Nuevas generaciones de estudiantes
La
Eucaristía y la Inmaculada de Lourdes
La ayuda de
San José
Sería mejor que muriese si no
puedo cumplir la misión encomendada
El multimillonario católico
Thomas Monaghan
Carta a Juan Pablo II
El
gran silencio, la vida de los cartujos vence a Harry Potter
Una lámpara para Aurora
Frases de la Madre
Teresa de Calcuta
El "bebé milagro" de
Abigail
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Nuevas generaciones de
estudiantes |
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La Eucaristía y la Inmaculada de Lourdes
El 22 de agosto de 1888, un sacerdote francés, miembro del llamado Peregrinaje Nacional, propuso hacer en Lourdes una procesión con el Santísimo Sacramento. Habían pasado treinta años desde las apariciones de la Virgen a santa Bernadette (que era muy devota de la Eucaristía).
Ese día, a las cuatro de la tarde, se hizo por primera vez, delante de la gruta de las apariciones, la bendición a todos los enfermos, venidos con los otros peregrinos. ¡Qué espectáculo! Creo que no hay un acto de fe en la presencia real de Jesús en la Eucaristía más hermoso que el que se hace en Lourdes durante la procesión y la bendición de los enfermos con el Santísimo Sacramento.
En aquella primera procesión tuvo lugar una curación Instantánea e importantísima: e! señor Pietro Delannoy, que desde hacía años estaba enfermo de ataraxia (lo ataraxia es una enfermedad que impide la coordinación de los movimientos voluntarios y que conduce inexorablemente a la muerte), se curó instantáneamente en el momento en que pasaba ante él la custodia con el Santísimo Sacramento.
Era el primer milagro eucarístico que ocurría en Lourdes. Desde ese día nunca se ha dejado de hacer la procesión eucarística para los enfermos. Por eso el Santuario de Lourdes se ha convertido en uno de los testimonios más evidentes de la fe en la presencia real de Jesús en la Eucaristía.
Curación de María Luisa Horeau (1889)
El añol889 María Luisa Horeau, completamente ciega, consiguió que la llevaran a Lourdes en un tren del Peregrinaje Nacional. Llena de fe se sumergió dos días seguidos en el agua milagrosa de las piscinas pero no ocurrió nada. Hacía las cuatro de la tarde del segundo día, rezaba de rodillas no lejos de la gruta, durante la bendición con el Santísimo Sacramento. Después de la bendición, la procesión se puso en movimiento para subir hacia la basílica.
Todos los enfermos estaban allí, tendidos sobre sus lechos, con los ojos dirigidos hacia Dios, que iba a pasar por medio de ellos, para consolarlos o curarlos. Una muchedumbre inmensa les rodeaba de rodillas. De todas partes surgían aclamaciones. María Luisa no había podido acercarse a la gruta y debió esperar cerca de la piscina. Pero su corazón estaba preparado.
Esperaba allí, llena de fe, el paso del buen Maestro. Había pedido a una amiga, que le guiaba y le ayudaba, que le avisara en el preciso momento en que nuestro Señor pasase a su lado: "Cuando el Santísimo Sacramento se acerque a mí, -fe dijo-, ¡avísame! Quiero dirigirle en ese momento mis alabanzas y mis votos ardientes".
Cuando Jesús estaba a punto de pasar al lado de María Luisa, su amiga se apresuró a decirle al oído: "Ahora". La pobre mujer se puso de rodillas y, con un acento indecible de fe, empezó a gritar: "¡Hosanna, hosanna al Hijo de Dios! O buen Maestro, ten piedad de mí. Señor, Ihaz que vea!".
En ese mismo instante una luz deslumbrante fe pasó delante de los ojos, un gran dolor punzante se apoderó de ella, y sus ojos se abrieron a la luz. Empezó a ver la santa Hostia, el obispo que llevaba la custodia y la multitud que le rodeaba por todas partes. Vio a lo lejos la gruta, desde donde la estatua blanca de María parecía sonreírle. María Horeau se había curado completamente al paso del Santísimo Sacramento. (De "El tesoro escondido" del R Roberto Coggi, O.R Editorial Planeta, 2005)
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La ayuda de San José
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«Sería mejor que muriese si no puedo cumplir la misión encomendada» La Razón 23.03.06
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El multimillonario católico de EE UU que quiere construir el cielo en la tierra La Razón 01.04.06
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Carta
a Juan Pablo II |
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«El gran silencio»: la vida de los cartujos vence a Harry Potter La Razón 05.04.06
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Una
lámpara para Aurora
Fuente:
www.buenas-noticias.com
El trago fue muy amargo y, no hay por qué negarlo, las lágrimas también hicieron acto de presencia. Y aunque el panorama se presentaba muy negro, no era imposible: acudieron al hospital con rapidez. Desde el primer momento de su enfermedad, me confesaría más adelante mi buen amigo, él se dirigía constantemente al que mejor podía ayudar a su hijita: «Me fui a hablar con Cristo y le pedí que me ayudara, que curara a Aurora». Asistía con más asiduidad a la iglesia, casi diariamente, para elevar su plegaria. Gracias a Dios, esta súplica de Cristiano y de Rosana, su mujer, fue escuchada. Poco a poco, la salud de la niñita se ha ido normalizando, aunque aún queda un trecho del camino por recorrer. Pero esta situación ha dejado mella y ahora es Cristiano quien ha cambiado: «Antes sólo iba a la iglesia los domingos, y acudía a Cristo en los momentos más difíciles. Pero ahora me he dado cuenta de que no es justo. ¿Por qué acudo a Él sólo cuando tengo necesidad? "Te hablo cuando te necesito y Tú me concedes lo que te pido y basta". ¡Decidí que cambiaría esta actitud!». Y lo ha cumplido. Por eso, todos los días, antes de empezar su trabajo, Cristiano se dirige a una capilla y saluda afablemente a Cristo Eucaristía. Y también por esto platica de vez en cuando con ese Cristo que tiene delante suyo en su escritorio, comentándole cómo van las cosas y agradeciéndole por todo. «Es una especie de respuesta a lo bueno que Dios ha sido conmigo. Él me ha dado mucho; yo tengo que darle también». También le vienen a la mente todas esas personas que, pobres ellas, no tienen este consuelo de la fe en los momentos difíciles: «A mí me da compasión quien dice que no cree: ¡qué harían en momentos como el mío!». ¡Gracias, Cristiano, por tu testimonio! Sin duda haces honor a tu nombre: el que cree en Cristo. Antes de resucitar, fue necesario que Jesús pasara por el dolor del Calvario. Y así, hoy podemos tener unos rayos de consuelo en los momentos más duros de la vida: como María al pie de la cruz; como Cristiano, que supo desde el inicio que sólo Cristo le traería la aurora… Aurora, ¡qué bello nombre! |
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Frases de la Madre Teresa de Calcuta
- Cuando nos dirijamos a alguien, recordemos que Cristo vive en esa persona. - No cierren las puertas a los pobres; porque los pobres, los apestados, los caídos en la vida, son como el mismo Jesús. - El aborto es un homicidio en el vientre de la madre. Una criatura es un regalo de Dios. Si no quieren a los niños, dénmelos a mí
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Fuente: www.buenas-noticias.com - Autor: Antonio Aldrette, L.C.
Durante los meses que estuvo en cuidados intensivos, se negó a someterse a tratamiento alguno que pudiera perjudicar a su bebé. En medio del sufrimiento, la primera palabra que salió de su boca fue “happy”. Feliz porque su primogénito Joseph no había sufrido daño en el ataque, feliz porque Dios le había conservado la vida y feliz porque llevaba en su seno a este nuevo hijo que sobrevivió a la brutal agresión.
Abigail logró decir por medio de gestos: «Dios está haciendo grandes cosas por mí». No cabía duda de ello: llegaron innumerables mensajes de apoyo y cartas. Cientos de personas conmovidas a las afueras de la clínica para apoyarla. Incontables oraciones. La misma prensa británica (desde The Sun hasta BBC) se rindió ante el testimonio de fortaleza y fe de esta madre.
Innumerables personas veían en ella el icono de la inocencia y el perdón, del amor crucificado. A muchos enfermos que compartían dolores similares, su ejemplo les ayudó a superar su postración. Los periódicos recogían con asombro sus palabras: «I feel so blessed» (me siento tan bendecida).
Benoit, en medio del inmenso dolor por lo que sucedió a su esposa, hablaba del agresor con compasión y sin muestras de rencor. El joven drogadicto se quitó la vida pocos días después del ataque y la misma madre de Abigail transmitió su pésame por la trágica muerte del joven declarando: «la verdadera víctima era él, no mi hija».
El “bebé milagro” de Abigail -como lo bautizó la prensa- nació el 11 de noviembre pasado. Lo estaban esperando para el 25 de diciembre (como regalo de Navidad) pero se adelantó. No sólo lo esperaban sus padres, sino ya todas las personas que seguían esta historia de cerca en toda Inglaterra. Abigail y Benoit están dando un testimonio del que nuestro mundo está muy necesitado. No de “Sampedros” (película “Mar Adentro”), sino de madres heroicas y familias que en medio de la peor desgracia muestran la fortaleza del amor que todo lo puede.
«He sentido gran fuerza y consuelo llevando este hijo durante los últimos meses y es una bendición tan grande y una alegría poder verlo finalmente cara a cara» (Abigail Witchalls). |