VIII


 

   A página principal  

    Manglano habla sobre la confesión
   
Yo sobreviví a un aborto, testimonio de Gianna  Jessen
   
"Pasé del negocio del aborto a la defensa de la vida", Beverly McMillan
    Teresa de Calcuta, la gota que llenó el océano
    Un pequeño milagro en clase de Religión
    La sonrisa de Paloma
    El último milagro de Lourdes, Anna Santaniello
    Andrea Santoro escribió al Papa Benedicto
    "El Señor cambió mi vida"


 

 Manglano habla de la  confesión

Manglano publica un best-seller sobre el tema
de la culpa y la confesión

La Razón 11.01.06

El sacerdote y escritor José Pedro Manglano acaba de publicar un nuevo libro que está llamado a convertirse en un best-seller de temática religiosa.

Tras vender más de 15.000 ejemplares de «El libro de la misa», Manglano se adentra en el complejo mundo de la culpa, y de cómo conseguir su liberación en «El libro de la confesión» (Planeta).

Con un estilo ameno y ágil, éste escritor de éxito logra enganchar al lector con una curiosa trama cuya protagonista es Pipa, un personaje de ficción, que se encontrará a lo largo del libro con pensadores como el Papa Pablo VI, Nietzsche o Freud, y con figuras de novela como Pepito Grillo, El Principito o Caperucita Roja, con los que irá desentrañando el sentimiento de culpa que nos atenaza a todo ser humano, y la forma en que podemos liberarnos de esa losa que nos frena para vivir con plenitud y felicidad.

Calamidades. En la presentación del libro celebrada ayer, el escritor Juan Manuel de Prada, ­inspirándose en una idea de Chesterton­, afirmó que «la gente es más feliz en los países de tradición católica» y señaló que «
una de las razones por las que la Iglesia hace a las personas más felices es el sacramento de la confesión». El escritor definió a la confesión como «el encuentro de dos corazones, el humano y el divino» y habló de cómo este sacramento «nos purifica y nos devuelve la alegría». De Prada expresó su convencimiento de que ­«al cobrar conciencia de la propia debilidad, se mira con más afecto y menos severidad la debilidad ajena» y añadió que «la confesión nos hace mejores», informa Veritas.


 

Yo sobreviví a un aborto
Gianna Jessen
 

Buscando a Gianna

"Hola, has llamado a ‘Alive! Ministries’ (Apostolado ¡Con vida!) Si dejas tu número de teléfono al escuchar la señal, te devolveremos la llamada tan pronto sea posible".

No es fácil comunicarse con Gianna Jessen. Los números de teléfono disponibles, o conducen a una compañía de representantes o directamente a la grabación de ‘Alive! Ministries’. La voz pausada, leve, es la de Gianna.

Tras un teléfono difundiendo la vida

Gianna se toma su tiempo para devolver las llamadas. Y es que, pese a que la joven de rostro pálido y sonrisa rápida es alegre, bromista y extrovertida con los suyos; es prudente y casi tímida con la gente de la prensa.

Alguien alguna vez comentó que esta prudencia se debe tal vez a que las secuelas de su palasia cerebral –que incluyen una nada leve cojera– la hacen insegura; pero esa es una hipótesis difícil de admitir para cualquiera que ha visto la seguridad y humor con los que esta frágil mujercita sobreviviente de un aborto se enfrenta a auditorios de todo tipo alrededor del mundo.

Más plausible parece ser la hipótesis de quienes sostienen que Gianna debe filtrar sus llamadas porque, junto con las multitudinarias muestras de admiración, también ha sabido atraer oscuros e inimaginables odios de quienes defienden el aborto. Que esa sea la razón por la cual no contesta directamente el teléfono es solo una hipótesis, y no algo que Gianna diga de sí. Sin embargo, que hay personas que tienen un encono contra ella no es una hipótesis. Es una increíble realidad.

También es centro de la incomprensión

¿Cómo es posible que esta mujer con cara de niña y andar frágil, que ha convertido su vida en un testimonio a favor de la vida, desde cómo sobrevivió a un aborto, cómo perdonó a su madre biológica y cómo comprende a las mujeres que abortan, pueda atraer el odio de alguna gente? Difícil saberlo. Los teólogos dirían simplemente "mysterium iniquitatis", el misterio de la iniquidad. Para un periodista, simplemente no hay explicación.

Pero los insultos, las burlas, los gritos furiosos y hasta las amenazas que ha padecido Gianna en su vida pública no son una invención. Ni han abundado, ni han sido parte importante de su vida, es cierto, pero están allí, concretos, con su misteriosa y oscura presencia.

La agresión puede ser brutal

Gianna no pretende llevar estos episodios de su vida de imparable promotora de la vida, ni como cicatrices ni como condecoraciones... pero si una máquina contestadora puede ahorrarle algunos encuentros con ese mundo de mezquindad, a buena hora... Aunque eso haya influido en que fueren necesarias seis semanas y más de 50 llamadas para ponerse en contacto con ella.

Una sobreviviente ante el Congreso

"Mi nombre es Gianna Jessen. Tengo 19 años de edad. Soy originaria de California pero ahora vivo en la ciudad de Franklin, en Tennessee. Soy adoptada y sufro de Palasia Cerebral".

Alguien dijo alguna vez que la escena que sirvió de marco para estas palabras se prestaba para un remake contemporáneo de "Daniel ante el Foso de los Leones". Una exageración, sin duda, pero no una invención. La que hablaba era una Gianna Jessen que aparecía demasiado pequeña, demasiado leve frente al micrófono que amplificaba su voz –en la primavera de 1986– ante el Subcomité de Constitución del Congreso más poderoso del mundo en la ciudad de Washington D.C.

La lucha contra los abortistas es dura

Pequeña, pero ni temblorosa ni insegura. Ya no era la Gianna que a los 14 años acabó su presentación ante un Comité similar en California temblando y al borde del llanto, en medio de las burlas vociferantes de un contingente de abortistas, tal vez prometiéndose no volver más a un estrado. Gianna sonaba ahora serena, firme y hasta bromista, dispuesta a contar su increíble historia.

"Mi madre biológica tenía 17 años y 7 meses y medio de embarazo cuando decidió abortarme por el proceso de inyección salina. Yo soy la persona que ella abortó. Viví en vez de morir", siguió el testimonio de Gianna ante el Congreso. ¿Cómo comprimir una vida tan peculiar, tan llena de sorprendentes giros, en una exposición de breves minutos? Eso es lo que Gianna intentaba hacer en el corto tiempo que le había concedido el Comité para que diera su testimonio. Un testimonio que, si producía el efecto deseado en los congresistas, podía llevar a una legislación que salvara la vida de cientos de miles de niños en los vientres maternos.

Por medio de una inyección salina

"Mi madre estaba en la clínica y programaron el aborto a las 9 de la manaña –siguió Gianna con su relato–. Afortunadamente para mí, el abortista no estaba en la clínica al yo nacer a las 6 de la manaña del 6 de Abril de 1977. Me apresuré. Estoy segura que si él hubiera estado allí, yo no estaría aquí hoy, ya que su trabajo es terminar la vida, no sostenerla. Hay quien dice que soy un ‘aborto fracasado’, el resultado de un trabajo mal hecho", dijo Gianna.

 Un final feliz

Gianna, por razones de tiempo y de política, se veía obligada a sintetizar al máximo su testimonio ante el congreso, pero si hubiera podido contar todo con calma, hubiera relatado con todos sus detalles su conmovedora y sorprendente historia. Y es que la historia de Gianna, la historia de una vida con un final feliz, comienza con un largo capítulo triste, sin el cual hoy sería imposible comprender su vida y su propio compromiso a favor de la vida: la historia de Tina.

 Hoy se puede contar

La vida de Tina, la madre biológica de Gianna, no sería hoy conocida si no fuera por la tenacidad de Jessica Shaver, una reportera pro-vida norteamericana que no quiso concluir la primera biografía de Gianna –un inspirador libro titulado "Gianna: Abortada… y vivió para contarlo"– sin contar con todas las piezas del rompecabezas. Y para dar con la madre biológica de Gianna –la pieza clave que Shaver no quiso dejar de lado en su reconstrucción biográfica–, no dudó en contratar a un veterano investigador privado para reconstruir pacientemente la azarosa vida de la joven de 17 años que en abril de 1977, confundida y aletargada, llegó a una ciudad de Los Ángeles amenazadora e iridiscente para hacerse un aborto que, de haber concluido como estaba previsto –y como concluyen la inmensa mayoría de los abortos– hoy nadie podría contar la historia de Gianna.

Apareció la madre

Tras un paciente trabajo, y cuando parecía que era imposible encontrar la aguja llamada Tina en la inmensidad del pajar norteamericano, en marzo de 1992, el investigador privado se comunicó con Shaver para darle la buena noticia, a la que la periodista casi había renunciado: había encontrado a Tina. Más aún, no sólo la había hallado, sino que actualmente estaba casada, recordaba todo lo acontecido aquel día del aborto y tras algunos momentos de duda y confusión, había aceptado llamar a Shaver y concertar una cita para aportar su propio lado, el lado faltante del inicio de la historia de Gianna y de las "razones" por las que estuvo a punto de perder la vida.

Reconociendo la verdad

Pero la periodista sólo pudo escuchar la tremenda historia de Tina en abril de 1993, cuando ésta llamó a Shaver para decirle, no sin temor, que se sentía lista para contar su historia.

Ambas mujeres se encontraron en un restaurante de la popular cadena Denny’s y en medio del provocativo olor de patatas fritas, la oculta historia de Tina fue, poco a poco, saliendo a la luz. 


 

«Pasé del negocio del aborto
a la defensa de la vida»

La Razón 12.01.06

La historia de Beverly McMillan es la historia del regreso a la fe desde una visión de la vida y la ciencia absolutamente agnósticas. Nació en el seno de una familia católica tradicional pero, cuando comenzó a estudiar Medicina, abandonó la Iglesia: «Pensaba que Dios era irrelevante para la Ciencia». Durante años, a Beverly le iba «muy bien» sin la fe. Cuando se licenció, acudió a la Clínica Mayo para especializarse en Obstetricia y Ginecología: «No sólo me sentía útil», reconoce McMillan, «sino que me consideraba una persona buena. Así que, ¿quién necesitaba a Dios o a esa arcaica Iglesia?». Como médico residente, le enviaron seis semanas al ala de Obstetricia del Hospital de Cook County en Chicago.

Sorprendida, Beverly se encontraba cada noche con más de veinte mujeres que acudían allí: eran «clientes» de los centros de abortos clandestinos de Chicago. «Llegaban sangrando, con fiebre alta y presentaban úteros ensanchados», recuerda. McMillan y el médico interno tenían que llevar a cabo otra operación de dilatación y curetaje para poder extraer los restos infectados del feto que la clínica ilegal había dejado en el interior del útero.

Después de cientos de casos similares, la ginecóloga, desde su agnosticismo ferviente, concluyó que la legalización del aborto era la solución: «Yo quería que la profesión médica empezara a ofrecer procedimientos seguros a las mujeres que los necesitaran». Así que, cuando en 1973 el Tribunal Supremo legalizó el aborto en EE UU, McMillan se hizo con una máquina de succión y se ofreció a practicar supresiones del embarazo en el primer trimestre.

Dos años después, casada y con tres hijos, puso en marcha una clínica abortista en Jackson, la primera además en todo el estado de Mississippi. Su vida privada iba bien, y el trabajo en la clínica era abundante. Pero, a pesar de sus éxitos, Beverly se vio sorprendida cuando se planteó el suicidio: «No sabía qué era lo que no funcionaba en mi vida. Tenía un buen coche, una gran casa, tres hijos saludables, toda la ropa que podía desear. Había conseguido todo lo que quería», explica Beverly. Pero una parte de sí misma le decía que algo no iba bien.

«Basura» religiosa. Acudió a una librería «secular», donde compró un libro titulado «El poder del pensamiento positivo». Al final del primer capítulo, el autor presentaba un decálogo de diez puntos para conseguir una actitud positiva. El séptimo punto revolvió sus esquemas: «Yo lo puedo todo en Cristo porque Él me conforta».

Fue entonces cuando Beverly cerró el libro: «No me gustaba esa “basura” religiosa», reconoce. Pero días después, de camino al trabajo, se sorprendió recitándo el séptimo punto. Y de repente, Beverly comprendió que no estaba sola. Repitió aquella frase cientos de veces aquel día. Y por fin, todo comenzó a cambiar. Su trabajo en la clínica, tiempo antes sencillo y gratificante, comenzó a ser difícil y doloroso: «No entendía por qué. ¡No había leído nada en la Biblia referente a no practicar abortos!

Lo que pasaba es que el Espíritu Santo estaba comenzando a trabajar en mí», reconoce Sally. Se le hacía cada vez más duro tener que reconocer en los restos de abortos las extremidades, el cráneo o la columna vertebral. «Me decía a mí misma: “¿Qué estás haciendo? ¡Esto es un cuerpo humano!”».

Beverly empezó a asistir a misa y, en 1978, se bautizó y abandonó la clínica abortista. En 1989, la ginecóloga fue invitada al II Encuentro de Ex Abortistas celebrado en el hotel Marriot O'Hare de Chicago, donde relató este testimonio. A partir de ese momento, su conocimiento médico sobre fetología comenzó a ser esclarecido con las Escrituras: «Fue entonces cuando comencé a compartir mi historia, mi paso del negocio del aborto a la defensa de la vida». 


 

Teresa de Calcuta, la gota que llenó el océano

ABC 12.01.06

«Sé bien, y lo saben cada una de mis hermanas, que lo que realizamos es menos que una gota en el océano. Pero si la gota le faltase, el océano carecería de algo», cuentan que contestó un buen día la madre Teresa de Calcuta (Skopje 1910-Calcuta 1997) cuando le preguntaron si su trabajo, en mitad de los más pobres de entre los pobres, servía para algo.

Y es que la religiosa albanesa, fundadora de las Misioneras de la Caridad y recientemente beatificada, quiso hacer de su vida un manantial del que surgiera el agua de la salvación para cientos de miles de apestados, leprosos y enfermos terminales, primero en Calcuta y posteriormente en todos los rincones del mundo, Vaticano incluido.

Todo arrancó en septiembre de 1946, cuando la hermana Teresa, religiosa de las hermanas de Loreto, tomó el tren de Calcuta a Darjeeling para realizar su retiro anual. En la estación, un hombre agonizaba ante la pasividad de la muchedumbre. La beata de Calcuta se quedó a su lado, acompañándolo hasta que murió. «Tengo sed», susurró aquel moribundo, y Madre Teresa vio en sus ojos la mirada de Cristo en la cruz.

Desde entonces, supo que su misión estaría junto a los más pobres. Tras unos comienzos no exentos de dificultades, Teresa y las primeras Misioneras de la Caridad comenzaron su labor, educando a niños y ayudando a «bienmorir» a cientos de hombres y mujeres en los suburbios de Calcuta.

Seguramente, la «santa de los pobres» no hubiera aprobado la película de Europroducciones que se estrenará el 20 de enero, dirigida por Fabrizio Costa y protagonizada por Olivia Hussey. No era muy amiga de los protagonismos; tanto, que hubo que convencerla para que viajase hasta Oslo en 1979 para recibir el Nobel de la Paz, en aquella famosa noche en la que consiguió que la organización cancelara un lujoso banquete en su honor y donara su coste a los pobres.

Sin quererlo, Madre Teresa se convirtió en uno de los mayores iconos mediáticos del pasado siglo. «Dios y yo hemos hecho un pacto -decía entre bromas-. Le he dicho que por cada foto que me hagan, Él se encargará de liberar a un alma del Purgatorio. Creo que a este ritmo, dentro de poco se va a vaciar».

Hoy, ocho años después de su muerte, las sucesoras de Madre Teresa siguen rebosando el océano con las gotas de su sudor, de su trabajo y de su amor incondicional por los desheredados de la Tierra.


 

Un pequeño milagro en clase de Religión
Alfa y Omega, nº 481


La profesora Consolación G. Álvarez ha dedicado buena parte de su vida a la enseñanza. De su experiencia como profesora ha extraído numerosas conclusiones y abundantes recuerdos. Considera que la labor que tienen que desarrollar los educadores en los colegios va mucho más allá de la simple transmisión de conocimientos. Hace falta formar a personas.

 

Estamos viviendo unos momentos difíciles sobre la negativa a impartir la clase de Religión en las escuelas con el mismo nivel académico que las demás asignaturas.

Comprendo que, a veces, hablen sin fundamento quienes no han tenido la oportunidad de vivir y trabajar en el colegio con alumnos de todas las edades y condiciones.

 

Recuerdo uno de los muchos ejemplos de formación que he tenido a lo largo de mi trabajo como maestra. Un alumno nuevo de quinto curso de la entonces EGB, Carlos –nombre ficticio–, era incontrolable. Bajaba la cabeza, y perdía las horas dibujando en su cuaderno rayas que formaban ángulos muy agudos. No hablaba nada en clase y durante el recreo corría de un lado a otro sin mirar a nadie, como un desesperado. Sólo le gustaban las Matemáticas. Se le veía listo, pero con algo que le impedía hacer una vida normal. No tenía amigos. Cuando intentaba dialogar a solas con él, el chico nunca soltaba palabra alguna, ni buena ni mala.

 

Un día, se planteó como ejercicio a los alumnos, después de clase de Religión, escribir qué les había parecido. Carlos escribió, como todos, su texto y se marchó. Al revisarlo, me quedé sobrecogida: «La Religión – escribía Carlos– ha sido mi salvación. Mi profesora ha sido para mí como el buen samaritano que me veía  perdido y me ha ayudado a superar el gran dolor que tengo dentro de mi alma. Ahora soy otra persona,  distinta completamente a la que era cuando llegué al colegio, y se lo debo todo a la Religión. En mi casa nunca había oído hablar de estas cosas tan bonitas. Se lo agradezco mucho a mi profesora».

 

Después de leer estas palabras, que me impresionaron, intenté hablar con él. Como siempre, bajó la cabeza, pero esta vez dijo, con voz muy baja:

 

«Mi padre es drogadicto y mi madre es prostituta. En mi casa no se podía vivir. Me escapé una noche, corriendo por las calles, sin saber dónde iba. Unos guardias me cogieron y me llevaron a un colegio de niños internos, sin familia. Y allí sigo, y no quiero volver a casa».

 

Pasados los primeros momentos de desahogo, Carlos fue mejorando poco a poco en las relaciones con sus compañeros y con los profesores, hasta llegar a ser un alumno de conducta normal y de superación constante. Ya fuera del colegio, y pasados varios cursos, me lo encontré trabajando, muy bien, en algo relacionado con la informática. Pensé: «¿Qué habría sido de él si de niño nadie le hubiese curado esa espina que traía clavada de la casa de sus padres?»

 


 

La sonrisa de Paloma

Monasterio de la Visitación, Barcelona
Pº Valle de Hebrón 256
08035 - Barcelona

Me llamo Carlota Ruiz de Dulanto, nací en la década de los 60 en una familia maravillosa, soy la mayor de 3 hermanos y la única chica. La enseñanza primaria la hice parte en París, donde estaba destinado mi padre, y la secundaria en Madrid, en el colegio Montealto. Estudié la carrera de Derecho en la Autónoma de Madrid.

t Nuestra Señora de Aránzazu

A los 25 años sufrí un accidente grave, estaba trabajando en Michigan (EEUU) y durante un tornado me cayó un árbol en la espalda y me rompió la columna vertebral a nivel de las lumbares. En cuestión de segundos pasé de ser una bailadora, esquiadora y deportista a sentarme en una silla de ruedas para toda la vida.

Luego he conseguido desplazarme también con muletas pero en aquel momento, en la sala de urgencias del hospital, el pronóstico fue taxativo: "You will never walk again" (nunca volverás a andar).

A partir de ahí, me cambiaron los planes de vida, olvidé la carrera diplomática y entré a trabajar en IBM. Javier, mi marido, que entonces era mi novio, no se fue de mi lado, caso bastante inhabitual en estas circunstancias tan difíciles. Pasaron unos años, nos casamos y hemos formado una familia.

Trabajo en un departamento de IBM de operaciones financieras de la región sur de Europa, mi discapacidad no es un problema ni para mí, ni para mis compañeros, ni para la compañía. Compagino bastante bien mi vida familiar y laboral gracias a Javier y a mi madre, que están siempre implicados, y a la política de teletrabajo de mi empresa, que me permite flexibilizar los horarios de entrada y salida y si es necesario también trabajar desde casa.

Y sobre todo porque Dios y solo ÉL es quien provee, Él me ha dado unas limitaciones y Él se encarga de solucionarlo todo, Él lo hace todo yo no hago nada. Dios nos ha regalado 3 hijas, Mencía, Mariana y Paloma. Estas tres princesas, ante los aspavientos de mi respuesta, muy a menudo me hacen esta pregunta:

- Mamá cuando te encuentres con Dios ¿qué le vas a decir?
- ¡¡¡Me lanzaré en sus brazos y me lo comeré a besos!!!

Realmente eso es lo que me produce pensar en mi Padre del Cielo. Cuando miro para atrás y veo mi vida, siento con qué delicadeza ha ido Dios guiándome...

Nada de lo que me ha ocurrido ha sido por casualidad, su mirada amorosa estaba junto a mí, especialmente en los momentos más duros, que os aseguro los he tenido, quizá en esos momentos de pánico, dolor y desconcierto no lo notaba, pero sí sentía una algo firme que me decía "Carlota confía...confía... confía...", me ha rodeado de ángeles, han caído en mis manos libros muy profundos, me ha protegido siempre.

Os puedo contar una historia muy bonita que me hizo caer rendida de fe a los pies de la Virgen María. En el año 2000 estaba embarazada de mi tercera hija y, como no iba a nacer hasta el 20 de noviembre, me fui tranquilamente de vacaciones a casa de mis suegros a Fuenterrabía. Contra todo pronóstico, el 15 de Agosto me puse de parto; en la Maternidad de Ntra. Sra. de Aranzazu de San Sebastián no pudieron pararlo y, esa misma noche, di a luz una niñita que más parecía una codorniz, de 600 gramos de peso, que me dijeron que no era viable.

Cabía en las palmas de las manos de la enfermera que se la llevó, me ofrecieron verla pero no pude, no quería recordar su carita en mis sueños.

Le pedí a la enfermera que se la llevó que la bautizara. Cuando salí del quirófano me llevaron a otro cuarto con otra madre que también había perdido a su bebé y me dieron unas pastillas para cortarme la leche. A las 3 de la mañana apareció un pediatra a explicarnos la tenebrosa situación: la niña tenía un respirador y un derrame cerebral de prematura y, era tan inmadura, que el pronóstico era muy grave. Tenía pocas probabilidades de vivir y si vivía tendría graves secuelas.

La sensación de vacío, de soledad, de fracaso y tristeza me invadió por completo. Las horas cercanas a la madrugada eran metálicas y frías, oía llorar a otra madre en la cama de al lado, yo no tenía fuerzas ni para llorar, mi cabeza giraba en torno al vacío de la situación, había dado a luz a una niña que no iba a vivir.

En esos momentos de desolación absoluta, me acordé que la niña había nacido el día 15 de Agosto, la Asunción de María, a las 23:50, e hice la pirueta espiritual...

Amanecía en San Sebastián, por la ventana se veía el cielo azul con hilos de nubes rosas, y pensé en Ella, en mi querida Madre del Cielo, revestida de gloria y nubes rosas, y le pedí lo imposible. Yo soy parapléjica y al pensar que mi hija podía ser paralítica cerebral toqué fondo: "¿dónde iba yo en silla de ruedas empujando otra silla de ruedas?". Tenía que creer en lo imposible y le pedí con toda mi alma a la Virgen una niña viva y sana.

Cuando por la mañana regresó mi marido y le conté la osadía de mi petición, pensó que en esa noche fatídica, no sólo había perdido una hija, sino que además su mujer se había vuelto loca.

A la mañana siguiente fuimos a la incubadora, el panorama era desolador, era el bebé más pequeño que habíamos visto nunca, a su lado un niñito en parecidas condiciones se acababa de morir. Fuimos a buscar al capellán para que le diera la Unción de Enfermos, porque ya la había bautizado la enfermera, y le pusimos de nombre Paloma. Íbamos dos veces al día a verla, a acariciarla y a sufrir a su lado. Pruebas, ecografías, vías, transfusiones, informes, el pulsímetro pitando a todas horas...

Estuvo un mes con paradas cardiorrespiratorias que se la podían llevar en cualquier momento, cada día que llegábamos al hospital estábamos preparamos para la peor noticia. En esa angustia, me colgué de Ntra. Sra. de Aránzazu en la capilla del Hospital y le pedí hasta el hastío por esa niña. Os aseguro que cuando me quedaba sola en la capilla se lo pedía a gritos.

Cuando llegó a un kilo de peso, la trasladaron en UVI móvil a La Paz a Madrid, donde nuestras otras hijas empezaban ya el colegio. Allí estuvo dos meses más. Costó mucho pero, por fin, el 22 de noviembre nos la llevamos a casa con oxígeno y mucho miedo, agotados, pero nos la llevamos. Tuvo alguna recaída en los primeros meses, os aseguro que fue una pesadilla.

Hoy Paloma tiene 4 años va al colegio Montealto, es una niña más que sana, es fuerte, es guapa, lista, resolutiva, es vital y alegre, no tiene secuelas, es una superviviente que nos recuerda cada día que para Dios no hay nada imposible. En las cruces subsiguientes que me va presentando la vida, veo a Paloma y confío: estamos en manos de Dios, en las mejores manos, el problema es que no nos lo creemos.

También he descubierto la Cruz, el misterio de la Cruz Gloriosa, como siempre, Él está detrás, liberándonos y abriéndonos con ella la puerta del cielo. Él nos ha traído a este mundo y no nos deja solos, está ahí siempre, respetando nuestra libertad y susurrándonos al oído:

"te quiero con locura, tanto que he dado mi vida por ti, y te creé porque te quiero y quiero que seas feliz conmigo eternamente."
 


        El último milagro de Lourdes

El arzobispo de Salerno, sur de Italia, monseñor Gerardo Pierro proclamó oficialmente el 11 de noviembre la «curación milagrosa» de una mujer, que hoy tiene 90 años, acaecida en Lourdes en 1952.

 

ROMA, lunes, 14 de noviembre de 2005 (ZENIT.org).- Se trata del «milagro» número 67 oficialmente reconocido por la Iglesia católica acaecido en la ciudad francesa de las apariciones de la Virgen María.


La enferma, Anna Santaniello, sufría desde su infancia una malformación cardiaca, declarada incurable por los médicos. Al cumplir los cuarenta años, su estado de salud empeoró gravemente y, a pesar del parecer contrario de los médicos y de su familia, decidió viajar a Lourdes.


Esta malformación le impedía caminar y hablar claramente. Asimismo, le causaba cianosis en la cara y edemas en las extremidades inferiores.
Según ha explicado al diario de «La Città» de Salerno, «ya casi no lograba respirar y le dije a mi hermano que mi último deseo era ir a Lourdes», a donde llegó «viva aunque en camilla».


Las religiosas la introdujeron en la piscina y «el agua estaba helada --cuenta--, pero sentí inmediatamente algo que hervía en el pecho, como si me hubieran restituido la vida. Después de pocos segundos, me levanté con mis propias fuerzas y comencé a caminar, rechazando la ayuda de los camilleros, que me veían con incredulidad».
Al regresar a casa, pidió consulta a un ilustre cardiólogo de aquella época, quien «me dijo que no tenía nada, que estaba sanísima y que no podía explicarse todo los certificados y exámenes hechos precedentemente».


Anna Santaniello ha vuelto en otras ocasiones a Lourdes para ofrecer su servicio como voluntaria en la ayuda a los enfermos.


En la ceremonia de proclamación del milagro, en el seminario metropolitano «Juan Pablo II» en Pontecagnano, participó Anna Santaniello, acompañada por sus familiares y amigos.

 

 

   Andrea Santoro escribió al Papa Benedicto

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 8 febrero 2006 (ZENIT.org).- Publicamos la carta que dirigió el 31 de enero el padre Andrea Santoro, sacerdote italiano misionero en Turquía, asesinado el 5 de febrero, mientras rezaba en la iglesia de la que era párroco en Trabzon, ciudad del Mar Negro.

Por indicación del Papa, la carta es publicada en la edición italiana de «L'Osservatore Romano» del 9 de febrero. Según el pontífice, en este documento, «se refleja el celo, la fe, el amor, que palpitaban en el corazón de don Andrea Santoro».


* * *

Roma, 31 de enero de 2006

Santidad:

Le escribo en nombre de algunas señoras georgianas de mi parroquia, «Sancta Maria» en Trabzon (Trebisonda) en el Mar Negro, Turquía. Me la han dictado en turco, se la traduzco tal y como ha salido de sus labios y se la entrego con motivo de mi visita a Roma. Soy don Andrea Santoro, sacerdote «Fidei donum» de la iglesia de Roma en Turquía, en la diócesis de Anatolia, residente aquí desde hace 5 años. Mi grey está formada por 8/9 católicos, muchos ortodoxos de la ciudad y los musulmanes, que conforman el 99% de la población. Usted, Santidad, es tanto el obispo de mi diócesis de origen (Roma) como el obispo de mi diócesis de destino, pues se trata de un «vicariato apostólico». En virtud de este doble título le entrego la carta de las tres georgianas.
 

* * *

«QUERIDO PAPA:
Le saludamos en nombre de todos los georgianos. Pedimos a Dios salud para ti en el nombre de Jesús.
Estamos muy contentos de que Dios te haya escogido como Papa. Reza por nosotros, por los pobres, por los miserables de todo el mundo, por los niños. Creemos que tus oraciones llegan directamente a Dios. Los georgianos son muy pobres, tienen deudas, no tienen casa, ni trabajo. Nos hemos quedado sin fuerzas.

Vivimos en estos momentos en Trabzon y trabajamos. Tú reza para que Dios nos bendiga y cree en nosotros un corazón nuevo y limpio. No nos olvidamos de la vida cristiana y tratamos de ser un buen ejemplo para los turcos en nombre de Dios para que a través nuestro vean y glorifiquen a Dios.

Tenemos muchas cosas que decir y contar, pero, Inshalá [si Dios quiere, ndt.], si vienes a Trabzon, podremos hablar cara a cara. Tu venida será una fiesta feliz. Pedimos y deseamos de Dios para ti salud, paz y vida cristiana. Besamos tus manos. Nos alegrará el que respondas y nos mandes una foto con tu firma.

Tú, como un papá común, reza por don Andrea y Loredana [voluntaria italiana que colabora en la parroquia, ndt.], que Dios les dé fuerza y que por medio de ellos la Iglesia crezca y se multiplique en Trabzon».

Firman: Maria, Marina y Maria

En nombre de los demás cristianos georgianos, te invitamos a Trabzon con motivo de tu próxima visita en noviembre a Turquía.

* * *

Santidad:
Me uno a estas tres mujeres para invitarle verdaderamente a visitarnos. Es una pequeña grey, como decía Jesús, que trata de ser sal, levadura y luz en esta tierra. Una visita suya, aunque sea rápida, sería de consuelo y aliento. Si Dios quiere… no hay nada imposible para Dios.

Le saludo y le doy las gracias por todo. Sus libros me sirvieron de alimento durante mis estudios de teología. Bendígame. Y que Dios le bendiga y le asista a usted.

Don Andrea Santoro sacerdote «Fidei donum» de la diócesis de Roma en Turquía, Diócesis de Anatolia, ciudad de Trabzon en el Mar Negro, iglesia de «Sancta Maria».

 


 

Entrevista al doctor Alfonso del Corral, Jefe de los Servicios Médicos del Real Madrid:

«El Señor cambió mi vida»

 

La historia del Jefe de los Servicios Médicos del Real Madrid, don Alfonso del Corral, muestra el recorrido de un hombre de una fe profunda basada en la experiencia. En esta entrevista a Alfa y Omega  (nº 487) nos habla de ello y de su visión del mundo del deporte, al que lleva vinculado durante años. Extractamos algunos párrafos de la entrevista:

 

En su caso, ¿cómo ha sido su recorrido en el camino de la fe?

Yo, como tantos españoles, he recibido una formación católica. Mis padres son católicos, y en mi casa se ha vivido siempre la religión. Hace años, lo que me pasaba es que vivía una fe un poco a mi medida; me hacía un Dios a mi medida, que me era más o menos práctico y cómodo.

 

Así fue hasta un momento determinado de mi vida, cuando perdí a mi hijo. Ése fue para mí un golpe tremendo, que desencadenó en mí una búsqueda tremenda de respuestas que me llevó a una gracia: una experiencia muy fuerte de Dios, que me ayudó a seguir caminando hasta el día de hoy.

 

Yo tuve una experiencia muy fuerte del Señor. Yeso me cambió radicalmente. Desde entonces , con todas mis dificultades y mis contradicciones, el Señor está en el centro de mi existencia, absolutamente. En Él voy, Él me lleva, y tengo una confianza absoluta en el Señor.

 

No me preocupa absolutamente nada de lo que me pueda pasar, porque Él está conmigo. Y ésa es la clave de mi historia.

 

¿Cómo alimenta esta relación con Dios?

Lógicamente, la forma más sencilla es la oración, la conversación con Él; pero, indudablemente, los que pertenecemos y nos sentimos parte de la Iglesia tenemos la gran suerte de contar con el sacramento de la Reconciliación y el recibirle en la Eucaristía. Pero no vivo todo esto como una obligación, como algo con lo que hay que c u m p l i r. Se trata de ir al encuentro del  Amigo. Éste es un chollo que tenemos: el poder recibirle y poder recuperar las fuerzas que el combate diario nos quita a veces. Yo soy un hombre, fundamentalmente, lleno de esperanza. Puede haber momentos en los que, por la noche, estoy agotado, pero a la mañana siguiente me levanto lleno de esperanza, y eso es una gracia del Espíritu Santo. Esto me lleva a caminar con una tranquilidad absoluta. Cuando te pegan un mazazo del calibre del que yo recibí, te das cuenta de que todo lo demás no importa absolutamente nada. Lo que hay que transmitir es exactamente eso, en vez de normas y obligaciones.

 

Todo es mucho más simple. Necesitamos tener esa seguridad de que el Señor nos ama profundamente, y confiar en Él. Ahora, eso sí: solos, es imposible. Nuestra fuerza está en Él.

  

¿Cómo procura transmitir la fe a sus otros hijos?

Yo creo que ése es mi cometido en casa. No creo que mi misión en la vida sea el ser médico del Real Madrid, o ser un gran cirujano, que también, pero creo que mi cometido fundamental en la vida es ser padre y esposo, cuidar a mi familia.

En consecuencia, transmitir la fe es lo único que es importante. Yo dejo que mis hijos sigan su camino, pero siempre les digo que Dios es la clave de mi existencia, y quiero que ésa sea también la clave de su existencia.

 

¿Y cómo crees que se puede transmitir todo esto a la gente, por ejemplo, a tantos deportistas como los que usted trata?

Esto está oculto a los sabios y a los poderosos; para recibirlo, hay que abrir el corazón un poquito, dejar un hueco. En cuanto a la transmisión, hay dos grandes armas: el testimonio – mostrar el rostro de Cristo, reflejarlo; si lo mostráramos, cautivaríamos mucho más – y la oración – si quieres que esto llegue al corazón de alguien, reza mucho por él; y luego podrás comentarle algo –. Las grandes disertaciones no son suficientes.

 

¿Cómo está viviendo las últimas iniciativas legislativas acerca de la familia y la enseñanza?

En su conjunto, el católico y la persona que tiene una serie de valores percibe ya una cierta agresividad en la sociedad en la que vivimos, y la dificultad de poder vivir según los propios principios preocupa  profundamente. Ahora, partiendo de esto, yo me remonto a más arriba: la clave de todo esto es que tenemos que confiar más en el Señor, y yo estoy convencido de que todo esto, al final, va a ser para bien. J. L. V.

  


  A página principal  

Subir al principio