IX


 

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     Nuevas generaciones de estudiantes
   La Eucaristía y la Inmaculada de Lourdes

    La ayuda de San José
   Sería mejor que muriese si no puedo cumplir la misión encomendada
   El multimillonario católico Thomas Monaghan
   Carta a Juan Pablo II
  
El gran silencio, la vida de los cartujos vence a Harry Potter
   Una lámpara para Aurora
   Frases de la Madre Teresa de Calcuta
   El "bebé milagro" de Abigail
 

Nuevas generaciones de estudiantes

Fuente: www.buenas-noticias.com
Autor: Carlos Gutiérrez, L.C.

En diciembre del año pasado, en una universidad de la ciudad de Barcelona, se encontraban varios compañeros de maestría. Conversaban sobre sus respectivos planes a futuro una vez obtenido el título del post-grado que cursaban.

El grupo estaba formado por doce alumnos de nacionalidades diversas. Había todo tipo de opiniones. Daniel, mi hermano, era el mexicano de la clase. Antes de continuar, aclaro que esto no es un chiste; es un caso de la vida real.

El inglés era el intelectual del grupo: decía que quería seguir estudiando para buscar obtener un doctorado. El ecuatoriano dijo que regresaría a su país para llevar adelante los negocios familiares.

La americana volvería a Estados Unidos para buscar trabajo en una firma importante de “marketing”. La joven vivía con su novio, por lo que le preguntaron: «¿y qué va a pasar con Michael?». A lo que ella respondió: «No sé, no le he preguntado qué va a hacer».

El irlandés estaba decidido a viajar por África durante todo el siguiente año para conocer la realidad del tercer mundo y aprender alguna lengua aborigen. Una joven de Serbia dijo que buscaría hacer carrera política en su país.

Así, cada uno expuso sus planes, muy claros y muy diversos. Cuando le tocó el turno a mi hermano, él respondió con mucha seguridad: «Tener chamacos» (chamacos, en México, se refiere a niños). En edad, era el menor del grupo. Sin embargo, era el único que estaba casado.

Ninguno de sus compañeros entendió su respuesta, no por el término coloquial que utilizó, sino porque, al parecer, para sus compañeros el tener hijos no forma parte de un plan de vida.

Preocupados por la “ceguedad” de Daniel, los compañeros intentaban disuadirlo diciéndole que era muy joven, que su esposa no podría trabajar, que había cosas más importantes en la vida, que eso de tener hijos se hace más adelante, que tenía que juntar un patrimonio para tener estabilidad económica, etc.

Mi hermano sólo se reía de todo lo que le decían. Le parecieron graciosas las reacciones de sus compañeros al no comprender y no compartir su visión de la vida. Para él, formar una familia es un plan muy ambicioso, muy hermoso y de gran responsabilidad y desafío. Es un plan que requiere una preparación que no se logra con una maestría o un doctorado.

Daniel, casado ya a sus veintiséis años, no se siente “chico”, se siente comprometido. Es consciente de la necesidad de prepararse para tener un buen trabajo y poder mantener una familia. Pero al mismo tiempo, sabe dónde está la verdadera felicidad de la vida, independientemente de lo que el mundo piense y le trate de decir.
 

 

La Eucaristía y la  Inmaculada de Lourdes

 

Curación de Pietro Delannoy (1888 )

El 22 de agosto de 1888, un sacerdote fran­cés, miembro del llamado Peregrinaje Nacional, propuso hacer en Lourdes una procesión con el Santísimo Sacramento. Habían pasado treinta años desde las apariciones de la Virgen a santa Bernadette (que era muy devota de la Eucaristía).

 

Ese día, a las cuatro de la tarde, se hizo por primera vez, delante de la gruta de las aparicio­nes, la bendición a todos los enfermos, venidos con los otros peregrinos. ¡Qué espectáculo! Creo que no hay un acto de fe en la presencia real de Jesús en la Eucaristía más hermoso que el que se hace en Lourdes durante la procesión y la bendición de los enfermos con el Santísimo Sacramento.

 

En aquella primera procesión tuvo lugar una curación Instantánea e importantísima: e! señor Pietro Delannoy, que desde hacía años estaba enfermo de ataraxia (lo ataraxia es una enfer­medad que impide la coordinación de los movi­mientos voluntarios y que conduce inexorable­mente a la muerte), se curó instantáneamente en el momento en que pasaba ante él la custo­dia con el Santísimo Sacramento.

 

Era el primer milagro eucarístico que ocurría en Lourdes. Desde ese día nunca se ha dejado de hacer la procesión eucarística para los enfer­mos. Por eso el Santuario de Lourdes se ha con­vertido en uno de los testimonios más evidentes de la fe en la presencia real de Jesús en la Eucaristía.

 

Curación de María Luisa Horeau (1889)

 

El añol889 María Luisa Horeau, completa­mente ciega, consiguió que la llevaran a Lourdes en un tren del Peregrinaje Nacional. Llena de fe se sumergió dos días seguidos en el agua milagrosa de las piscinas pero no ocurrió nada. Hacía las cuatro de la tarde del segundo día, rezaba de rodillas no lejos de la gruta, durante la bendición con el Santísimo Sacramento. Después de la bendición, la proce­sión se puso en movimiento para subir hacia la basílica.

 

Todos los enfermos estaban allí, tendidos sobre sus lechos, con los ojos dirigidos hacia Dios, que iba a pasar por medio de ellos, para consolarlos o curarlos. Una muchedumbre inmensa les rodeaba de rodillas. De todas par­tes surgían aclamaciones. María Luisa no había podido acercarse a la gruta y debió esperar cerca de la piscina. Pero su corazón estaba preparado.

 

Esperaba allí, llena de fe, el paso del buen Maestro. Había pedido a una amiga, que le guiaba y le ayudaba, que le avisara en el preci­so momento en que nuestro Señor pasase a su lado: "Cuando el Santísimo Sacramento se acer­que a mí, -fe dijo-, ¡avísame! Quiero dirigirle en ese momento mis alabanzas y mis votos ardien­tes".

 

Cuando Jesús estaba a punto de pasar al lado de María Luisa, su amiga se apresuró a decirle al oído: "Ahora". La pobre mujer se puso de rodillas y, con un acento indecible de fe, empezó a gritar: "¡Hosanna, hosanna al Hijo de Dios!  O buen Maestro, ten piedad de mí. Señor, Ihaz que vea!".

 

En ese mismo instante una luz deslumbrante fe pasó delante de los ojos, un gran dolor pun­zante se apoderó de ella, y sus ojos se abrieron a la luz. Empezó a ver la santa Hostia, el obispo que llevaba la custodia y la multitud que le rode­aba por todas partes. Vio a lo lejos la gruta, desde donde la estatua blanca de María pare­cía sonreírle. María Horeau se había curado completamente al paso del Santísimo Sacramento.

(De "El tesoro escondido" del R Roberto Coggi, O.R Editorial Planeta, 2005)

 


 

La ayuda de San José

El próximo 19 de marzo festejaremos a san José. Nos quedan aún algunos días para prepararnos, dirigiéndole nuestras fervientes oraciones. En nuestra casa de Belén cada mañana durante la celebración de Laudes, cantamos un himno en honor de san José y le confiamos nuestras necesidades. Su ayuda es notable y deseo que todos conozcan a este maravilloso santo que, estoy segura, ¡tan sólo espera nuestra oración para manifestarnos su ternura! Para aquellos que aún no viven un lazo de amistad con él, ¡su fiesta del 19 de marzo, es una buena ocasión para comenzar!

Esto es lo que le aconteció a una hermana de mi comunidad este invierno, aquí en Medjugorje. Siendo la responsable de las finanzas, tenía la tarea de encargar el fuel-oil para la calefacción de la casa. A fines de octubre, en vista del enorme aumento del precio del fuel-oil (¡66%!), se asustó y decidió encargar tan sólo 500 litros para principios de noviembre, en lugar de los 1000 litros habituales, sabiendo que aún con 1000 litros, la necesidad mínima de calefacción para la casa no quedaría cubierta hasta marzo. Sabía que con 500 litros, se cubriría a penas un mes, cuidando mucho el consumo. En realidad, esperaba que el precio del fuel-oil bajase en el transcurso del invierno.

Luego de un mes, a fines de noviembre, se esperaba a que cualquier día la caldera se apagase por falta de combustible. Viendo que seguía funcionando, fue a verificar el nivel del depósito: ¡y no había bajado ni siquiera de un centímetro desde la entrega de los 500 litros!! Recordó entonces una simple oración que había hecho ante todos, una mañana de octubre: - “San José, has visto el precio del fuel-oil, sabes bien que no está a nuestro alcance. ¡Por favor, haz algo! Por ejemplo, multiplica el fuel-oil en el depósito!”

¡Había respondido al pedido!! Hoy, después de 4 meses y medio de utilización de la calefacción, ¡el nivel del depósito aún no ha variado!! ¡Los 500 litros permanecen intactos! Además, desde el principio del invierno, en las habitaciones que miran al norte, los radiadores permanecen un poco calientes aún cuando la calefacción no está encendida (sólo se enciende durante 2 o 3 horas por la noche), lo que hace que estos dormitorios estén muy templados, cuando habitualmente son las habitaciones más frías de la casa. ¡He aquí una pequeña muestra de la tierna solicitud de san José!
¡Gracias san José! ¿Quién no quisiera gozar de tu amistad?
(de Children of Medjugorje 15.03.06 )

 

«Sería mejor que muriese si no puedo cumplir la misión encomendada»

La Razón 23.03.06

«No temía la muerte, durante toda la vida había tenido a Cristo como guía y sabía que se dirigía hacia él». Cuando queda poco más de una semana para que se haga un año de la muerte de Juan Pablo II, el que fue su secretario, Stanislaw Dziwisz, ha publicado un libro, llamado «Lasciatemi andare» (Déjame ir), contando de forma inédita los últimos momentos de la vida del Papa polaco.
Dziwisz, quien será creado cardenal el próximo viernes durante el Consistorio, recuerda en el semanario italiano «Familia cristiana» la gran decepción que causó a Juan Pablo II el no poder hablar el Domingo de Resurrección en la ventana de su biblioteca cuando iba a impartir la bendición apostólica. «Por la emoción y el sufrimiento no fue capaz de pronunciar palabra, e hizo sólo el signo de la cruz con la mano y un gesto de respuesta a los fieles», señala Stanislaw Dziwisz. Este suceso afectó «profundamente» al Pontífice, por lo que tras retirase de la ventana dijo: «Quizás sería mejor que muriese, si no puedo cumplir la misión que se me ha encomendado», recuerda su secretario personal.
Juan Pablo II, comenta Dziwisz, «consciente de que se aproximaba el momento de pasar a la eternidad, decidió de acuerdo con los médicos no volver al hospital y permanecer en el Vaticano», puesto que «quería sufrir y morir en su casa, estando cerca de la tumba del apóstol san Pedro». Así, en aquella tarde, antes de morir a las 21:37 de la noche, «en cierto momento dijo: “Dejadme ir a la casa del Padre”», señala. El relato de Dziwisz acaba diciendo que «después de algún tiempo las fuerzas empezaron a abandonarlo. En la mano se le había puesto una vela bendita encendida. A las 21.37 Juan Pablo II dejó esta tierra y los presentes cantaron el Te Deum. Con lágrimas en los ojos daban gracias a Dios por el don de la persona del Santo Padre».

 

El multimillonario católico de EE UU que quiere construir el cielo en la tierra

La Razón 01.04.06

Algunos lo consideran un mecenas cristiano del siglo XXI. Otros, un «excéntrico ultracatólico». Lo único en lo que todos coinciden es que el magnate norteamericano Thomas Monaghan, fundador de Dominos Pizza y propietario de una de las mayores fortunas del mundo, no responde al estereotipo de multimillonario superficial. Siguiendo la Doctrina Social de la Iglesia, Monaghan ha invertido varios miles de millones de dólares durante la última década en negocios e iniciativas que generen beneficios sin descuidar los valores evangélicos. La última de sus hazañas es, como mínimo, sorprendente. Va a convertir un solar yermo de Florida en la primera «ciudad católica» del mundo. La ciudad Ave María. Para ello va a invertir más de 250 millones de dólares... y un ingente número de oraciones.

En total, Monaghan pretende levantar 11.000 viviendas, una biblioteca, un laboratorio informático para la investigación, un centro lúdico, instalaciones para las disciplinas deportivas más solicitadas por los jóvenes y una monumental iglesia presidida por el mayor crucifijo de EE UU (ni más ni menos que 20 metros de altura). En sus calles se promocionará la cultura y el respeto a la vida, se cuidará el medio ambiente, no se venderá pornografía ni anticonceptivos, se promoverá la justicia y la libertad... seguirá, en suma, la Doctrina Social católica.

Criticado por los extremistas. Los progresistas lo tachan de «nazi reaccionario», los neoconservadores de «liberal sin criterio». Y él, a lo suyo, que es «intentar que el día de mi muerte pueda ir al cielo, pero con tanta gente como pueda llevar conmigo». Por eso, los 250 millones de la ciudad Ave María (que espera tener concluida en 2008) se suman a los 220 que invirtió en la primera universidad católica que se contruye en EE UU desde los años 60. Los cientos de estudiantes que ocupan las aulas del «Ave María College» serán los principales beneficiados de este «edén urbano», que formará parte de su campus.

Este jubilado de 63 años posee una biografía muy particular. Educado en un orfanato católico, fundó Dominos Pizza en un pequeño local junto a su hermano y su esposa. Un negocio que hoy genera dos mil millones de dólares anuales y tiene 80.000 establecimientos por todo el mundo. Su vida se convirtió en un torrente de éxito, dinero, fama y poder. Hasta que un día cayó en sus manos un libro, «Mero cristianismo», de C. S. Lewis. «Me di cuenta de que si el mayor de los pecados es el orgullo, yo era el más pecador del mundo», pensó, y decidió cambiar de vida. Desde entonces ha fundado el centro legal Tomas Moro, el diario «Credo», una radio, el fondo de inversión «Ave María Catholic Values», la fundación Legatus -un grupo de empresarios adinerados dispuestos a seguir su senda de inversiones éticas- y una web para solteros católicos. Todo con el mismo objetivo: acercar a Cristo al mundo.

 

 

Carta a Juan Pablo II

Cuando Juan Pablo II cumplió 25 años de pontificado le envié la siguiente felicitación:
Padre Santo Querido:
Es un honor para mí dirigir mis felicitaciones en este día por sus 25 años de pontificado.
En lo personal tenemos algunas coincidencias en común. Yo cumplí 47 años este 16 de Octubre y en este año cumplí 25 años de laborar en un Banco Mexicano, Banco Nacional de México S.A.

Es curioso. Hace 25 años, yo era un Metodista convencido, crecí en esa Iglesia, de tal manera que su 1ª. Visita a México era como la de cualquier Jefe de Estado. En ese entonces vivía en la Cd. de México y trabajaba en el centro de la ciudad, muy cerca de Catedral.

Dada la visita realizada por su apreciable excelencia, debimos dejar de trabajar al mediodía, ya que se iba a cerrar el centro por su visita a Catedral. Y no había medio de transporte hacia mi domicilio que quedaba muy cerca del aeropuerto de la Cd. de México.

Así pues las cosas, tuve que caminar hacia mi domicilio por la avenida por la cual entró a la ciudad (Fray Servando Teresa de Mier) y forzosamente tuve que encontrármelo contracorriente en el carril alterno de la calle.

Dada mi formación iba yo decidido a verlo pasar de lejos como un visitante popular más. Sin embargo al venir su carro descubierto y al escuchar la algarabía de la gente, mi corazón sufrió un vuelco que me arrojó a correr y verlo más de cerca, a unos 3 metros de distancia.

Sentí una emoción tan grande en mi corazón cuando lo vi y a la vez sentí todo el carisma que su persona irradiaba hacia los demás, el amor que irradiaba hacia el pueblo católico, que todo el concepto que había recibido por años del Papa, la negación de ser el vicario de Cristo, se derrumbó en ese momento al sentir la presencia del Espíritu Santo, que mora en su Santidad.

Santo Padre, han pasado 25 años desde aquella 1ª visita a México y el Señor me ha llevado por distintos caminos hasta vivir en la Ciudad de Monterrey actualmente. El Señor me ha llevado a servirle a través del Apostolado de la Nueva Evangelización y a convertirme al catolicismo. El 2 de Junio del 2002 realicé mi primera comunión y en este año me confirmé en el mes de Mayo.

Santo Padre: no lo aburro más con mi historia, pero quiero darle las gracias por la influencia que usted tuvo, con su sola presencia en mi vida, así como que se encuentra en mis oraciones cada día, ya que usted junto con nuestro Señor Jesucristo, son la roca que sostienen la verdadera Iglesia y le pido a nuestro Señor que lo conforte y consuele de sus dolencias físicas, para que nuestro Papa nos viva muchos años más.

Mucha felicidades y que Dios lo bendiga
Enrique Galdeano Estrello, ex-metodista
Edad: 49 años
Monterrey, México
 

 

«El gran silencio»: la vida de los cartujos vence a Harry Potter

La Razón 05.04.06

En una época en la que cinco minutos de silencio son un lujo, la película-documental de Philip Gröning puede convertirse en un auténtico shock para el público abonado al café y a la agenda repleta. Y es que «El gran silencio» es eso: un prolongado silencio, 162 minutos de pura quietud. Ambientada en el monasterio cartujo de Grenoble, en Francia, relata con imágenes -que no con conversaciones- la vida cotidiana de los monjes: la oración litúrgica, la meditación, el trabajo, los cantos gregorianos, los paseos por la naturaleza, la vida en comunidad... Todo ello envuelto en un silencio pacífico, entre las campanas del monasterio, la música sacra que recitan, las hojas de los árboles que caen y el viento que sopla. Y muy poco más. Porque si los cartujos se distinguen por algo es precisamente por pasar todo el día en silencio, en constante oración.

Alguien podría pensar que esta película-documental estaba condenada a pasar desapercibida ante el gran público, aparentemente ansioso de thrillers de acción y suspense, y poco interesado en un film que rebosa paz y tranquilidad por los cuatro costados. Pero no ha sido así. En Alemania, «El gran silencio» ha sido un auténtico éxito de taquilla, que ha superado con creces a Harry Poter en la media de público por proyección. La que parecía que iba a ser la película de la década ha sido desbancada por una comunidad de monjes orantes. La contemplación ha ganado a la magia de Rowling.

Un largo proceso. Cuando Philip Gröning comenzó a idear la película corría el año 1984. Habló con la orden monástica sobre la posibilidad de grabar el film ese mismo año. ¿La respuesta? Era demasiado pronto: «Dentro de diez o quince años, quizá». Está claro que el tiempo en un claustro no se mide igual que en una oficina. Finalmente, en 1999, el momento había llegado. El director recibió una llamada del monasterio del «Gran Charteuse» de Grenoble, en los alpes franceses, el referente de todas las cartujas del mundo. Los preparativos previos a la grabación le llevaron a Gröning dos años. El rodaje, seis meses. Él solo ha grabado, producido y montado la película. Para ello, no ha querido usar luz artificial, ni música de fondo añadida, ni ningún elemento decorativo que no estuviera ya en el monasterio. Sólo quería grabar la realidad, y por eso vivió medio año con los cartujos.

En 2005, Gröning presentó la película en el Festival de Venecia, en la sección dedicada al lenguaje experimental («Horizontes»). Y después vino el éxito. Primero, en su tierra natal, Alemania. Ahora, en Italia, donde crítica y público también han acogido «El gran silencio» favorablemente. Será porque la vida de una de las órdenes monásticas más austeras y desconocidas del mundo ha salido a la luz a través de una película donde el factor tiempo es sólo una circunstancia secundaria y el silencio se convierte en una actitud vital.

 

 

Una lámpara para Aurora

Fuente: www.buenas-noticias.com
Autor: Juan Antonio Ruiz, L.C.

A Cristiano Birarelli y a su mujer se les ha enfermado su niña pequeña. Al principio creyeron que se trataba de una recaída normal: «La niña nos tiene así desde su nacimiento, hace ya dieciséis meses; siempre le han acompañado las fiebres», me dice Cristiano. Pero esta vez llegaron las convulsiones y la cosa empeoró.

El trago fue muy amargo y, no hay por qué negarlo, las lágrimas también hicieron acto de presencia. Y aunque el panorama se presentaba muy negro, no era imposible: acudieron al hospital con rapidez.

Desde el primer momento de su enfermedad, me confesaría más adelante mi buen amigo, él se dirigía constantemente al que mejor podía ayudar a su hijita: «Me fui a hablar con Cristo y le pedí que me ayudara, que curara a Aurora». Asistía con más asiduidad a la iglesia, casi diariamente, para elevar su plegaria.

Gracias a Dios, esta súplica de Cristiano y de Rosana, su mujer, fue escuchada. Poco a poco, la salud de la niñita se ha ido normalizando, aunque aún queda un trecho del camino por recorrer.

Pero esta situación ha dejado mella y ahora es Cristiano quien ha cambiado: «Antes sólo iba a la iglesia los domingos, y acudía a Cristo en los momentos más difíciles. Pero ahora me he dado cuenta de que no es justo. ¿Por qué acudo a Él sólo cuando tengo necesidad? "Te hablo cuando te necesito y Tú me concedes lo que te pido y basta". ¡Decidí que cambiaría esta actitud!».

Y lo ha cumplido. Por eso, todos los días, antes de empezar su trabajo, Cristiano se dirige a una capilla y saluda afablemente a Cristo Eucaristía. Y también por esto platica de vez en cuando con ese Cristo que tiene delante suyo en su escritorio, comentándole cómo van las cosas y agradeciéndole por todo.

«Es una especie de respuesta a lo bueno que Dios ha sido conmigo. Él me ha dado mucho; yo tengo que darle también».

También le vienen a la mente todas esas personas que, pobres ellas, no tienen este consuelo de la fe en los momentos difíciles: «A mí me da compasión quien dice que no cree: ¡qué harían en momentos como el mío!».

¡Gracias, Cristiano, por tu testimonio! Sin duda haces honor a tu nombre: el que cree en Cristo.

Antes de resucitar, fue necesario que Jesús pasara por el dolor del Calvario. Y así, hoy podemos tener unos rayos de consuelo en los momentos más duros de la vida: como María al pie de la cruz; como Cristiano, que supo desde el inicio que sólo Cristo le traería la aurora… Aurora, ¡qué bello nombre!

 

Frases de la Madre Teresa de Calcuta

- Cada vez que menospreciamos a uno de nuestros hermanos porque es pobre o enfermo, es a Cristo a quien humillamos.

- Cuando nos dirijamos a alguien, recordemos que Cristo vive en esa persona.

- No cierren las puertas a los pobres; porque los pobres, los apestados, los caídos en la vida, son como el mismo Jesús.

- El aborto es un homicidio en el vientre de la madre. Una criatura es un regalo de Dios. Si no quieren a los niños, dénmelos a mí

  • La santidad no es un privilegio para algunos, sino una obligación para todos, "para usted y para mí".

  • El amor no puede permanecer en sí mismo. No tiene sentido. El amor tiene que ponerse en acción. Esa actividad nos llevará al servicio.

  • Si no se vive para los demás, la vida carece de sentido.

  • Las críticas no son otra cosa que orgullo disimulado. Un alma sincera para consigo misma nunca se rebajará a la crítica. La crítica es el cáncer del corazón.

  • Muchas veces basta una palabra, una mirada, un gesto para llenar el corazón del que amamos.

  • Empieza transformando todo lo que haces en algo bello para Dios.

  • La alegría del Señor es nuestra fuerza. Todos nosotros, si tenemos a Jesús dentro nuestro, debemos llevar la alegría como novedad al mundo.

  • La cosa más importante no es lo que decimos nosotros, sino lo que Dios nos dice a nosotros. Jesús está siempre allí, esperándonos. En el silencio nosotros escuchamos su voz.

  • Somos pequeños instrumentos, pero muchos pequeños instrumentos en las manos de Dios pueden hacer milagros.

  • La revolución del amor comienza con una sonrisa. Sonríe cinco veces al día a quien en realidad no quisieras sonreír. Debes hacerlo por la paz.

El «bebé milagro» de Abigail

        Fuente: www.buenas-noticias.com  - Autor: Antonio Aldrette, L.C.

 

Abigail Witchalls, de 26 años, volvía a casa con su hijo después de una reunión en la parroquia. Era medio día en un tranquilo barrio residencial de la campiña al sur de Londres. Un joven destrozado por la droga y la pornografía, quiso agredirla en un atajo. Abigail logró escapar para pedir ayuda pero el agresor tomó la carriola del niño y con un cuchillo en la garganta del bebé la obligó a regresar para defender a su hijo.


Al volver, en medio de forcejeos, el joven le asestó una puñalada en la nuca, dejándola ensangrentada y moribunda junto a su hijito. Los primeros dos médicos la declararon muerta. El tercer doctor (que era su madre) vio en ella signos de vida. Cuando llegó Benoit -esposo de Abigail-, informó conmocionado a los médicos que ella estaba esperando un nuevo hijo.

 

Durante los meses que estuvo en cuidados intensivos, se negó a someterse a tratamiento alguno que pudiera perjudicar a su bebé. En medio del sufrimiento, la primera palabra que salió de su boca fue “happy”. Feliz porque su primogénito Joseph no había sufrido daño en el ataque, feliz porque Dios le había conservado la vida y feliz porque llevaba en su seno a este nuevo hijo que sobrevivió a la brutal agresión.

 

Abigail logró decir por medio de gestos: «Dios está haciendo grandes cosas por mí». No cabía duda de ello: llegaron innumerables mensajes de apoyo y cartas. Cientos de personas conmovidas a las afueras de la clínica para apoyarla. Incontables oraciones. La misma prensa británica (desde The Sun hasta BBC) se rindió ante el testimonio de fortaleza y fe de esta madre.

 

Innumerables personas veían en ella el icono de la inocencia y el perdón, del amor crucificado. A muchos enfermos que compartían dolores similares, su ejemplo les ayudó a superar su postración. Los periódicos recogían con asombro sus palabras: «I feel so blessed» (me siento tan bendecida).

 

Benoit, en medio del inmenso dolor por lo que sucedió a su esposa, hablaba del agresor con compasión y sin muestras de rencor. El joven drogadicto se quitó la vida pocos días después del ataque y la misma madre de Abigail transmitió su pésame por la trágica muerte del joven declarando: «la verdadera víctima era él, no mi hija».

 

El “bebé milagro” de Abigail -como lo bautizó la prensa- nació el 11 de noviembre pasado. Lo estaban esperando para el 25 de diciembre (como regalo de Navidad) pero se adelantó. No sólo lo esperaban sus padres, sino ya todas las personas que seguían esta historia de cerca en toda Inglaterra. Abigail y Benoit están dando un testimonio del que nuestro mundo está muy necesitado. No de “Sampedros” (película “Mar Adentro”), sino de madres heroicas y familias que en medio de la peor desgracia muestran la fortaleza del amor que todo lo puede.

 

«He sentido gran fuerza y consuelo llevando este hijo durante los últimos meses y es una bendición tan grande y una alegría poder verlo finalmente cara a cara» (Abigail Witchalls).

 

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