VEN  Y VERÁS Nº  45    

 

 Tres puntos de reflexión 

 

Queridos adoradores y adoradoras: En nuestra hoja de este mes, número 45, quisiera presentaros, en primer lugar una llamada del Papa Juan Pablo II en nuestra relación con Jesús Eucaristía, tomada de sus palabras en la XX Jornada Mundial de la Juventud y titulada “Queremos ver a Jesús”.

 

“ Queridos amigos, si aprendéis a descubrir a Jesús en la Eucaristía, lo sabréis descubrir también en vuestros hermanos y hermanas, sobre todo en los más pobres. La Eucaristía recibida con amor y adorada con fervor es escuela de libertad y de caridad para realizar el mandamiento del amor. Jesús nos habla el lenguaje maravilloso del don de sí mismo, y del amor hasta el sacrificio de la propia vida. ¿Es un discurso fácil? Bien sabéis que no. El olvido de sí no es fácil; éste aleja del amor posesivo y narcisista, para abrir al hombre al gozo del amor que se dona. Esta escuela eucarística de libertad y de caridad enseña a superar las emociones superficiales, para radicarse firmemente en lo que es verdadero y bueno; libra de encerrarse en uno mismo y prepara para abrirse a los demás, enseña a pasar de un amor afectivo a un amor efectivo. Porque amar no es sólo un sentimiento; es un acto de voluntad que consiste en preferir de manera constante, por encima del propio bien, el bien de los demás. “Nadie tiene mayor amor, que el que da su vida por sus amigos”

 

En segundo lugar, os presento una página de meditación que nos hace comprender cómo debemos actuar en este mundo en que vivimos, si queremos seguir a Jesús. Y hemos de seguirle con nuestra cruz.

 

  Seguir a Cristo, es entrar en un mundo al revés 

 

Si aceptas el seguir a Cristo, te verás obligado a impugnar cada día el mundo en el cual vives, no porque este mundo sea malo, al contrario, es el lugar de la presencia de Dios y es el medio en el cual se realiza la salvación, pero es también el lugar de la presencia de Satanás, el príncipe de este mundo. El mundo que debes impugnar es aquel en el que reinan, como dueños despóticos, el dinero, el poder y la impureza, en el que los pequeños y los débiles son aplastados, en el que el afán de lucro pudre los corazones. ¡Pero cuidado! tu impugnación del mundo será verdadera si aceptas el impugnarte a ti mismo cada día, pues eres profundamente solidario del pecado del mundo. Como dice Claudel con un lenguaje crudo: “Tu mal aliento apesta al universo”.

 

En medio de esta generación, debes aparecer como el pobre de Dios que vive plenamente el espíritu de las Bienaventuranzas. Es el único camino para la santidad, y a la luz de este espíritu se juzgará la excelencia de tu vida cristiana, y también tu irradiación apostólica. Evangelizas en la medida en que la luz de las Bienaventuranzas ilumina tu rostro. Para vivir así, será necesario que vayas en contra de la mentalidad ambiente, que aceptes el ser pobre, humilde y puro. Lee los capítulos 1 y 2 de la Primera carta a los corintios, y comprenderás que Dios no ha elegido a los sabios según la carne, ni a los poderosos sino a lo débil del mundo para confundir a la fuerza. Dios despliega siempre su fuerza a través de la debilidad. En una palabra que resume todo: el cristiano vive “en un mundo al revés”.

 

Llevar tu cruz, es entrar en esta misteriosa sabiduría que es incomprensible a los poderosos y a los nacidos en noble cuna. Es la actitud adoptada por Jesús, el pobre de Yavé por excelencia. Más que nunca, te encuentras aquí en un clima teologal, es decir que te es imposible con tus solas fuerzas adquirir el espíritu de las Bienaventuranzas. Sólo Cristo pobre puede dártelo o, mejor aún, es el único que puede vivirlo y realizarlo en ti.

 

En la oración, ponte ante Cristo tal como Pablo lo describe en la Carta a los filipenses (2, 6 ss.). Suplícale que reproduzca en ti y en la comunidad los sentimientos que le impulsaban a revestirte de su pobreza. O también toma el Magníficat y pide a la Virgen entrar en esa línea de los pobres de Yavé de los cuales ella era el prototipo viviente.

 

Las Bienaventuranzas aspiran a formar en ti un corazón de pobre, abierto, disponible, olvidado de ti y capaz de don. La pobreza es un fruto que nace del árbol del amor. Empieza a amar a tus hermanos hasta sentirlos iguales a ti: entonces este amor te llevará muy lejos. Lo mismo que ha conducido a Jesús a despojarse de sus riquezas para enriquecerte a ti con su vida, te harás pobre y humilde e intentarás entregar a tus hermanos no sólo tus bienes sino también tu persona.

En sí misma la riqueza no es un mal, es de suyo indiferente, y aún útil, pero si no tienes cuidado, desarrolla en ti un proceso de apropiación que te hace esclavo y te empuja a la inflación de tu yo. Siempre estás amenazado de ser un rico por tu cultura, tus valores humanos y espirituales y por tus éxitos apostólicos. Un pobre no tiene ya su centro de gravedad en él, acepta el perderlo todo por Jesucristo, está enteramente abierto al otro y depende de él. Sé pues un pobre, es decir, un varón de deseos, apasionado por la justicia y la solidaridad.

 

Deja que el Señor cave tu corazón y arranque una por una todas tus posesiones, este es el sentido de las purificaciones descritas por San Juan de la Cruz. No sabes exactamente cuál es la riqueza que pone obstáculos a su acción pues muy a menudo estás ciego para ver las riquezas propias que te atan. Por tanto déjale obrar, para que te libere extirpando poco a poco ese bien que te tiene amarrado y que no ves.

 

La oración acrisola en ti un corazón pobre, te comunica un alma de espera y de deseo capaz de discernir la verdadera salvación de la falsa y de reconocer prácticamente en la Cruz de Cristo la salvación de la humanidad. Si no, te imaginarías ser el artífice de tu santidad y de tus triunfos apostólicos. Acuérdate de que la pobreza es la ley radical del mundo sobrenatural. Dios hace maravillas con instrumentos pobres para que éstos no retengan nada de su Gloria y se la devuelvan toda entera de una manera virginal. Situado ante esta verdad, ora intensamente para que Cristo te admita a seguirle en la humildad de los verdaderos pobres que lo esperan todo del Padre y nada en absoluto de sí mismos.

Del I libro Ora a tu Padre, de Jean Lafrance. Editorial Narcea

 

  Puntos de vida interior 

 

“Señor, aquí está delante de Ti tu pobre hija, hecha a Tu imagen y Te desea con todas sus fuerzas””

Él. : «Has observado cómo las personas se hablan para comunicarse toda clase de asuntos personales y en ello se les va un tiempo considerable sin que saquen mayor provecho. ¿No crees que Yo Me alegraría grandemente y los recompensaría con magnificencia si ellos Me dedicaran sus pensamientos y su confianza? Ello crearía entre vosotros y Yo una intimidad que os haría felices, pues el contacto conmigo aliviaría vuestra vida. Viviríamos “a dos”, siendo Yo el que llevara la parte más pesada. Y vuelvo a lo mismo: habla conmigo, pequeña alma de Mi Propiedad. Habla conmigo y nuestros corazones se fundirán en uno.

 

“Esta es la finalidad de la vida del cristiano. Por conseguirla muchas veces os viene el deseo de morir; vivid pues, anticipadamente, esta fusión de los corazones.”

 

“En toda ocasión, bajo cualquier pretexto. Pero no os atrevéis a ello y en muchos es pura indiferencia. Pero ¿por qué Mis amigos íntimos no habrían de llamarme con vehemencia para que Yo participe en su vida interior? ¡Si tuvieran una Fe menos cercana a la incredulidad! ¡Si su Esperanza contara con Mi Apoyo!; ¡si su amor, simplemente, ardiera más! Yo lo presidiría todo en vuestra jornada y cuando llegara la noche, vuestros ojos se cerrarían mirando Mi Rostro.”

“Aprende a dormirte as, en Mis Brazos. Recuerda que hay que recomenzar muchas veces para crecer y, sobre todo, que hay que guardarse mucho de estar satisfechos de sí. Contempla a menudo tu miseria y cuéntamela toda, tal como la conoces. Entonces Me sentiré urgido a ayudarte, pues te veré humilde y pequeña. Y cuando Me llames, no te olvides de darme los nombres más tiernos.”

Yo reconoceré tu voz».

 

Del libro “Él y yo” de Gabriella Bossis” número 1.435