VII



 

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La bandera argentina con el Corazón de Jesús
  
 ¡Qué bien se está contigo, Señor! 
    La renuncia que vale
    Un hijo pródigo del siglo XXI

     Chesterton habla del pecado
     Cicatrices de Dios
      La patadita de Justin
      Etsuro Sotoo
     Un testigo de la verdad: SAN JAIME HILARIO
       Preso en la cárcel con Jesús


    La bandera argentina con el Corazón de Jesús

 

Y sin embargo, ve que en estos días el odio sigue imperando, especialmente en mi patria de Francia, como si ella no nos hubiera indicado claramente el camino de la paz. La historia nos demostró muchas veces que no pueden ignorarse las intervenciones del Cielo.

Si miramos a Francia, tantas veces visitada por Cristo y por su Madre, podemos ver qué alto precio nuestro país tiene que pagar por haber rechazado hacer lo que le había sido pedido.

Un ejemplo: en Paray-le-Monial a través de Santa Margarita María Alacoque, Jesús le pidió al rey Luís XIV que consagrara Francia a su Sagrado Corazón. Pero el Rey no le prestó ninguna atención y nuestro país, en lugar de gozar de paz y victoria sobre los enemigos como prometido, tuvo que sufrir las atrocidades de la Revolución de 1789 y las subsiguientes de 1830 y 1848.

Luego, cuando el rey Luís XVI quiso hacerlo, era ya demasiado tarde, el país ya estaba minado y Luís XVI fue guillotinado.

 

En 1917, María se apareció a tres pastorcitos en Fátima para poner fin a la primera guerra mundial y darnos su programa de conversión. Entre otras cosas, pidió que cada nación se consagrara a su Corazón Inmaculado y al Corazón de su Hijo Jesús, pero sólo Portugal respondió (¡ y el país  se salvó de la segunda guerra mundial!). Las otras naciones ignoraron su voz y ¡bien sabemos las consecuencias de nuestro descuido y los millones de muertes debidas a las atrocidades del comunismo!

 

Sor Lucía escribió, “Más tarde, en una comunicación íntima, Jesús me dijo, quejándose: “No quisieron escuchar mi pedido. Como el rey de Francia, se arrepentirán de ello y lo harán. Pero entonces, será demasiado tarde. Rusia difundirá sus errores por el mundo entero, provocando guerras y persecuciones contra la Iglesia. El Santo Padre deberá sufrir mucho”.

 

Marthe Robin, una mística que Dios dio a Francia tan generosamente, dijo al Padre Finet (co-fundador con ella de los Foyers de Charité). “Francia caerá más bajo que otros países a causa de su orgullo y los malos líderes que elegirá. Su cara se pegará contra el polvo. En su angustia, clamará a Dios y la Santísima Virgen vendrá a salvarla. Ella volverá a cumplir su misión de Hija Mayor de la Iglesia” y volverá a enviar misioneros al mundo entero”.

 

Si la Gospa estaba tan triste el otro día, si le confió a Mirjana palabras que ella no está autorizada a repetir, no podemos permitirnos tomar a la ligera sus llamados y no ponerlos en práctica.

 

No tenemos más tiempo para palabras inútiles, éste es tiempo de acción, de obediencia. “¡Crean, oren, y amen!” (Mensaje de la Gospa del 25-10-05) ¡Los llamados de Dios y de su Madre no deben ser ignorados! Querida Gospa, por favor no dejes que triunfe el Mal. ¡Ayúdanos a aprovechar este tiempo de gracia que el Cielo nos está dando! ¡No te canses de interceder por nosotros pecadores!

 

Con relación a este último punto, sor Emmanuel me alentó a que les participara de lo que está sucediendo en la Argentina al respecto: Una señora de origen francés al enterarse del hecho a través del libro de las memorias de Sor Lucía, se sintió vivamente interpelada a reparar en alguna medida aquel pedido insatisfecho y surgió la idea de hacer bordar en una bandera argentina el Sagrado Corazón.  

 

Cuando al asistir luego a Misa se cantó al final de la misma el conocido canto:

“Cristo Jesús en ti la Patria espera”,

 un himno muy bonito donde se le pide al Sagrado Corazón que salve al pueblo argentino, bendiciendo su bandera, fue para ella un signo que la confirmó en su idea.

Tras consultarlo con su confesor, hizo bordar una bandera en hilo dorado, siguiendo el modelo que se encuentra en un cuadro de Santa Margarita-María Alacoque, del cual casualmente se habían distribuido algunas estampas con motivo de la visita de las reliquias de la santa a la Argentina el año pasado. Apenas concluido el bordado, la bandera fue bendecida por su confesor el 1 de agosto del 2005 y luego nuevamente en la Parroquia de San Cayetano del barrio de Belgrano en Buenos Aires.

 

Surgió luego la idea de imprimir estampas con la bandera argentina y el Sagrado Corazón de Jesús de un lado, con el Himno en el reverso y difundir la noticia por e-mail, (habiendo llegado a nuestras manos de este modo). El 13 de octubre, aniversario del milagro del sol de la Virgen de Fátima, se concluyó la impresión de 4000 estampas y se hicieron 4 banderas grandes con la estampa del bordado.

 

El 15 de octubre en el marco de un retiro en una capilla de la provincia de Buenos Aires una de estas banderas fue izada y un sacerdote consagró la Argentina al Sagrado Corazón de Jesús y a los presentes a los Corazones de Jesús y de María.

 

¡La ceremonia fue realizada en vísperas de la festividad de Santa Margarita María, coincidiendo con las festividades que se estaban realizando en Francia en el santuario donde la santa recibió los mensajes de Jesús y el aniversario de la venida de las reliquias a la Argentina!

 

La fecha no había sido elegida por los organizadores del retiro sino que se dio de manera puramente casual.

 

Las estampas prácticamente se acabaron y fue necesario re-imprimir enseguida otras 5.000 más, rápidamente agotadas por la demanda de la gente de distintas partes de la Argentina. Se re-imprimieron al hilo 50.000 más en menos de un mes de la ceremonia de consagración donde empezaron a ser distribuidas y fueron estampadas 10 banderas suplementarias, a raíz de las demandas.

 

También, el 25 de octubre, en el Rosario por la Patria que ya viene rezándose en la Plaza Pizzurno de Buenos Aires desde hace tres años en esa fecha, se repartieron estampas exhibiéndose una de las banderas.

 

Un pequeño detalle: uno de los padres de la Argentina, justamente el creador de la bandera nacional, fue Don Manuel José Joaquín del Sagrado Corazón de Jesús Belgrano, un ferviente amante de la Virgen María a quien estaba consagrado, nacido el 3 de junio de 1770.

 

En este año de la Eucaristía, la fiesta del Sagrado Corazón tuvo lugar justamente el 3 de junio, aniversario del nacimiento de este prócer.

 

Cristo Jesús, en Ti la Patria espera, gloria buscando con intenso ardor. Guíala Tú, bendice su bandera, dando a su faz, magnífico esplendor. Salve Divino foco de amor, ¡Salva al pueblo argentino, escucha su clamor! ¡Salva al pueblo argentino, Sagrado Corazón! Brille la paz en su bendito suelo, brille el amor en su virgínea faz. Marche a Tu Luz a conquistar el cielo, Patria feliz, que jura a Dios amor. Salve Divino foco de amor, ¡Salva al pueblo argentino, escucha su clamor! ¡Salva al pueblo argentino, Sagrado Corazón!

 

( Children of Medjugorje 2005, 15 de Noviembre de 2005 )
 


¡Qué bien se está contigo, Señor!

 

 

¡Qué bien se está contigo, SEÑOR, junto al SAGRARIO!

¡qué bien se está contigo, ¿por qué no vendré más?

Hace ya muchos años que vengo aquí a diario

y aquí te encuentro siempre -AMANTE SOLITARIO-

sólo, pobre, escondido, pensando en mí quizás!

 

Tú no me dices nada ni yo te digo nada,

que Tú lo sabes todo de mi vida olvidada.

Sabes todas mis penas, todas mis alegrías,

sabes que vengo a verte con las manos vacías

y que no tengo nada que te pueda servir.

Siempre que vengo a verte, siempre te encuentro solo.

¿Será, Señor, que nadie sabe que estás aquí?

 

No sé, pero sé, en cambio, que aunque nadie viniera,

aunque nadie te amara ni te lo agradeciera,

aquí estarías siempre esperándome a mí...

¿Por qué no vendré más? ¿Qué ciego estoy, que ciego!

Si sé por experiencia que cuando a Ti me llego

siempre vuelvo cambiado, siempre salgo mejor.

 

¿A dónde voy, Dios mío, cuando a mi Dios no vengo?

¡Si Tú me esperas siempre! Si a Ti siempre te tengo

si jamás me has cerrado las puertas de tu AMOR.

 

Por otros se recorren a pie largos caminos

acuden de muy lejos cansados peregrinos

o pagan grandes sumas que no han de recobrar.

Por Ti nadie pregunta, de Ti nadie hace caso,

si alguno te visita, es sólo así de paso;

eres Tú quien nos paga si alguno quiere entrar.

 

¿Por qué no vendré más si sé que aquí, a TU lado,

puedo encontrar, Dios mío, lo que tanto he buscado

mi luz, mi fortaleza, mi paz, mi único bien?

¡Si jamás he sufrido, si jamás he llorado,

Señor, sin que conmigo llorases TÚ también!

 

¿Por qué no vendré más, JESUCRISTO BENDITO?

¡si lo estás deseando, si yo lo necesito!

Si sé que no soy nada cuando no vengo aquí...

Si aquí me comunicas la ciencia de los santos

como aquí la buscaron y la aprendieron tantos

que fueron tus amigos y gozan ya de Ti.

 

¿Por qué no vendré más, Oh Bondad infinita,

riqueza inestimable que nada necesita.

y que te has humillado a mendigar mi amor.

Ábreme ya esa puerta -sea esa ya mi vida-

olvidado de todos, de todos escondida,

¡Qué bien se está contigo, qué bien se está Señor!

 


 

La renuncia que vale

Fuente: www.buenas-noticias.com.
Autor: Carlos Gutiérrez, L.C.

Un amigo me contó -un poco decepcionado- que había terminado con su novia. La razón era muy sencilla: ella le dijo que no estaba dispuesta a sacrificar su vida profesional. Al parecer, había visto en mi amigo planes de formar una familia. Esto representó una “amenaza” para su trabajo y para su carrera profesional.

Por increíble que parezca, no había pasado un minuto cuando recibí otro mensaje de Sonia, una amiga que conocí en la universidad. Me contaba que estaba esperando su cuarto hijo. Ella tiene ahora treinta años de edad y se casó a los veinticuatro.

Recuerdo que cuando encargó su segundo hijo decidió renunciar a su trabajo, a pesar de tener un buen puesto en una banca corporativa.

En ese entonces, Sonia era la que ganaba más dinero de todos los que nos graduamos en esa generación. Por tal razón, muchos amigos se extrañaron al enterarse de su decisión, pues, al parecer, apenas comenzaba a consolidar su carrera profesional.

Cuando le preguntaban el porqué, ella respondía: «No es una decisión fácil, todavía tenemos algunas deudas que pagar entre mi esposo y yo, y el dinero nunca sobra. Sin embargo, creo que estoy renunciando a algo bueno, por algo mucho más importante: mi familia».

Mi amiga es plenamente consciente que, con el paso de los años, los hijos le darán muchas más satisfacciones que cualquier logro profesional que pueda haber obtenido.

Yo no soy de los que piensan que ser madre y ser profesional están reñidos. Gracias a Dios, hay muchísimas mujeres que son mamás excelentes a la vez que profesional de gran calidad. Pero qué duda cabe que dedicarse cien por ciento al hogar es una tarea muy hermosa y que también merece su reconocimiento. No es nada fácil, requiere muchos compromisos y sacrificios, pero los frutos son plenamente reconfortantes.

Actualmente, Sonia dirige grupos juveniles que trabajan y se forman apostólicamente para difundir valores en la sociedad. Ella reconoce que con este tipo de labor recibe de Dios la fuerza y la sabiduría para ir educando a su familia día a día.

Le pregunté a Sonia si le gustaría haber continuado con el trabajo que tenía hace cuatro años. Ella respondió: «No hay trabajo que valga más que dedicarse a los hijos. Es la tarea más difícil que he tenido en mi vida, pero también la más hermosa».

Cuando terminé de leer el mensaje de Sonia, me di cuenta que mi otro amigo no debería de estar triste por haber perdido a su novia; en el fondo, ella había sido sincera. Y con esto él ha dado el primer paso para formar una familia.

Ciertamente es doloroso, pero es una renuncia que valdrá la pena.


 

Un hijo pródigo del siglo XXI

La Razón / Álex Navajas
 


Se llama Miguel, tiene 25 años y es de Salamanca. Algunos de estos datos son ficticios, pero me permitirán que así sea, para preservar su intimidad. Cuando me lo encontré de casualidad en una calle de Madrid, hacía siete años que no le veía. Entonces era apenas un chaval cargado de ilusiones y buena fe, una sólida vida de oración -impropia de un adolescente de su edad- y muchos pájaros en la cabeza. Esto último fue lo que le perdió.
 

Un día decidió «dar el portazo y probar cosas nuevas», como me relató mientras me tomaba un café con él tras el encuentro fortuito.

Como un hijo pródigo de pleno siglo XXI -¿quién de nosotros no tiene algo o mucho de hijo pródigo?-, «se fue a un país lejano, donde malgastó su dinero llevando una vida desordenada» (Lc. 15, 13). Primero se dedicó a la piratería informática «y conseguí muchísima pasta». Con ella comenzaron las juergas, el alcohol y las drogas de manera incontrolada. «Estaba todo el día colocado: coca, porros, pastillas; le entraba a todo», confesó.

Con el dinero que seguía ganando, se asoció a otros dos amigos y abrieron un club de alterne. Tenía 19 años. Noche tras noche, Miguel se seguía deslizando por la rampa de la locura y el desenfreno. Se llegó a casar con una prostituta brasileña de su edad que trabajaba en el local. «Estaba perdidamente enamorado, pero ella me dejó. Sólo me quería para que le diesen papeles. Más tarde me fui a Brasil a buscarla. Me ignoró totalmente», rememora.

Un día tocó fondo y descubrió que no podía más. Se había estado revolcando, como el hijo pródigo, en los charcos con los cerdos. Y decidió abandonar las algarrobas que le ofrecían. Volvió a tocar en la puerta del sacerdote que siempre le había atendido de niño. Se abrazó a él y lloró y lloró como un mocoso. Después de siete años se confesó y volvió a sentir el abrazo de Dios.

«Quiero seguir siendo fiel al Señor, me decía mientras removía su café en la terraza del bar. «Reza por mí, para que lo consiga», añadió. Hace meses que no le veo. Sigo rezando por él. Bienvenido a casa, Miguel.

 


 

Chesterton habla del pecado:

–«Cuando la gente me pregunta: ¿ P o r qué abrazó usted la Iglesia de Roma?, la respuesta es: Para desembarazarme de mis pecados. Pues no existe ninguna otra organización religiosa que realmente haga desaparecer los pecados de las personas.
 

Está confirmado por una lógica que a muchos maravilla, según la cual la Iglesia deduce que el pecado confesado y por el que se siente arrepentimiento queda totalmente abolido, y el pecador vuelve a empezar de nuevo como si no hubiese pecado nunca. (…)

 

Pues bien, cuando un católico se confiesa, vuelve realmente a entrar de nuevo en ese amanecer de su propio principio y mira con ojos nuevos, más allá del mundo, un Palacio de Cristal que es verdaderamente de cristal. Él cree que en ese oscuro rincón (el confesionario) y en ese breve ritual (la confesión), Dios ha vuelto a crearle su propia imagen». (Alfa y Omega, nº 480, 5.1.06)
 


 

Un día caluroso de verano -en el sur de la Florida- un niño decidió ir a nadar en la laguna detrás de su casa. Salió corriendo por la puerta trasera, se tiró al agua y nadaba feliz. No se daba cuenta de que un cocodrilo se le acercaba. La mamá desde casa miraba por la ventana, y vio con horror lo que sucedía. Enseguida corrió hacia su hijo gritándole lo más fuerte que pudo.

Oyéndole, el niño se alarmó y miró nadando hacia su mamá. Pero fue demasiado tarde. Desde el muelle la mamá agarró al niño por sus brazos justo cuando el caimán le agarraba sus piernas. La mujer tiraba firmemente con toda la fuerza de su corazón. Ciertamente el cocodrilo era más fuerte, pero ella era la madre: su amor de madre no la abandonaba.

 Un hombre, que escuchó los gritos, se apresuró hacia el lugar con una pistola y mató al cocodrilo. El niño sobrevivió y, aunque sus piernas quedaron muy maltrechas, aún pudo llegar a caminar. Cuando salió del trauma, un periodista  preguntó al niño si le quería enseñar las cicatrices de los pies. El niño levantó la colcha y se las mostró. Pero en seguida, con gran orgullo se remangó  y señalando las cicatrices en los brazos le dijo: "las que usted debe ver son estas". Eran las marcas de las uñas de la madre que había presionado con fuerza. "Las tengo porque mamá no me soltó y me salvó la vida"

Nosotros también tenemos cicatrices de un pasado doloroso. Algunas son causadas por nuestra condición pecadora, pero  otras son huella de Dios que nos ha sostenido con fuerza para que no caigamos en las garras del mal. 

Dios te bendice siempre. Recuerda que si te ha dolido alguna vez el alma, es porque Dios, te ha agarrado muy fuerte para que no caigas.


La patadita de Justin
Fuente:
www.buenas-noticias.com
Autor: Antonio Aldrette, L.C.

Con apenas 22 años, Annet Pogge, si dirigió esa noche fría al borde del puente que atraviesa Fort McMurray, Alberta. «Me sentía muy mal». Hacía escasas dos horas había contado a su novio la “gran noticia” de que estaba esperando un bebé. «Él montó en cólera. Estábamos en una recepción con cientos de invitados. Me gritó en medio de todos que no quería saber nada de un hijo y se fue… para no volver más».

Subida a la barandilla del puente, mientras contemplaba en la oscuridad el agua debajo de ella y una muerte terrible se le insinuaba, pasó “un milagro”: «Justo cuando estaba pensando en hacerlo, pensando en terminar con todo, no sólo con el embarazo sino conmigo misma, sentí una patadita. Era el primer signo de vida que sentía» -recuerda- «y pensé: “¡Dios mío, es una señal! Dios quiere que viva”. No pude acabar con mi vida. No pude…»

Hoy, 19 años después, ese “bebé pateador” lleva por nombre Justin y es portero estrella de la selección juvenil de Jockey sobre hielo de Canadá. Además, recientemente firmó contrato profesional con los “Maples de Toronto” equipo de la NHL (Liga Nacional de Jockey).

Aquella noche sobre el puente, todavía quedaban muchos obstáculos que sortear. Sin embargo ya era otra, ya tenía un motivo muy grande por quien luchar y mirar con esperanza el futuro. Durante los siguientes 12 años trabajó en un poco de todo: desde cajera en un “7-Eleven” hasta despachadora de gasolina en una estación. Sobra decir que nunca hubo mucho dinero en el hogar de los Pogge.

Cuando Justin cumplía los 12 años se mudaron a British Columbia. El vástago Pogge decidió jugar como portero (Goalie) de su equipo; posición que, por el extra de equipamiento que requiere, es la más cara. Annet apoyó sin dudar a su hijo, a pesar del sacrificio que implicó. Por supuesto, el primer equipo de portero que estrenó Justin era de segunda mano.

Annet todavía se ve acompañando a su hijo a todos los entrenamientos y partidos, pues se ofreció como “manager". «Viajaba siempre con ellos». Recorrió todas las pistas del país con un grupo de niños en los asientos traseros. De hecho, su vieja Plymouth Voyager, que compró hace 10 años con 10.000 Km., recientemente pasó a mejor vida con 290.000 Km. en su haber.

«Cuando Justin falló en un partido clave -dejó pasar muchos goles- yo lo estaba esperando en casa»; estaba tan descorazonado que pensaba seriamente  dejar de jugar. «Te amo hijo y te apoyaré en cualquier decisión que tomes», dijo Annet. Inesperadamente decidió seguir jugando y no darse por vencido. Hoy que el éxito llama a su puerta, con un sueldo extraordinario en la NHL, Justin ha comprado casa y auto nuevos a mamá, pero sabe que eso aún es poco para agradecerle todo lo que hizo por él.

No importa qué pase en el mundial de Jockey, ni mucho menos cuántos goles le metan o cuántas “salvadas” haga en su portería. Justin Pogge nunca hará una “salvada” más grande que aquella de hace 19 años cuando -sobre el puente- dio una simple “patadita” a mamá.
Con datos de The Globe and Mail, 29/12/2005

 

 

Etsuro Sotoo

Fuente: www.buenas-noticias.com
Autor: Marco Antonio Batta, L.C.

No es un error de escritura ni el último virus de correo electrónico. Se trata de un japonés que vive en Barcelona desde hace 25 años, y que encontró la fe gracias a un martillo y un cincel.

Etsuro Sotoo era profesor de arte en la Universidad de Kyoto. En 1978 decidió tomarse un año sabático para viajar a Europa y trabajar como restaurador artístico en Alemania. Cuando visitó por primera vez Barcelona, quedó impresionado por una obra arquitectónica: la iglesia de la Sagrada Familia. La obra fue proyectada por el arquitecto catalán y ferviente católico Antonio Gaudí y Cornet.

Fue tal la fascinación, que abandonó su proyecto original como restaurador en Alemania y pidió ser admitido como escultor en esta singular obra.

La Sagrada Familia es singular no sólo por sus colosales dimensiones y el irrepetible estilo de Gaudí, sino también porque su creador quiso que se construyera únicamente con las limosnas de los fieles. De hecho, una compañía –también japonesa– se ofreció para financiar todo el proyecto. La generosa propuesta no pudo ser aceptada…

Después de 80 años de la muerte de Gaudí, la iglesia aún no está terminada, pero esta dilación ha contribuido a la construcción de otros templos infinitamente más bellos y valiosos: los templos del Espíritu Santo que somos todos los cristianos. Etsuro Sotoo es uno de esos templos.

Después de una entrevista con Isidre Puig Boada, discípulo del difunto maestro y responsable de la construcción, se le aceptó como escultor de este monumento a la fe.

Sotoo no era católico y esto constituía una desventaja. Él mismo lo explica: «Al inicio no era fácil. La diferencia cultural y religiosa con el mundo del cual provenía era profunda». Y añade: «Quería ser fiel al espíritu de Gaudí, penetrar su esencia. Después me di cuenta de que, aun con toda mi buena voluntad, sólo podía llegar hasta cierto punto. Entonces me di cuenta de que no debía mirar a Gaudí, sino mirar hacia donde él miraba».

A raíz de su encuentro con Cristo, cambió su modo de trabajar: «Se volvió más fácil y seguro –afirma–; primero dudaba de cualquier particular, tenía que preguntar todo. Después de la conversión, trabajo con una mayor libertad, porque percibo inmediatamente el sentido de mi trabajo».

No cabe duda, Dios puede servirse de cualquier medio para salir al encuentro de un alma, a condición de que ésta sea honesta consigo misma y se deje conducir por Él con docilidad y sencillez.

Como explica el Concilio Vaticano II: «la verdad no se impone sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra suave y fuertemente en las almas».


 

Un testigo de la verdad: SAN JAIME HILARIO
(Manuel Barbal y Cosan. 40 años)

Nació en Enviny, cerca de La Seo de Urgel (Lérida) el 2 de Enero de 1898. Sus padres disfrutaban de buena posición. La madre falleció cuando era muy pequeño. Pasó dos años en el Internado de los Paúles de Rialb.

Sintió deseos de ser sacerdote e ingresó en el Seminario de La Seo de Urgel, donde estudió hasta los cursos de Filosofía. Hubo de dejar la estancia por una enfermedad en los oídos y regresó al hogar paterno.

Conoció a los Hermanos de La Salle e ingresó en el Centro de estudios de Mollerusa el 21 de Julio de 1916. Después fue al Noviciado de Irún en 1917.

Sus cualidades humanas y religiosas pronto llamaron la atención. Fue enviado como profesor a Mollerusa en 1918. Brillaba por sus dotes literarias y por su dedicación. En Septiembre de 1923 es destinado al Colegio de Manresa y en Agosto de 1924 de nuevo regresa a Mollerusa. En 1925 su destino es la Escuela de Oliana.

En Agosto de 1926 le correspondió hacer unos Ejercicios Espirituales de 30 días en la Casa de Pibrac, cerca de Toulouse. Recibió la orden de quedarse en aquel Noviciado como formador. Allí pasó ocho años. De este tiempo son sus mejores recuerdos y multitud de Novicios franceses y españoles le veneraría siempre como fiel "catequista".

Siguió cultivando sus aficiones literarias, ahora en francés, que llegó a escribir con la soltura del castellano y de su catalán nativo.

En 1934 tuvo que viajar a la Escuela de Calaf para ayudar en varios trabajos, sobre todo, como cocinero. Precisamente estando en Calaf, sucedieron los hechos revolucionarios de Asturias. En una carta decía: "Ocho de nuestros Hermanos fueron asesinados en el Cementerio de Turón en Asturias. Habían cometido el crimen de haber enseñado a los niños el catecismo".

Lejos estaba de sospechar que, meses más tarde, correría la misma suerte; y, años después, sería beatificado y canonizado junto a ellos.

El 13 de Diciembre de 1934 llegó el H. Jaime Hilario a Cambrils, en Tarragona. Era su última etapa. La sordera había progresado demasiado. Aceptó con paz el cambio y el oficio de hortelano y siguió escribiendo.

El 18 de Julio de 1936, estando de viaje en Mollerusa, fue detenido "por ser religioso".

Liberado de momento, hubo de quedarse bajo arresto en una familia amiga: la familia Mir. Con otro compañero pasaba los días rezando y esperando. Siempre quedó en aquella casa el aroma de su bondad.

Prisión y juicio popular

Pronto fue llevado a la prisión local. A su compañero de cautiverio le decía: "¿Por qué temer la muerte?... Un instante de sufrimiento y después la visión beatífica".

El 24 de Agosto ya estaba con otros dos Hermanos y 34 presos en la prisión de Lérida. Al ingresar le requisaron el rosario que usaba, diciéndole: - "Esto demuestra quién eres".

La vida en prisión fue dura. Muchas noches eran reclamados presos que, con el pretexto de ser trasladados a Barcelona, eran conducidos a la muerte.

El 5 de Diciembre, pudo escribir diversas tarjetas o cartas a los suyos. Luego fue llevado a Tarragona en tren. Caminó esposado con cuatro Hermanos. Sufrieron mil vejaciones. Varios Hermanos fueron condenados a algunos años de reclusión. Al Hno. Jaime y a su compañero les llevaron a la llamada "Prisión de Pilatos".

Luego pasaron al barco Prisión "Mahón", donde fueron llevados también los presos del "Río Segre". Se encontró con otros Hermanos, consuelo que mitigó las duras condiciones del lugar. En el barco había sitio para unas 25 personas y estaban hacinados en él ¡200! Los marineros pedían a gritos que les ahogaran en el mar. Esto habían hecho en otros lugares.

Un compañero de prisión relataba luego:

"El 1 de Enero de 1937, los ocho Hermanos de las Escuelas cristianas detenidos en el barco ‘Mahón’ fueron citados ante el tribunal, que se limitó a comprobar su identidad". El 13 del mismo mes, nuestro Hermano fue invitado a explicarse sobre la aparente contradicción entre hortelano y religioso. Se le señaló la posibilidad de acudir a un abogado.

-"No he cometido ningún delito, por lo tanto no necesito abogado" -, respondió.

Pero, ante su imposibilidad de oír las preguntas a causa de la sordera, se le proporcionó un Hermano como intermediario.

El Señor Montañés quiso aceptar gustoso el encargo de hacer de abogado, pues era la víspera del juicio. Insistió a su cliente que se declarase sólo como empleado de la casa de Cambrils, sin reconocerse religioso.

-"Prefiero decir la verdad total y sencillamente como es" -, respondió.

A la mañana siguiente, los acusados fueron llevados, encadenados de dos en dos, al tribunal. El supo que se pedía pena de muerte. Y, como le insistieran en callar su condición de religioso, escribió en un papelito:

-"Diré la verdad y toda la verdad".

El acusado respondió con claridad y con la inflexible rectitud que le caracterizaba, a cada una de las preguntas sobre su vida de estudiante, de profesor y sobre su viaje.

Toda la argumentación del fiscal giró alrededor de una frase, repetida hasta la saciedad.

-"O les matamos, o ellos nos matarán".

Añadía: "Si condenamos a los que en el frente matan a nuestros hermanos, con mayor razón debemos matar a estos que se dedican a la formación de "fascistas". Por esto pido al tribunal la pena de muerte para el acusado".

Se levantó el abogado defensor, para mostrar su estupefacción ante la pena capital pedida. Con patética elocuencia, demostró lo infundado y sin pruebas de la acusación.

Pero la suerte del pobre acusado estaba en las manos del tribunal, dispuesto para pronunciar las más arbitrarias sentencias, ordinariamente de muerte.

En medio del impresionante silencio de la muchedumbre de espectadores, de los que muchos eran simpatizantes de los Hermanos, el Presidente pronunció el veredicto: "condena a la pena de muerte".

El testigo continúa su narración:

"Levantada la sesión, nos llevaron al condenado y a mí a una sala, donde nos esperaban los agentes. Allí pude comunicarle la sentencia. Lejos de reflejar en su semblante la menor señal de angustia, relucía en él la impresión de paz y de tranquilidad.

-"Bendito sea Dios", exclamó; "rogaré desde el cielo por todos vosotros. ¿Qué mejor cosa podía desear que morir por el delito de ser religioso y haberme dedicado a la educación cristiana de los niños?".

Los milicianos nos trasladaron a la "Prisión de Pilatos", cuya vieja y pesada puerta se cerró detrás del Hno. Jaime Hilario, mientras yo volvía a la bodega del "Mahón".

Oprimido el corazón con el pensamiento de no volver a ver con vida a aquella admirable figura de mártir, supe que algunos días después los 24 condenados a muerte habían sido indultados; él sólo, el único religioso, debía sufrir la pena capital.

La hora del sacrificio

Antes de que le llamaran para ser fusilado, escribió varias cartas que conservamos. En la dirigida a su hermano decía:

"Muy querido hermano: Acabo de ser condenado a muerte por el tribunal popular. No llores, mi buen hermano. Cuando oigas mi nombre, no te dejes llevar de la tristeza: levanta los ojos al cielo, seguro de que yo no te olvidaré. Daré mi sangre por Dios, por mi Patria y por el Instituto. Cariñosos recuerdos para todos. Abraza por mí a tus hijos".

Y a su padre y hermanas les decía:

"Mí querido padre y mi querida familia: acabo de ser juzgado y condenado a muerte. Gozoso acepto la sentencia. No se me acusa de nada. Simplemente soy condenado por ser religioso. No lloréis, no merezco ser llorado; no soy un criminal. Muero por Dios y por la Patria. Adiós, os espero en el Paraíso. Manuel. Tarragona, 18 de Enero. 1937".

Cuando fueron a por él, relataba luego el oficial de la prisión, Angel Oliete, el condenado no mostró la menor emoción. Sereno, hizo cuanto se le indicó .

Eran las tres de la tarde del 18 de Enero de 1937. Llevado cerca del cementerio, al lugar llamado "La Oliva", le colocaron en la curva que forma en este lugar la carretera, a tres metros de una rústica fuente.

El pelotón de ejecución se colocó algo más abajo, en un bosquecillo de pinos. Conocemos estos pormenores por el Doctor Aleu que, de oficio, acompañó al pelotón.

El condenado estaba en pie con las manos cruzadas sobre el pecho, los ojos fijos en el cielo, en actitud casi estática. De repente, resuena con seco tono la voz de: "¡Fuego!".

Se oye la detonación. Pálido, pero sonriente, el Hermano no fue herido; plácidamente mira a los que acaban de disparar. De nuevo y nervioso, el jefe repite la orden: "¡Fuego!

Y el mártir queda igualmente en pie, como un espectro, ligeramente herido en los brazos.

Los asesinos, huyen a la desbandada. El jefe se acerca hasta tocar a la víctima. Furioso, le insulta groseramente y descarga por dos veces su revólver sobre el mentón de la víctima, que cae ya inanimada y ensangrentada.

Ha terminado la ejecución. Ha nacido un santo.


 

 

    Preso con Jesús

«Parece mentira que estando preso me sienta libre desde que conozco a Jesús»

La Razón 11.01.06

Sumidos en la soledad, atrapados por la droga, sin familia ni autoestima, sin amigos, presos de su propia conciencia. Así se encuentran miles de reclusos en las cárceles de nuestro país. Privados de su libertad física por delitos como el tráfico de estupefacientes, robo con agresión o asesinato. Y lo que es peor, conscientes y angustiados por el daño que han hecho a los demás y a sí mismos. Un horizonte negro «en el que encontrar a Dios es casi utópico»... pero no imposible.

De hecho, cada vez son más los presos que logran una reinserción social -y personal- gracias a las ayudas que prestan los miembros de la pastoral penitenciaria. Una de estas reclusas es R., que encontró a Cristo en una eucaristía en la cárcel y sintió cómo cambió su vida. «La Palabra de Dios me liberó y junto con otra amiga nos confesamos. Me sentí muy bien al abrir mi corazón y ayudar a que otra persona también lo hiciera. Sentí que me había invadido algo muy especial.

Hoy me siento libre estando entre rejas desde que conocí a Jesús», afirma con enorme alegría. R., que prefiere mantener su anonimato, es consciente de que «tal vez no tenga la fe que mueve montañas, pero la que tengo me da la fuerza necesaria para superar las contrariedades de cada día». Algo que en prisión, ya es todo un logro.

Su testimonio, y el de otros tantos presos que han encontrado a Dios entre los barrotes de sus celdas, han sido recogidos por Begoña Rodríguez en el libro «Dios en las cárceles» (Voz de Papel). Testimonios sorprendentes como el de otro recluso anónimo: «Parece mentira que estando preso como estoy, desde que conozco y amo a Jesús, mis cadenas del egoísmo, del sexo, del dinero, del tabaco, de la delincuencia, de otros muchos vicios, se han roto». «Y parece mentira que estando preso, sea libre y me sienta feliz porque mi vida tiene sentido», añade el recluso.

Un infierno de dolor. Pero que nadie se engañe. A pesar de estas palabras de esperanza, la realidad de la prisión llega a ser un calvario para muchos. Demasiada droga, soledad y violencia como para aspirar a cambiar de vida. El camino para lograrlo lo conoce bien Mylene, una francesa que está a punto de salir a la calle tras una larga condena en el centro penitenciario Sevilla II. «La cárcel no es fácil para nadie y es un sitio muy triste. Pero yo aquí dentro he encontrado la verdadera libertad, la del interior. ¿Cómo? Pues dejando la droga, abriendo mi corazón con la Palabra, amor, fe, esperanza; y siguiendo paso a paso», asegura.

Y es que, según Mylene, «hasta en la cárcel puede cambiar tu visión de la vida y vivir en el sentido que Dios ha creado para nosotros». Tal es su experiencia que se permite un pequeño consejo para sus compañeras de prisión que bien puede valerle a cualquiera: «No dejéis que nadie os hunda, porque somos hijos de Dios y hemos nacido para ser felices, así que somos iguales para amar y para luchar».

Heridas sin cerrar. Para muchos, sin embargo, la verdadera condena es la conciencia de sus errores. Heridas del pasado que tardan mucho tiempo en sanar. Por eso, cuando el capellán de una cárcel, como el padre Porfirio, habla del perdón infinito de Dios, no son pocos los que se sienten «indignos» de él. Porfi, como le llaman los internos a los que visita, recuerda las gráficas palabras de un preso de 31 años, enfermo de sida, cuando le habló de este amor incondicional: «Sí padre, Dios es todo amor y yo soy un cabrón».

Otro recluso, condenado por delitos muy violentos, resume el sentir de muchos otros que han descubierto a Dios cumpliendo sus penas: «Son diecisiete años los que llevo aquí. No me pesan, porque para mí haber estado en la cárcel es una bendición. Me encontré conmigo mismo, encontré a Dios y con él la verdadera felicidad». Sobra todo comentario. 


 

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