–Maestro, ¿dónde vives? Y Jesús respondió: –¡Venid y veréis!
VEN Y VERÁS NUMERO 37
Queridos hermano y hermana adoradores:
En este número 37 de Ven y Verás, quiero tratar un tema, que aunque huímos de él, no obstante, el reflexionar sobre el mismo, nos puede hacer bien, y por ello, os lo presento. Toca a las puertas de nuestra vida muchas veces, Y muchas también, se queda a residir con nosotros. Se interfiere en nuestro camino y vida, y como un intruso, (así lo llamamos cuando nosotros no lo hemos llamado, ni lo hemos buscado y tampoco deseado) Ese “intruso” es el dolor (físico o moral), la enfermedad, el fracaso, todo problema que se nos hace difícil resolver, todo lo negativo que llega a nuestras vidas... Pues bien, de todo eso –en sentido general–, quiero ahora traeros unos puntos de nuestro buen amigo que ya conocéis por otros puntos traídos en nuestro Ven y Verás mensual, italiano Novello Pederzini que sabe con sus escritos llegar al fondo del corazón humano que sufre y ayudarle a encontrar la paz y la serenidad.
He aquí, un punto más de él:
El dolor: fuente de alegría y de paz
Dice Chesterton que la alegría es el gigantesco secreto del cristianismo, y Pascal afirma que nadie es tan feliz como el verdadero cristiano. Y, sin embargo, siguiendo los pasos del Maestro, el cristiano debe tomar la cruz y sufrir...
Los términos cruz-alegría no son contradictorios, sino complementarios: no hay alegría sin cruz; no hay paz sino en el sufrimiento.
Y aún más: las alegrías más grandes del alma son siempre las que siguen a las luchas más duras, a las privaciones más terribles, a los sacrificios más heroicos.
Y son tan intensas, tan hondas, tan divinas, que hacen olvidar todos los sufrimientos que las han precedido como preparación, todas las lágrimas de que están empapadas.
La alegría en el sufrimiento era el lema de Beethoven
Puede parecer paradógico, pero, en realidad, el sufrimiento de un alma generosa engendra una alegría profunda, porque en la hora del dolor la vida es más fecunda, nuestra humanidad se purifica más, nuestra personalidad se afirma y es más eficiente. Una alegría que nace del feliz pensamiento de ser colaborador activo de Dios en una obra cuyo protagonista es Él.
La alegría de ser objeto de una Providencia que tiene el más celoso respeto, la atención más amorosa al ser que representa sobre la tierra la cosa más delicada y preciosa.
La alegría de saberse guiados y sostenidos por Aquel de quien procede toda ayuda y que ha asegurado a todos los que sufren el alivio y el consuelo.
La alegría de saber que los sufrimientos de la vida presente no son nada en comparación con la gloria que ha de manifestarse en nosotros (Rom. 8,8).
La alegría de haber renunciado a discutir, convencidos de que todo cuanto sucede es para nuestro bien, y que todo está previsto, dispuesto, asegurado, en conformidad con un plan que tiene un final feliz, aunque a nosotros no nos lo parezca.
La alegría del encuentro con Dios en una atmósfera de purificación, de elevación, de adhesión amorosa, dulce preludio de la feliz y eterna contemplación de la otra vida.
Santa Gema dice que la alegría verdadera está en el descubrir a Cristo, en hacerle reinar en nuestra propia alma, en participar en sus dolores, en esconderse en Él. Y del mismo tenor son las palabras del pobre y doliente San Francisco de Asís, que gritaba: «La perfecta alegría sólo consiste en soportar, por amor a Cristo, penas injurias, oprobios y desgracias».
Gozo verdadero, alegría perfecta... son palabras corrientes en los santos, que son los únicos y auténticos portadores de alegría, en una vida difícil marcada por el dolor, bañada en sangre. Un santo nunca se ha manifestado triste; ni siquiera en los momentos de las pruebas más obscuras, de los sufrimientos más agudos.
Por eso nos sorprendemos con emoción –como sucede en Lourdes–, al ver la serena luz de una alegría interior en cuerpos deshechos; al recibir palabras de alegría y de paz de quien, desde hace años, yace inmóvil; al escuchar, de quien ha conocido la vida en la paciente fragilidad de un cuerpo clavado en un carrito, frase como ésta: «Madre, ¿quieres un camino más hermosos que el mío?»
En la generosa y amante adhesión a la voluntad de Dios, en el esfuerzo de amar la cruz y el dolor como la cosa que mejor realiza en nosotros el plan divino, se halla el suave secreto de la paz y de la serenidad.
La cruz es el don magnífico que Dios hace a sus amigos.
Un día dijo el Señor a Santa Margarita María de Alacoque: «Recibe la cruz como la prenda más preciosa que pueda darte mi amor en esta vida». Y no se lo ha ahorrado a ninguno, ni siquiera a su Madre, que es la Vírgo dolorosa por excelencia.
Amigo que sufres, el camino es largo: trata de andarlo tú también. Las etapas sucesivas se llaman aceptación, resignación, ofrenda voluntaria, adhesión amorosa.
La alegría y la paz caminan y aumentan paralelamente a las disposiciones interiores de tu espíritu.
(Tomado del libro Per soffrire meno, per soffrire meglio del italiano Novello Pederzini)
Al final de cada número de Ven y Verás, como habéis observado, colocamos un recuadro que titulamos...
Puntos de Vida interior
Son puntos tomados del libro de Gabriela Bossis, y nos expresan esa relación mística de gran intimidad que tenía Jesús con ella y ella con Jesús. Hemos comprobado, consultados diversos adoradores y adoradoras, que su lectura les hace bien.
A continuación, presentamos alguna orientación sobre esos escritos, tan bien acogidos por muchas personas que buscan un mayor y más profundo encuentro de adoración con Cristo Jesús en la Eucaristía.
Estos escritos de Gabriela Bossis, se nos presentan como palabras de Jesús mismo sentidas por la mística y puestas en seguida por escrito. ¿En qué medida podemos admitir que Cristo mismo haya hablado a esta persona de nuestro tiempo y que sus palabras contengan la verdad? con frecuencia sucede a los beneficiarios de esta clase de favores verse acometidos por la duda, y ellos se preguntan una y otra vez si no han sido juguetes del orgullo o de la propia imaginación. A esta pregunta que se hacía Gabriela, respondía la voz interior con admirable sabiduría: “¿Dudas de que sea Yo? Pues, haz coso si lo fuera” (25 agosto 1937) Y en otra ocasión:“Y aun cuando estas palabras salieran de tu propia naturaleza ¿no soy Yo Quien creó esa naturaleza? ¿No tienes tú que referirlo todo a Mí?”( 26 de agosto de 1940). Esta era, a no dudarlo, la mejor de todas las respuestas.
Y es esto lo que deja una excelente impresión en el lector de esos textos y que se pregunta sobre el valor de esta experiencia. De Gabriela Bossis no se dijo nunca que haya tenido visiones, éxtasis, manifestaciones sorprendentes; no fue ni vidente ni estigmatizada. En apariencia nada la distinguía de cualquier otra mujer ordinaria; era una amable señorita de avanzada edad que amaba la juventud, bailaba y representaba en el teatro y sonreía a todo el mundo; y sin embargo, oía en su interior palabras que suenan con el sonido de la más alta verdad sobrenatural. Un auténtico eco de Cristo.
Porque esa es la impresión que se tiene cuando se lee Él y yo, como decían los primeros cristianos, “en esa obrita se respira el buen olor de Cristo”.
El que Cristo, en persona, haya hablado a esta alma, no lo puede asegurar por su propia autoridad ningún simple lector; una cosa es, sin embargo, segura: que esta alma vivió en Dios, y que refleja sobre nosotros un poco de su Luz.
Puntos de vida interior
“Lo que hay de más triste es la falta de comunicación entre el creador y la criatura. Es como un silencio de muerte. Yo Soy la Vida y La doy. Deséala. Espérala.
La Vida que Yo doy va hasta la Eternidad. Los bienaventurados lo saben y reconocen Mis Caminos en sí mismos.
Trata de comprender Mi Acción en tus actividades.
Con frecuencia te he dicho que Yo obraré si tú consientes. vendré si Me invitas. Que nada te turbe. Date a Mi tal y como eres. ¿Por qué tendrías que esperar?
Tu empeño por llegar a Mí, Me agrada y tendrá una especial recompensa. Cuando se camina se avanza poco.
Hay que correr hacia Dios.”
(Del libro «Él y Yo», de Gabriella Bossis, n.º 1648)