Manglano habla sobre la confesión
Yo sobreviví a un aborto, testimonio de Gianna Jessen
"Pasé del negocio del aborto a la defensa de la vida", Beverly McMillan
Teresa
de Calcuta, la gota que llenó el océano
Un pequeño milagro en clase de Religión
La sonrisa de Paloma
El último milagro de
Lourdes, Anna Santaniello
Andrea Santoro escribió al Papa Benedicto
"El Señor
cambió mi vida"
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Manglano habla de la confesión
Manglano publica un best-seller sobre el tema
La Razón 11.01.06
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Buscando a Gianna No es fácil comunicarse con Gianna Jessen. Los números de teléfono disponibles, o conducen a una compañía de representantes o directamente a la grabación de ‘Alive! Ministries’. La voz pausada, leve, es la de Gianna. Tras un teléfono difundiendo la vida Gianna se toma su tiempo para devolver las llamadas. Y es que, pese a que la joven de rostro pálido y sonrisa rápida es alegre, bromista y extrovertida con los suyos; es prudente y casi tímida con la gente de la prensa. Alguien alguna vez comentó que esta prudencia se debe tal vez a que las secuelas de su palasia cerebral –que incluyen una nada leve cojera– la hacen insegura; pero esa es una hipótesis difícil de admitir para cualquiera que ha visto la seguridad y humor con los que esta frágil mujercita sobreviviente de un aborto se enfrenta a auditorios de todo tipo alrededor del mundo. Más plausible parece ser la hipótesis de quienes sostienen que Gianna debe filtrar sus llamadas porque, junto con las multitudinarias muestras de admiración, también ha sabido atraer oscuros e inimaginables odios de quienes defienden el aborto. Que esa sea la razón por la cual no contesta directamente el teléfono es solo una hipótesis, y no algo que Gianna diga de sí. Sin embargo, que hay personas que tienen un encono contra ella no es una hipótesis. Es una increíble realidad. También es centro de la incomprensión ¿Cómo es posible que esta mujer con cara de niña y andar frágil, que ha convertido su vida en un testimonio a favor de la vida, desde cómo sobrevivió a un aborto, cómo perdonó a su madre biológica y cómo comprende a las mujeres que abortan, pueda atraer el odio de alguna gente? Difícil saberlo. Los teólogos dirían simplemente "mysterium iniquitatis", el misterio de la iniquidad. Para un periodista, simplemente no hay explicación. Pero los insultos, las burlas, los gritos furiosos y hasta las amenazas que ha padecido Gianna en su vida pública no son una invención. Ni han abundado, ni han sido parte importante de su vida, es cierto, pero están allí, concretos, con su misteriosa y oscura presencia. La agresión puede ser brutal Gianna no pretende llevar estos episodios de su vida de imparable promotora de la vida, ni como cicatrices ni como condecoraciones... pero si una máquina contestadora puede ahorrarle algunos encuentros con ese mundo de mezquindad, a buena hora... Aunque eso haya influido en que fueren necesarias seis semanas y más de 50 llamadas para ponerse en contacto con ella. Una sobreviviente ante el Congreso "Mi nombre es Gianna Jessen. Tengo 19 años de edad. Soy originaria de California pero ahora vivo en la ciudad de Franklin, en Tennessee. Soy adoptada y sufro de Palasia Cerebral". Alguien dijo alguna vez que la escena que sirvió de marco para estas palabras se prestaba para un remake contemporáneo de "Daniel ante el Foso de los Leones". Una exageración, sin duda, pero no una invención. La que hablaba era una Gianna Jessen que aparecía demasiado pequeña, demasiado leve frente al micrófono que amplificaba su voz –en la primavera de 1986– ante el Subcomité de Constitución del Congreso más poderoso del mundo en la ciudad de Washington D.C. La lucha contra los abortistas es dura Pequeña, pero ni temblorosa ni insegura. Ya no era la Gianna que a los 14 años acabó su presentación ante un Comité similar en California temblando y al borde del llanto, en medio de las burlas vociferantes de un contingente de abortistas, tal vez prometiéndose no volver más a un estrado. Gianna sonaba ahora serena, firme y hasta bromista, dispuesta a contar su increíble historia. "Mi madre biológica tenía 17 años y 7 meses y medio de embarazo cuando decidió abortarme por el proceso de inyección salina. Yo soy la persona que ella abortó. Viví en vez de morir", siguió el testimonio de Gianna ante el Congreso. ¿Cómo comprimir una vida tan peculiar, tan llena de sorprendentes giros, en una exposición de breves minutos? Eso es lo que Gianna intentaba hacer en el corto tiempo que le había concedido el Comité para que diera su testimonio. Un testimonio que, si producía el efecto deseado en los congresistas, podía llevar a una legislación que salvara la vida de cientos de miles de niños en los vientres maternos. Por medio de una inyección salina "Mi madre estaba en la clínica y programaron el aborto a las 9 de la manaña –siguió Gianna con su relato–. Afortunadamente para mí, el abortista no estaba en la clínica al yo nacer a las 6 de la manaña del 6 de Abril de 1977. Me apresuré. Estoy segura que si él hubiera estado allí, yo no estaría aquí hoy, ya que su trabajo es terminar la vida, no sostenerla. Hay quien dice que soy un ‘aborto fracasado’, el resultado de un trabajo mal hecho", dijo Gianna. Un final feliz Hoy se puede contar La vida de Tina, la madre biológica de Gianna, no sería hoy conocida si no fuera por la tenacidad de Jessica Shaver, una reportera pro-vida norteamericana que no quiso concluir la primera biografía de Gianna –un inspirador libro titulado "Gianna: Abortada… y vivió para contarlo"– sin contar con todas las piezas del rompecabezas. Y para dar con la madre biológica de Gianna –la pieza clave que Shaver no quiso dejar de lado en su reconstrucción biográfica–, no dudó en contratar a un veterano investigador privado para reconstruir pacientemente la azarosa vida de la joven de 17 años que en abril de 1977, confundida y aletargada, llegó a una ciudad de Los Ángeles amenazadora e iridiscente para hacerse un aborto que, de haber concluido como estaba previsto –y como concluyen la inmensa mayoría de los abortos– hoy nadie podría contar la historia de Gianna. Apareció la madre Tras un paciente trabajo, y cuando parecía que era imposible encontrar la aguja llamada Tina en la inmensidad del pajar norteamericano, en marzo de 1992, el investigador privado se comunicó con Shaver para darle la buena noticia, a la que la periodista casi había renunciado: había encontrado a Tina. Más aún, no sólo la había hallado, sino que actualmente estaba casada, recordaba todo lo acontecido aquel día del aborto y tras algunos momentos de duda y confusión, había aceptado llamar a Shaver y concertar una cita para aportar su propio lado, el lado faltante del inicio de la historia de Gianna y de las "razones" por las que estuvo a punto de perder la vida. Reconociendo la verdad Pero la periodista sólo pudo escuchar la tremenda historia de Tina en abril de 1993, cuando ésta llamó a Shaver para decirle, no sin temor, que se sentía lista para contar su historia. Ambas mujeres se encontraron en un restaurante de la popular cadena Denny’s y en medio del provocativo olor de patatas fritas, la oculta historia de Tina fue, poco a poco, saliendo a la luz. |
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«Pasé del negocio del aborto
La Razón 12.01.06
Sorprendida, Beverly se encontraba cada noche con más de veinte mujeres que acudían allí: eran «clientes» de los centros de abortos clandestinos de Chicago. «Llegaban sangrando, con fiebre alta y presentaban úteros ensanchados», recuerda. McMillan y el médico interno tenían que llevar a cabo otra operación de dilatación y curetaje para poder extraer los restos infectados del feto que la clínica ilegal había dejado en el interior del útero. Después de cientos de casos similares, la ginecóloga, desde su agnosticismo ferviente, concluyó que la legalización del aborto era la solución: «Yo quería que la profesión médica empezara a ofrecer procedimientos seguros a las mujeres que los necesitaran». Así que, cuando en 1973 el Tribunal Supremo legalizó el aborto en EE UU, McMillan se hizo con una máquina de succión y se ofreció a practicar supresiones del embarazo en el primer trimestre. Dos años después, casada y con tres hijos, puso en marcha una clínica abortista en Jackson, la primera además en todo el estado de Mississippi. Su vida privada iba bien, y el trabajo en la clínica era abundante. Pero, a pesar de sus éxitos, Beverly se vio sorprendida cuando se planteó el suicidio: «No sabía qué era lo que no funcionaba en mi vida. Tenía un buen coche, una gran casa, tres hijos saludables, toda la ropa que podía desear. Había conseguido todo lo que quería», explica Beverly. Pero una parte de sí misma le decía que algo no iba bien. «Basura» religiosa. Acudió a una librería «secular», donde compró un libro titulado «El poder del pensamiento positivo». Al final del primer capítulo, el autor presentaba un decálogo de diez puntos para conseguir una actitud positiva. El séptimo punto revolvió sus esquemas: «Yo lo puedo todo en Cristo porque Él me conforta». Fue entonces cuando Beverly cerró el libro: «No me gustaba esa “basura” religiosa», reconoce. Pero días después, de camino al trabajo, se sorprendió recitándo el séptimo punto. Y de repente, Beverly comprendió que no estaba sola. Repitió aquella frase cientos de veces aquel día. Y por fin, todo comenzó a cambiar. Su trabajo en la clínica, tiempo antes sencillo y gratificante, comenzó a ser difícil y doloroso: «No entendía por qué. ¡No había leído nada en la Biblia referente a no practicar abortos! Lo que pasaba es que el Espíritu Santo estaba comenzando a trabajar en mí», reconoce Sally. Se le hacía cada vez más duro tener que reconocer en los restos de abortos las extremidades, el cráneo o la columna vertebral. «Me decía a mí misma: “¿Qué estás haciendo? ¡Esto es un cuerpo humano!”». Beverly empezó a asistir a misa y, en 1978, se bautizó y abandonó la clínica abortista. En 1989, la ginecóloga fue invitada al II Encuentro de Ex Abortistas celebrado en el hotel Marriot O'Hare de Chicago, donde relató este testimonio. A partir de ese momento, su conocimiento médico sobre fetología comenzó a ser esclarecido con las Escrituras: «Fue entonces cuando comencé a compartir mi historia, mi paso del negocio del aborto a la defensa de la vida». |
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Teresa de Calcuta, la gota que llenó el océano ABC 12.01.06
Y
es que la religiosa albanesa, fundadora de las Misioneras de la Caridad
y recientemente beatificada, quiso hacer de su vida un manantial del que
surgiera el agua de la salvación para cientos de miles de apestados,
leprosos y enfermos terminales, primero en Calcuta y posteriormente en
todos los rincones del mundo, Vaticano incluido.
Desde entonces, supo que su misión estaría junto a los más pobres. Tras
unos comienzos no exentos de dificultades, Teresa y las primeras
Misioneras de la Caridad comenzaron su labor, educando a niños y
ayudando a «bienmorir» a cientos de hombres y mujeres en los suburbios
de Calcuta. Sin quererlo, Madre Teresa se convirtió en uno de los mayores iconos mediáticos del pasado siglo. «Dios y yo hemos hecho un pacto -decía entre bromas-. Le he dicho que por cada foto que me hagan, Él se encargará de liberar a un alma del Purgatorio. Creo que a este ritmo, dentro de poco se va a vaciar». Hoy, ocho años después de su muerte, las sucesoras de Madre Teresa siguen rebosando el océano con las gotas de su sudor, de su trabajo y de su amor incondicional por los desheredados de la Tierra. |
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Un pequeño milagro en
clase de Religión
Estamos viviendo unos momentos difíciles sobre la negativa a impartir la clase de Religión en las escuelas con el mismo nivel académico que las demás asignaturas. Comprendo que, a veces, hablen sin fundamento quienes no han tenido la oportunidad de vivir y trabajar en el colegio con alumnos de todas las edades y condiciones.
Recuerdo uno de los muchos ejemplos de formación que he tenido a lo largo de mi trabajo como maestra. Un alumno nuevo de quinto curso de la entonces EGB, Carlos –nombre ficticio–, era incontrolable. Bajaba la cabeza, y perdía las horas dibujando en su cuaderno rayas que formaban ángulos muy agudos. No hablaba nada en clase y durante el recreo corría de un lado a otro sin mirar a nadie, como un desesperado. Sólo le gustaban las Matemáticas. Se le veía listo, pero con algo que le impedía hacer una vida normal. No tenía amigos. Cuando intentaba dialogar a solas con él, el chico nunca soltaba palabra alguna, ni buena ni mala.
Un día, se planteó como ejercicio a los alumnos, después de clase de Religión, escribir qué les había parecido. Carlos escribió, como todos, su texto y se marchó. Al revisarlo, me quedé sobrecogida: «La Religión – escribía Carlos– ha sido mi salvación. Mi profesora ha sido para mí como el buen samaritano que me veía perdido y me ha ayudado a superar el gran dolor que tengo dentro de mi alma. Ahora soy otra persona, distinta completamente a la que era cuando llegué al colegio, y se lo debo todo a la Religión. En mi casa nunca había oído hablar de estas cosas tan bonitas. Se lo agradezco mucho a mi profesora».
Después de leer estas palabras, que me impresionaron, intenté hablar con él. Como siempre, bajó la cabeza, pero esta vez dijo, con voz muy baja:
«Mi padre es drogadicto y mi madre es prostituta. En mi casa no se podía vivir. Me escapé una noche, corriendo por las calles, sin saber dónde iba. Unos guardias me cogieron y me llevaron a un colegio de niños internos, sin familia. Y allí sigo, y no quiero volver a casa».
Pasados los primeros momentos de desahogo, Carlos fue mejorando poco a poco en las relaciones con sus compañeros y con los profesores, hasta llegar a ser un alumno de conducta normal y de superación constante. Ya fuera del colegio, y pasados varios cursos, me lo encontré trabajando, muy bien, en algo relacionado con la informática. Pensé: «¿Qué habría sido de él si de niño nadie le hubiese curado esa espina que traía clavada de la casa de sus padres?»
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La sonrisa de Paloma
Luego he
conseguido desplazarme también con muletas pero en aquel
momento, en la sala de urgencias del hospital, el pronóstico
fue taxativo: "You will never walk again" (nunca volverás a
andar). La sensación de
vacío, de soledad, de fracaso y tristeza me invadió por
completo. Las horas cercanas a la madrugada eran metálicas y
frías, oía llorar a otra madre en la cama de al lado, yo no
tenía fuerzas ni para llorar, mi cabeza giraba en torno al
vacío de la situación, había dado a luz a una niña que no
iba a vivir. Amanecía en San Sebastián, por la ventana se veía el cielo azul con hilos de nubes rosas, y pensé en Ella, en mi querida Madre del Cielo, revestida de gloria y nubes rosas, y le pedí lo imposible. Yo soy parapléjica y al pensar que mi hija podía ser paralítica cerebral toqué fondo: "¿dónde iba yo en silla de ruedas empujando otra silla de ruedas?". Tenía que creer en lo imposible y le pedí con toda mi alma a la Virgen una niña viva y sana. Cuando por la
mañana regresó mi marido y le conté la osadía de mi
petición, pensó que en esa noche fatídica, no sólo había
perdido una hija, sino que además su mujer se había vuelto
loca. |
El
arzobispo de Salerno, sur de Italia, monseñor Gerardo Pierro proclamó
oficialmente el 11 de noviembre la «curación milagrosa» de una mujer,
que hoy tiene 90 años, acaecida en Lourdes en 1952.
ROMA, lunes, 14 de noviembre de 2005 (ZENIT.org).- Se trata del «milagro» número 67 oficialmente reconocido por la Iglesia católica acaecido en la ciudad francesa de las apariciones de la Virgen María.
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Andrea Santoro escribió
al Papa Benedicto
Roma, 31 de enero de 2006
«QUERIDO PAPA:
Santidad: |
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Entrevista al doctor Alfonso del Corral, Jefe de los Servicios Médicos del Real Madrid:
En su caso, ¿cómo ha sido su recorrido en el camino de la fe? Yo, como tantos españoles, he recibido una formación católica. Mis padres son católicos, y en mi casa se ha vivido siempre la religión. Hace años, lo que me pasaba es que vivía una fe un poco a mi medida; me hacía un Dios a mi medida, que me era más o menos práctico y cómodo.
Así fue hasta un momento determinado de mi vida, cuando perdí a mi hijo. Ése fue para mí un golpe tremendo, que desencadenó en mí una búsqueda tremenda de respuestas que me llevó a una gracia: una experiencia muy fuerte de Dios, que me ayudó a seguir caminando hasta el día de hoy.
Yo tuve una experiencia muy fuerte del Señor. Yeso me cambió radicalmente. Desde entonces , con todas mis dificultades y mis contradicciones, el Señor está en el centro de mi existencia, absolutamente. En Él voy, Él me lleva, y tengo una confianza absoluta en el Señor.
No me preocupa absolutamente nada de lo que me pueda pasar, porque Él está conmigo. Y ésa es la clave de mi historia.
¿Cómo alimenta esta relación con Dios? Lógicamente, la forma más sencilla es la oración, la conversación con Él; pero, indudablemente, los que pertenecemos y nos sentimos parte de la Iglesia tenemos la gran suerte de contar con el sacramento de la Reconciliación y el recibirle en la Eucaristía. Pero no vivo todo esto como una obligación, como algo con lo que hay que c u m p l i r. Se trata de ir al encuentro del Amigo. Éste es un chollo que tenemos: el poder recibirle y poder recuperar las fuerzas que el combate diario nos quita a veces. Yo soy un hombre, fundamentalmente, lleno de esperanza. Puede haber momentos en los que, por la noche, estoy agotado, pero a la mañana siguiente me levanto lleno de esperanza, y eso es una gracia del Espíritu Santo. Esto me lleva a caminar con una tranquilidad absoluta. Cuando te pegan un mazazo del calibre del que yo recibí, te das cuenta de que todo lo demás no importa absolutamente nada. Lo que hay que transmitir es exactamente eso, en vez de normas y obligaciones.
Todo es mucho más simple. Necesitamos tener esa seguridad de que el Señor nos ama profundamente, y confiar en Él. Ahora, eso sí: solos, es imposible. Nuestra fuerza está en Él.
¿Cómo procura transmitir la fe a sus otros hijos? Yo creo que ése es mi cometido en casa. No creo que mi misión en la vida sea el ser médico del Real Madrid, o ser un gran cirujano, que también, pero creo que mi cometido fundamental en la vida es ser padre y esposo, cuidar a mi familia. En consecuencia, transmitir la fe es lo único que es importante. Yo dejo que mis hijos sigan su camino, pero siempre les digo que Dios es la clave de mi existencia, y quiero que ésa sea también la clave de su existencia.
¿Y cómo crees que se puede transmitir todo esto a la gente, por ejemplo, a tantos deportistas como los que usted trata? Esto está oculto a los sabios y a los poderosos; para recibirlo, hay que abrir el corazón un poquito, dejar un hueco. En cuanto a la transmisión, hay dos grandes armas: el testimonio – mostrar el rostro de Cristo, reflejarlo; si lo mostráramos, cautivaríamos mucho más – y la oración – si quieres que esto llegue al corazón de alguien, reza mucho por él; y luego podrás comentarle algo –. Las grandes disertaciones no son suficientes.
¿Cómo está viviendo las últimas iniciativas legislativas acerca de la familia y la enseñanza? En su conjunto, el católico y la persona que tiene una serie de valores percibe ya una cierta agresividad en la sociedad en la que vivimos, y la dificultad de poder vivir según los propios principios preocupa profundamente. Ahora, partiendo de esto, yo me remonto a más arriba: la clave de todo esto es que tenemos que confiar más en el Señor, y yo estoy convencido de que todo esto, al final, va a ser para bien. J. L. V.
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