–Maestro, ¿dónde vives? Y Jesús respondió: –¡Venid y veréis!
VEN Y VERÁS NUMERO 3
Hermano/a que de nuevo vienes a encontrarte con Jesús y a tener con él tu diálogo de agradecimiento, de alabanza al Padre, de reparación por los pecados de la Humanidad y para hablar con Él y a solas en diálogo de amor... Que el Señor te bendiga, te llene de su paz y te colme de alegría.
Frutos de experiencias...
Supongo en tu poder el n.º 2 de «Ven y verás». Hoy, en este 3.er número te pido que viviendo con ilusión y alegría y constancia este tiempo de adoración mensual o tal vez semanal, mires de animar a alguna persona amiga a vivir tu misma experiencia, y que por esa misma experiencia capte la gloria que se da al Señor con esta adoración, y al mismo tiempo el bien que uno mismo recibe y siente al vivir este tiempo de adoración. Como seguidores de Jesús, hemos de considerar como acto de amor al Señor el invitar y mover a otros hermanos y amigos nuestros, que vemos sean capaces de vivir nuestra misma experiencia de ser adoradores de Jesús en la Eucaristía. Hemos de movernos para que sean muchos los que vivan esta experiencia a la que el Señor invita a tantos de sus amigos.
Esperamos que próximamente vengas acompañado/a por otro adorador/a, que aunque tal vez en tiempo distinto al tuyo, venga porque tú has sabido infundirle y transmitirle esta inquietud divina que el Señor ha puesto en tu corazón. El Señor Jesús ciertamente te concederá sus gracias si sabes traerle amigos a visitarlo.
Aquí te presento ahora un punto de meditación para hoy, si te va bien, y que continuaremos en el próximo número.
Reflexión y Meditación sobre el Salmo 138 Punto 1º
«Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares».
Cuando estudiábamos el Catecismo, aprendimos que Dios es «OMNIPOTENTE, OMNISCIENTE, OMNIPRESENTE» y comprendíamos poco sobre el significado de estas palabras: Que todo lo puede. Que lo sabe todo. Que está presente en todo lugar.
Sentíamos , sin embargo, la inmensidad, la infinitud de Dios, que el salmista expresa aquí estupendamente: La mirada de Dios está siempre puesta sobre nosotros. Él nos observa, nos ve, escruta, y conoce también nuestros pensamientos. Todo el salmo es una profunda meditación sobre el conocimiento que Dios tiene del hombre.
En un momento de silencio interior, pídele ahora, hermano/a, al Señor, que te ayude a hacer callar el rumor de tantas cosas inútiles que ocupan nuestra mente, y que puedas y podamos comprender que Él está presente en nosotros más que lo que podemos estar nosotros en nosotros mismos. «Todas mis sendas te son familiares».
«No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
Me cubres con tu palma
tanto saber me sobrepasa,
es sublime y no lo abarco».
Para los hombres del Antiguo Testamento, la presencia de Dios en sus vidas era una realidad clara y manifiesta, en la cual vivían los justos.
Para Dios no hay un arriba y un abajo, un antes y un después, un delante y un detrás: Él lo envuelve todo en su total conocimiento, perennemente conocedor de todo lo nuestro, también, cuando no pensamos en Él, o quisiéramos huir de su presencia.
Nunca estamos solos: la mente divina que nos ha creado, continúa manteniéndonos con su Voluntad.
Nosotros vivimos porque Dios lo quiere, porque Él nos hace vivir.
Con un mínimo acto de su querer, podríamos desaparecer, pero sabemos que la Voluntad Divina nos quiere, y nos desea delante de Sí, como Él nos ha hecho, como Él nos ha creado, según su designio de amor.
La frase «Me cubres con tu palma», reclama un gesto creativo del Señor.
En consecuencia, debemos corresponder al pensamiento con el cual nos ha creado, corresponder a su proyecto divino sobre nosotros.
¿Nos hemos preguntado, te has preguntado, hermano/a, cuál puede ser el designio de Dios para contigo? ¿Cómo Él te ha querido, en las condiciones, en las situaciones en que ahora te encuentras y vives? ¿Qué hay en estas situaciones de tu parte y de parte de Dios?
¿He respondido «siempre» afirmativamente al proyecto que Dios, mi Señor y mi Creador y Padre ha señalado para mi vida?
¿Lo conozco? ¿Lo puedo llegar a conocer?
Dedica un tiempo, ahora y hoy, para responderte a esas preguntas.
Puedes leer, también, si tienes a mano la Sagrada Biblia, el «Himno del plan divino de la salvación» en la Carta de San Pablo a los Efesios, 1, 3-10. ) Te lo copio a continuación.
¡Qué maravilla de elección del Señor para con nosotros!
¡Nos quiere santos e inmaculados ante Él, por el amor.»
(Continuaremos con esta meditación,
en su Punto 2.º el próximo número).
«Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo; por cuanto nos ha elegido en Él antes de la creación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia con la cual nos agració en el Amado.
En Él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia que ha prodigado sobre nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el Misterio de su voluntad según el benévolo designio que Él se propuso de antemano, para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra».
Puntos de Vida Interior
«Yo amo así. Habladme con la simplicidad de los niños; Yo no necesito fórmulas; vuestras palabras las tomo de vuestro corazón, antes de que lleguen a expresarse en una frase. Así de apremiado estoy por recibir vuestras palabras de niños.
¿Ves Mis Brazos extendidos en la Cruz? Extendidos, más que abiertos y hasta dislocados. Y siempre quedarán abiertos para ser vuestro refugio dulce y perfecto.» Yo: «Señor, ya desde ahora quiero ver en Tus Brazos a mi familia, a mis amigos, a mis muertos». Él:«Agrega también a los pecadores; a muchos pecadores, pues para todos abro Yo tan ampliamente Mis Brazos. No os dé miedo pedir:llenad Mis Brazos con pueblos enteros, con naciones, paganos, tu tiempo, el tiempo pasado, los siglos por venir. Yo quiero tener a los hombres, uno por uno. Hay muchos que no están ya sobre la Tierra, pero tampoco están en el Cielo: vuestras plegarias acortan su destierro. También en esto Me consolaréis en Mi Agonía de Moribundo por Amor».
(Del Libro «ÉL y YO», de Gabriela Bossis, n.º 976)