En medio de aquella tragedia, una pequeña comunidad de Padres Jesuitas vivía junto a la iglesia parroquial, a solamente ocho cuadras (aprox. 1Km) del epicentro del epicentro de la bomba. Eran misioneros alemanes sirviendo al pueblo japonés. Como los alemanes eran aliados de los japoneses, les habían permitido quedarse. |
El Padre Hubert Schiffer fue uno de los jesuitas en Hiroshima. Tenía 30 años cuando explotó la bomba atómica en esa ciudad y vivió otros 33 años mas de buena salud. El narró sus experiencias en Hiroshima durante el Congreso Eucarístico que se llevó a cabo en Filadelfia (EU) en 1976. En ese entonces, los ocho miembros de la comunidad Jesuita estaban todavía vivos. El Padre Schiffer fue examinado e interrogado por más de 200 científicos que fueron incapaces de explicar como él y sus compañeros habían sobrevivido. El lo atribuyó a la protección de la Virgen María y dijo: "Yo estaba en medio de la explosión atómica... y estoy aquí todavía, vivo y a salvo. No fui derribado por su destrucción." Además, el Padre Shiffer mantuvo que durante varios años, cientos de expertos e investigadores estudiaron las razones científicas del porqué la casa, tan cerca de la explosión atómica, no fue afectada. El explicó que en esa casa hubo una sola cosa diferente: "Rezábamos el rosario diariamente en esa casa". En la otra ciudad devastada por la bomba atómica, Nagasaki, San Maximiliano Kolbe había establecido un convento franciscano que también quedó intacto, los hermanos protegidos gracias a la protección de la Virgen. Allí ellos también rezaban diariamente el santo rosario. ( De la Web de Las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María.) |
13 de Mayo de 1955, La Virgen libera a Austria de la ocupación soviética
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13 de Mayo de 1955
Desde el punto de vista secular es incomprensible la liberación de Austria de las garras del poder soviético el 13 de Mayo de 1955. Las tropas Soviéticas se se retiraron sin explicación. Se había formado una cruzada de reparación del Santo Rosario implorando la intercesión de la Virgen de Fátima, la que se difundió entre la población. Austria fue anexada por Alemania en 1938 por lo que en la II Guerra Mundial fue parte del Eje Nazi. Terminada la guerra Austria, como Alemania, fue dividida en cuatro zonas de ocupación para ser administradas por Estados Unidos, Inglaterra, Francia y la Unión Soviética. A este último se le dio la parte sur que es la mas rica y que rodea a Viena, la capital, la cual también fue dividida en cuatro zonas. En menos de dos años Alemania obtuvo gradualmente su independencia política, menos la zona Soviética. Surgió así la Republica Alemana. No fue igual con Austria. Los soviéticos favorecieron el reclamo de territorio austriaco por parte del dictador comunista Tito de Yugoslavia. Apoyaron un esfuerzo comunista de tomar control de toda Austria. Por fin mantuvieron férreo control de toda Europa Oriental, convirtiendo a todos los países que habían ocupado en satélites de Moscú. Esta situación continuó hasta la llegada de Gorbachev. El Padrel Pavlicek fue inspirado a implementar lo que la Virgen había pedido en Fátima. Fundó la Cruzada de Reparación del Santo Rosario en 1947. En esta cruzada los austriacos se unieron para honrar a la Virgen con un rosario perpetuo, implorando por la conversión de los pecadores, paz mundial y libertad para Austria. Comienzan las peregrinaciones. Mientras los superiores capuchinos sancionaron la iniciativa del Padre Pavlicek, no tenían como financiarla. Sin embargo del obispo de Leira, Portugal, hizo posible que llegara a Austria una estatua de la Virgen de Fátima del mismo artesano que hizo la Virgen Peregrina original. Acompañando a la Virgen en peregrinación a innumerables ciudades, el Padre Pavlicek recordaba a los fieles que el ardiente deseo de la Virgen es la conversión de los pecadores. El Padre Pavlicek compartía su fervor por la Virgen María con todos. Alentaba a los pecadores para que se reconciliaran con Dios a través de la confesión. En un giro misionero por 11 pueblos en la región de Amstetten, escuchó casi 6000 confesiones. En otra ocasión se mantuvo en el confesionario tres días y noches seguidos. En Septiembre de 1948, el Padre Pavlicek comenzó la Cruzada de Reparación del Santo Rosario en una iglesia de Viena. La Cruzada incluía confesión, bendición de los enfermos, el Santo Rosario y se coronaba con la Santa Misa. |
El padre llamaba estas devociones "asaltos de oración" y podía tomar hasta cinco días. "La paz es un regalo de Dios y no de los políticos", le decía a sus compatriotas, y los regalos de Dios se obtienen con la oración que asalta al cielo como los soldados asaltan un fuerte con confianza y determinación. La procesiones de la Cruzada con la estatua de la Virgen de Fátima el 13 de cada mes creció tanto que el Padre Pavlicek decidió hacer una procesión anual invitando a todas las parroquias de Viena. Escogió el 12 de Septiembre, la fiesta de Nombre de María. El Papa Inocente XI había establecido esta fiesta en 1683 para conmemorar la victoria de los cristianos que defendían a Viena de la invasión musulmana. La situación de los cristianos parecía imposible pero vencieron por la intercesión de la Virgen y el rezo del Santo Rosario. Ahora le pedían a la Virgen que los liberara del Comunismo. El Primer Ministro de Austria, Leopold Figl, dijo al Padre Pavlicek: "Aunque fuésemos solo nosotros dos, yo iría. ¡Mi país lo exige!" En efecto se hizo presente, rosario y vela en mano, en cada ocasión solemne, acompañado de sus ministros. El sucesor del Primer Ministro, Julius Raab, también asistía a las grandes procesiones. La Cruzada continuó expandiéndose por toda Austria, desbordándose en territorio alemán y suizo. Para el año 1955, mas de medio millón de austriacos (aprox. 10% de la población de aquel tiempo) se habían comprometido a rezarle diariamente a la Virgen de Fátima, pidiéndole por la conversión de los pecadores, paz en el mundo y libertad para Austria. Un número aun mayor participaba en las procesiones marianas y en los "asaltos de oración". Durante este tiempo se daban conferencias de paz en Londres entre representantes de los aliados y delegaciones austriacas. En ocho años se produjeron 260 reuniones sin llegar a una resolución sobre el destino de Austria. Mientras tanto se intensificaba la represión comunista contra la Iglesia. Era una verdadera prueba para aquellos que tanto habían rezado. Pero entonces vino la gracia. El 24 de marzo de 1955 los soviéticos invitaron a los austriacos a una conferencia. Pensando que el futuro de Austria se sellaría en Moscú, el Primer Ministro Raab, ante de partir, le pidió al Padre Pavlicek, "Por favor, reza y pídele a tu gente te ore mas fuerte que nunca" Ante la gran sorpresa de todo el mundo los soviéticos anunciaron en abril que sacarían sus tropas de Austria en el plazo de tres meses. El 15 de mayo, las fuerzas aliadas que ocupaban Austria firmaron un tratado garantizando su independencia. El 26 de octubre de 1955 partió el último soldado ruso del suelo austriaco. En Viena las multitudes marcharon en procesión con rosarios y antorchas, agradeciéndolo a la Virgen de Fátima la liberación del comunismo. El Primer Ministro declaró: "Hoy, nosotros, que tenemos el corazón lleno de fe, aclamamos al Cielo con gozosa oración: Somos libres. Oh María, te damos gracias" Aprendamos de los austriacos a recurrir a la Virgen de Fátima, con corazón contrito, acatando sus peticiones y con plena confianza en su intercesión. El Padre Petrus Pavlicek nació en el Tirol austriaco, el 6 de enero de 1902. De joven se sintió llamado a la vida religiosa pero no se mantuvo. En 1935, durante una grave enfermedad, recibió la gracia de conversión y resolvió abrazar la vocación. El 14 de diciembre de 1941fue ordenado sacerdote capuchino. Servia en el campo de la salud en el ejército alemán cuando fue capturado por los aliados el 15 de agosto de 1944. Fue liberado el 16 de julio del 45, fiesta de la Virgen del Carmen. Regresó a Austria y fundó la Cruzada de Reparación del Santo Rosario, a la que dedicó el resto de su vida. Murió el 14 de diciembre de 1982, aniversario de su ordenación. ( De la Web de Las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María.) |
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Es liberado poco tiempo después, precisamente el día
consagrado a la Inmaculada Concepción. Es hecho prisionero nuevamente en
febrero de 1941 y enviado a la prisión de Pawiak, para ser después
transferido al campo de concentración de Auschwitz, en donde a pesar de
las terribles condiciones de vida prosiguió su ministerio. |
La noche del 3 de agosto de
1941, un prisionero de la misma sección a la que estaba asignado San
Maximiliano escapa; en represalia, el comandante del campo ordena
escoger a diez prisioneros al hazar para ser ejecutados. Entre los
hombres escogidos estaba el sargento Franciszek Gajowniczek, polaco como
San Maximiliano, casado y con hijos. San Maximiliano, que no se encontraba entre los diez prisioneros escogidos, se ofrece a morir en su lugar. El comandante del campo acepta el cambio, y San Maximiliano es condenado a morir de hambre junto con los otros nueve prisioneros. Diez días después de su condena y al encontrarlo todavía vivo, los nazis le administran una inyección letal el 14 de agosto de 1941. Es así como San Maximiliano María Kolbe, en medio de la más terrible adversidad, dio testimonio y ejemplo de dignidad. En 1973 Pablo VI lo beatifica y en 1982 Juan Pablo II lo canoniza como Mártir de la Caridad. Juan Pablo II comenta la influencia que tuvo San Maximiliano en su vocación sacerdotal: "Surge aquí otra singular e importante dimensión de mi vocación. Los años de la ocupación alemana en Occidente y de la soviética en Oriente supusieron un enorme número de detenciones y deportaciones de sacerdotes polacos hacia los campos de concentración. Sólo en Dachau fueron internados casi tres mil. Hubo otros campos, como por ejemplo el de Auschwitz, donde ofreció la vida por Cristo el primer sacerdote canonizado después de la guerra, San Maximiliano María Kolbe, el franciscano de Niepokalanów." (Don y Misterio). San Maximiliano nos legó su concepción de la Iglesia militante y en febril actividad para la construcción del Reino de Dios. Actualmente siguen vivas obras inspiradas por él, tales como: los institutos religiosos de los frailes franciscanos de la Inmaculada, las hermanas franciscanas de la Inmaculada, así como otros movimientos consagrados a la Inmaculada Concepción. Pero sobretodo, San Maximiliano nos legó un maravilloso ejemplo de amor por Dios y por los demás. Con motivo de los veinte años de la canonización del padre Maximiliano Kolbe (10 de octubre de 1982), los Frailes Menores Conventuales de Polonia abrieron el archivo de Niepokalanow (Ciudad de la Inmaculada, a 50 kilómetros de Varsovia), construido por el mismo mártir de Auschwitz. Entre los manuscritos del santo, destaca la última carta que escribió y que acaba con besos a su madre. Una carta que refleja una ternura que no aparecía en otros escritos, y que hace pensar que el sacrificio con el que ofreció la vida voluntariamente en sustitución de un condenado a muerte fue algo que maduró a lo largo de su vida. Este es el texto del escrito: «Querida madre, hacia finales de mayo llegué junto con un convoy ferroviario al campo de concentración de Auschwitz. En cuanto a mí, todo va bien, querida madre. Puedes estar tranquila por mí y por mi salud, porque el buen Dios está en todas partes y piensa con gran amor en todos y en todo. Será mejor que no me escribas antes de que yo te mande otra carta porque no sé cuánto tiempo estaré aquí. Con cordiales saludos y besos, Raimundo Kolbe». Juan Pablo II, un año después de su elección, en Auschwitz, dijo: «Maximiliano Kobe hizo como Jesús, no sufrió la muerte sino que donó la vida». La expresión remite a unas palabras escritas por el padre Kolbe unas semanas antes de que los nazis invadieran Polonia (1 de septiembre de 1939): «Sufrir, trabajar y morir como caballeros, no con una muerte normal sino, por ejemplo, con una bala en la cabeza, sellando nuestro amor a la Inmaculada, derramando como auténtico caballero la propia sangre hasta la última gota, para apresurar la conquista del mundo entero para Ella. No conozco nada más sublime». |
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Hace unos 14 años, estaba revisando el
registro de mis estudiantes universitarios para la sesión de apertura de
mi clase sobre teología de la fe. Ese fue el primer día que vi a Tommy.
Estaba peinando su largo cabello rubio, que colgaba 15 centímetros por
debajo de sus hombros. Sé que lo que está dentro de la cabeza, no sobre
ella, es lo que cuenta; pero en ese tiempo yo no estaba preparado para
Tommy, así que lo catalogué como problemático, muy problemático. Me decidí por un poco de
terapia de choque. Un tiempo después de su
graduación me llegó un informe triste: Tommy tenía cáncer terminal. Pero vine a verlo realmente por algo que me dijo el último día de clase. Le pregunté si usted pensaba que alguna vez encontraría a Dios y usted me dijo que no, lo cual me sorprendió. Luego me dijo: "Pero Él te encontrará a ti". Pensé mucho en eso, aunque mi búsqueda no fue para nada intensa entonces. Pero cuando los doctores quitaron un bulto de mi ingle y me dijeron que era maligno, tomé muy en serio localizar a Dios. Y cuando la malignidad se diseminó a mis órganos vitales, comencé realmente a golpear las puertas del cielo. Pero nada sucedió. |
Bien, un día me desperté y, en lugar de lanzar más peticiones inútiles a un Dios que puede o no existir, simplemente me di por vencido. No me importaba Dios ni la otra vida ni nada por el estilo. Decidí entonces pasar el
tiempo que me quedaba, haciendo algo más provechoso. Pensé en usted y en
algo que había dicho en una de sus conferencias: "La tristeza esencial
es ir por la vida sin amar. Pero sería igualmente triste dejar este
mundo sin decirles a los que amas que los has amado". - Papá, me gustaría hablar
contigo. Tommy, respondí, creo que
estás diciendo algo muy profundo. Estás diciendo que la manera más
segura de encontrar a Dios no es tratando de convertirlo en una
propiedad privada sino abriéndose al amor... Tommy, ¿podrías hacerme un
favor?. ¿Vendrías a mi clase de teología de la fe a decir a mis
estudiantes lo que me acabas de contar? Antes de que muriera,
hablamos por última vez: De la Web de Las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María |
Testimonio de un afectado de sida - Joan Ferrer i Sisquelía 1
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Me gustaría que viviéramos todos juntos estas palabras, estos minutos, como hermanos que somos, como hermanos reunidos en torno a la mesa del Padre. Y así uno de los hermanos, como cuando se está en familia, os habla de sus cosas, de lo que está viviendo y de cómo lo está viviendo. 1 Palabras pronunciadas durante la homilía en la parroquia de St. Medir de Barcelona, el 28/03/92. Su autor falleció el 18/09/92. Subtítulos de Cristianismo y Justicia. |
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UNA SACUDIDA INTERIOR
Esto, como os podéis imaginar, me provocó una sacudida interior muy fuerte, muy importante. Creo que cuando sabes una cosa así es como si te murieses. Tu vida -al menos la que has llevado hasta ese momento- se acaba y, en todo caso, comienza una nueva, con horizontes nuevos, y escala de valores completamente diferente. Tal vez la nueva vida será más corta o más larga, mejor o peor, pero será una vida nueva. UN ENCUENTRO PRECIOSO A mí, esta sacudida interior de la que os hablaba, me llevó a hacer, entre otras muchas cosas, un encuentro precioso con la religión, con la Iglesia. Creo que no puedo hablar de un encuentro con Dios porque Dios siempre lo había sentido cerca. Al lado, dentro; no sé, pero cerca. sin embargo, de la religión, de la práctica, me aparté. Tal vez porque por mis circunstancias personales creía que no tenía un lugar dentro de la Iglesia o porque me sentía incomprendido. Lo cierto es que le volví la espalda. Pero, se ve que Dios quiso que me volviese a girar, que me pusiera de cara, y me tocó en el hombro, suavemente, con un dedo. Claro, como Dios es tan grande sólo moviendo un dedo te puede hacer mucho, mucho daño. Que quede claro también que, si le escuchas, si estás atento a lo que quiere decir, si hablas con El y le preguntas qué quiere de ti con todo eso que te está pasando, seguro que encontrarás que también te puede hacer mucho, mucho bien. |
Por otra parte, sería muy difícil imaginar un Padre que te quiere como El nos quiere y que gratuitamente haga daño a uno de sus hijos. Muy poco a poco aprendí que podía utilizar mi circunstancia, mi enfermedad, como instrumento de trabajo, de crecimiento, y que curiosamente podía llegar a ser feliz, incluso podía ser más feliz que antes. ESCUCHANDO EL PROPIO INTERIOR SE PUEDE CRECER Es esto precisamente lo que os quisiera dejar bien patente y deciros que si hay alguien con una circunstancia igual o parecida (¡hay tantas enfermedades que te sitúan cerca de la muerte y que parece que la puedes tocar alargando la mano!), pues bien, que cualquiera que pase por una cosa así o que tenga una persona querida cerca en estas circunstancias, que tenga en cuenta y bien presente que escuchando el propio interior, buscando lo que Dios le quiere decir, se dará cuenta de que puede crecer, que puede madurar extraordinariamente. Sobre todo, no caigamos nunca en la tentación de decir: si Dios existe, si Dios es bueno, si Dios me quiere, ¿por qué permite estas cosas?.....
Cuando pude superar todos aquellos problemas iniciales (que no fueron pocos), y me fui encontrando bien, fui constatando toda esta nueva vida. que la muerte ya no me daba tanto miedo o respeto, sino que me quedaba muy claro que era un paso hacia el Padre y que esto no podía ser sino un estallido de felicidad. Pero también me di cuenta de que seguía teniendo mucho miedo (tal vez más porque ya lo conocía) de estar enfermo, de los hospitales, de hundirme físicamente, de sentirme solo. Cuando sufres siempre te sientes muy solo... Sientes aquella sensación de que los que están cerca no consiguen llegar hasta ti, como si en medio hubiera un cristal. Te parece que nadie entiende lo que sientes. Tal vez por este motivo es en estos momentos cuando te puedes comunicar, tan bien y tan fácilmente, con Dios. q
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Por ello termina sentenciando: «Lo que hay que
anunciar es la abstinencia total antes del matrimonio». |
Autor: Papa Juan XXIII ![]() Sabrás del dolor de estar solo y de la pena de estar con muchos... Sabrás de lo negras que son las noches y lo largos que pueden ser los días... Sabrás del hambre de la carne y de la angustia del espíritu... Sabrás de la traición de los leales y de la dura crueldad de los "perfectos"... Sabrás del esperar sin paz y del aguardar con miedo... Sabrás que ya es tarde y, además, casi imposible... Sabrás que los otros no entienden y, además, no les importa... Sabrás de la deserción de los tuyos y del desprecio de todos.. Sabrás que no se te perdona y no se te atiende... Sabrás que eres el último y aún menos. Pero también sabrás: Que el dolor redime, Que la soledad cura, Que la Fe agranda, Que el amor ayuda, Que la comprensión alienta, Que la esperanza sostiene, Que el olvido mitiga, Que el perdón fortalece, Que todo está en ti Y que contigo está EL. |
| Autor: P. Felipe
Santos Campaña SDB Libro: Momentos de paz ![]() "El saber es algo; el genio más; hacer el bien es más que los dos y la única superioridad que no crea envidia" (Fernán Caballero). De esta frase, creo que la parte que más te puede gustar es la segunda. Perdona si me equivoco. Genios hay pocos a nuestro alrededor. En cambio sí que nos circundan personas excelentes que se desviven por los demás. Tú eres un caso entre muchos. ¡Enhorabuena! Cuando pensaba y recordaba este pensamiento, acudían a mi mente las palabras del Evangelio. Los Apóstoles habían pasado tres largos años siguiendo paso a paso a Jesús. |
Lo habían visto
trabajar codo a codo con ellos; predicar en sitios fáciles y difíciles; sufrir hasta la misma muerte de cruz.
Estos hombres sencillos pero fieles hasta el final intentaron sintetizar |
![]()
Para hacer lo que hizo Maribel, profesora de Instituto, hay que tener
valentía. Ah… ¡y coherencia! Sí, mucha valentía y mucha coherencia. No
es para menos cuando lo que está en juego es el puesto y la fama. |
Así que la tormenta se
convirtió en huracán. «Dos alumnas se opusieron a mi postura, los demás
no. El padre de una de ellas me denunció. Me vi sola en el centro.
Muchos escuchaban y creían las mentiras que se decían sobre mí». Cuando el pan de cada día depende de tu salario; cuando se siente que el mundo entero está en tu contra; cuando se nada contracorriente, se requiere valentía para mantenerse firme. Y Maribel la tuvo. «Al inició me sentía abandonada. Pero 5 ó 6 compañeros me apoyaron, y también varios padres de familia». Además, «los alumnos comenzaron a escribirme cartas preciosas y me
aplaudían por las escaleras». |