–Maestro, ¿dónde vives? Y Jesús respondió: –¡Venid y veréis!

VEN Y VERÁS NUMERO 42

 

Hermanos Adorador y Adoradora: Hoy quiero presentaros un hermoso hecho de testimonio cristiano que ha llevado a la santidad a una joven esposa, y que ahora la Iglesia la celebra con santa alegría y gozo. Puede ayudar a todos, pero sobre todo a jóvenes esposas, que sabrán valorarlo. Podemos todos sentir cómo dar testimonio de nuestra fe.

El 24 de abril de 1994, el Papa Juan Pablo II beatificaba a Giovanna Beretta ­Molla, que hacía unos 32 años, había sacrificado su vida por la de su hija.

En diciembre de 2003 el Papa aprobó el milagro que hace que el día 16 de mayo de 2004, sea ya canonizada, en la Plaza de San Pedro de Roma. Este hecho puede llegar a dar grandes ánimos a todos, pero de modo especial a aquellas mujeres que sufren, y en la soledad o en la miseria, se encuentran en la grave ­decisión de dar a luz o de perder al niño que llevan en su seno.

Giovanna Beretta-Molla

¡una Madre que se ha dado y entregado totalmente!

Gianna ha cumplido 39 años. Tiene tres niños y un cuarto en espera. Es ahora cuando los médicos le diagnostican un tumor en el útero. El caso de conciencia es doloroso. El tumor ciertamente se desarrollará hasta el final del embarazo. La solución sería la extracción del útero, pero al mismo tiempo esto significaría sacrificar al niño que allí vive y allí crece. La operación no sería otra cosa que un aborto. La mamá no tiene ni un instante de duda. Con una voz resuelta y firme responde al médico: “Si se trata de escoger entre la vida del niño y mi vida, no dudéis. Exijo que vuestra decisión sea por la vida del niño. ¡Salvadlo! Gianna sabe muy bien lo que dice, porque ella misma es médico y pediatra. Consiente dejarse sacar el tumor solamente en el caso de que el niño no corra peligro alguno. Una intervención podría facilitar el embarazo. Ella está en el segundo mes cuando se le extirpa el fibroma, pero no indica esto que se cure. Todavía le quedan siete meses de grandes dolores y sufrimientos morales. Según el diagnóstico, solamente tiene un 10% de salir adelante y tiene 39 años. Le oprime el pensamiento de tener que dejar solos al marido y a los hijos. En este tiempo reza mucho y busca no dejar transparencia de los dolores constantes por los que pasa. Se da totalmente a su obligación de ser madre y esposa, llena de atenciones y de ternuras para cada uno. Continúa ejerciendo su profesión de médico. Todos los que se le acercaron han declarado que ella era muy amable, y que solamente con su presencia transmitía a los enfermos el consuelo y la esperanza en vistas a una pronta curación.

Los años de su juventud

Gianna venía de un ambiente profundamente cristiano, donde la fe era vivida con convicción y entusiasmo. La familia ya numerosa, había acogido con gozo esta décima niña, que nace el 4 de octubre de 1922 en Lombardía. Su infancia está llena de valores cristianos. Reina en esta casa un clima de oración y de caridad, y todos tienen como un honor acompañar los domingos al padre que va a los más pobres y necesitados para ayudarles. Gianna aprende desde la infancia a renunciar a lo superfluo y ayudar mucho a los pobres. Como alumna no está particularmente dotada; sigue los cursos, pero nada más. Prefiere la vida de aire abierto, dejarse instruir por la campiña, por la belleza de la naturaleza que no renuncia a admirar. Una de sus compañeras de clase evoca aquellos tiempos: “Me acuerdo bien de ella: tenía un temperamento afable, un rostro siempre sonriente y, en la profundidad de su mirada, transparentaba el equilibrio de toda la persona. Era un alma pura y un corazón generoso. Era sensible y disponible para hacer siempre el bien”.

A los doce años Gianna entra a formar parte de la Acción Católica cuyo lema es “Acción, Oración, Sacrificio”. Su fin es hacer penetrar los valores espirituales y morales del Evangelio en el interior de las familias, renovando así el tejido social.

A los 16 años, participa en un retiro de tres días según los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola.

Gianna descubre la belleza del seguir a Cristo y su apostolado, el valor de la adoración eucarística y la dulzura del diálogo en intimidad con Cristo. Este retiro le da una decisiva orientación para toda su vida cristiana. Sale del retiro con propósitos nuevos, que nos place presentar algunos aquí:

* Tomo la firme decisión de hacerlo todo por amor a Jesús y a Él presentaré y confiaré todas mis acciones y mis sufrimientos.

*  Por amor a Dios no quiero volver ya más al cine, si antes no sé cómo es el film. Modesto y no escandaloso e inmoral.

*  Antes morir que cometer un pecado grave.

*  Pido al Señor que me haga conocer su grande Misericordia.

*  Me obligo, por amor a Jesús, a obedecer al señor X., y a estudiar también cuando no tenga ganas.

 

En el 1941 los bombardeos obligan a la familia a dejar Génova y refugiarse en Bérgamo. Al año siguiente viene de imprevisto la muerte de la mamá de Gianna, con 53 años. Cuatro meses más tarde muere también su padre a causa de una perniciosa anemia. Los cuatro hijos deben ayudarse unos a otros. En este tiempo Gianna trabaja por descubrir su vocación. En su profundo, siente una llamada para la misión. Inicia sus estudios de medicina y se decide por esta profesión, queriendo ponerse al servicio de la humanidad que sufre. ¡Y particularmente ella desea cumplir su misión con los pobres.

En 1949, Gianna encuentra a Pedro Molla. Tiene diez años más que ella, y dirige un establecimiento de madera donde trabajan 3.500 obreros. También forma parte de la Acción Católica. Nuevamente Gianna se plantea el problema de su vocación. Se va a Lourdes para recibir de la Virgen Santísima Inmaculada luz para su dicernimiento. El sacerdote con el que se confiesa le aconseja:

 

“Funda una familia: tenemos necesidad ahora de buenas madres de familia”. Pasado un tiempo, y después de una noche entera en oración, Gianna escribe a Pedro: “Quiero hacerte feliz y ser aquella que tú deseas: buena, comprensiva, pronta a cumplir los sacrificios que la vida nos exige. No te he dicho todavía que soy una persona ansiosa de afecto y muy sensible. Mientras mis padres vivían, su amor me bastaba. Ahora que tú estás, quiero darme a ti para construir una verdadera familia cristiana”.

 

El 24 de septiembre de 1955 se casan en la misma iglesia donde Gianna había sido bautizada y celebra el matrimonio su hermano José, sacerdote.

Una Familia Feliz

El recién matrimonio se va a vivir cerca de Milán. En una villa que pertenece a Pedro. Gianna ejerce con pasión su profesión de médico. De tanto en tanto acompaña a su esposo en sus salidas al extranjero. Salen siempre juntos, van a conciertos, al teatro, a esquiar en los Alpes. Pero siempre terminan cada día con la oración común del santo rosario.

 

El 19 de noviembre de 1956 nace su primer hijo, y un año más tarde María Zita. El embarazo segundo ha sido muy difícil. Después le toca el turno a Laura. Embarazo y parto son muy dolorosos, más que los anteriores. En 1962 se anuncia la llegada de un nuevo hijo; y es entonces cuando los médicos, al segundo mes de embarazo, diagnostican el tumor. Al sacerdote que viene a confesarla y darle la comunión, un día Gianna le dice:”Sí, tengo confianza en Dios. Se trata al presente de cumplir mi deber de madre. Yo renuevo el don de mi vida al Señor. Estoy pronta a todo, para que mi niño se salve”.

La decisión de Gianna hace difícil la intervención. La sutura dejada por la operación podría abrirse al cuarto o quinto mes, y sería fatal para la madre. Gianna lo sabe todo. Pide que se rece mucho por ella y ella misma también lo hace. Y continúa con sus deberes familiares y a recibir visitas en su estudio médico.

Y nace... Giovanna Emmanuela

–“Me voy al hospital, sin estar segura de poder volver a casa –confía a una amiga–.

–Reza por mí, tengo miedo. Reza para que yo pueda cumplir como debo la Voluntad de Dios”.

El 20 de abril de 1962 es Viernes Santo: ella entra en la sala de partos.

–“Estoy pronta a todo lo que Dios quiere” El parto es largo y muy doloroso. Una hermosa niña de 4,50 kilogramos viene a la luz: Gianna Emmanuela. El estado de la madre empeora a la vista de todos. Sus dolores son constantes: Pero lo más terrible es el pensamiento: –“Si tú supieses cómo es doloroso tener que morir dejando a cuatro niños de corta edad” y aún más, se siente acusada de haber querido abandonar al marido y a los hijos. Pero su esposo Pedro la consuela respecto a esa tentación que le asoma y le viene a la mente.

La esperanza que ella vive y confrontada por la bondad paterna de Dios, la sostiene: –”Yo cumplo la voluntad del Señor y Él tendrá cuidado de mis hijos”.

El 28 de abril de 1962 Gianna da su último suspiro ante su marido y sus hermanos y hermanas. Sus últimas palabras fueron:”Jesús, te amo”

 

Plaza de San Pedro. Día 24 de abril de 1994. Pedro, el marido de Gianna, tiene 90 años. Giovanna Emmanuela que también es médico, está con sus hermanos mayores Luis y Laura, para honrar a Gianna, su madre, que es beatificada por el Papa Juan Pablo II. María Zita, que murió dos años después que su madre, hace fiesta y la festeja en el cielo.

El 16 de mayo de 2004, es el día señalado para su canonización en la misma plaza de San Pedro. Allí estará ciertamente y de nuevo, Gianna Emmanuela su hija, que llena de gozo y emoción la contemplará entre los santos y podrá explicar a los que la saluden :«Esta nueva santa, cumplió a perfección lo que anunció el Señor: ”No hay amor más grande que el que da su vida por el hermano” y ella murió por su hija, por mi; ¡es mi madre»

Y las campanas de San Pedro sonarán con fuerza para anunciar a todo el mundo esta hermosa realidad

Pie de foto. Juan Pablo II saluda cordialmente a Gianna Emmanuela en la beatificación de su madre.