–Maestro, ¿dónde vives? Y Jesús respondió: –¡Venid y veréis!

VEN Y VERÁS NUMERO 14

 

Hermano/hermana, que vienes de nuevo a encontrarte con Jesús, en tu tiempo de adoración.

Vienes a la Escuela de Jesús, a hablar con Él, que te llama a un diálogo, en el que Él tiene su mayor parte, pues quiere hablarte a solas y a tu corazón, dándote aquella sabiduría divina, con la cual captes su amor infinito por ti.

Yo le pido, al Señor, al escribir estas líneas, que te bendiga, que te llene de su paz y te colme de su alegría.

Este número de Ven y Verás, te lleva un solo punto doctrinal de la Iglesia, en el cual puedes encontrar tema y materia para tu oración personal, y te puede ayudar a tener presentes en tu oración a otros hermanos tuyos.

Este tema es el Purgatorio y te lo presento con unos números (1030 al 1033) del Catecismo de la Iglesia Católica. Te recomiendo que cuando puedas, los leas y conozcas. Ahora te presento solamente el n.º 1030 y parte del 1031.

1030. E Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.

1031. E La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los conde­nados.

¿Qué es exactamente el Purgatorio?

Podríamos decir que es una invención genial de Dios.

Pondremos una imagen, que habiéndole escuchado y meditado, me ha parecido buena para explicar –en este número de Ven y Verás– cómo entender algo sobre el Purgatorio:

«Supongamos que un día se abre una puerta y aparece un personaje extremadamente amable, tan sumamente bello, que nunca habéis visto nada parecido sobre la tierra y quedáis embelesados, fascinados por este ser de luz y de belleza. Más aún, cuando este ser os demuestra que está locamente enamorado de vosotros. De tal manera, que nunca habríais podido imaginar que podíais ser tan amados, Adivináis también que tiene un gran deseo de atraeros hacia él, de abrazaros, mientras que el fuego del amor que ya os abrasa el corazón, os empuja a precipitaros en sus brazos; pero, de pronto, en ese momento, os dáis cuenta de que no os habéis lavado desde meses y meses, que hacéis un olor malísimo, que lleváis los cabellos sucios y grasientos, que vuestros vestidos están llenos de grandes manchas, etc. Y pensáis: no me puedo presentar de esta manera; primero tengo que ir a lavarme, a ducharme; después vendré rápidamente a verlo.

Pero ocurre que el amor nacido en vuestro corazón es tan intenso, tan ardiente, tan fuerte, que este retraso debido a la necesidad de la ducha, resulta insoportable.

Y el dolor de la ausencia, aunque solamente dure unos minutos es una quemazón terrible en el corazón; una quemazón proporcional a la intensidad de la revelación del amor; es una quemadura de amor».

Así pues, el Purgatorio es eso: un retraso impuesto por nuestra impureza, un retraso antes del abrazo de Dios, una quemazón de amor que hace sufrir muchísimo, es una espera, una nostalgia del amor, y es precisamente esta quemazón, esta nostalgia, la que nos lava de todo lo que hay de impuro en nosotros. Podríamos decir que el Purgatorio es un lugar de deseo, de deseo loco de Dios, de deseo de este Dios que ya conocemos porque ya lo hemos visto; pero al que aun no podemos estar unidos.

(De las revelaciones a María Simma)

Las almas del Purgatorio explican –a menudo a María Simma– el gran deseo que tienen de Dios y cómo este deseo les es profundamente doloroso. Es realmente una agonía.

Podríamos decir que de hecho, el purgatorio es una gran crisis de carencia, una falta de Dios.

 

María Simma es o ha sido –pues seguramente ha fallecido– una sencilla labradora que vivía en las montañas de Woraber en Austria, y que desde pequeña, –desde su infancia–, rezaba mucho por las Almas del Purgatorio, y que a los 25 años recibió un carisma muy particular y muy raro, de recibir y comunicarse con las Almas del Purgatorio.  Una católica fervorosa, muy humilde y sencilla con gran simplicidad. Ha tenido siempre el apoyo de su Párroco y de su Obispo. Y ha hecho un bien inmenso a todas las personas que a ella se acercaban. De una gran ­ experiencia espiritual, mani­festó todas sus numerosas experiencias en un libro titulado «Las Almas del Purgatorio me han dicho»

Un medio muy eficaz para sacar a las Almas del Purgatorio es la oración, la oración en general, toda forma de plegaria

Testimonio de German Cohen

Paso ahora a narrar el testimonio de German Cohen, un artista judío convertido al catolicismo, que veneraba mucho la Eucaristía.

Esto sucedió en 1864. Había dejado el mundo y entró en una Orden Religiosa muy austera. Adoraba muchísimo el Santísimo Sacramento; le tenía una gran veneración; durante sus adoraciones pedía, suplicaba al Señor continuamente, que se convirtiera su madre. Él la quería mucho; y he aquí que su madre murió sin haberse convertido. German Cohen estaba loco de dolor, y arrodillado delante del Santísimo dando curso libre a su llanto, hizo esta oración: «¡Señor! es bien cierto que os lo debo todo. ¿Os he negado algo? Mi juventud, mis esperanzas en el mundo, el bienestar, las alegrías de la familia, un descanso quizás legítimo. Lo he sacrificado todo, desde que Vos me llamasteis, habría dado también mi sangre, y Vos, Señor, Vos, la Eterna Bondad que prometisteis devolver el ciento por uno, ¿me habéis negado el alma de mi madre?  Dios mío, sucumbo bajo este martirio.

La protesta se escapa de mis labios...» y los sollozos ahogaban a este pobre corazón. De pronto, una voz misteriosa golpeó su oído diciendo: «Hombre de poca fe, tu madre está salvada. Has de saber que la oración tiene un poder absoluto cerca de Mí. Yo he recogido todas las que tú me has hecho por tu madre, y mi Providencia las ha tenido en cuenta en su última hora. En el momento en que ella expiraba, me presenté ante ella y cuando me vio exclamó: ‘¡Señor mío y Dios mío!’ Ten ánimo, tu madre ha evitado la condenación; y tus ardientes súplicas liberarán muy pronto su alma de la prisión del Purgatorio».

Y el Reverendo P. German Cohen, supo muy poco tiempo después, por medio de una segunda aparición, que su madre se iba al cielo.

Éste es el bonito testimonio de German Cohen.

Aquí debo añadir algo importante Y es que las Almas del Purgatorio no pueden hacer absolutamente nada para ellas mismas, están totalmente impotentes, y si los vivos no oran por ellas, quedan totalmente desamparadas. Por eso es importante hacerse cargo del poder increíble que tenemos cada uno de nosotros entre las manos para liberar y aliviar a las almas que padecen.

Puntos de vida interior

«Que nada te inquiete nunca, fuera del temor de ofenderme. Todo está en Mi Mano, pues Yo Soy el Todopoderoso.  No pienses que hay algo indebido en que tu atención se dirija solamente a Mí, y a lo que se refiere a Mí. Gobierna tu imaginación, para que no se salga de tus caminos. Que tus facultades te obedezcan; céntralo todo en Mí. Toma de Mí aquella fuerza que Me hizo resistir al hambre en el desierto. No te permitas salidas de independencia; dime seguido que quieres seguir siendo siempre Mi pequeña servidora. Y Yo te responderé que ya no eres Mi servidora, sino Mi amiga. Así te acercarás más a Mí, por un simple esfuerzo de tu intención, en pureza y amor. Te amo y te quiero cerca. A ti te toca enderezar con fidelidad tus senderos hacia Mí. Verás que es cosa sencilla y tu alma se sentirá muy gozosa, y como una planta que no vive sino del sol, buscarás siempre Mi Rostro».

(Del libro «Él y Yo», de Gabriella Bossis, n.º 1360